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OMAR RINCÓN: “JUGAMOS EL PARTIDO EN OTRA CANCHA”

Tiempo de lectura: 12 minutos

Omar Rincón es un autor prolífico, oriundo de Colombia, enfocado en el estudio profundo de las narrativas mediáticas audiovisuales, pero es mucho más que eso. Es ante todo, una figura atrapante para entender los tiempos que corren, que expresa todo el tiempo, a través de su discurso, de sus ideas, y también desde su gestualidad, sus movimientos y hasta su ropa. Profesor asociado de la Universidad de los Andes (Bogotá) y director de Comunicación para toda América Latina de la Friedrich Ebert Stiftung (FES), una fundación socialdemócrata de origen alemán que potencia proyectos sociales, políticos, sindicales, juveniles y feministas. Es imposible mencionar todos sus trabajos. Es autor de “Narrativas mediáticas. Cómo se cuenta la sociedad del entretenimiento” (2006), co-autor de “Medios de lucha. Comunicación de gobierno en América Latina” (2017) y “Fakecracia” (2020) junto a Matías Ponce, y recientemente editó “Culturas bastardas: entre lo popular y lo coolture”. Aprovechamos un viaje suyo a Buenos Aires para sacarle el jugo a su visión sobre la cultura, la política y los medios en la América Latina de hoy.

Para nosotros, los cambios de gobierno del último tiempo en el continente, no sugieren un cambio hacia la izquierda, sino un hartazgo que conduce a votar por la oposición, sea cual fuera. Sin embargo, hay algo de diferente en el caso de Colombia.

Alguien escribió y me pareció muy interesante, que en Chile, Colombia y Perú se parecen mucho, son tres naciones neoliberales donde todo es privatizado, donde la economía no se toca, va todo perfecto, donde se reprime la protesta social, donde no se sabe marchar mucho…

Donde no se toca la macro.

No se toca la macroeconomía, no se toca a los militares, no se toca nada de eso. Este analista decía que en Chile -en Perú se va dando lo mismo- ya no hay una diferencia tanto ideológica como generacional. Y esta es una nueva cosa para entender hoy en día. Hoy ser de izquierda -según el discurso construido por la derecha y por los medios- es ser ambientalista, ser feminista, ser pro diversidad sexual e inclusión de razas diversas. Algo que para los jóvenes de esos países es algo de sentido común.

O sea, es lo que sería el discurso de Benetton en los 90, ahora es la izquierda…

¡Exacto! La izquierda en Estados Unidos vive en Hollywood: los de Hollywood están a favor de la diversidad sexual, del feminismo, del medio ambiente, de la diversidad racial. Pero esta gente es de izquierda aparentemente en las banderas, pero en lo otro son -si quieres- de derecha: no están pidiendo cambiar el sistema económico, quieren ganar un salario, no están preocupados por sus derechos laborales, quieren tener trabajo para ganar algo y después irse de paseo 6 meses. Son muy revolucionarios en lo corporal, en sus causas, pero en lo otro son como casi que de derecha. No están diciendo “hay que cambiar”, no. Dicen “queremos capitalismo, tener para viajar”. Entonces creo que ahí hay una diferenciación que quiero comenzar a leer. Creo que está pasando en el mundo mundial: estos jóvenes no están encontrando quien los exprese y van a estar más presentes, cada vez en las votaciones y ahí van a ser aprovechados o por los populistas, como Bolsonaro, o por proyectos mucho más emancipatorios que los que tenemos.

Cada vez hay más gente que no quiere ir a la Universidad porque quiere ser influencer, y ser Bad Bunny y ya. La academia como cultura no está haciendo sentido, la coolture en cambio está haciendo sentido.

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¿Cómo funciona Francia Márquez en este cuadro?

