03 / 06 | Lo de siempre

EL NI UNA MENOS Y LO MAINSTREAM


Escena 1: tengo 11 años, voy caminando con mi amiga Claudia, de 12 y con Romina, de 5, hermana de Rodrigo, el chico al que llamaba mi novio y al que le había dado el primer beso de lengua en esa esquina a la que estábamos por llegar. Habíamos pasado toda la tarde en los juegos gratuitos y en otros juegos pagos del Parque Domínico con el resto de los chicos y chicas del barrio. Ahora llevamos a Romina hasta su casa, a dos cuadras de la mía. No hay que cruzar ninguna calle. Es hacer una cuadra, doblar, hacer una más. Es sábado, son las 6 de la tarde y en el momento en que estamos por doblar frena un rastrojero y un tipo con los pantalones bajos hasta los tobillos abre la puerta, se agarra el pene con la mano mientras se lo manosea y nos hace gestos de “vení tomá”. Claudia agarra a Romina de la mano y sale corriendo, yo me quedo unos segundos mirando la situación hasta que mi amiga me pega un grito y la sigo. Llegamos a mi casa, no le contamos nada a nadie y nunca entendí nada de lo que había pasado aunque sentía que no había sido algo bueno. Con el tiempo, amigas y conocidas me contaron situaciones similares.

Escena 2: voy caminando con una chica de la mano o en situación amorosa, no importa con cual porque me pasó con casi todas las chicas que estuve, no así con varones. Voy caminando con la chica que me gusta y un hombre, un muchacho, otro parado en el borde del cordón, alguno que parece casado, uno que se acaba de bajar del auto, un hombre cualquiera nos hace las mismas preguntas: ¿“las acompaño?” o “¿les falta algo?” Yo me paro un momento, lo miro fijo, lo miro serenamente, a lo Bruce Lee, con un gesto a medio camino de sensei y de no te metas conmigo. Lo hago desde que no lo pude hacer cuando tenía 15 años y Carolina 16 y un colectivero en su colectivo vacío se nos puso a la par durante dos cuadras haciéndonos esas preguntas y diciendo un par de cosas más. Después arrancó porque tuvo que agarrar una avenida.

Escena 3: Febrero de 2015. Monserrat. Es miércoles y trabajo de 8 a 12 en Avellaneda y de 15 a 22 en Moreno. 11 horas de clase, 7 colectivos y todavía falta cocinarme y bajar a Poxi un rato. Hace calor y eso me pone contenta. Me bajo del 39 a las 12 de la noche a una cuadra de casa después de haber salido 7 menos cuarto de la mañana. Cuatro tipos en la esquina sentados en el cordón de la vereda, dos parados, y una máquina de esas pavimentadoras parada en la calle. Paso caminando hasta que uno tira: “Hola, ¿cómo estas?” Yo: “¿Sos del barrio que me conoces y me saludas?” El tipo: “Si” Yo: ”No, no sos del barrio yo no te conozco y no tenés derecho a saludarme”. Uno sentado: “Uhhhh”. El tipo: “Yo te saludo todo lo que quiero”. Yo: “No, te equivocas, no me saludas ‘todo lo que queres’” El tipo: “Si”. Yo: “No, si querés anda a saludar a tu esposa o a tus hijas”. El tipo, que a esa altura no se había llevado de arriba el inicio de la no consentida charla concluye : “Yo te saludo todo lo que quiero y si no te gusta es porque sos una loca de mierda”.


Estas son algunas muestras gratis de la consecuencia de que algunos hombres crean que las mujeres llevan un subtexto que los invita a invadir el espacio vital de la calle o de otros lugares públicos para empezar a decir cualquier cosa. Subtexto que a veces es alentado por otros hombres y algunas mujeres que también consideran que por el hecho de sentirte vulnerada o cansada o hastiada de escuchar preguntas, consejos, puntuaciones y aseveraciones hacia tu persona o la que tenés al lado, en cualquier lugar, a cualquier hora y que jamás fueron solicitadas, sos loca o envidias piropos mejores.

