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HABITAR LA ANTÁRTIDA

Tiempo de lectura: 13 minutos

La idea de la Argentina Antártica es figurada y construida con anhelo en las páginas de la revista Antártida publicada por la Dirección Nacional del Antártico entre 1971 y 1992. Sus dieciocho números pueden considerarse la continuación de los anteriores Boletines del Instituto Antártico Argentino -publicados entre 1957 y 1967- en el proceso de divulgación de las actividades nacionales argentinas en el sector antártico. El deseo de un territorio antártico nacional ya se confirma sin modestia en algunos de los titulares publicados: Prioridad argentina en la Antártida (Antártida 3, 1973); María Estela Martínez de Perón en la Antártida: Indoblegable voluntad de soberanía en la Antártida (Antártida 5, 1974); La soberanía argentina en el antártico (Antártida 9, 1979), entre otros. Incluso la primera de sus notas (Antártida Nº1, 1971) informa la creación de la Dirección Nacional del Antártico -anunciando “La marcha de la República hacia el Sur resuelta a ocupar, dominar y administrar hasta los últimos reductos de su territorio”- e ilustrando la Argentina Antártica. Como habitantes y exploradores primeros, las publicaciones recogen historias pasadas mientras documentan repetidas veces las hazañas argentinas sobre el territorio. En tres de sus números es publicada la expedición sueca de 1901 liderada por Otto Nordenskjöld en la que el alférez argentino José María Sobral se desarrolló como meteorólogo y geodesta con el afán de descubrir y conquistar nuevas tierras antárticas. El número 7 publicado en 1977 destaca la pionera expedición científica a la Antártida Continental Argentina liderada por el general Hernán Pujato en 1951 frente a la “necesidad que tiene el país de conocer a fondo el Territorio Antártico Nacional en la parte continental, estableciendo bases operativas, con personal entrenado y medios apropiados, terrestres y aéreos, para incursionar a todo lo largo y ancho el amplio sector polar argentino”.

Como resultado de la expedición se construyó el primer asentamiento argentino al sur del círculo polar antártico (la Base San Martín, aún en funcionamiento); al mismo tiempo que impulsó el desarrollo de posteriores expediciones de exploración e investigación científica al territorio y el establecimiento de nuevos asentamientos (a este período corresponden seis de las trece bases antárticas argentinas aún en funcionamiento sobre el territorio). Fue incluso el mismo general Pujato quien comenzó a planear la primera expedición argentina terrestre al Polo Sur; misión que alcanzó su éxito en diciembre de 1965 cuando luego de cuarenta y cinco días los exploradores argentinos de la Operación 90 llegaron a las instalaciones norteamericanas de la base Amundsen-Scott ubicada en las inmediaciones del Polo Sur. El número 6 de la Revista Antártica (1976) recuerda la misión de esta patrulla argentina, liderada por el general Jorge Edgar Leal, anunciando en su portada que El ejército llega al Polo.

Si bien las publicaciones recogen información general, como documentación gráfica, de los establecimientos argentinos en la Antártida, de las campañas del Instituto Antártico Argentino y del carácter de las actividades que se realizan sobre el territorio, los números presentan una relevante omisión: la presentación en sus páginas del proyecto del arquitecto argentino Amancio Williams (1913-1989) para La primera ciudad en la Antártida, encomendado por el Estado argentino y desarrollado entre los años 1980 y 1983.

Los números publicados coincidentes con el encargo del proyecto a Williams -y que corresponden a los últimos años de desarrollo de la última dictadura militar argentina- demuestran la importancia de la soberanía sobre territorio antártico para el Estado Argentino. Se documentan las grandes posibilidades de explotación de los yacimientos de hidrocarburos, de energía geotérmica, agua potable, la construcción de nuevas bases argentinas, la posibilidad de convertir al paisaje antártico en un gran centro de turismo, se enfatiza la presencia nacional a través de análisis demográficos -que demuestran cómo durante la década del setenta la población argentina en la Antártida se multiplicó, de 126 habitantes a 263 en 1980-, al mismo tiempo que se imagina una comunidad argentina de 1900 habitantes proyectada por Williams en territorio antártico. La propia genealogía de los números publicados enfatiza este interés: mientras que durante todo el Proceso la Dirección Nacional del Antártico publicó entre uno y dos números por año, en 1983 con la vuelta a la democracia se interrumpe su publicación hasta 1985. Los siguientes números hasta 1992 ya no difunden un programa nacional sobre el territorio, sino que publican información general sobre el continente (en particular, se describen sus características geológicas, su flora y fauna, su clima, la forma en la que se lo habita, etc.) y documentos históricos sobre las expediciones al territorio y el proceso por el cual se lo ha habitado. 