Lo de Francia Márquez es realmente inédito. Esto es de las sorpresas colombianas. Colombia tiene unas cosas raras, porque es un país super conserva -yo digo que en Colombia soy de izquierda y en Argentina soy de derecha-. Entonces el tema de Francia es super raro porque expresa el problema más grave de Colombia que es el clasismo: cuando tú vas allá, el clasismo lo sientes en la vida cotidiana.

Cada vez hay más gente que no quiere ir a la Universidad porque quiere ser influencer: ser Bad Bunny y ya. La academia como cultura no está haciendo sentido, la coolture en cambio está haciendo sentido. En América Latina tenemos lo popular, que es lo que rompe esta cosa. Entonces Francia Marquez creo que tiene -todos tenemos- 20% de cultura; ella reconoce que la cultura, el arte, el Centro Cultural Kirchner, vale la pena. Ella no dice “a la mierda el museo”, ella lucha por estar ahí y tomarse eso también. Es coolture porque ella también genera emoción pop: (Francia Márquez piensa) “a la gente le gusta como hablo, entonces voy a hablar más así”, “a la gente le gusta como visto yo, voy a vestir mucho más intensivamente de eso, a los jovenes les gusta que sea feminista, soy más feminista”. Pero lo que tiene Francia Márquez de diferente es que tiene coolture y también tiene la sabrosura popular -es como la comida o la música popular-.

Un tipo como Evo Morales, que habla mucho sobre “el buen vivir”, uno lo aguanta pero no era sabroso: era denso, era largo. En cambio Francia Márquez con esos colores, con cómo habla, cómo se mueve, con los peinados… uno queda (pensando) “está muy rico, sabe muy bien”. Entonces yo creo que Francia Márquez interpreta esa estética política de las culturas bastardas, donde no somos una sola cosa sino que somos muchas y cada uno hace la mezcla como quiera. En el caso de ella no se ve falso. Si esto lo hace Macri bailando cumbia, se ve falso. Porque Macri ni es cultura ni es popular, es pura coolture y cuando bailaba cumbia era como… no te sale ves? Y eso es lo que los políticos no entienden. Tu deberías ser auténtico: si yo soy auténticamente coolture pues agarro lo coolture.

¿Qué lugar le queda a lo contestatario en ese marco?

Lo contracultural hoy vende: la niña que es vegana nos mira mal y dice “soy contracultural”, el que come carne dice “soy contracultural y consumo sólo carne”. O sea que nos vendieron que el gran valor del consumo es ser contracultural. Esto es una genialidad del capitalismo, no hay forma de no ser contracultural, todo es ser contracultural contra alguien. Entonces es muy difícil ser contracultural y no ser capitalista. La contracultura es la cultura de hoy, la cultura mainstream de hoy. Es ridículo lo que estoy diciendo y va a haber mucha gente que no esté de acuerdo pero, si lo miras, es eso. Es que todos, si me paro en la calle y hago una encuesta, o por lo menos el 95% de argentinos, se sienten contraculturales. Casi que lo más contracultural es ser lo otro, pero ¿qué es lo otro? ¿Qué es lo tradicional? Yo creo que lo contracultural sigue siendo lo clásico, sigue siendo lo que es singular. En TikTok tú tienes la fórmula. Todos sabemos la fórmula de TikTok, pero sale una mujer indígena, vestida con su ropa -que no sabe bailar pero que baila palabras- y se vuelve contracultural: se vuelve única en eso y no cumple las reglas de TikTok. Entonces yo creo que todavía seguimos presos, porque si fuera tan fácil todo el mundo sería famoso en Instagram, en Twitter. Pero no todo el mundo es Capusotto, que para mí es el ejemplo argentino más claro, él tiene una inteligencia que no es del humor. Capusotto es brillantísimo, él sabe que todo merece un formato distinto, no hace todo igual. A cada personaje y a cada situación le arma un formato. No hagas lo mismo en todas partes: encuentra la singularidad tuya.

Lo contracultural hoy vende: la niña que es vegana nos mira mal y dice 'soy contracultural', el que come carne dice 'soy contracultural y consumo solo carne'.

