11 / 06 | Cultura

FRANK VEGA, DIBUJANTE POSINDUSTRIAL Y CONURBANO


La publicación de Mortadelas Salvajes de Frank Vega a cargo de Tren En Movimiento Ediciones viene a cerrar la leyenda de este dibujante casi secreto, autor de los dibujos más raros y perturbadores que habíamos visto en los últimos años y del que sólo nos llegaban noticias a través de su blog, tan hermético como sus dibujos, y las menciones que aparecían de él en las páginas de Parés, de Minaverry, o, incluso, en lugares impensados. Luego vinieron un par de muestras y una serie de historietas publicadas en Fierro: “Encadenados en el Paraíso”, “Ciudadano del futuro”, hasta que aparecieron las “Mortadelas Salvajes”: las historias de Pititi, un extraterrestre del conurbano con la sensibilidad de un ET y la mala estrella social de un wachiturro, acompañado por las derrotas en tres viñetas de Plutonio, un sapo karateka que se enfrenta a diferentes formas mutantes del Mal.

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Pudimos contactarnos con Vega y tratar de reconstruir la historia detrás de su arte alucinado. Una historia que se remonta a la adolescencia en el norte del conurbano, y a estudios de dibujo en el taller de Breccia, quien ya por entonces tenía estatura legendaria.

¿Cómo fue la experiencia de estudiar con Breccia?


Muy enriquecedora con el tiempo, lo que él enseñaba sigue trabajando en mi cabeza y siempre descubro algo nuevo.

Daba una clase grupal los sábados en su casa de Haedo. Aprendías fundamentalmente blanco y negro, encuadres, narración. Laburabas un poco ahí, después terminabas en tu casa y lo ibas mostrando en las clases. No enseñaba dibujo, si le pedías te mostraba pero poco, era un problema tuyo; nos decía que para hacer historietas no necesitás saber dibujar, sino tener algo para contar. Se estudiaba la adaptación literaria a la historieta y los textos propios. De alguna manera elegimos las historias porque nos reflejan, nos comprometen. Para sacarlas afuera y que funcionen tenés que hacerlas con las tripas sobre el tablero, ponerle todo. La historieta es clima. Esa creo que fue una de sus enseñanzas más fuertes.

Estudiar con Breccia fue un privilegio. Yo siento que fue como si, por ejemplo, un estudiante de cine pudiera estudiar con Einsentein o Bergman. Estudiar con un gran maestro no te garantiza nada de todas formas. Si no le ponés estudio y laburo la cosa no arranca para ningún lado.

Era un hombre sabio, con calle, literatura, cine, pintura. Nos decía que siempre dibujaba Mataderos, hasta en las adaptaciones de Lovercraft y Poe aparecía. Tenía una biblioteca impresionante y fundamentalmente me parece que era un gran tipo.

Breccia te hacía pasar a un atril para que muestres tu trabajo, el resto opinaba, él también. De esta manera su opinión calificada convivía con la de los alumnos, no había una bajada de línea sino una charla de la que vos procesabas hasta donde te daba.

De ese grupo surgió la revista El Tripero, que, junto a la Sueltenme y a El Lápiz Japonés, sostuvo desde las sombras del fanzine una industria editorial que se desmoronaba.

Cuando Breccia murió, algunos nos seguimos reuniendo y mostrándonos los trabajos con el mismo plan. La revista El Tripero nace como una necesidad de generar un espacio editorial propio para poder publicar los trabajos que estábamos haciendo y que se acumulaban. El neoliberalismo, en el caso de la historieta, propició la destrucción final de lo poco que quedaba en pie de una industria que había dejado de ser rentable hacía casi 40 años. El trabajo de un montón de grandes dibujantes y guionistas fue reemplazado por saldos de Europa para que ganen los importadores y de paso colaborar con la idea de que todo lo bueno viene de afuera: el paradigma político-económico de la derecha conservadora a todo nivel.

Ya para ese momento, el trabajo de historietista no daba para vivir de eso, Breccia nos decía que habíamos nacido en el peor momento y el peor lugar en ese sentido.

Hace un tiempo, hablando con un gran dibujante, me contó que cuando se dio cuenta de que quería dibujar historietas justo empezaba la primera etapa de la Fierro. Mandó unas muestras y empezó a trabajar como historietista.

