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03 de diciembre 2023

Martín Rodríguez

NOT DARK YET

Tiempo de lectura: 8 minutos

1

La tía decía “en la época del Proceso”, “en la época de Alfonsín”, “en la época de Menem”. Los gobiernos como épocas, y de los pelos por el empedrado. Ministros de economía, canciones en tu walkman, se los lleva el viento. ¿Quién entendió lo que pasó estos cuatro años? ¿Alguien querrá volver a esta época como se vuelve a un “ataque ochentoso” radial, o a los años 70 de la gente común, o al museo del 1 a 1, o a las doce cuotas de las tasas chinas? De “la época de Alberto” nos fuimos todos. Si mirás la Pandemia para atrás te convertís en… nada. Nació llena de sentido, ahora es el muñeco de aire de un garaje del centro. ¿Dejó canchas de paddle vacías? ¿Cervecerías artesanales vacías? Dejó a la política vacía. Salió mal. Todos dirán: yo-no-fui. Alberto, Cristina, los funcionarios con su historia de IG hasta el final. Salimos peores.

2

Dijo Slavoj Zizek que para un populista “la causa de los problemas nunca es el sistema como tal, sino el intruso que lo corrompe”. Lo releo en su “Contra la tentación populista”, y cuando cita de Laclau el “preciso análisis del cartismo (movimiento popular británico) como un populismo” nos dice que justamente el populismo no sitúa los males de la sociedad “en algo inherente al sistema económico, sino, al contrario, en el abuso de poder de los grupos parasitarios…”. El enemigo es algo que no permite que el sistema se desempeñe “correctamente”. Leído así, Milei cumple las condiciones formales para ser llamado populista. Casta o pueblo. La casta puede ser ese grupo parasitario que no funciona correctamente. ¿Por qué dejó grogui a la política Milei? Hipótesis de entrecasa: a la política de estos años (al régimen de la grieta), le costó entender el ataque porque se supuso llena de amor propio en su arenga tribunera, incapaz de examinarse y verse en sus privilegios “militantes”, inmaculada de progresismo, se fueron haciendo millonarios habituados al chofer y al pagadios de los eventuales. Les dijo que son una clase privilegiada a los que se creyeron perpetuos representantes del pueblo. Les comió el orgullo. Pero Milei, además, también reprocha “al sistema económico”. No parece que se trate sólo de sacar algo (la casta) para que el sistema funcione correctamente. En la escena final de “Pandenomics”, la “película” de treinta minutos basada simplemente en una entrevista a Javier Milei en la Pandemia -cuando la “segunda cuarentena” dejó de contar con su apoyo-, Lilia Lemoine ingresa desde el fondo a un acto celebrado con simpatizantes en el que le da el martillo con el que Milei romperá una maqueta de tergopol del Banco Central. “¡Destrucción, destrucción!”, canta su juventud maravillosa. La idea de corrupción que enarboló Milei contra la casta sí es inherente a lo económico. Es un sistema. La emisión monetaria, la cámara de la corrupción para nombrar la de la construcción, la dolarización. Lo que vimos hasta ahora no es la fuerza de alguien que quiere extirpar un mal del sistema para que funcione. Es alguien que quiere cambiarlo. Veremos cuánto la Argentina soporta poner de moda un ajuste así.   

Scioli inventó la fiesta de cumpleaños al cumplirse un año de su estadía en la embajada. Cayó a ver a Bolsonaro con una torta. Se abrió la puerta: entró Scioli, entró la torta, entró la sonrisa falsa que abre las aguas

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3

Santiago Oría, el cineasta militante de LLA, se confiesa admirador del cine documental de Pino Solanas y del Cine Liberación. Se lo dijo a Miguel Fernández en la radio pública. La estética de “Pandemonics” es una magdalena de Proust de las escenas televisivas de patotas de los años noventa: como en “La Banda del Golden Rocket”, cuando los amigos se enfrentaban a una patota y “Maestro y Vainman” cumplían los requisitos del estereotipo (música de Metallica, galpones post industriales con tachos y fuego, camperas de cuero). Bueno, acá no hay Diego Torres. Milei posa como un ídolo de los quemados, el más roto de los rotos. Pero ya está. Su descripción, la etnografía de su grupo juvenil y la onda global que supuestamente explica todo ya no explica casi nada. Así como los países se explican de adentro para afuera, el “cómo llegó” de los presidentes desde 1983 no nos aporta la información suficiente para saber o profetizar cómo será del todo su presidencia. Si cada presidencia es la oportunidad (borgiana) de ser otro, habrá que esperar también esa metamorfosis. Sin esperanza. Como todo lo que esperamos desde hace años. Su alianza final con Macri fue eficaz en las urnas: le dio 25% más de votos. Si todos imaginaban un final parejísimo, muchos ya se predisponían para el día después psicopatear trotskistas (quienes votan kirchnerismo y se relacionan con kirchneristas y que en lo más exótico de su ecología tienen al amigo que vota el FIT) se toparon con que los votos que creían asegurados por otros (en PBA, en el norte, en el sur, entre los espectros de la clase trabajadora) no estaban asegurados. Un triunfo pírrico de Milei sobre Massa hubiera significado que esos puntitos fueran la cruz de Bregman. Pero el mapa fue una ola violeta. Ni Bregman ni Schiaretti iban a ser la piel de Judas de un voto libertario que vino de todas partes. Once puntos de diferencia cocinan el fondo de esto: cómo Milei hará sentir su mandato. Para muchos amantes del populismo imaginario esto tuvo los ruidos de una Casa Tomada. ¿Qué es ese ruido, Irene? Son los votantes de Milei. Sombras.