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¿Qué pasa con el progresismo? ¿Lo político dónde está? ¿Qué es lo político? Lo político es bajar un discurso o es qué, ¿qué es? Después, los medios: ¿tienen que imitar a las redes? ¿Tienen que copiarlo o tienen que buscar algo que dialogue con eso?

Omar: El progresismo tiene que aprender de sus frases. Todo es político, pero cuando llegamos a lo político bajan discursos. Entonces, a ver: ¿no es que era todo político? Ahí hay una contradicción: al progresismo le falta reconocer que hay política en todas las prácticas culturales de la vida, y segundo le falta tomarse en serio que la vida es menos solemne: quitar la solemnidad a la política, ponerle humor, ponerle cuerpo, ponerle performance, ironía, equivocación. Ese tipo de cosas no entiendo porque le duelen tanto al progresismo. Es como si ser divertido fuera un pecado político cultural. Yo conozco mucha gente de izquierda, izquierda radical y en público son un fome, un aburrido. ¿En qué momento pasó eso? Entonces tenemos que cotidianizar la política progresista con humor, con ironía, con ese tipo de cosas.

Y la otra cosa que también le pasa a la política, y le pasa también al periodismo, es: tenemos que asumir que cambió la agenda, la cancha en que jugamos el partido. Hoy se juega en otra cancha y no estamos jugando el partido en otra cancha. Los medios siguen sintiendo política en lo que hacen los políticos, justicia en lo que hacen los jueces, deporte es todo lo que hacen los deportistas, cultura es todo lo que hacen los artistas.

El mundo cotidiano dice que hoy no es así: el feminismo sale y marcha, después va a una bailanta de cumbia villera, baila reggaeton, va a la cancha, hace un mitin ambiental. Entonces la agenda no es el feminismo, la mirada feminista es la que habla de la politica, del deporte, de la cultura. La mirada de la diversidad sexual, de los derechos humanos, es la que habla de la política, de lo público. No hemos aprendido que cambió la cancha, y que jugamos el partido en canchas distintas con las agendas y miradas del mundo. Y desde ahí miramos la política, la justicia, el deporte, la cultura. Eso no lo han aprendido los medios y por eso estamos derrapando. Desconectamos de esos que hablan, no tiene nada que ver conmigo, entonces ese es el primer campo que debe cambiar: tanto los políticos progresistas como los medios de comunicación.

La derecha sabe reírse mejor de los memes que la izquierda, nos están ganando, la Iglesia y la derecha ganan por divertida en memes: uno le dice a uno de derecha troglodita, y el tipo dice 'sí y qué', el de izquierda dice 'vamos a hacer un análisis político'.

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Segundo: cambiar los formatos de narración, tengo que leer toda una página para entender una cosa… y no estoy viendo que se vuelva todo PowerPoint. A veces podemos hablar una entrevista de 40 páginas, listo, vale, en internet, se puede. Pero hay veces que necesito saber dos cositas, no necesito saber nada más. El meme es la nueva columna de opinión, yo creo que un meme tiene más impacto que una columna de opinión en La Nación o en Clarín. El meme es la nueva forma de opinar, entonces tienen que cambiar los formatos. La derecha sabe reírse mejor de los memes que la izquierda, nos están ganando, la Iglesia y la derecha ganan por divertida en memes: uno le dice a uno de derecha “troglodita”, y el tipo dice “sí y qué”, el de izquierda dice “vamos a hacer un análisis político”. Tranquilo, calmate: eso mañana desaparece. Entonces tenemos que aprender de eso.

