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26 de agosto 2023

Lorena Álvarez

BAJO LA ALFOMBRA (parte 1)

Tiempo de lectura: 8 minutos

La sensación de retroceso cultural a veces alberga cierta dosis de negación. Y también es una interesante manera de creer que todo es nuevo. Como si lo que nació al calor de estos últimos años no tuviera una raíz tan profunda que puede llevarnos al pasado remoto. ¿Y si todo lo que sale hoy a la luz es también parte del polvo que va quedando bajo la alfombra? ¿Y si nada es tan nuevo solo que cambia de vestuario?

Cuando esta semana los programas de espectáculos e informativos lanzaron la noticia de que el candidato estrella de estas elecciones, Javier Milei, estaba empezando una relación con la imitadora Fátima Florez, la sombra terrible del Facundo de los 90, Carlos Menem, volvió a instalarse. ¿Volvimos al pasado? Fue una pregunta que flotaba.

 Pero, ¿y si el pasado no está volviendo sino que nunca se fue? ¿Y si somos los mismos aunque cambiemos de ropaje según los años? La sorpresa del domingo 13 de agosto nos invadió abriendo una caja de Pandora de preguntas. Por eso más que de certezas estamos envueltos en interrogantes.

Francisco de Narvaez, en gran parte al son de un reggaeton de moda, “La vecinita” logra imponerse en la provincia de Buenos Aires a la lista oficialista que llevaba de manera testimonial al ex presidente Néstor Kirchner, al gobernador de la provincia, Daniel Scioli y al entonces jefe de Gabinete, Sergio Massa

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Alika y el Ministerio de trabajo

El hito fundacional del kirchnerismo como identidad política fue allá lejos y hace tiempo en el año 2008 durante el conflicto con el campo. Un gobierno, el decreto 125, la resistencia del campo y un arco narrativo digno de este país guionado por un sádico en el que el apoyo de muchos campo era dado por gente a duras penas tenían una maceta en el balcón de su departamento alquilado en Balvanera. Tamaño apoyo sorprendió al gobierno: clases medias urbanas en un contexto de relativa prosperidad y las recientes tasas chinas volcándose al consumo. ¿A cuánto podía enojar una suba de retenciones?

Con el voto no positivo del mismísimo presidente del Senado y vicepresidente de la Nación, Julio Cobos, la ley nunca vio la luz. Y es común oír el consenso de que ese mismo conflicto parió “la grieta”. Y la cachetada final de ese entuerto quizás llegaría en el 2009 cuando en las elecciones legislativas, el millonario devenido en político, Francisco de Narvaez, en gran parte al son de un reggaeton de moda, “La vecinita” logra imponerse en la provincia de Buenos Aires a la lista oficialista que llevaba de manera testimonial al ex presidente Néstor Kirchner, al gobernador de la provincia, Daniel Scioli y al entonces jefe de Gabinete, Sergio Massa.

Ese equipo de estrellas de la política de manera impensada terminó sucumbiendo en las urnas frente al latiguillo “alika alikate” del ex dueño de Casa Tía. (Creado encima por su alter ego, el actor Roberto Peña, quien lo interpretaba en “Gran Cuñado” la parodia política del reality “Gran hermano”, un formato dentro del programa de Marcelo Tinelli, “Showmatch” que durante esa temporada le daba un descanso a su joya del momento “Bailando por un sueño”.

Imitadores en la piel de políticos haciendo las delicias del público y preocupando a los asesores de campaña. Freddy Villarreal le había puesto el cuerpo a Néstor Kirchner usando la muletilla: “¿Qué te pasa Clarín que estás tan nervioso?”. Frase que Kirchner había impuesto al comienzo de ese año en un acto en la localidad bonaerense de Tres de Febrero.

La semana previa a las elecciones y a modo de cierre mediático, De Narváez y Kirchner, al igual que otros candidatos, habían sido invitados al piso a cerrar sus campañas. A falta de programas políticos con punch, la política había puesto el ojo otra vez en el show. Pero siempre con un halo de miedo. El traspié de Fernando De La Rúa años atrás había marcado a fuego a los políticos. Los radicales acusaron al programa de esmerilar a Fernando De la Rúa y a contribuir en el comienzo de la caída luego de una visita del ex mandatario, donde había dejado expuesta toda su desorientación.