4

Ahora, la transición. Pocos días, largos días. Preguntas sencillas. Guillermo Francos no dejó peronismo por visitar (hasta los movimientos sociales). Los nombres de Bullrich, Ritondo, Randazzo, Pichetto, previsibles (los macristas se descontaban en el gobierno), también muestran la faceta de un líder en su relación con las palabras. ¿Por qué es líder Milei? También porque está en condiciones de acá al 10 de diciembre de decir quién es casta y quién no. Eso hace un líder: discrimina. Es una aduana de pasados y futuros. Puede poner en el futuro a un político de 70 años y en el pasado a uno de 35. ¿Por qué hasta el 10 de diciembre? Porque ahí empieza otra película. La de preguntarse en serio, del lado de adentro en el que estaremos todos, qué hará y cuánto podrá la motosierra podar sin podarse a sí mismo. La tensión entre su modelo y la gobernabilidad. La tentación de romper la rama que te sostiene. Milei ganó con mucho votante de Baglini: esos que decían “eso no lo va a hacer” y que moderaban con racionalidad los extremos de su candidato. Ese era el argumento del voto: Milei no puede hacer todo lo que quiere, con que haga un poquito alcanza. Un voto reformista votando revolución “pero como hasta ahí nomás”. ¿Y ahora? También cabe preguntarse ahora si algo de la debilidad parlamentaria tan expuesta esta semana (poquísimo todo tiene LLA: poquísimos diputados y senadores), y que parece innegociable, no podría actuar como la forma deliberada en que hace colisionar poderes y mandatos. Se verá.

5

Bolilla Brasil y bolilla obra pública le dijimos al economista Martín Kalos, otro experto en hacer fácil lo difícil. Acá las dos preguntas:

-¿Cómo impacta el fin de la obra pública?

-MK: Anular la obra pública es un problema. Por un lado, hay que ver los contratos firmados, las obras en ejecución, porque el Estado se va a comer juicios de las empresas que ya empezaron obras. Pero pongámosle que de acá en más Milei dice “no hay más obra pública”, hay cosas que no las va a hacer el sector privado. En ningún lugar del mundo la obra pública la hace el sector privado. A ningún privadole sirve construir una ruta si no sabe si se va a poder apropiar de la ganancia. ¿Cómo se la apropiaría? Tiene que conseguir que el Estado le adjudique la obra y después hacer un peaje que pueda cobrar. Alguien diría “bueno, está bien, que haga eso”, pero eso, es obra pública, siempre. El Estado no va con su máquina comprada por el Ministerio de Infraestructura a hacer esa ruta, la hace un privado que ganó la licitación, así se maneja la obra pública en el mundo y es cierto que a veces hay algunas obras, algunas que por sus características pueden ser adjudicadas en mayor medida al sector privado. Esto por ejemplo era la idea de las obras con participación público-privadas, que durante el gobierno de Macri fracasó por el aumento de los costos. Ahí la lógica era que el Estado también se corriera del rol de financista de la obra y en vez de pagarla, la empresa fuera quien consiguiera el financiamiento para ejecutar la obra y después el Estado fuera repagando, o el privado ganara guita a partir de, por ejemplo, ese peaje que decíamos en una ruta hipotética. Pero lo que no es cierto es que se pueda anular la obra pública y los privados se vayan a hacer cargo porque hay un montón de obras que nunca, por sus características, van a poder ser apropiadas por empresas.

-¿Qué significa Brasil para la economía argentina?

