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20 de julio 2021

Guido Maiulini

POR EL CAMINO DE IMPSA

Tiempo de lectura: 8 minutos

Distintos analistas, académicos y referentes políticos (encabezados por el Profesor Tokatlian) han participado recientemente en un intercambio de opiniones indispensable. La conversación gira alrededor de la pauta de inserción internacional de la Argentina en un mundo cambiante. El dato incapaz de rechazar, es la translatio imperii en el contexto de la transformación digital, y por añadidura, de la pandemia. Donde, por fuerza deberemos aprovechar las oportunidades que se nos presentan, y procurar amortiguar los impactos de las decisiones en las que no podremos intervenir.

No podría conceder, sin embargo, que el factor de la dependencia que conlleven las opciones que se darán bajo una fuerte presión internacional, pueda ser catalogado como secundario. Subtiende a algunas de las intervenciones la imposibilidad de cuestionarse una teoría de la modernización que pretende conocer el sentido de la Historia. 

Inevitablemente, se ha recurrido a los símiles de los triángulos atravesados por Argentina en el pasado: en primera instancia, la apuesta por mantener el vínculo con Gran Bretaña ante el surgimiento de los EE.UU. Se ha dicho también, que esta vez la situación plantea incentivos económicos inversos: la complementariedad económica aparece más claramente con la ascendente China que con los EE.UU. Desde una mirada liberal, se refirió a cierta pasión argentina por confraternizar con los absolutismos, en el espejo de la tardía declaración de guerra de la Argentina a las potencias del Eje en 1945. Sea dicho que más allá del privilegio de inaugurar la Asamblea General de Naciones Unidas todos los años, Brasil, que regó con sangre las playas italianas, cosechó antes de 1964 pocos éxitos más, en términos económicos, y especialmente de estabilidad política, derivados de esa anticipación y su relación privilegiada con EE.UU.

La relación entre China y Estados Unidos aparece categorizada como una relación de competencia por la supremacía global y se enfatiza sin cesar que esto no es otra Guerra Fría. Me permito interrogarme sobre esta última posibilidad, en un contexto donde ambas potencias comparten espacios de competencia, pero también de convergencia. Acaso lo que Blanchot leyendo a Hegel llamaba: “La fraternidad de los amos”, sea posible. Las cláusulas de cross default de cierto financiamiento deberían hacernos reflexionar. La imagen de una prensa de dos cargueros Panamax atenazando un velero deportivo, tal vez contagie algo sobre nuestros males: la falta de planificación estratégica, el ocasionalismo. En palabras de Schmitt, romanticismo político. Lo que se discute es, más allá de su ropaje teórico, el sendero que debemos practicar.

"Las cláusulas de cross default de cierto financiamiento deberían hacernos reflexionar. La imagen de una prensa de dos cargueros Panamax atenazando un velero deportivo, tal vez contagie algo sobre nuestros males: el ocasionalismo."

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II

Es claro para casi todos los preopinantes, que la articulación regional es una necesidad y una medida de pragmatismo casi reflejo, de instinto de supervivencia. Aparece también la idea de la construcción de la autonomía. Mirando hacia adentro, reducir la vulnerabilidad económica y financiera, la carga de la deuda, también son denominadores comunes. Crecimiento y reducción de la pobreza, son impostergables.

Sin embargo, hasta las declaraciones de las potencias desean este destino venturoso para la Argentina: la discusión, luego, es de medios. Resulta, así, inexorable, a la hora de determinar nuestro “patrón de inserción global” definir el interés de la Argentina; y más precisamente, definir cómo hemos de llegar a avanzar ese interés.

Puesto que no se trata de elegir un padrino u otro, toda discusión se torna abstracta, sino trivial, a la hora de verificar la capacidad de la Argentina para gestionar la efectividad, la casuística de esos diálogos ineludibles y permanentes. Lo que también resultará inevitable es que, si no logramos formular una agenda nacional, sancionada por las dos coaliciones mayoritarias en los temas verdaderamente fundamentales que el escenario de la pospandemia plantea, compraremos llave en mano soluciones bien intencionadas que, con seguridad, no serán las de nuestros problemas.

Luego, encarar los dilemas sin tener un pliego, una servilleta, ojalá varios tomos de documentación técnica que recojan acuerdos en las cuestiones acuciantes de la época resulta un escenario pavoroso.

La diplomacia, lo mismo que el instrumento militar, es la externalidad última de la voluntad estatal. La nota de protesta o la munición percutida son siempre una última ratio, y la e videncia de un fracaso anterior. El ciclo presupuestario, el de las políticas públicas o el círculo hermenéutico, en el nivel de abstracción que se elija, es la cancha donde se da la disputa. Pensar es servir, decía Martí.