De Narváez hijo de las páginas de las revistas “Gente” y “Caras”, al igual que Mauricio Macri, otro empresario cuyo rostro primero fue socialité, no tuvo problemas en asistir y bailar con su imitador. Sonrisas y algarabía, cual fiesta de enero en Punta del Este. Pero para Néstor Kirchner el convite era todo un tema. Tal es así que se debatió durante varios días si era conveniente esa exposición.

La década del 90 había sido desde el día uno de su asunción un tema de cuestionamiento, no sólo de índole económico sino cultural. Aquellos años resumidos como de pura frivolidad no tenían lugar en el relato actual. Pero ante los alarmantes números de las encuestas, si bien no cedió a visitar el piso -el programa se hacía desde estudios de Ideas del Sur, pero se emitía por Canal 13 parte del Grupo Clarín, otro de los enemigos nacidos durante la disputa por la 125-, accedió a un mix: comunicarse vía telefónica intentando armar un paso de comedia con Tinelli y su imitador. Algo que no resultó del todo bien ya que Néstor se mostraba a la defensiva mientras chicaneaba al conductor. Pero quizás el momento más álgido, que en tiempo real ya se transmitía fue cuando le espetó: “Marcelo, ¿no tendrás trabajando gente en negro?”, ante la sonrisa incómoda de todos. Para terminar levantando la apuesta al sugerir que iba a enviarle a Tomada (Carlos, el ministrode trabajo en esos años). En Youtube se encuentra ese material, que, viéndolo para esta columna, se agregó a la incomodidad del vivo sentido allá lejos, la sensación actual de que finalmente esa “llamada” le espantó votos.

Un detalle que se me había escapado entonces: entre los que se encuentran detrás de cámara alguien dice un “qué agresivo”, casi susurrado, que no estaba en el libreto y quizás representó a la perfección por qué su aparición no le sirvió para cosechar más votos. Con el tiempo uno puede preguntarse si quizás esa sociedad embanderada detrás de la soja en realidad también no se protegía de ser los próximos a quién cobrarles. El barrani si lo pensamos podría ser de larga data. Casi parte de nuestro ADN reflejado, quien sabe, en esa fallida aparición televisiva. Ni AFIP ni organismos oficiales son bienvenidos siquiera en la galería del humor.

Entre ambas ficciones a la hora de la cena sumaban sesenta puntos de rating. Quizás representando el último estertor del siglo XX: familias reunidas alrededor de la televisión luego de un arduo día laboral. Tasas chinas y cenas familiares. Garbarino y distensión. Consumo récord y sensación de estabilidad

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El curro

El 8 de diciembre de 2014 el Jefe de gobierno porteño y candidato presidencial en las elecciones del año siguiente, Mauricio Macri, estrenó una frase que causó revuelo e indignación por partes iguales: “conmigo se acaba el curro de los derechos humanos”. Faltaban cuarenta y ocho horas para el 10 de diciembre, es decir, el día de los derechos humanos, y el candidato no se inmutó tirando tamaño título en un reportaje en el diario La Nación.

A decir verdad, el ex presidente siempre ha sido bien asesorado a la hora de utilizar palabras de potencia letal. Curro, entre el común de la gente no necesita explicación y representa como ninguna la mezcla de laburo y farsa. Después de la indignación y los enojos, casi al año ganaba un ballotage manteniendo intacta esa promesa. Sus votantes, podría decirse, adherían a la idea o al menos no les espantaba el concepto. Además de que la idea ya buceaba en algunas charlas de bar o en ciertas reuniones privadas, pero no veían la luz en la discusión pública por cierto recato. Pudor que a la luz del resultado de los últimos comicios se ha extraviado.