Lo otro, la temporalidad: la política progresista debe tener una temporalidad más efectiva, rápida, la gente está aburrida de que se demore tanto en tomar una decisión, Alberto Fernández prometió una política, la mete al Congreso, se demora dos años y no sale o sale, dos años! ¿No pueden tomar decisiones un poquito más rápidas? Bukele en Salvador es un facho, toma decisiones rápidas y la gente está feliz. Entonces, ese es un cambio que hay que comenzar a mirar: formatos y estéticas. La cancha donde jugar el partido. Y lo otro es que yo creo que los medios tienen que aprender a hacer dos cosas, como dos movimientos contraculturales: por un lado, dedicarse al análisis, por otro lado, darle la voz al ciudadano.

El análisis porque el breaking news ya no da, las noticias están todo el día ahí, entonces para que las noticias, todos los periódicos parecen la canción de Héctor Lavoe: “tu amor en un periodico de ayer”. Cuando lee un periodico, es lo mismo, uno dice “ya todo lo se”. Dígame cómo pensar eso.

El ciudadano tiene derecho a hablar hoy y ningún medio, solamente los privados, le dan el espacio al ciudadano para que hable. El periodismo soy yo, informe de su barrio. No, no, también informe cuando estemos orgullosos. Y la tercera es la última encuesta de Reuters, 70% de la gente ya no ve noticias en TV. ¿Por qué? Porque uno se deprime después de ver eso, no quiero ver una cosa que me baja, mejor no veo. Para qué voy a ver una vaina así, dice un amigo que “si el mundo fuera como los periodistas lo cuentan, ya todos nos hubiéramos bajado del mundo” (risas).

Lo que nosotros vemos en algunos políticos de cuarenta y pico de años de Argentina es que son como wannabeboomers, no es que quieren ver la política o los medios como lo que su edad indica sino que todavía esperan que los boomers digan cómo tiene que ser y se ordenan en torno a eso.

Esto es histórico, ustedes lo saben, trabajan redes digitales. ¿Por qué Clarín es la reina del click? Porque los que odian a Clarín entran, lo ven y lo retuitean. Si no hicieran eso, si lo ignoramos, una persona que sepa que Clarín miente no entra a Clarín, pero somos como una manada, como una pareja abusada, que entramos para ver el abuso y después le contamos a todo el mundo que está abusando de nosotros. Se vuelve tendencia porque nosotros lo volvimos tendencia, porque nosotros clickeamos y compartimos, si no hiciéramos eso y dijéramos “ignoremos a Clarín”, automáticamente los que aman a Clarín ni siquiera lo comparten, confirman su punto de vista. Entonces yo creo que el problema es que, en Argentina se ha vuelto una moda de que todos tenemos que retwitear para mostrar nuestro cristinismo, entonces yo retuiteo o reenvío la estupidez de Clarín para decir que apoyo a Cristina, y ¿quien es el que gana ahí? Clarín.

La única regla digital es no entren donde no les gusta. Es que es como estúpido, tú a un bar que no te reciben bien para qué vas, y vas a Clarín, peguenme, y después cuentenle a todos los amigos que uno fue a Clarín. No le da ni pena, no le da vergüenza contar que fue a Clarín. Cada vez que yo entro, cada vez que yo comparto, él gana plata, Si comenzamos a pensar así..

La última encuesta de Reuters, 70% de la gente ya no ve noticias en TV. ¿Por qué? Porque uno se deprime después de ver eso, no quiero ver una cosa que me baja, mejor no veo'.

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El tema es la baja conciencia que tenemos en cuanto a lo que hacemos en el entorno digital.

Yo creo que si te lo explicas así como estoy explicando yo la gente te entiende. Clarín es donde no quiero ni bailar, ni comer ni jugar. No entren: olvidenlo. Y si dice algo, haga lo que dice Fito Páez en una canción: que hay que tener enemigos a la altura del conflicto. Uno debe pensar así. El problema grave de Evo, de Lula, de Chavez, de Cristina, es que volvieron enemiga a gente que no era enemiga. Todo el mundo se volvió en un enemigo. Al periodista más trucho, al más tonto, al más imbécil, le pegaban. Y tú cuando le pegas a él lo elevas a él a la altura del conflicto. Si tu lo ignoras, no existe. Yo soy Cristina y yo digo yo no peleo contigo papi, yo peleo con este. Eso es lo que hay que buscar.

