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26 de julio 2023

Florencia Angilletta

TODA AMISTAD NO ES POLÍTICA

Tiempo de lectura: 8 minutos

“Cartas en el asunto” es el primer newsletter de Revista Panamá, escrito por Florencia Angilletta, sobre los 40 años de democracia. Aquí la suscripción para recibir quincenalmente los siguientes envíos por mail.

“Todos somos como la arcilla en manos del alfarero y ninguna vasija podía preguntarle: ‘¿por qué me has hecho así?’”

Daniel Defoe

Uno

Como el dulce de leche, la birome y el colectivo, festejar el Día del amigo también tiene autoadjudicado origen argentino. Ernesto Febbraro, socio fundador del Rotary Club de San Cristóbal, envió más de mil cartas a cien países de todo el mundo el 20 de julio de 1969. La fecha no era casual: el día que se pisó por primera vez la luna, leído para él como muestra de “unidad”. Con el tiempo, los festejos se extendieron en otros países de la región, aunque con menos adeptos en otros continentes. Digámoslo rápido: mientras en Europa y en Estados Unidos se celebra el Día de San Valentín, día del “amor”, en América Latina el festejo civil es el de los amigos.

Océanos y climas de por medio intercambio mensajes sobre la amistad con Dominique, francesa, en la veintena, que ha estado de intercambio estudiantil en Buenos Aires. Ella ratifica: “Las amistades son centrales para los argentinos. Se juntan a menudo, se dicen que se quieren”.

Como el dulce de leche, la birome y el colectivo, festejar el Día del amigo también tiene autoadjudicado origen argentino. Digámoslo rápido: mientras en Europa y en Estados Unidos se celebra el Día de San Valentín, en América Latina el festejo civil es el de los amigos.

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Cuarenta años de democracia. No hay democracia sin amistad, eso que se dan los desconocidos. Julio, mes de la amistad. En el anterior envío de estas cartas –que se puede leer acá– la pregunta había sido la de la independencia. Los desaparecidos tenían en promedio veinte años y todavía parecen adultos mayores al lado nuestro. La independencia, otra forma de hacer una pregunta por el futuro. Ahora, los padres ya no sueñan con el futuro de los hijos… le temen. Cuarenta años cumplidos en una época rota. Queremos que vuelva el futuro. La democracia, querida carta. Bienvenidos/as a un nuevo envío de estas cartas panameñas: esta vez, la amistad.

Dos

“Los vínculos de amistad son indispensables para el sostenimiento de la vida, de una vida bien vivida. El problema es cuando se los piensa desde los mandatos. Para muchas personas terminan siendo una utopía, algo inalcanzable, cuando en las relaciones siempre hay ejercicios de poder. Lo que muchas personas llaman ‘amistad’ también puede convertirse en una ‘máquina microfascista’. Y, sin embargo, la amistad supone –o podría suponer– tantos matices como amigos: no hay dos iguales”. Son las palabras de Macarena, arquitecta, en sus sesenta: con amistades de toda una vida, algunas rotas, otras nuevas. Pablo, médico todoterreno, desde sus cuarenta, dice: “Cuando mi hija me pregunta para qué va a la escuela le respondo: ‘para hacer amigos’”.

Martín Fierro entonó el canto de que los hermanos sean unidos porque ésa es la ley primera. “Yo tengo tantos hermanos, que no los puedo contar, en el valle, la montaña, en la pampa y en el mar. Cada cual con sus trabajos, con sus sueños cada cual, con la esperanza delante, con los recuerdos, detrás”. Las palabras del maestro Yupanqui. “Yo solo quiero vagar con vos. / Y ser una Vieja Loca / que rueda por las calles, / siempre saber dónde ir / para encontrar rock and roll.” Hermanos de sangre, los llamó Viejas Locas. Pero hermandad era la forma de decir otra cosa. Los amigos de la escuela, del barrio, de un club, de la facultad, de los trabajos, de la vida. Los amigos por Facebook. Los grupos de whatsapp como organizadores de la amistad. ¿La amistad es el vínculo más democrático?

Tras la Revolución Francesa de 1789 y el comienzo de la Edad Moderna, comienza lo que hoy entendemos como espacio público: la posibilidad de cruzar el ámbito privado y el estatal en un tercer espacio, el de los “iguales”. Así nace un nuevo sujeto social, el ciudadano. Citemos burdamente a Habermas y digamos: el ciudadano es el amigo de todos. Muchos siglos antes, la amistad ya había nacido como la más sofisticada forma de la imaginación pública y lo subraya el origen etimológico de la palabra. Una versión es que proviene del latín amicu –“amigo”–, que a su vez derivó de amore –“amar”–. Otra es que es un vocablo griego compuesto por a –“sin”– y ego –“yo”–, que significa “sin mi yo”. La discusión filológica no es menor: la concepción moderna de la amistad nace de la mezcla de las tradiciones griega y latina.

