24 de Mayo de 2024 •

3:23

Ashburn
53°
algo de nubes
53% humidity
wind: 6m/s SE
H 57 • L 46
58°
Tue
59°
Wed
47°
Thu
53°
Fri
58°
Sat
Weather from OpenWeatherMap
TW IG FB

27 de mayo 2023

Juan Di Loreto

LO QUE EL TIEMPO ME ENSEÑÓ (DE POLÍTICA)

Tiempo de lectura: 5 minutos

Lo bueno de la realidad es que no tiene los límites de la ficción. La realidad no da explicaciones, simplemente sucede. Cuando el tiempo histórico se rompe nos cuesta verlo. Por eso siempre llegamos tarde. Y también, por esa misma razón, el político que “la caza al vuelo” o que lee lo que está pasando es el que sincronizará con su momento histórico. Alfonsín en el 83, Menem en el 90, Kirchner en el 03. Desde distintos lugares, hombres de estado que hicieron lo que la época necesitaba.

Entonces, como el Búho de Minerva que tomaba vuelo al atardecer, cuando todo había pasado, nos preguntamos: ¿qué aprendimos en estos años de política nacional? ¿Qué nos enseña la política de estos años vertiginosos? Claro que una cosa es lo que se enseña y otra muy distinta lo que se aprende.

1

Lo más obvio, pero lo más importante: el Ejecutivo tiene que tener el gobierno y el poder. Un político libre, como diría Martín Rodriguez, pero libre de condicionamientos. Una última palabra; saber cuál es la ventanilla que hay que golpear.

Si bien estamos en momentos en que se llega con una coalición o no se llega al poder, hay que saber lotear los botones del Estado. No se puede poner un ministro de un color y un vice de otro. Hay que repartir los ministerios con una lógica que no trabe la rueda (ya bastante trabada) del funcionamiento de las cosas.

El poder ordena, tranquiliza, da un estilo de cómo se serán las reglas de un tiempo.

2

No hay Gobierno sin una mesa política de coordinación. Más repetido que una película de cable (cuando existía el cable). Ministros que dicen una cosa y son desmentidas por otro, anuncios tardíos, off que adelantan cambios, exceso de reportajes… Coordinación y comunicación política: entre la descentralización caótica de este gobierno y el secretismo cristinista hay un punto intermedio: tener un Corach.

Hay que repartir los ministerios con una lógica que no trabe la rueda (ya bastante trabada) del funcionamiento de las cosas

Compartir:

Alguien que hable y diga o que hable sin decir, pero que asegure la palabra presidencial para abrir la jornada. Vos manejás la agenda, no te la hacen con el último influencer de los programas de la noche anterior. La pelota la tenés vos y arrancas pateando y eligiendo el arco. Y una de las claves del estilo Corach es que se daban en la puerta de la casa, eso hacía que los medios que quisieran pudieran estar y que las conferencias no tengan una pauta de duración (o el ministro la podía terminar sin mucha excusa cuando le parecía).  

3

Las internas no existen. Hay que dejar de usar “internas”, porque esa palabra no sirve para mostrar lo que está pasando. O al menos “interna” no señala nada, ya que no se dan en trascendidos o en off, sino que son disputas externas directamente.

La causa de esto es un tanto evidente: al romperse los canales de diálogo, la conversación se transfiere hacia afuera, donde involucran a terceros y donde los efectos no son controlables. Sabemos dónde comienza todo pero no dónde termina.

4

Tener el control del Estado puede no servir para nada y es despolitizante. Se habla del territorio habitando los cargos privilegiados (no estamos hablando de trabajadores estatales) del sector público. Parece que muchas organizaciones y políticos tienen como objetivo ocupar lugares en el Estado para desde ahí transformar la realidad. En lo abstracto ese objetivo es muy loable: nadie tiene los brazos más largos que el Estado ni puede encarar inversiones que el sector privado no puede afrontar por el riesgo, por ejemplo.

Coordinación y comunicación política: entre la descentralización caótica de este gobierno y el secretismo cristinista hay un punto intermedio: tener un Corach

Compartir:

Para las organizaciones políticas muchas veces lo estatal termina obturando el acceso al “territorio”, como se estila decir. Para decirlo sin mucha vuelta: cualquiera es militante con la billetera estatal. El Estado tiene que ser el punto de partida y su utilización tiene que ser profesional, efectiva, porque es la forma en que se asegura la adhesión de la población. Todos hemos escuchado la historia de gente recién recibida que ingresa a la administración pública con ganas de hacer cosas y se rinde ante la inercia que viene acumulada de años.

Con decisión, guita y eficacia se pueden transformar las cosas. Pero bueno, siempre es más fácil buscar el efectismo que el trabajo verdadero que no se ve inmediatamente.

5

Vinculado al punto anterior: lo informal es lo que no vemos que somos. Si se habló mucho, y muy bien, sobre la economía informal (en este texto de Lorena Álvarez, en este episodio del podcast de Mariana Moyano) uno debe preguntarse: ¿si existe una economía informal por qué no puede haber una política informal? Las demandas no formalizadas, lo que escapa a la mirada burocrática del Estado…

En el discurso del 25 de mayo se vio bien que ese registro no estaba. Cristina hablaba de trabajadores formales y sindicatos dejando a una masa inmensa de trabajadores invisibles para el Estado, los choferes y repartidores de aplicaciones, y los millones de trabajadores no registrados que viven la flexibilidad laboral en vivo. ¿A la puerta de qué fábrica vas a a volantearle a los trabajadores de Uber o Rappi?

Ese “no registro” es un murmullo que se puede escuchar con “bajar al territorio”. Pero el territorio no es una calle inundada entre pasto y agua en algún lugar del anillo urbano. Está acá y en todas partes. Las personas circulan y hablan. Y no son de “la” derecha ni los medios, son lo social que precede a las redes sociales. La política también es ese campo inasible, que le preguntan a quién vota y la misma persona puede decir: “Si no es Cristina es Milei”, como mostraron en Fuera de tiempo, o en este testimonio en pleno acto del 25 de mayo.

Realidad y límites, cosa separada.

Cristina hablaba de trabajadores formales y sindicatos dejando a una masa inmensa de trabajadores invisibles para el Estado

Compartir:

Último número

No hay duda que las dos coaliciones “le erraron el vizcachazo”. Es difícil salir a buscar el voto que no es propio. Por algo Milei es tan efectivo y “mide” como se dice. La gente lo escucha porque el tango que tocan las orquestas de siempre ya lo conocen.

Estas elecciones parecen ser las menos cantadas de antemano. Los dirigentes y militantes de Todos y Juntos van a tener que trabajar mucho el voto nacional, que es el que no está definido, para llevar agua para su molino. Pero también trabajar para el candidato que surja de los acuerdos o las PASO. Militar lo que nos gusta es fácil, eso lo hace cualquiera. Que se doble pero que no se rompa y nos peleamos pero nos reproducimos.

La política, aquella que quiere que las mayorías puedan tener un mejor nivel de vida, tiene una tarea titánica, casi imposible. Crear un fundamento, una razón para llevar adelante un proyecto duradero. Ya lo había dicho Jean-Paul Sartre: “El mundo de hoy se nos aparece horrible, malvado, sin esperanza. Esa es la tranquila desazón de un hombre que morirá en este mundo. No obstante, es justamente a eso a lo que me resisto. Y sé que moriré esperanzado. Pero es necesario crear un fundamento para la esperanza”. 

Bancate este proyecto¡Ayudanos con tu aporte!

SUSCRIBIRME