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12 de julio 2023

Florencia Angilletta

INDEPENDENCIA

Tiempo de lectura: 8 minutos

“Cartas en el asunto” es el primer newsletter de Revista Panamá, escrito por Florencia Angilletta, sobre los 40 años de democracia. Aquí la suscripción para recibir quincenalmente los siguientes envíos por mail.

 “Su ambiente preferido no sería nunca el de la universidad, ni el de los cafés donde los estudiantes pretenden cambiar el mundo, sino la pequeña empresa, la tienda frente a la cual se barre la acera todas las mañanas, antes de levantar las persianas metálicas y recibir a los primeros clientes”

Emmanuel Carrère, Un viaje en la mente de Philip K. Dick

Uno

“Cuando pienso en independencia pienso en que me vine a vivir a los 19 años a Buenos Aires, desde Mar del Plata, por una decisión puramente personal que eran las ganas de vivir acá. Independencia económica aún no tengo porque mientras estudio me bancan mis viejos. Todo me lo mandan ellos. Porque desde chico fantaseaba con venir y la idea de vivir solo me extasiaba.” Son las palabras de Esteban, estudiante de 20 años de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA, sobre la independencia, la propia, la de hace la tuya. Y sigue: “El año pasado fue el primer año en la Facultad de presencialidad tras la pandemia y estuvo buenísimo. Todo el día expuesto a novedades. Este segundo año eso se diluyó un poco más… y ahora la independencia es mi realidad. Y lo que me encontré es que a veces quería como una madre… a mi madre. Antes de rendir un parcial, o cuando pienso que no puedo con todo, o cuando extraño el plato de comida al volver. Que haya alguien, otros ruidos. Ese silencio de estar vos solo. Por momentos es apabullante esa independencia: hacer las cosas por uno mismo”. Esteban remata: “Me acuerdo perfectamente de la primera vez que di la vuelta a la manzana, del sueño de independencia que tenía en esos primeros pasos. Hoy hay días que quiero que este mi mamá conmigo dando una vuelta a la manzana”.

La primera vez. La primera vez, literal. La primera vez que se toma un colectivo solo, se compran cigarrillos o cerveza, se sale de noche, se gana la propia plata, se toma una decisión. Se entierra. Se vota. Los sueños de independencia tienen sus claroscuros también. Pedido filial, pedido patriótico. Independizate. Independencia y vulnerabilidad.

La democracia cumple 40 años y estiró la juventud. Encontrar un adulto es por momentos una aguja en un pajar. La juvenilización. La moratoria juvenil: no pasa estrictamente por canas, arrugas o tonicidad muscular sino, más bien, cierto porte de vida que no sabemos ya quiénes emanan. Ver en los recordatorios las fotos: los desaparecidos tenían en promedio veinte años y todavía parecen adultos mayores al lado nuestro.

Alrededor del 30 por ciento del ejército estaba integrado por esclavos que habían ido a luchar como libertos –entre la esclavitud y la libertad–, con la promesa de obtener su libertad tras la independencia. Lola Mora lo hizo friso

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Julio, aniversario de la independencia. (Las veces que ardió Tucumán. En 1816. En 1975, con el operativo Independencia.) Los cuarenta años de democracia se hacen con independencias. ¿Pero con las de quién? ¿De quiénes? En el anterior envío de estas cartas –que se puede leer acá– la pregunta había sido la de la ansiedad. Otra forma de hacer una pregunta por el futuro. Hubo un tiempo en que valía la pena: ¿cómo te ves en quince años?, ¿con un techo propio, un auto, algo? Estamos demasiado ansiosos para cualquier tibieza. Cuarenta años cumplidos en una época rota. Queremos que vuelva el futuro. La democracia, querida carta. Bienvenidos/as a un nuevo envío de estas cartas panameñas: esta vez, la independencia.