Pero, ¿cómo semejante frase había calado después de una década donde parecía que los derechos humanos eran parte del acuerdo de convivencia? ¿Eran? Si nos remontamos a agosto de 2005, un hecho sacudió los estándares establecidos: a la salida de un encuentro realizado en el Teatro Cervantes un grupo de padres de víctimas de la Tragedia de Cromañón, enojados con la visita y el apoyo que la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto le había brindado al entonces Jefe de Gobierno, Aníbal Ibarra, sindicado por muchos de los progenitores como parte responsable de la Tragedia le arrojaban huevos.

La escena impactó porque el nivel de virulencia hacia la abuela más emblemática no se había visto nunca. Ni siquiera de parte de las familiares de genocidas y represores. La triste imagen inaugura entonces una nueva demanda: la extensión de los derechos humanos hacia otras víctimas. Luego de solidaridad y confusión, el mal momento se reparó públicamente con unas disculpas de buena parte de los padres enojados. Pero dejando un sabor amargo y quizás una semilla que no se intuyó hasta donde crecería.

Pero quizás el momento más álgido, que en tiempo real ya se transmitía fue cuando le espetó: “Marcelo, ¿no tendrás trabajando gente en negro?”, ante la sonrisa incómoda de todos

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Disculpas mediante todo pareció volver a la supuesta normalidad. Inclusive pensando que en el 2006 una de las telenovelas que hizo furor fue “Montecristo”. Un triángulo amoroso en el cual la heroína además de ser disputada por dos galanes era hija de desaparecidos y había sido apropiada. Sin saberlo era buscada denodadamente por su hermana Victoria (un gran papel interpretado por Viviana Saccone). Los villanos de la historia eran un médico que trabajó en los centros clandestinos (Oscar Ferreyro) y un represor devenido en mano de obra desocupada, como se los había bautizado en los albores democráticos que oficiaba de padre apropiador (Roberto Carnaghi). Ambos rompían el molde de malditos clásicos de una telenovela.

Gracias al suceso de la ficción un hecho casi de novela atravesó la pantalla:  un joven al darse cuenta de su parecido con la foto de un bebe, expuesta por casualidad en un capítulo grabado en la sede de Abuelas, se acercó para pedir los estudios de ADN, confirmando al poco tiempo que era apropiado. El nieto 85.  Y no fue el único movilizado para conocer sus orígenes. Fue una época de muchísimas consultas en la sede de Abuelas.

A su vez, quien competía en ese horario con “Montecristo” era ni más ni menos que “Soy gitano”, un culebrón clásico donde dos familias gitanas peleadas de antaño entremezclaban sus rencores con amoríos cruzados. Lo notable fue que también tuvo un éxito descomunal. Entre ambas ficciones a la hora de la cena sumaban sesenta puntos de rating. Quizás representando el último estertor del siglo XX: familias reunidas alrededor de la televisión luego de un arduo día laboral. Tasas chinas y cenas familiares. Garbarino y distensión. Consumo récord y sensación de estabilidad. No es casual, además, que ese mismo año y a la hora de la sobremesa naciera “Bailando por un sueño”, conducido por Marcelo Tinelli.

Tiempo de persianas de locales levantadas, manufactura creciente, derechos humanos y vedettes… y actores despuntando el vicio más revolucionario: bailar. Pero ahí, de costado, otras imágenes también iban calando lentamente. En los noticieros frente a cualquier micrófono algunas víctimas de delitos solían repetir “los derechos humanos son sólo para los delincuentes”. Algo que el oficialismo no le dio, tal vez, la importancia necesaria. Que había algo en ese reclamo que debía considerarse. Y que tampoco eran tan marginales como se suponía.

Si hace 12 o 13 años nos decían que una Victoria de 48 años, profesional, sin hijos, porteña y con ansias de manejar lugares estratégicos de poder sería premiada con la candidatura a una vicepresidencia pensábamos en Donda, Montenegro u otra hija de la generación diezmada. Pero como quien escribe cada nuevo capítulo de la historia de esta bendita tierra es más retorcido que Alberto Migré, muchos estamos boquiabiertos con que Villaruel sea la Victoria portadora de dicha distinción. La Victoria menos pensada en el relato oficial de estos años, también nacida del polvo quedado bajo la alfombra. Al final, el diablo se esconde siempre en los detalles, quizás todos esos detalles desoídos.

Continuará…