El asunto es que no hay ningún subtexto que leer, ninguna leyenda que invite a ninguna interpelación ni invasión del espacio vital ni a configurarte como una persona de la que se descuenta que quiere y desea que se le diga lo que se piensa de ella, de su acompañante sexual, de su corte de pelo o de todos los gestos que reúne su cara.

El otro asunto es que cuando te parás y los mirás, cuando te plantas, le discutís su iniciativa, se la bloqueás, lo mirás, le preguntas si le parece bien lo que hace y lo que dice, te das cuenta de que probablemente sea la primera vez que se le plantan, lo miran, le responden, le discuten sus palabras y sus procedimientos: eso que se llama autodefensa. Es probable que esto no les suceda seguido porque las personas que reciben sus opiniones no pedidas no estén demasiado incómodas con eso, pero lo más probable es que sí se sientan incomodas e irritadas de que un desconocido de la nada invoque su privilegio a decir cualquier cosa y lo active.

Estamos programados para tener comportamientos que se alinean de acuerdo a nuestro género biológicamente asignado. Los nenes tienen que ser avasallantes y tener el pito parado y disponible las 24 horas del día. Tienen que ser protectores y duros, tough guys, capaces de mostrar deseo de apareamiento todo el tiempo y lo necesariamente fuertes y violentos para no ser tratados de maricas. El otro día iba atrás de un padre y de su hijo de no más de 10, 11 años y cuando el chico le hizo una pregunta con una voz suave, baja, dulce, le dijo: “hablas como tu hermana y tu mama” para avergonzarlo. Las mujeres también reciben su parte y tienen que ser dóciles, suaves, capaces de engendrar deseo en el varón, sonreír, sonreír mucho, ser solícitas amenas y decorosas. Se nos inocula ideas sobre el amor, la contención y el cuidado que tal vez no tengamos ganas de ejecutar. Somos muchos y nos criamos de la peor forma. Es una programación que engendra personas infelices, ansiosas y que les lleva muchos años, tal vez toda la vida, o tal vez nunca llegar a ser quienes son, desprogramarse. Entonces la violencia aparece como sustituta de una Bildungsroman frustrada. La tristeza es algo que aparece también.

Estoy en contra de la victimización de la mujer, es más lindo ser sobreviviente que víctima. Pero está mal visto que una mujer reaccione con agresividad: si lo hace es loca, intensa o agresiva. El hombre frente a lo mismo tiene las pelotas bien puestas. Si una mujer está programada para ser paciente y proveer contención melancólica, suave y amable; si se encarga de ocultarle al varón la fragilidad de la que es portador; si en el espacio público le queda optar por el agradecimiento o el silencio; si no ejercita plantarse, discutir su deseo y poner límites, me resulta complicado entender los límites que puede poner en el espacio doméstico. A veces el problema no es el programa de Tinelli que se mete adentro de las casas, es lo que pasa en esas casas antes de que se meta Tinelli.

De todos modos estaría bueno decir que no se le quiere cortar el pito a ningún hombre y que están bien así como están excepto los violentos y asesinos. Que no hay que asimilar tan fácil a Tinelli con un feminicida. Que no hay que asociar pornografía y violencia. Que no hay que asociar la violencia con tener una vida precaria y venir de un hogar disfuncional. Todos venimos mas o menos de ahí. Que el hecho de que las mujeres que se quedan con un violento lo hacen por algo mucho más complejo que por el asunto ya de suyo complejo como no tener un mango. Que esta bueno reconocer que son deseables las paternidades responsables. Que siempre hay otra salida a aceptar una situación que te victimiza y que todos tenemos la capacidad del autorespeto. Ah, y que el feminismo no le pertenece a una secta, es de todos los que se sientan interpelados

A veces hay que decirle al otro que te parece que hay algo que no está haciendo bien. Y vuelvo a pensar en la discusión con el tipo de la escena 3 y en lo que se habrá quedado pensando luego de mi embate. Y qué pasaría si se lo vuelven a decir un par de veces más. A veces, cuando un reclamo se vuelve medio mainstream, aquello contra lo que se rebela puede tomar la forma de lo marginal. Y eso me parece un punto para el reclamo. Como me parece no menor la masividad que tomó la marcha Ni una menos. Porque lo mainstream de la demanda, vuelve, al menos por un rato, marginal lo violento.