"Los números presentan una relevante omisión: la presentación en sus páginas del proyecto del arquitecto argentino Amancio Williams (1913-1989) para La primera ciudad en la Antártida, encomendado por el Estado argentino y desarrollado entre los años 1980 y 1983."

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DE LAS COSTAS AL ESPACIO

Convocado por el Estado para realizar una serie de estudios con el fin de construir la primera ciudad en la Antártida, a inicios de la década del ochenta Amancio Williams proyecta sus ideas desde el ambiente interior completamente blanco de su estudio de la calle Carlos Pellegrini: blanco sobre blanco, “los elementos móviles de los ambientes, el abanico multicolor de la descomposición del rayo luminoso; la sensación de estos contrastes [de] una espacialidad ilimitada” (Toscano de Saal, 1988) lo ubican fantásticamente en su proyecto para La Primera Ciudad en la Antártida (1980-1983), que navega simultáneamente, sin ocupar un espacio determinado, por el vasto territorio oceánico antártico de 50.000.000 km2, como en el plano del blanco papel sobre el que se representa.

Esta imagen fantástica no solo es evidencia del escenario propio de desarrollo de la producción de Williams -libre de formas sugestivas preexistentes, autónoma respecto del contexto productivo, cultural y profesional local de su época, pero de temprana inserción en redes e influencias internacionales- sino también de sus propias ideas disciplinares sobre la arquitectura y la ciudad, que encuentran forma entre los campos de ideas locales e internacionales, y más particularmente del arcaico -pero no anticuado- mecanismo de ocupación humana sobre territorios no urbanos, como puede ser el antártico. 

Las formas de ocupación de este territorio son muy anteriores a la arquitectura acabada proyectada por Williams y, hasta ese momento, de características y escalas muy disímiles. 

Los primeros reconocimientos del territorio antártico corresponen al 1600; pero recién iniciado el siglo XX, con la celebración del Año Antártico Internacional (1901-1903), se inicia la carrera a la Antártida, a cargo de programas de expediciones gubernamentales cuyo objetivo fue alcanzar no solo por primera vez el Polo Sur geométrico a 90º latitud sur sino también un cierto prestigio patriótico, político y científico internacional. Estas experiencias son solo una parte de la historia en el curso de las apropiaciones y habitabilidades sobre el espacio antártico. Indocumentadas, las primeras llegadas a las costas antárticas, los primeros en “aterrizar”, fueron los barcos foqueros y balleneros de diversas naciones, especialmente rioplatenses, en busca de carnes, pieles y aceites. 

La presencia de Argentina en el espacio antártico se desarrolla de manera ininterrumpida desde 1904, cuando toma posesión del Observatorio Meteorológico en las Islas Orcadas del Sur (base aún en funcionamiento), siendo este el asentamiento más antiguo sobre el territorio y la presencia argentina la de mayor permanencia en el territorio.

Todos los países que habían participado de la exploración informal como de la carrera a la Antártica comenzaron a inicios del siglo XX a proclamar sus intereses de soberanía: Reino Unido fue el primero en presentar un reclamo formal en 1908; y aunque Argentina fue el primer país en tener presencia permanente en el territorio, su reclamo territorial fue de los últimos presentados junto con el de Chile, en 1940 y 1943 respectivamente. Sin embargo, ninguna de estas apropiaciones territoriales implicó, como sí hubiese sucedido en cualquier otro territorio, una condición inmediata de propiedad. La cooperación internacional entre científicos y técnicos en el Año Geofísico Internacional (1957-1958) supuso un precedente para la firma en 1959 del Tratado Antártico, por los doce países (incluida la Argentina) participantes de actividades científicas en la Antártida. El Tratado Antártico declara al espacio de la Antártida de interés internacional, cuya exploración y utilización está sometida a un régimen jurídico fundado en los principios de la libertad e igualdad de uso, la no propiedad nacional, la desnuclearización y desmilitarización, la utilización pacífica, la cooperación internacional y la asistencia mutua.