Dos

Silvina a sus 40 y pocos ya dio varias vueltas a la manzana. Nació en El Palomar, siguió Trabajo social y hace ya unos cuantos años hizo base en Madrid. Le pregunto, océano y husos horarios de por medio, sobre la independencia. “Un momento de independencia, y también de libertad, fue terminar el secundario”. Y recuerda: “En el acto de fin de curso todos mis compañeros estaban llorando y yo, en cambio, me largué a llorar al final… de la emoción de estar egresada. Sentí que ahí empezaba en serio: poder estudiar lo que quería, donde quería, elegir mis amigos. Incluso me acerqué más a mis amigas del colegio después, cuando las pude elegir”. Redondea Silvina: “Fue decir ‘a partir de ahora las reglas las pongo yo’. Probablemente fue la declaración de mi independencia”.

Declaramos la independencia. Más de una vez. El 9 de julio de 1816 en la casita de Tucumán se firmó el acta de esa declaración como país. Hacer cosas con palabras. Sí, aunque no era casual: ese mismo año fue decisivo para el final de las luchas del ejército que lideraba San Martín con el cruce a los Andes. Y aquí la independencia era exactamente doble: la de los países y la de muchos esclavos. Alrededor del 30 por ciento del ejército estaba integrado por esclavos que habían ido a luchar como libertos –entre la esclavitud y la libertad–, con la promesa de obtener su libertad tras la independencia. Lola Mora lo hizo friso.

La independencia es de algo. De algo, de alguien. No es en el vacío. Independencia ante los lazos –no por nada se le decía a España la madre patria–. Los países independientes de los países colonizadores. “Patria sí, colonia no”: reescribir en el siglo XX la emancipación del XIX. La independencia económica, porque la dependencia supone ataduras. La independencia de las instituciones. La frase “periodismo independiente”.

Salir de las cavernas, romper las cadenas. El “contrato social” de Jacques Rousseau –la piedra rosetta del iluminismo– forjó las bases de los movimientos independentistas. De las “potencias”, primero; de ciertas “clases”, después. Emancipación, movimientos emancipadores como una forma de nombrar no sólo una mayoría de edad de las personas sino una línea de lectura de la historia. En palabras de Rousseau: ¿por qué si el hombre es libre se halla por todas partes encadenado?

La primera vez que se toma un colectivo solo, se compran cigarrillos o cerveza, se sale de noche, se gana la propia plata, se toma una decisión. Se entierra. Se vota. Los sueños de independencia tienen sus claroscuros también

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Failure to Launch. Año 2006. Matthew Mcconaughey y Sarah Jessica Parker protagonizan esta película fallida y efectiva a la vez. A los 35 años él todavía vive con sus padres. Renuente al compromiso, y acostumbrado a la heladera llena y a la ropa limpia. Los padres contratan los servicios de ella quien, como una novia por contrato, lo motiva a independizarse. A ver si de una vez va a dar una vuelta. Aunque sea hasta la puerta.

Tres

“Nosotros creemos que el Estado debe ser independiente: ni propiedad de los ricos, ni propietario único de los mecanismos de producción. La independencia del Estado presupone dos condiciones fundamentales. Por un lado, el protagonismo popular. ¿De dónde sacaría, si no, fuerzas el Estado para mantener su independencia? La democracia será, desde el primer momento, una fuerza movilizadora.” Palabras de Alfonsín. En su primer discurso como presidente. 1983. Volvía la democracia, volvían las palabras sobre la independencia. Siguió Alfonsín: “La democracia moviliza siempre, mientras que el régimen desmoviliza. El régimen se ocupa de la desmovilización de la juventud. Se ocupa, por ejemplo, de transformar las universidades en enseñaderos. La democracia atiende a la movilización de la juventud en torno de los problemas generales y de sus problemas específicos”.

Gabriel, trabajador con varias décadas de política encima, comparte: “Independizarse está, para mí, vinculado a un contexto de mucho deseo y libertad como fue el retorno de la democracia. Fue ponerse a laburar de lo que sea para lograrlo y, al mismo tiempo, seguir estudiando hasta recibirme. Un deseo enorme de disponer del tiempo y del espacio”. La independencia amasó algunas coincidencias. El mismo día en que el país nació a su independencia nacieron dos mujeres independientes a ultranza: la “Coca” Sarli, quien hizo de la bandera su carne, y Mercedes Sosa, quien le puso voz a los jardines de los pueblos y repúblicas. Descontando la crisis de 2001, en democracia, las dos tomas de mando, las dos asunciones presidenciales que no fueron el 10 de diciembre, pisaron fechas patrias: Kirchner, el 25 de mayo de 2003; y Menem, el 8 de julio de 1989. El menemismo empezó un día antes.