-MK: No hay forma de minimizar el impacto de Brasil en nuestro comercio exterior: es el país al que más le vendemos y el país del cual más importamos históricamente. Argentina representa apenas el 4 % de lo que Brasil importa, pero es casi el 20 % de todo lo que nosotros exportamos, entonces es un socio comercial enorme. Tenemos industrias que están muy integradas, como la automotriz-autopartista. Hay partes de autos que se hacen en Brasil y se traen para acá para terminar el auto, y hay partes de autos que se hacen acá y luego se terminan allá. Hay un patrón de especialización.

Lo que vimos hasta ahora no es la fuerza de alguien que quiere extirpar un mal del sistema para que funcione. Es alguien que quiere cambiarlo

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6

Brasil y Scioli, dos temas de Estado. No para hacer odas sciolistas (que ya fueron hechas, desechas, mal hechas), sino para entender el factor político que implicó que en el inicio del gobierno de Alberto Fernández también había un problema con Brasil pero exactamente invertido: era Bolsonaro quien parecía negado a un vínculo normal con Argentina por el triunfo de un gobierno kirchnerista. Scioli fue el artífice, se dijo, de una normalización. La leyenda despertó admiraciones “sorprendentes”. Scioli inventó la fiesta de cumpleaños al cumplirse un año de su estadía en la embajada. Cayó a ver a Bolsonaro con una torta. Se abrió la puerta: entró Scioli, entró la torta, entró la sonrisa falsa que abre las aguas. La foto está: Scioli con la mano izquierda enciende una velita que sostiene muy concentrado Bolsonaro. Rompía el hielo de varios pedidos de audiencia que dormían encajonados y se anotaba el poroto de crear un mito exagerado: “Scioli salvó el MERCOSUR”. Más allá de la exageración, más allá de los costos en el comisariado peronista inevitable, y por todo lo que depende de esa relación comercial, su continuidad brinda una suerte de extraño alivio.  

7

Milei mareó a Macri. Le pisó el jardín. Le tomó los votos, el crédito, la gente. Y de pronto a Macri se le abrieron dos frentes juntos: se veía curador del diseño final de un gobierno y se veía consagrado a derrotar a Riquelme, uno que se le animó siempre. Saboreaba esas victorias que ahora no se presentan fáciles, mientras a Cristina le llovían malas noticias judiciales. Pero también, en el fondo de esa tensión entre Macri y Milei convive la pregunta sobre el peronismo. Los créditos de “Pandemonics” dicen que fue rodada el 17 de octubre de 2020. La fecha no es inocente. Comentamos acá la relación que fija Milei con el peronismo. Se supo que su primera frase al ser recibido por Alberto Fernández fue decir que él no es gorila, y declararse admirador de Carlos Menem. En aquella reunión Alberto Fernández quiso ser didáctico sobre algunos riesgos. No desprenderse de medios públicos (“porque los otros después te sueltan la mano”) y, sobre todo, algunas precisiones sobre el circuito autopartista entre Argentina y Brasil. De Brasil tomó nota. De los medios públicos… dudoso.

La canción “indie” con que cierra “Pandemonics” (Javier Milei, el último punk), en su segunda larga estrofa dice:

Combatiendo por una Argentina libertaria,
y por la libertad del pueblo trabajador.
Hace más de un siglo nos gobiernan los buenistas,
los que roban para lacras mantener.

Milei mira de reojo la CGT. Se juntó con varios, y con los que no se juntó mandó emisarios. ¿Habrá entendido ya que el “modelo UOCRA” explica sólo a esa rama? En varias entrevistas saltó esquivando un buscapiés: ¿por qué no le cuelga el sambenito de casta a la dirigencia gremial? Lo dice: “eso lo resuelven los trabajadores”. La CGT, la histórica central obrera (tan fuerte y tan subestimada por izquierda), se abroquela. Defiende algo valioso de la Argentina: lo que queda de nuestra aristocracia obrera, siempre torpedeada. Como gesto, como promesa de agrande, esta semana hubo 500 urnas repartidas en todas las provincias del país para votar con fórmula de unidad al nuevo secretariado en la UTEP (encabezado por Alejandro “Peluca” Gramajo), la herramienta sindical de la llamada “economía popular” (esa rama de la que casi todos dudan), pero que encaja por pragmática en el paisaje del capitalismo real. Votaron alrededor de 400 mil afiliados. El acto de asunción de autoridades será mañana en el salón Felipe Vallese que les abrió la CGT. Les dirán retardatarios, les dirán corporativos, les dirán lentos, pero los gordos convocaron a todos y emitieron un documento claro: “Ni un paso atrás”. Son los viejos sabios de su verdad: nunca perder poder. Y ese poder siempre es más que su poder. Cuando le sacan todas las capas de la cebolla a la Argentina queda una final. Lo que cada gobierno tensa y negocia con la CGT. El clásico de clásicos.  

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