III

Pero no todo está perdido. IMPSA es un norte, o, mejor dicho, un Sur. Allí encontramos el liderazgo del Presidente de la Nación, la conducción de los Ministerios de Producción y Economía, la articulación imprescindible del Ministro del Interior y la Senadora Fernández Sagasti y, el Gobierno de la Provincia de Mendoza, y sus ministros de economía e infraestructura, por no hablar de la familia Pescarmona que no obstaculizó el proceso. El fallecido Senador Baglini en una primera etapa y el ex Senador Sanz que colaboró conduciendo la última asamblea de accionistas. Mucho trabajo y pocos anuncios. A un lado y al otro de la trinchera que se ha vuelto la política doméstica, todos comprendieron que había un bien superior en juego. Y esto sin hablar de los trabajadores de la compañía, que portan en sí un activo que aparece como invaluable: 114 años de aprendizaje. Nuestra gente, un bien imposible de sustituir ni producir espontáneamente que, al discutir valuación de activos o normativas de offset, tenemos habitualmente muy poco en cuenta, desperdiciando oportunidades.

Ocurre que IMPSA no es sólo esa gran empresa de tecnología argentina. Sino también que está ubicada como una plataforma en medio de los procelosos mares que tendrá que atravesar nuestro país en los próximos decenios, y en los cuales ya se navega. Hablo del tránsito del sistema científico a la producción industrial, de la transición energética global, de la agregación de valor a nuestra producción, de la exportación de tecnología llave en mano.

Si el Cambio Climático ya resulta una realidad ominosa que fuerza a la acción global, y en cuya mitigación la Argentina ha realizado compromisos importantes, debemos saber ver una oportunidad en este proceso.

Nuestro país es responsable de apenas por encima del 0,5% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Ello podría llevarnos a una posición cerril, que enfatice la diferencia en las responsabilidades comunes que compartimos las naciones. Esa no es la visión de la Argentina hoy, y es saludable. Tampoco sería saludable un seguidismo sin más de la agenda de las grandes potencias industriales en la temática: tanto China como los EE.UU. (¿coincidencia?) se hallan hoy fuertemente comprometidos con los procesos multilaterales que abordan la temática. El cambio tecnológico. Allí está la clave.

Siendo reiterativo con apenas un caso de estudio, IMPSA produce: generadores de energía eólica, componentes para centrales nucleares, turbinas hidroeléctricas. Equipamiento de alta sofisticación para la producción de energía que no emite gases de efecto invernadero.

IV

De sentido común: no resulta una idea descabellada tener una empresa nacional que desarrolle esa tecnología en un país que tiene en la meseta patagónica el mayor potencial global de producción de energía eólica, por constancia y fuerza de los vientos. Para nuestra fortuna, no se trata de un caso aislado: INVAP produce reactores de investigación, satélites, radares y tantas otras cosas. La Comisión Nacional de Energía Atómica acaba de firmar el contrato con Nucleoeléctrica Argentina para la finalización de la obra civil del prototipo del reactor CAREM. Poseemos además 17 millones de toneladas de reservas estimadas de litio, material estratégico para esta transición.

Toda esta capacidad en energía de cero emisiones, la existencia del recurso natural clave para el almacenamiento de electricidad y el compromiso argentino con la mitigación del cambio climático, no debieran hacernos perder de vista, en un deslumbramiento por contigüidad, que nuestra agenda no es la misma que la de los impulsores de la transición, que son, casualmente, los fabricantes de la última tecnología.

Cierto es que las matrices energéticas de todos los países tienden a la electrificación. También es cierto que poseemos la segunda reserva de gas no convencional del mundo, y la cuarta de petróleo. La sana política energética adoptada por el Gobierno nacional con el Plan Gas.Ar impulsa la producción de hidrocarburos que son, junto con la minería, la posibilidad más realista de producir un salto en las exportaciones a corto plazo, que permita superar la ya secular restricción externa.

Por ejemplo, la universalización del gas natural como combustible de transición permitiría a la Argentina, además de reducir en un 30% las emisiones de CO2, contar con miles de millones de dólares de excedentes exportables en combustibles líquidos. Un poco como hizo Alfonsín, pero del todo. Esto no se contradice con la electromovilidad, ni con el hidrógeno. Más bien acompañaría nuestra transición, cuyo ritmo debe, por necesidad, dictarse desde la Argentina.

