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30 de junio 2023

Florencia Angilletta

ANSIEDAD

Tiempo de lectura: 7 minutos

“Cartas en el asunto” es el primer newsletter de Revista Panamá, escrito por Florencia Angilletta, sobre los 40 años de democracia. Aquí la suscripción para recibir quincenalmente los siguientes envíos por mail.

“Sé como el pájaro que, deteniendo su vuelo un rato en ramas demasiado débiles, siente cómo ceden bajo su peso, y sin embargo canta, sabiendo que tiene alas” 

Víctor Hugo

Uno

Chico, chica: se conocen en una aplicación de citas, chatean por guasap, cenan en una parrilla. Después, ella va a la casa de él. Tras el encuentro de rigor, ella pasa al baño y ahí, en el vanitory blanco –entre el desodorante, la pasta de dientes y el cepillo de pelo– ve un cuchillo. No un tramontina pequeño: uno como para cortar una tira de asado. ¿Y esto?, le pregunta. Es para cortar pastillas, le dice él. Para cortar pastillas y no tener cada noche que ir a buscar el cuchillo a la cocina.

Las pastillas, las pastis, el consumo de medicaciones psiquiátricas, ha ido en aumento en el siglo XXI y ha encontrado un consumo récord en la sociedad pospandémica, sobre todo de ansiolíticos. Las fotos de alquiler en los portales como Zona Prop, las fotos en Instagram de un desayuno o un mate al lado de una planta canchera: no siempre enfocan en la ansiedad. En esas cajitas de cartón con las pastis. ¿Quién no tiene en la casa una tirita de ansiolíticos, ya sea porque tome por indicación profesional o por si las moscas? Una pila de cigarrillos que dibujan una humareda densa y húmeda, o litros de gaseosas, o un festival de paquetes con rombos que avisan de excesos. Un ay, caramba (por momentos de clichés) y una escena de latidos que se aceleran, pensamientos que se agolpan. Amigo fiel: la ansiedad. Todos fuimos, todos somos.

“Muchachos, nos cagaron, entro yo solo”. La famosa frase es de 1983. (La democracia nació traidora y bocona también.) Así lo dijo el peronista Miguel Unamuno cuando fue a negociar con Lorenzo Miguel por los lugares en la lista de disputados nacionales: tras horas salió y encaró con esas palabras a quienes esperaban entrar junto a él. Ahora nos acordamos más de la frase que de quién la dijo. Adentro, afuera, arriba, abajo: el tironeo de los nombres propios por la ubicación en las boletas. Los cuarenta años de democracia se hacen con ansiedades. ¿Pero con las ansiedades de quién? ¿De quiénes? Hay una sociedad intensificada, una sociedad con el cuchillo literalmente entre los dientes, con el cuchillo en el baño para cortar pastillas. Mientras, los cierres de listas son la lapicera de las ansiedades democráticas –para quienes viven de eso o para las “minorías” que siguen el minuto a minuto desde la pantalla del celular, electrificados–.

¿Quién no tiene en la casa una tirita de ansiolíticos, ya sea porque tome por indicación profesional o por si las moscas? Una pila de cigarrillos que dibujan una humareda densa y húmeda, o litros de gaseosas, o un festival de paquetes con rombos que avisan de excesos

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En el anterior envío de estas cartas –que se puede leer acá– la pregunta había sido la del patrimonio. Otra forma de hacer una pregunta por el futuro. Hubo un tiempo en que valía la pena proyectar: ¿cómo te ves en quince años?, ¿con un techo propio, un auto, algo? En estos últimos veinte años la clase media dejó de ser una clase “patrimonial” –se volvió una clase de (mejor o peor) sobrevivencia pero de sobrevivencia al fin–. Hay trabajo por todos lados aunque lo que faltan son trabajadores: esos sujetos de derecho con sueldos del trabajo que vía crédito podían acceder a la movilidad social ascendente. Cuando no hay patrimonio, la ansiedad golpea más. La democracia cumple cuarenta años; el kirchnerismo casi veinte en el gobierno –descontando los cuatro años de macrismo-: la clase media no accede al patrimonio y los pobres son cada vez más, y más pobres. El kirchnerismo acumula años de no resolver y ahora no ha podido poner ni al candidato.

Cuarenta años cumplidos en una época rota, pero que queremos que vuelva a tener futuro. Cuarenta años que no son en vano. Y no todo es político –porque estos cuarenta años se ponen de pie cuando no tienen quien le escriba las cuitas, las deudas–. La democracia, querida carta. Bienvenidos/as a un nuevo envío de estas cartas panameñas: esta vez, las ansiedades.

Dos

Paolo el rockero, ese personaje cómico que en 1986 apareció en Badía y Compañía. Hablaba casi con un temblor, los pelos largos, larguísimos, mugrientos y tiraba frases como “¡qué mala onda!” o “¡mató, loco!”. La iba de hippie aunque tenía la oscuridad de los ochenta encima, como siempre pasado de noche, viniendo de una extrañísima y agitando mucho los brazos. Hoy no hay personajes cómicos prácticamente en la televisión abierta, pero si los hubiera… cuarenta años después, así, con los rayes de la época encima… ¿Cómo serían? Quizá habría un Paolo echándose alcohol en gel en las manos cada cinco minutos, sin parar de mirar el celular, apretando los dientes por bruxismo.

Según el Observatorio de adicciones y consumos problemáticos, el consumo de psicofármacos aumentó cuatro veces mas que los medicamentos en general durante la pandemia. En particular dos psicofármacos –el clonazepam y el alprazolam– escalaron entre los 15 más vendidos. De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, la ansiedad –junto con la depresión– aumentó un 25 por ciento en el primer año de la pandemia por el Covid19.