Cuando yo me di cuenta de que quería ser historietista cerraron primero Fierro y después Columba y las librerías y kioscos se llenaron de porquerías de superhéroes y cosas japonesas, saldos, barato, berreta. Fue desolador pero a la vez dio pié a la autogestión, fanzines, revistas con historietas de autor, editados con los medios que se podía. Hoy en día se recuperaron algunos espacios, se está editando, hay editoriales que publican cosas muy buenas y con mucho cuidado, como el caso de Tren en Movimiento que tiene una colección buenísima. Y también subsisten los sistemas autogestivos, en donde se puede encontrar de lo mejor que hay. No vivís de la historieta publicada en medios nacionales como antes nuestros maestros precursores, pero podés hacer un buen producto que con trabajo y paciencia podés publicar y que quede piola.

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Las historietas y dibujos de Frank Vega reconstruyen un universo reconocible de calles del conurbano, rostros de garcas, estrellas quemadas y estrellados por la sociedad, pero envueltos en un clima apocalíptico, de cielos ardientes, edificios futuristas en ruinas y rostros de carnes radiactivas que mutan en animales o aparatos de tecnología incomprensible. Todo ello dibujado con una línea y un tramado hiperrealista, que el prólogo de Diego Parés vincula directamente con la herencia de Robert Crumb. Un estilo único, que Frank fue sedimentando con influencias, intentos abortados y búsquedas obsesivas hasta dar con él.

“Yo veía que en El Tripero se experimentaba con el expresionismo, hice mis intentos pero no había caso, mi dibujo era medio clásico pero no tomaba forma real, era autodidacta, o sea que bartoleaba una expresión medio trucha y bastante poco profunda. Tuve unos años en los que no dibujé historietas, estaba muy frustrado y decidí que finalmente lo mío eran los superhéroes, por eso estudié nociones generales de dibujo con los hermanos Villagrán. Con ellos aprendí a dibujar, a parar un cuerpo y ver qué pasa con la luz, la perspectiva y que de paso quede lindo. En el estudio trabajaban para Marvel, DC, laburaban en equipo y con gran calidad. Fueron muy generosos conmigo. Pude ver un poco de la cocina del trabajo que creía que quería hacer.

No enganché tampoco por ahí. Para hacer superhéroes tenés que estandarizar, buscar fórmulas, es un laburo tremendo que requiere un nivel que en ese momento no tenía.

Entonces conocí el impresionante laburo de Crumb. Me pareció que Crumb mezclaba un dibujo de base realista sólido con la expresión y experimentación más pura, digamos: la historieta popular y la historieta de autor. Me ayudó a comprender y a aplicar lo que había asimilado con Breccia, los hermanos Villagrán y El Tripero casi sin darme cuenta. A la vez empecé a leer a los surrealistas y eso me animó a producir sin preguntarme mucho para qué, la clave era no parar. Me llevó muchos años que mi trabajo me guste, siento que desde hace unos 10 años, lo anterior me parece espantoso. Tiré mucho pero hay bolsones que resisten el desalojo.

Me gustan Geof Darrow y Moebius, El Bosco, Jim Woodring, Doré, Peter Bagge, Winsor McCay, Wolverton, Neo Rauch, Gary Panter, Herrimann, Jack Kirby, Podetti, Parés, Fayó, Dani the O… creo que son muchos… Tabaré, Clowes, Beto Hernandez, Breccia… se me mezclan los que me gustan con los que me influencian…Goya, Celine, Nietzsche, Arlt, Bukowski, Florencia, amigos…”

Junto a tus historietas están los famosos “dibujos en tinta azul” de tus libretas, llenos de mutantes y monstruos, junto a personajes históricos bizarros o inventados.

Los dibujos en las libretas están hechos directamente con marcadores azules, muy pocos tienen base de lápiz. A veces copio fotos, otras son tomados del natural. Muchas veces empiezo un dibujo en un bar y lo termino más tarde. Algunos nacen de una frase que leo o escucho, otros al revés. Se arman series pero sin mucha intención. Muchos son simples ejercicios de composición. Es un terreno de total libertad.

Me gustan los monstruos, los humanos animales, los robots, los hombres cosa, etc. También son metáforas de lo que veo, figuras que me ayudan a contar mis historias. Pititi es de una familia que desciende de un pueblo de otro planeta, como yo tengo españoles y andaluces. Es medio garca, tilingo y a la vez iluso y bastante gil. Su mundo es un futuro visto desde la perspectiva de los noventa, cuando yo era adolescente, en donde el neoliberalismo pudo desarrollarse al mango.