Emancipación, movimientos emancipadores como una forma de nombrar no sólo una mayoría de edad de las personas sino una línea de lectura de la historia. En palabras de Rousseau: ¿por qué si el hombre es libre se halla por todas partes encadenado?

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Cuatro

“Se me ocurre, además de cuando me fui a vivir solo y dejé atrás los cruces diarios con mi vieja, cuando compré la bicicleta en plena pandemia”. El recuerdo de Lucas, al borde del final de los treinta, empleado, mete la cuchara en cómo la pandemia –la cuarentena, sobre todo– transformó las nociones de independencia. “El trabajo era bastante intermitente así que podía agarrar e irme a andar todo el día. A veces me iba hasta Vicente López y el recorrido era placentero y liberador. Era la independencia de poder ir donde quería y cuando quería, tenía la ciudad casi para mí solo. Me ayudó mucho con la ansiedad que me generaba toda la situación.” Ezequiel, estudiante estrenando la veintena, agrega: “La independencia es libertad y responsabilidad, cuando sos independiente sos el responsable de tu propio destino. La independencia me llegó cuando me mudé solo, cuando empecé a trabajar y cubrir mis gastos, y también cuando salí del closet, porque fue independizarme del que dirán”. Marta, docente de toda la vida, recuerda cuando tenía veinte años y trabajaba en un puesto en la municipalidad que le habían conseguido sus padres. “Logré recibirme de maestra y, poco después, pude conseguir mi trabajo y dejar el que me habían conseguido ellos”. Agarró la tiza y no la soltó. Escribió “independencia” en el pizarrón muchas veces.

No tengo recuerdo de ese anhelo de independencia. (Quizá no hubo margen, más bien un piano que cayó sobre el cemento. Aunque sí, mentira, me acuerdo de pensar “cuando limpie como quiera” o “nunca me iré a dormir con los platos sucios” –cosa que finalmente no cumplí–.) No importa la fidelidad al personaje de mí misma, aunque si pienso en una independencia “elegida” rotundamente se me viene la del auto (ya tendremos newsletter sobre los autos de la democracia, esto es solo un teaser). Hace poco en un taxi hablamos con el chofer. Fui derecho a mi pregunta: cómo aprendiste a manejar. El señor –tendría más de sesenta y menos de ochenta– me contó que a los 23 tenía una pequeña empresa y necesitaba transportar insumos, y le llegó la oportunidad de un Falcon 69. Lo compró y se lo dejaron estacionado cerca de Juan B. Justo y San Martín. Él vivía como a diez cuadras. Esa noche le dijo a su mujer: “me voy a manejar”. Era la primera vez que se subía a su auto, a un auto; solo, nadie le enseñó. Fue hasta Liniers en primera. Al mes, sacó el registro profesional. Terminó el cuento y me dejó en la puerta de la escuelita de manejo. Nos reímos. Quisiera dar alguna vuelta con la independencia de ese conductor.

El mismo día en que el país nació a su independencia nacieron dos mujeres independientes a ultranza: la “Coca” Sarli, quien hizo de la bandera su carne, y Mercedes Sosa, quien le puso voz a los jardines de los pueblos y repúblicas

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Cinco

2023. Domingo de independencia e inauguración del gasoducto Néstor Kirchner, del tramo del que viene de Vaca Muerta. 573 kilómetros desde Tratayén –en Neuquén– hasta Salliqueló –en la provincia de Buenos Aires–. La paternidad disputada del gasoducto (hasta Larreta del otro lado dijo “me puso contento, ¿a quién no?”). La energía en el centro de disputa. Que es la política de subsidios por otros medios.

Cuando sea grande… ¡pero ya sos grande! La edad promedio en que se deja la casa familiar. Más de la mitad de los jóvenes de entre 18 y 35 años vive con sus padres, en comparación con la misma población, en el país, en los años ochenta. Mientras, el crédito hipotecario en Argentina hace veinte años era alrededor del 5% del PBI y en 2022 representó el 0,2%. Los padres ya no sueñan con el futuro de los hijos… le temen.

Hasta la que viene.

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