La democracia cumple cuarenta años; el kirchnerismo casi veinte en el gobierno –descontando los cuatro años de macrismo-: la clase media no accede al patrimonio y los pobres son cada vez más, y más pobres. El kirchnerismo acumula años de no resolver y ahora no ha podido poner ni al candidato

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Los padecimientos dicen. Dicen de una época. Susan Sontag escribió: “La compasión es una emoción inestable. Necesita traducirse en acciones o se marchita”. En algún momento la palabra organizadora fue estrés. Hoy lo es la ansiedad. Alexandra Kohan ha señalado cómo, así, en la lengua, “clona” y “rivo” son formas de banalización. ¿Primero tengo ansiedad, después existo?

El cierre de listas opera como una suerte de representación de la política de la ansiedad. “Al palo”. Los politizados que están ansiosos como si se jugara la vida. (Cuando en la facultad las listas se cerraban en servilletas en un bar, ni ahí creímos que estaba la revolución). La nave va, dijo el director italiano Federico Fellini en esa extraordinaria película sobre la ópera y sobre el poder. Lo dijo en 1983. Y la nave va… aunque a veces se pone más ansiosa. De usar el dedo en el celular.

¿Quiénes tienen ansiedad? Afuera, la vida común no tiene ni nota de eso. La sociedad ni mú de ese fin de semana. Un clásico, después de conocer las fórmulas presidenciales, es la pregunta “¿a quién vas a votar?”. En la televisión, para romper el hielo en el taxi, en una sobremesa, en una cita. Se impone. La encuesta improvisada mete el dedo en el agua, la va de termómetro. Me quedo con la repetición de esta repuesta: la cara de orto ante la pregunta. De un lado, la ansiedad de la política, de sus minorías intensas, de los ojos rojos de decir “rosca”, estirando bien la “r”; por otro, lo roto es el spotify sentimental de una época (ansiosa). Pasamos de la “intensidad” de la política a la “intensidad” de la sociedad. Hoy, la que está “intensa” es la sociedad.

Tres

Si la crisis de 2001 “causó” dos espacios políticos –el macrismo y el kirchnerismo– vamos hacia las primeras elecciones en veinte años que no tendrán en las boletas ninguno de sus socios fundadores. Aún en las diferencias 2003-2023 son veinte años en los que no paramos de hablar de CFK. La pregunta de si Massa podrá es una pregunta por si podremos pasar a otra cosa. Cambiar la conversación. Candidatos post Kirchner, post CFK como Scioli, Alberto, Massa… (hasta este Scioli de quince minutos entusiasmó más que el Scioli de 2015). ¿Entonces Massa es el candidato de unidad porque es el candidato de síntesis o es al revés? Una diferencia, sustancial, es que el albertismo nació después de la designación. Esa sede de origen marcó a fuego al gobierno. Massa es… Massa. Hizo la suya desde antes. Massa lo hizo. ¿Massa lo hará? Mientras, lo del AMBA un día se volvió literal y el kirchnerismo se provincializó.

De un lado, la ansiedad de la política, de sus minorías intensas, de los ojos rojos de decir “rosca”, estirando bien la “r”; por otro, lo roto es el spotify sentimental de una época (ansiosa). Pasamos de la “intensidad” de la política a la “intensidad” de la sociedad.

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Pero las renovaciones peronistas nunca han sido a los besos. Internas abiertas o decisiones cerradas: al peronismo lo parieron las diferencias. (El radicalismo también sabe de internas, a fines de 1972, ordenando esas elecciones lisérgicas de 1973, la UCR ungió a Balbín, ése es el otro comienzo.) Tras la muerte de Perón y la dictadura, ¿quién tenia la manija en el peronismo? ¿María Estela Martínez? El 83 encontró una palestra de nombres –Cafiero, Bittel, Robledo, Matera, Luder–. Finalmente la candidatura peronista del retorno democrático fue Luder-Bittel. Para las elecciones de 1989 el peronismo tuvo su interna más recordada y con récord de participación: el entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires, Cafiero (con De la Sota como vice); y el entonces gobernador de la Rioja, Menem (con Duhalde como vice). Cafiero perdió aunque gobernaba la provincia con más tracción de voto y contaba con el apoyo mayoritario de los gobernadores. En 2003 para evitar la interna pasó algo insólito: hubo tres candidatos –una disputa a cielo abierto–: Menem, Rodríguez Saá y Kirchner. (En esta elección en 2023 hay dos formulas: Sergio Massa – Agustín Rossi y Juan Grabois – Paula Abal Medina.)

Si la ansiedad puede leerse en algún lado es, sobre todo, en que el ministro de Economía –históricamente el fusil, el saco roto de un tiempo– sea, junto a otro ministro del gabinete, candidato. En parte, porque estamos hechos mierda; en parte, porque es una garantía (mínima) de estabilidad y continuismo económico. Massa, candidato del continuismo en un país en el que se hace una política y nace un dólar, con cuarenta por ciento de pobres, con inflación acelerada. Massa ganó tiempo, no explotó –un rato más la crisis no explotó–, se ungió rey de la pax armada. (¿Qué le iba a decir a Georgieva, directora del FMI, ¡Wadito! acá vino a firmar el acuerdo Wadito… o ¿con quién negocia el Club de París o los acreedores? La respuesta ahora: conmigo). Massa parece dispuesto a ser parte de un pequeñísimo grupo de ministros de Economía candidatos a presidentes y ganadores: como Fernando Cardoso, en Brasil; Emmanuel Macron, en Francia; y Santiago Peña, en Paraguay. ¿Massa podrá? La respuesta que sigue: para qué. Estamos demasiado ansiosos para cualquier tibieza. Los cuchillos van tomando el baño. Hasta la próxima.

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