Aristóteles ha dicho “sin amigos nadie querría existir”. Para el filósofo griego la amistad es la más política de las virtudes e interpela como “comunidad moral”. En la concepción griega de democracia resulta fundamental la noción de isonomía –el territorio de la igualdad–, y la necesidad, por lo tanto, de tolerar, consensuar y negociar entre pares. Ser animales políticos. Pero el concepto de amistad hiere y sorprende al de política: ¿por qué hay algunos iguales que me gustan más?, ¿por qué hay afinidad?, ¿por qué nos elegimos? La otra tradición es la romana. Más pragmático, Ciceron ha teorizado la relación entre la amistad y el “arte de usar”. Ciceron pensó, dos mil años antes que Pierre Bourdieu, en el “capital social”, en la necesidad de tener amistades que puedan ayudar a sobrevivir en la selva de lo real.

Pero el concepto de amistad hiere y sorprende al de política: ¿por qué hay algunos iguales que me gustan más?, ¿por qué hay afinidad?, ¿por qué nos elegimos? La otra tradición es la romana. Más pragmático, Ciceron ha teorizado la relación entre la amistad y el “arte de usar.

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Tres

Ya no se trata de jefes-empleados, ya no se trata de compañeros, ya no se trata de hermanos. Ni tinte corporativo, ni ideológico, ni familiar o religioso. La dictadura podía prohibir un montón de cosas… menos ser amigos. Lo que se salva, lo que se es capaz de no preguntar, lo que se amasa.

La amistad es una vieja medalla. Se podía impedir la sindicalización, la política, los compañeros, los correligionarios, los camaradas. Pero, ¿la amistad? La amistad es agua: pasa por abajo de la puerta. Amigos se hacían hasta en la colimba o en la cárcel. Este viejo adversario despide a un amigo. Si esa fuera la sentencia final, Balbín le puso la última palabra a Perón: amigo. Yo, radical. Vos, peronista. La amistad es el puente. Como el final de “Casablanca”: donde termina la guerra empieza la amistad. Toda amistad no es política.

Para las condiciones materiales, clase; para los partidos, militancia. Pero la amistad es el grado cero de la democracia. Azarosa, horizontal, caprichosa, par, irreductible. Tener a alguien en el corazón porque sí. Amistad es cuando se deponen las armas. La amistad es el permitido siempre: “-Tuve una pesadilla” -¿Qué? ¿Soñaste que volvía Martínez de Hoz?”.

Cuatro

Esa frase es de la televisión. Año 1990. Amigos son los amigos. La telecomedia protagonizada por Carlos Calvo y Pablo Rago que rompe récords de ratings en la pantalla de Telefé recién privatizada. Cada uno caminando por la ciudad. Suenan todas las canciones de fondo. Hasta que se encuentran. Cagándose de risa, dándose un abrazo. Con un coco en la playa, en el chamuyo, una vez que los detiene la policía. Clip de inicio. El motor es simple y universal: dos personajes opuestos que se terminan convirtiendo en amigos entrañables. Carlín como un chanta querible, una boca perfumada de frases adorables –“vos fumá”, “es una lucha”, ‘”algo se me va a ocurrir”–, con sus caras memorables al comer los ravioles en lo de la mamá o al conquistar cualquier cristiana de a pie, y Rago como un pendex comprometido con su vocación de música. Hasta aquí en la televisión argentina existían programas “juveniles” –sin ir más lejos Clave de Sol o Socorro, quinto año– pero es la primera vez del nervio de los días. A Carlín le prestan el loft y Rago es el hijo de la dueña: terminan viviendo juntos. Lo decisivo para la trama –aunque estén– no son ni la familia, ni los amores –como en Grande Pá o Mi cuñado–: son dos amigos. (La banda del Golden Rocket se estrenaría un año después.) Los fletes, el videoclub, la plaza. Democrático hasta por los codos; uno de Boca, otro de River: el abrazo de la diferencia. El primer capítulo termina con la humorada de él dándole una patada en el traste. Se congela esa imagen. Risas. Los amigos a veces nos quieren matar.

