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24 de junio 2023

Juan Di Loreto

PARA INTERNAS Y ELECCIONES

Tiempo de lectura: 5 minutos

Si quisiéramos reducir la vida de un político hablaríamos de dos cosas: lectura y tiempo. La acción del político se teje entre esos dos momentos. Qué vio, qué interpretó y qué hizo con eso. Si la acción sincroniza con la época -es decir con eso que se llama “lo social”- el político aspirará a cierto bronce; un pequeño busto en el largo pasillo de la historia. En cambio, si le “erra vizcachazo”, como dicen en el campo… bueno, los pasillos de la historia también tienen pasadizos laterales, oscuros y olvidados.

Pero también la política se juega en la gestión de los tiempos. Milei jugó al quietismo de Parménides: presentó Vice y programa inamovible. Solo le resta transitar la campaña. Por su lado, Juntos por el Cambio jugó con los tiempos agonales del enfrentamiento: Patricia y Larreta se juegan todo por el todo. El problema era el de Unión por la Patria: demasiadas internas, vencimientos y corridas; un ministro Presidente y la inflación pisando los talones. La solución fue bien cristinista: a la falta de tiempo, el secretismo. Para muchos nunca cerró la filtración de la fórmula de Wado con Manzur; eso era más albertismo que cristinismo. No cerraba que se anunciara con un spot sin Vice.

El contexto de este cierre de listas fue una semana tan breve como intensa. Pasan demasiadas cosas, se dirá. Y es verdad, la realidad es ese flujo inmenso, incesante que se trata de atrapar con palabras inútiles. Hablamos con fragmentos. Lo urgente es lo que pasa y lo importante es lo que queda. El resto, lo que no se puede fijar en palabras. El femicidio en el Chaco, la sonrisa de Capitanich a la hora de votar, las protestas y la represión en Jujuy, los cruces y responsabilidades por twitter, la conferencia de Juntos por el Cambio, el repudio de Scioli, Massa hablando del gasoducto, Cristina citando el gobernador Morales en un tuit, el nombre de los Unidos por la Patria, los vices que van apareciendo, el armado de listas; saber quién va a ser, a quién no le da, cuánto pudo el dedazo de tal o cuál; todo lo que nos atraviesa en la hora. 

Demasiadas líneas paralelas para una realidad abrumadora. Pero una invariante: todo se discute. El tiempo dirá si la elección de los candidatos y los vices fue virtuosa o mera necesidad hecha virtud. Por ejemplo, si el rápido abroquelamiento de Juntos es su plataforma electoral o mera táctica de campaña. Porque a muchos les pareció ver una postal venida del futuro ratificado en que “no se va a poder parar el cambio”. Lo que flota en el aire es: el que venga va a tener que hacer algo (con la inflación, la brecha cambiaria, ¿la decadencia argentina?), pero el tema es qué y cómo. No hay noticias de eso.

Nadie tiene sus cien días. Porque una de las cosas que hay que tomar en cuenta para lo que viene es el desenganche total de la política respecto del hombre y la mujer de la calle

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No parece ser lo mismo ajustar una economía con restricciones pero con cierto dinamismo y crédito internacional, por ejemplo, como en 2015, que intentar un ajuste grande o una devaluación con una deuda impagable y sin nadie que preste plata. Por eso la lectura del momento es la clave. Dejar de lado nuestros conceptos más queridos y leer y pensar las situaciones sin supuestos (sin pre-juicios). ¿Cuál es el panorama, qué se necesita ahora y con quién puedo hacerlo? El ejemplo de Morales es claro: en poco meses ganó y perdió (ganar elecciones no es lo mismo que gobernar); para otros es ganancia: Horacio Rodriguez Larreta también tiene su halcón.

La duda que persiste es si la sociedad se volvió de derecha (¿alguna vez fue de izquierda?) o si lo que se volvió de derecha fue la lectura que se hace de la sociedad. Estamos muy convencidos que todo es derecha y eso ya no se discute. Tal vez es una mezcla. Por caso: el tema de los cortes de ruta es viejísimo y es obvio que está prohibido. Pero la protesta, cualquiera sea, se visibiliza en la interrupción de los flujos cotidianos y el costo político que eso conlleva. El problema no es el corte, sino el manejo del conflicto y el costo / beneficio.

Lo que flota en el aire es: el que venga va a tener que hacer algo (con la inflación, la brecha cambiaria, ¿la decadencia argentina?), pero el tema es qué y cómo. No hay noticias de eso

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Si algo nos enseña la realidad es que es cualquier cosa menos lineal y coherente (menos mal). Miremos el informe de Zuban Córdoba de hace unas semanas sobre “Políticas de shock”, por ejemplo. Los valores que expresa Javier Milei parecen ser más una forma de protesta que un contenido. Las personas parecen querer un mejor Estado, no que desaparezca y es justamente eso lo que la política no está haciendo. La bronca y el enojo es sobre lo que no se está haciendo.

Por eso una mala lectura de la situación puede dejar sin tiempo a una nueva gestión. Nadie tiene sus cien días. Porque una de las cosas que hay que tomar en cuenta para lo que viene es el desenganche total de la política respecto del hombre y la mujer de la calle. La política perdió esa viveza; el equilibrio entre la calle y el palacio sirve para que no sean esferas autónomas que no se tocan. La calle siempre quiere cobrar al contado. Mañana es hoy. Es una forma de sobrevivencia, saber qué pasa. No podés ir a buscar los votos de quien luego vas a ajustar sin tener espalda y proyecto. El poder es un toma y daca, no funciona en una dirección única. En la serie Diciembre 2001, suerte de Esperando a Godot con los fondos del FMI que nunca llegan, se ve bien: políticos sin brújula, pero sobre todo políticos sin pueblo. El olfato del peronismo aparece con una frase de Duhalde cuando ve la protesta social: “Ahí tenemos que tener gente”. O conducís o te conducen. Es ver a tiempo (cosa que no sucedería en el fin de la carrera de Duhalde, que no supo leer la protesta que a él se le hacía y derivó en drama).

La fragmentación política, la necesidad de ir sí o sí coaligados con otras fuerzas parece corresponderse con tiempos más acotados y con la falta de un liderazgo que sintetice lo que es diferente. El mayor peligro, tal vez, como viene advirtiendo el politólogo Andrés Malamud, es que un outsider rompa el sistema y no se arregle nada; Argentina se volvería un Perú, donde la política está balcanizada; fragmentos que se impugnan mutuamente al infinito.

Si el panorama de hoy, ahora, pinta como es, las dos coaliciones tradicionales llegan mejor de lo que esperamos a las elecciones. Eso es una buena noticia (Siempre puede haber un cisne negro, obviamente). Porque a “la casta” la necesitamos, pero la necesitamos para que se ponga a trabajar en un proyecto de país de verdad. Y nada más.