"la universalización del gas natural como combustible de transición permitiría a la Argentina, además de reducir en un 30% las emisiones de CO2, contar con miles de millones de dólares de excedentes exportables en combustibles líquidos. Un poco como hizo Alfonsín, pero del todo.."

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V

Si hemos de soportar las presiones que se dan y se darán en este marco, que es hoy el de la disputa por la supremacía, debemos trazar acuerdos en la materia. El cuidado del medioambiente aparece como una esfera de la política pública central en la que acuerdos al más alto nivel que produzcan regulaciones exigentes y provean a la sustentabilidad, serán un modo privilegiado de evitar la inconstancia que venimos exhibiendo.

Se ha hablado de la diplomacia profesional y de las Fuerzas Armadas como modos terminales de procesar el conflicto. Decía Perón allá por 1953: “…pienso también que es de gente inteligente no esperar que el año 2000 llegue a nosotros, sino hacer un poquito de esfuerzo para llegar un poco antes al año 2000, y llegar en mejores condiciones que aquella que nos podrá deparar el destino, mientras nosotros seamos yunque que aguantamos los golpes y no seamos alguna vez martillo; que también demos algún golpe por nuestra cuenta”. Ya sabemos cómo nos encontró el 2000.

Una agenda estratégica de la Argentina en esta materia no se agota necesariamente en nuestras fronteras. Como IMPSA, Argentina deberá exportar para poder sobrevivir y prosperar. La proyección de nuestra política exterior debería mirar menos a las dos grandes potencias de la hora y más hacia África y Asia. Allí están las oportunidades, para IMPSA: en la región y en países como Pakistán, Etiopía, Tanzania. Para la Argentina en Bangladesh, Egipto, Indonesia, Nigeria, Turquía, Vietnam y tantos otros países con los que sólo tenemos relaciones densas y a los que se ha podido exportar tecnología de punta. Fortaleciendo estos cables, la Argentina podrá sostenerse frente a un escenario global de tensión.

"El cuidado del medioambiente aparece como una esfera de la política pública central en la que acuerdos al más alto nivel que produzcan regulaciones exigentes y provean a la sustentabilidad, serán un modo privilegiado de evitar la inconstancia que venimos exhibiendo"

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VI

No llego a estas preocupaciones desde un moncloísmo a la violeta, tampoco desde un acuerdismo que niegue las líneas profundas que dividen a la sociedad argentina. Sin embargo, peco de ingenuo a la hora de pensar que está a la mano de las dirigencias de ambas coaliciones crear las condiciones para un diálogo estratégico que contemple estas cuestiones como centrales, y no como meros accidentes, mientras discutimos la sustancialidad del phármakon vacuna, nos tornamos precozmente expertos epidemiólogos, pretendemos derogar algunas leyes de la física, y se llega hasta a impugnar una de las pocas instituciones judiciales del país que -como pedía César- se ha sabido mantener casta y parecerlo: la Justicia Nacional Electoral.

El debate es un ejercicio a construir sistemáticamente: los medios están fallando a la hora de poner el acento en estas cuestiones. Construir una agenda argentina sin exclusiones podría parecer un exceso, viabilicemos tres o cuatro denominadores comunes, en los temas fundamentales.

El resplandor de IMPSA pide esperanza: también constancia. Sólo podremos consolidar ese acierto si la compañía gana contratos, adentro y afuera. La propuesta es sencilla: repitamos el milagro, hagámoslo cíclico. Si al fin y al cabo, los presidentes y ministros de todos los colores políticos disfrutan de llevar a sus homólogos de países desarrollados a tomar un té con tarta en Llao Llao y de paso visitar la sede de INVAP.

Y porque si somos vencedores, aunque dure varios años, si no logramos acordar políticas de largo plazo, seremos vencidos en la grande, en la que determina nuestros márgenes de distribución. Lo que hoy vale para el Llao Llao e INVAP mañana puede valer para Potrerillos e IMPSA, para Bioceres y la costanera rosarina.

“Qué florezcan mil flores”: tampoco arriesguemos la credulidad. Las negras también mueven. Pero esto se ha sabido hacer por estos lares: no sólo el Plan Nuclear; pero son más de 70 años de decisiones sistemáticas, no sin corrimientos, que comenzaron con el albur de Perón por Richter.

Entre Oriente y Occidente: a la rigidez política del escenario global deberemos contraponer, por necesidad confuciana, fluidez para trascender la división en el ámbito interno.

*El autor es diplomático de carrera, actualmente se desempeña como Jefe de Asuntos Políticos en la Embajada Argentina en Chile.

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