Cinco

¿Amistades rotas por la grieta? Una amistad sucede. “No buscaba a nadie y te vi”. Se lo he dicho a una gran amiga y es así. Y cada vez. Y un poco más. Hace poco alguien me preguntó quién era la persona que más quería en el mundo. Aunque no me gustan esas preguntas de ranking, lo pensé bastante y al tiempo le respondí con tres nombres. Todas amistades. Los grupos de amigos o amigas son células sociales complejísimas. Cuando leí 38 estrellas, de Josefina Licitra, recuerdo sentir esa fibra: las amistades son alianzas de clases de una enorme nobleza. O esa cita del Borges, de Bioy Casares, cuando escribe una conversación con el escritor en la que él le inquiere por qué no le ha hecho una invitación que siempre le hacía. Bioy habría respondido que porque siempre dice que no. A lo que Borges habría retrucado: pero me tiene que invitar igual. Un amigo es alguien que te soporta por amor. “El Juan se zampa un vaso de vino Falasco y antes de que se apaguen los aplausos arremete con ‘El árbol’”: así lo escribió Haroldo Conti. La amistad hecha de aceites: Jesús sentó a sus amigos a la mesa y compartió el pan y el vino. Uno lo traicionó. Todos somos Judas alguna vez: fallamos. La amistad es un milagro.

Hace poco alguien me preguntó quién era la persona que más quería en el mundo. Aunque no me gustan esas preguntas de ranking, lo pensé bastante y al tiempo le respondí con tres nombres. Todas amistades.

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Seis

Una amistad es una salida al mundo. Fui a la escuela en los noventa cuando todavía existían los barrios. Cuando digo barrios digo esos espacios donde convivían la casa pituca y la no tanto. Una misma cuadra con los separados, la familia con cinco chicos, el nene que vivía con la abuela. Alguien preguntaba en el recreo de cualquier colegio “¿de qué laburan tus papás?” y era una pregunta genuina: no estaban los mismos con los mismos. Ese mundo ya no existe. Desigualdad es también segmentación. La avenida del medio no era un promedio.

Hacerse un amigo era, un poco, una excursión a los indios ranqueles. Sin celulares ni mediaciones. Otra familia, otra casa, otro baño, otro mundo. Comías lo que se comía: venía la leche, y el alfajor Guaymallén o Terrabusi, según como estuviese la economía hogareña. Quizá (como todo recuerdo) es exagerado pero olfateo algo menos “para la ocasión”: la amistad era también familias de puertas más abiertas. Lo que hay, se da. Estas vacaciones de invierno en varios grupos amigas comentan las pautas alimentarias para recibir niños en la casas. La amistad es la ley de la exogamia. Salir de la tribu y conocer otros cacicazgos. Todos somos salvajes, ir a la casa de un amigo es ser salvaje… a su modo.

Siete

Una amistad es una novela de formación, una educación sentimental. La cultura estadounidense quizá sea eso: viajes, crímenes y amistades.

Hacerse un amigo era, un poco, una excursión a los indios ranqueles. Sin celulares ni mediaciones. Otra familia, otra casa, otro baño, otro mundo. Comías lo que se comía: venía la leche, y el alfajor Guaymallén o Terrabusi, según como estuviese la economía.

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Ocho

Friends. Vale para la serie, vale para todo. Una institución que empieza como tal en los noventa –la época de su narrativa a gran escala, de su masividad y centralidad– y que es la gran institución del siglo XXI. En algún momento la amistad ha sido rebeldía –no era algo a la mano para nuestros abuelos, menos para nuestras abuelas–, hoy se roza con una institución. (Estamos a cinco minutos de que se instale “amistad romántica”.) La vanguardia es así, ya lo dijo Charly. Cierto deber ser de la amistad, por momentos. Como si viviéramos adentro del disco de Los Enanitos Verdes. Y aún así: la juventud maravillosa de mis padres, generación de los ochenta, es la de la amistad: a mi viejo se le iluminan los ojos cuando recuerda esas salidas, esas noches, esa época en que todos se saludaban.

Nueve

Uno de los grafitis más famosos es el del Muro de Berlín, de Dmitri Vrubel. Recuerda cuando en octubre de 1979, por los 30 años de la creación de la RDA, el ex mandatario soviético Leonid Brezhnev besó a Erich Honecker, de Alemania Oriental. Un beso entre dos gobernantes. De “como político es malísimo… pero qué bien besa” a “como político es malísimo… pero qué buen amigo es”. Toda amistad no es política. Perón y Balbín con una amistad quisieron evitar la tragedia. La amistad es el tiempo contra la sangre. La amistad sigue siendo irresistible.

Hasta la que viene.

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