IDEAS URBANAS MODERNAS PARA LA ANTÁRTIDA

El territorio antártico carece de población nativa e, incluso, su total dimensión es desconocida. Durante los meses de invierno, al congelarse parte del mar que la rodea, su área continental varía de 14.000.000 a 50.000.000 km2. Así, cada año el perfil y territorio antártico es nuevo, inexplorado e inhabitado en dos de sus terceras partes. Su exploración, habitabilidad y ocupación es posible en dos distintos ámbitos: uno supone la ocupación del continente helado, en bases aisladas y dispersas, conformando cada una de ellas una pequeña y distinta comunidad (actualmente existen más de ochenta bases antárticas, trece de las cuales son argentinas) o en campamentos temporales implantados en un área específica de estudio; y otro de carácter más extraño que supone la navegación por el vacío oceánico que circunscribe el continente y su archipiélago de islas (incluso la actividad turística sucede desde 1958 en cruceros que navegan sus costas). 

El territorio antártico de los ochentas, en el que Williams proyecta el más austral de sus proyectos, es habitado transitoriamente por pequeñas construcciones y comunidades en forma de bases terrestres u oceánicas (de pocas habitaciones, que no solo contienen usos residenciales sino también las instalaciones científicas donde se desarrollan las funciones principales) de refugios, naves, buques, casas habitación, cruceros, estaciones científicas, campamentos, e incluso de cuevas. La posible presencia humana sucede en estadios temporales y en condiciones de extremo aislamiento físico; las poblaciones de invernada son las que se consideran de carácter más permanente, aunque rotan anualmente, a diferencia de las poblaciones temporales que habitan el territorio sólodurante los meses de verano.

"Recién iniciado el siglo XX, con la celebración del Año Antártico Internacional (1901-1903), se inicia la carrera a la Antártida, a cargo de programas de expediciones gubernamentales cuyo objetivo fue alcanzar no solo por primera vez el Polo Sur geométrico a 90º latitud sur sino también un cierto prestigio patriótico, político y científico internacional."

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Tanto por las condiciones del territorio como por el desarrollo de su escasa y precaria ocupación, el proyecto de Williams para 1900 habitantes en la Antártida parece encontrar mayores posibilidades de concreción de la idea moderna de ciudad metropolitana que como comunidad antártica. Considerar incluso la forma en que ha denominado su proyecto –La primera Ciudad en la Antártida– nos invita a pensar en la traslación de un modelo extraño de habitar frente a un territorio extraño de ocupar.

Miembro delegado por la Argentina en el Congreso CIAM (Congreso Internacional de Arquitectura Moderna) VII de Bérgamo (1949), Amancio Williams promulga por la inserción de los avanzados conocimientos científicos en la vida de los hombres, como base de las grandes ideas para soluciones universales en las que la técnica, la función y la forma deben ser un todo indisoluble. Para Williams, es el urbanismo moderno de la Carta de Atenas (documento producto del CIAM IV de 1933 y editado en español por Williams junto con Delfina Gálvezen en 1954), un manual de resoluciones definitivas y siempre válidas en el que la investigación urbanística y la arquitectónica se desarrollan colaborativamente, determinándose la una a la otra, resolviendo “lo necesario para que la vida en las ciudades sea posible con armonía y belleza” (AW, Las ciudades actuales, 1990). 

Siendo uno de sus últimos proyectos, La primera ciudad en la Antártida, sirve a una mirada retrospectiva sobre la totalidad de su obra; en la que no solo se evidencia su fe tecno-progresista, defendida y promulgada por el Movimiento Moderno, sino también su voluntad de desarrollar una modernidad situada o adaptada a condiciones regionales (aunque autónoma localmente de las diferentes entidades típicas del contexto cultural, de las instituciones disciplinares y de los requisitos de demanda social atravesada por el mercado). La reducción del paisaje y de las características ambientales a términos abstractos implica -a diferencia de lo que resultaría en otros casos- un reconocimiento de la neutralidad del paisaje real de la ciudad pampeana, análogo al extenso desierto blanco antártico, al mismo tiempo que sirve de material e implantación a sus proyectos.  