Hablemos de la corrección política.

Ahí hay un tema muy heavy metal. Yo en mi opinión personal, la correctez política es poderosa y es buena porque incluye las ganancias que hemos tenido en pensamiento social y político en la sociedad, pero en política real inactiva e indigna demasiado. Todavía ser correcto no gana elecciones, entonces hay que ser medianamente incorrecto, o sea estamos de acuerdo en que el horizonte del feminismo, del medio ambiente, de la diversidad sexual, es un horizonte de la política del futuro, que vamos ganando poco a poco y se ha ganado mucho, pero no puede convertirse en punitiva. Me parece que los feminismos, los ambientalistas, no pueden ser punitivos, que todo el tiempo quieren castigar al otro.

Deberían aprender lo que dicen las feministas del cuidado: “acogerme con cariño, estoy equivocado pero ayúdame a mejorar, no me castigues de una”. Entonces me parece que en eso estamos siendo muy poco estratégicos. Lo importante es que estamos ganando, que esté el tema del feminismo, de la violencia contra la mujer, del aborto, ya es ganancia. Pero no seamos tan talibanes de que el que no comulgue con los nuestros deba ser expulsado del paraíso. Nos toca tener una política mucho menos punitivista y más de cariño.

Estábamos drogados con la cultura de la cancelación.

Sí, menos cultura de la cancelación y más cariño. No te voy a cancelar pero lo que acabas de decir no está bien, ¿Ves? Con cariño, y yo cambio también. A mi me pasa a cada rato, a mí me critican de apropiación cultural porque yo en mis clases siempre hablo de afro, de indígena y de feminismo, y me dijeron “Usted no tiene derecho a hablar de ninguna de esas cosas porque no es eso”. Yo no voy a renunciar a los temas fundamentales, ustedes no pueden censurar eso, y cada vez que hablo estos temas digo “yo no quiero ser, no estoy buscando ese poder”, hago un disclaimer. Y normalmente intento invitar a una feminista, a un afro, a un indigena para que hablen, pero no voy a silenciarme. Toda esta cosa es como los EE.UU.: todos silenciados, y sale Trump y qué hizo, liberó el troglodita que todos llevamos dentro. Machistas bienvenidos, fascistas bienvenidos, racistas bienvenidos, y todos felices, ya pueden decir lo que quieran. A mí el punitivismo me parece que es machista y heterosexual: porque las mujeres que defienden contra el machismo le aplican a uno tambien una norma, como esta es la norma de comportamiento.

En mi opinión personal, la corrección política es poderosa y es buena porque incluye las ganancias que hemos tenido pero me parece que los feminismos, los ambientalistas, no pueden ser punitivos, que todo el tiempo quieren castigar al otro.

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Uno de los pensadores de las nuevas derechas, Diego Fusaro, plantea que hay unas nuevas izquierdas fucsias que se quedan en la ampliación de derechos, diversidad sexual, ambiente, pero no tienen un trabajo sobre la economía, sobre los trabajadores, el precariado. ¿Qué pensás?

Hay que ir contra los maniqueísmos, no es esto o lo otro. La política de derechos y de la identidad es buena, pero la lucha es por el poder político y la estructura general del Estado, de la economía. Porque siempre lo plantean como que uno es uno o lo otro, y yo creo que el problema de siempre es la polarización, el maniqueísmo, el dualismo, que sigue siendo una forma de pensar cristiana: buenos y malos, pecadores. Yo estoy de acuerdo en que la pregunta es que la identidad y los derechos no te inhabilite cuestionar el modelo social, político y económico, el problema es de poder más estructural y no solamente de su agenda, y las agendas se están matando porque cada una pelea contra la otra.

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