Algunos de esos dibujos terminaron siendo los cuadros al óleo de la serie Bestiario, pintados por Lautaro Fiszman ¿Cómo fue el proceso de aquello?

Con Lautaro nos conocimos en el taller de Breccia y nos hicimos amigos en El Tripero. Él es un historietista del carajo y un pintor con un oficio tremendo. Laburamos juntos un tiempo haciendo storybards para publicidad, en tándem. A él le gustaron algunos dibujos míos para pasarlos a su lenguaje en pintura. Les dio un clima muy particular a cada uno y para mí fue revelador ver mis dibujos un poco a través de otros ojos. Quedaron buenísimos y dos fueron tapa de Fierro.

¿Cómo laburás las historietas?

Cada historieta tiene un origen distinto, a veces un personaje, una historia, un sueño o anécdota, un texto. Otras una cantidad de páginas para hacer en un determinado margen de tiempo, dispara para algún lado y lo trabajo. Cuando va tomando forma hago bocetos de las páginas, cuando lo termino paso a los originales. Lápiz azul y estilógrafos. No hay mucha ciencia, el tema es que quede como quiero, aunque nunca quedo muy conforme, la mayoría de las cosas que ya publiqué me parecen unas pavadas bárbaras. Le presto mucha atención al lenguaje, las voces.

Crumb salía a recorrer los suburbios con una cámara de fotos para armar los fondos de sus dibujos ¿De dónde salen esos paisajes en tus historietas?

Los paisajes, los fondos son fundamentales para que el clima general funcione. Son personajes con una dinámica diferente en la historia. Me crié en zona norte, ahí están Pacheco, Carupá, San Isidro, Boulogne. No me meto mucho en la ciudad. El campo también me interesa, como los desiertos y el mar. Me gustan los escombros, los cables, los baldíos, los límites entre barrios, las circunvalaciones, los paredones, los arroyos. Los shoppings como catedrales entre autopistas. Las fábricas, los negocios en avenidas no tan importantes…

El Google Earth es una herramienta tremenda. El mobiliario urbano, como nos enseña Crumb, no está hecho con un fin estético, es utilitario y por eso no se lo capta a simple vista. Pero constituye gran parte del clima de los lugares.

Cuando lo conocí a Minaverry estaba haciendo su blog sobre las viviendas populares lo acompañé en algunos recorridos, Ignacio sabe mucho de arquitectura y caminar con él viendo edificios y barrios me enriqueció mucho. También está el blog En el conurbano que la rompe mal.

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Vega no se hace muchos problemas sobre el sentido último de su obra: “Lo dejo en manos del lector. Ojalá sea entretenido, eso es lo que pienso.” Como dibujante posindustrial, Frank Vega no sólo ha sabido reflejar en sus tiras las ruinas de aquella Argentina de fábricas devenida en un espacio deshecho poblado por el proletariado del sector servicios, sino que él mismo debió partirse entre la libertad total de su obra y la precisión y eficiencia de su trabajo como dibujante de stroyboards para, entre otros, la agencia de Andy Fogwill:

“Dibujar storyboards para publicidad te da una cancha tremenda, más trabajando con grandes directores como Andy. Es un oficio interesante y agradable. Lo más importante es hacer que tu dibujo sea funcional a las necesidades del director y la producción, ayudar a trazar un mapa de trabajo y a la vez contar una historia es un ejercicio de síntesis groso.

No hay tanta brecha, son cosas distintas. De la historieta no se vive, esa es la brecha más grande.”

En algún lugar leí que te definías como “historietista y dibujante con inquietudes sonoras”, incluso compusiste ¿Influye la música en lo que hacés?

Johnny Cash, Stockhausen y Los del Fuego son unos amigazos bárbaros…Para mí la música es muy importante. Muy. Escucho radio AM mientras dibujo, pocos discos, cuando me harta lo que pasan. La música me gusta más caminando o sin hacer otra cosa.

No recomendaría ninguna banda sonora para mis historietas, el sonido en la historieta ocupa un lugar gráfico en las páginas, como una partitura. Lo reproducís-inventás en la mente y siempre es más interesante que lo que te sugieran.

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