La abstracta condición contextual construida por Williams para sus obras, le permite inscribir y organizar a cada una de ellas en series tipológicas– muchas veces ligadas a una matriz utopista de futurologia técnica de no-lugar –y convertirlas paradójicamente en soluciones generales y cosmopolitas.Sus estudios de las Viviendas en el Espacio iniciados en 1942, los estudios sobre Planeamiento de la Ciudad de Buenos Aires de 1945, el Edificio suspendido de Oficinas (desarrollado junto a César Janello, Colette Janello y Jorge Butler en 1946) que deviene simultáneamente en el proyecto de La Ciudad que Necesita la Humanidad (desarrollado junto a Reginald Malcolmsom, Jerzy Soltan y Mario Payssé Reyes entre 1974 y 1983) y el proyecto para La Primera Ciudad en la Antártida, son algunos de los ejemplos del evidente vínculo de la obra de Williams con la fe tecno-progresista defendida y promulgada por el Movimiento Moderno, como de la organización seriada sobre la que trabaja su obra.

Es así que su Edificio Suspendido de Oficinas (1946) se proyecta al infinito de manera vertical y horizontal para producir La Ciudad que Necesita la Humanidad (1974) y La Primera Ciudad en la Antártida (1980-1983); trasladando su estructura original que sirve a un edificio de oficinas en la ciudad de Buenas Aires a una escala regional, deslizándose sinuosamente lejos del suelo a lo largo de riberas, selvas, desiertos, pampas y la península antártica. 

LA PRIMERA CIUDAD EN LA ANTÁRTIDA

El proyecto de La Primera Ciudad en la Antártida flota sin encontrar un sitio específico por el vasto territorio antártico de 14.000.000km2 cubierto por una capa de hielo de 2.000 metros de espesor, que actúa como mero soporte de una figura arquitectónica moderna; en el procedimiento proyectual, lo dado del paisaje natural se encuentra prácticamente sin tocarse con lo transformado del artefacto nuevo instalado. Al igual que La Ciudad que Necesita la Humanidad separada del suelo natural por aire y agua, La Primera Ciudad en la Antártida se despega del hielo helado continental, por una cámara de hormigón llena de agua acondicionada, que la despega del sitio y la hace flotar como un artefacto arquitectónico similar a aquellas embarcaciones en los que se ocupa temporalmente el territorio antártico desde el siglo XV. 

Una estructura de piezas livianas seriadas (que se producirían en centros industriales continentales para ser luego transportadas y ensambladas por secciones en el lugar) conforma cuatro cuerpos ortogonales iguales, adosados escalonadamente entre sí en los que sus funciones se organizan en estratos diferenciados verticales. Reproduciendo en altura la estrategia del urbanismo moderno del zoning, la ciudad se desarrolla en ocho niveles sobre una superficie total de aproximadamente seis hectáreas: el nivel número cuatro es el más cercano al nivel del suelo exterior, donde se localizan los servicios generales y las entradas; en los pisos intermedios se ubican las zonas residenciales de viviendas y hotel que refugian a las distintas poblaciones que visitan la ciudad; al igual que en el modelo de ciudad lineal, en el último nivel se disponen las áreas recreativas y de deportes.

El centro de la ciudad es ocupado por jardines recreativos, acondicionados como espacios cerrados para permitir crecer artificialmente especies ajenas al clima natural del continente antártico. La circulación peatonal dentro de la ciudad se desarrolla a través de un sistema de escaleras y montacargas y simultáneamente por pequeños vehículos eléctricos. “La comunicación con el exterior se logra a través de zonas de amortiguamiento de temperatura y viento por un sistema de puertas deslizantes que permiten la entrada y salida de vehículos” (Amancio Williams, 1990).

La cámara de agua acondicionada– de 2,40m de profundidad –se prevé como una manera de resolver el abastecimiento de agua potable en la región durante los meses de invierno, cuando las bases no pueden ser reabastecidas por buques; además, busca reducir el enfriamiento excesivo por las temperaturas del suelo natural y consecuentemente el gasto de energía para calentar el edificio.  La arquitectura cerrada de la ciudad propone la construcción de un microclima obtenido por la energía eléctrica que producen los continuos vientos antárticos, y que permite ser habitada durante todo el año por poblaciones permanentes- grupos de profesionales que pueden instalarse junto con sus familias en el territorio para desarrollar el programa nacional de actividades científicas -y poblaciones temporales de turistas y participantes de convenciones. El microclima no solo es desarrollo a través de los controles térmicos, sino también lumínicos; “el interior […] está ambientado por una iluminación nueva con artefactos especialmente no visibles en los grandes espacios comunes y con la radiación conveniente para el correcto desarrollo orgánico. La cantidad de luz está regulada de acuerdo con las horas del día a las cuales está acostumbrada la población: menor cantidad de luz hacia la noche, disminuyendo paulatinamente y cambiando su coloración hacia el azul, aclarando hacia el amanecer […] y agregando hacia el día más amarillo” (diario La Nación, 1985).

"La Primera Ciudad en la Antártida se despega del hielo helado continental, por una cámara de hormigón llena de agua acondicionada, que la despega del sitio y la hace flotar como un artefacto arquitectónico similar a aquellas embarcaciones en los que se ocupa temporalmente el territorio antártico desde el siglo XV. "

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REGISTROS DE LO ANTÁRTICO

En Encuentros en el fin del mundo (2008), Werner Herzog filma durante el verano austral la vida antártica en la base McMurdo, operada por Estados Unidos desde 1955 en el centro del continente antártico. Debido a la imposibilidad de la noche, el entorno antártico registrado por Herzog es de un infinito unitono; sobre este blanco fondo infinito la construcción más grande (con más de 32.000m2, capacidad para una población mayor a 1.200 personas, viviendas climatizadas, cajero automático, clases de aeróbica y yoga) y de mayor tecnología e infraestructura científica de la Antártida−pero tan “fea como una ciudad minera”−opera “como un correccional” de forma permanente durante todo el año. 

Cuatro años más tarde, Adriana Lestido es seleccionada para residir en la Antártida durante treinta días del verano del año 2012; su proyecto es fotografiar el blanco (que dicen, puede llegar a tener más de trece tonalidades) del universo monocromático del verano austral ya registrado por Herzog. Atravesada por las accidentalidades de la desurbanización de lo natural, su estadía se desarrolla, casi en su totalidad, en isla Decepción. Isla Decepción es negra, y el único lugar de la Antártida donde hay fuego bajo el hielo. Desde su helada “celda tumbera” de camas cuchetas, Lestido fabrica su diario de viaje Antártida Negra (2017). Su relato involucra la construcción del paisaje antártico −el cual califica como “increíble”−y el modo en que ese territorio se habita en una base de la armada argentina sobre la península antártica: treinta personas comparten un espacio interior de superficie no mucho mayor a la de 1.000m2, precariamente climatizado −“solo con una estufa común que, como no es tiro balanceado, no puede quedar prendida mientras dormimos. Y un radiador que podemos prender solo de a ratitos porque salta la térmica” −y donde la comunicación virtual y física depende de una base española cercana –“[l]os de la base española se están yendo, levantan la antena. A partir de entonces, hasta que nos vayamos, vamos a estar incomunicados”–, la intimidad doméstica se traslada a la virginidad de la superficie desértica negra, ocupada por animales que como nativos determinan el espacio territorial que se puede atravesar y usar. 

¿Cómo podríamos imaginar el registro del territorio antártico ocupado por el proyecto de Williams? El proyecto de su primera ciudad en la Antártica no fue construido; sus sugestivas ilustraciones permanecen en su archivo a la espera de ser liberadas para ocupar suelo antártico y lograr entrometerse en los registros de quienes lo visitan y ocupan temporalmente cada año.  

Seguramente Herzog incluiría−sino sustituiría −en su film el registro de la base argentina proyectada por Williams, de mayor ocupación poblacional y mayor extensión que la norteamericana, para contarnos el habitar de las comunidades más australes del planeta. Lestido presentaría un registro completamente distinto del habitar antártico argentino; el desarrollo tecnológico previsto para la construcción de Williams interrumpiría su deseo por abstenerse de las comodidades cotidianas y los vínculos personales humanos para conectarse con el paisaje y lo primitivo del territorio. Sus fotografías serían otras, interrumpidas por todo lo construido, llenas de elementos que irrumpen su vista a los planos blancos perfectos. 

Todos los registros nos presentarían maneras disímiles de habitar el continente antártico, mediante distintos modelos arquitectónicos, o mediante ninguno en particular. ¿Cuáles son las condiciones y/o características de la arquitectura y el urbanismo de un territorio aislado, congelado, en expansión y contracción anual, de clima extremo, escasamente poblado como el de la Antártida? Repensar el proyecto de una primera ciudad argentina en la Antártida nos sugiere una segunda pregunta: ¿cuáles serían las particulares para una Antártida Argentina? 

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