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9 Comentarios

  • Luz (@luzzmg) says: 3 junio, 2015 at 15:50

    Gracias Silvina por tanta lucidez.

    Creo que todas las mujeres hemos vivido cientos de veces escenas parecidas a las que enumerás.
    Yo tengo un recuerdo muy vívido de mi infancia. Tenía 9 años y volvía caminando de inglés a mi casa. De repente un tipo empezó a caminar al lado mío, me ofreció una pastilla halls de menthol, las del paquete negro, le dije que no, gracias. Me preguntó adónde iba, cuántos años tenía. 9, le contesté. Ah, yo tengo 16, me dijo. Y yo pensaba que ese señor flaco, parecido a Don Ramón, no podía tener 16 años. Seguimos caminando 2 cuadras más, no reduerdo bien qué me decía, pero estábamos cada vez más cerca de mi casa y yo lo único que quería era llegar. Faltaba sólo una cuadra, ya podía ver los monoblocks de mi barrio y entonces el tipo frenó y me dijo, señalando a su izquierda, mi casa es para allá, no querés venir?
    No sé qué me salvó ese día, pero me acuerdo como si fuera ayer que empecé a correr, mientras gritaba No, sin mirar atrás.
    Me pregunto a cuántas nenas más habrá perseguido ese hijo de puta y si habrá logrado que alguna lo acompañe a su casa.

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  • Juan says: 3 junio, 2015 at 23:02

    Que triste y violento. Que claro cómo lo expresás.

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  • pirulo says: 4 junio, 2015 at 05:57

    Que triste la boludez esa de que uno no puede saludar, no puede hablar. ¿Que gilada tienen en la cabeza las personas que piensan así?
    ¿Te insultó? ¿Te propuso llenarte el culo de leche? ¿Te amenazó? ¿Te invitó a salir, siquiera?
    No. Te saludó. Hola. Buscó una comunicación. A la cual vos tratás de dotar de un aire amenazante señalando que eran muchos, que había elementos de trabajo cerca…
    Andá a un psicologo y hacete ver tus miedos.
    O decí claramente que eran morochos, que estaban dados vuelta, que no-se-que que te dio miedo. Pero “hola”…. Hacete ver, de nuevo.
    Para colmo de tu ridiculez, lo mándás a un lugar patriarcal, conservador y heteronormativo: das por sentado que tiene esposa e hijas.

    Ridiculas como vos tambien son las que trataron de ampliar el espectro de consignas respecto de esta marcha diciendo que si uno va de putas o va de levante a un boliche no podía adherir a la marcha.
    Tal vez quieran que seamos ascetas, tal vez han decidido llevar el vera-bergoglismo al extremo… Ganémonos el cielo con la castidad. no sé..

    Sos una pobre mina tratando de demostrar poder. Lo explicitás en esa frase. “El tipo, que a esa altura no se había llevado de arriba el inicio de la no consentida charla concluye”.
    Dame un ejemplo de charla consentida, por favor. ¿Cómo se contacta uno con un desconocido? O tal vez pretendas que sólo vivamos entre direcciones, como decían Los Pillos. La calle, mero espacio de tránsito e incomunicación. Todos desconectados, o conectados con perros, mascotas.

    —–
    Ah. Vos eras la misma que bancaba a Grondona (Julio Humberto, mafioso de tu barrio) diciendo que si un tipo de 82 años puede con todos los demás, punto para el tipo. Bastante triste también esta otra forma tuya de enslazar el poder. El poder de un tipo siniestro.

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  • pirulo says: 4 junio, 2015 at 05:58

    uh, pendiente de moderación… :/

    pfffffff

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  • pirulo says: 5 junio, 2015 at 06:55

    Capaz la no aprobación de mi comentario se debe a que se trató de una charla no solicitiada.
    A que son unos pobres giles.

    Muy lindo todo.

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  • Hernán says: 5 junio, 2015 at 15:20

    Muy claro y muy de acuerdo, diría que en todo, pero obligadamente tengo que poner un “casi” por haber leído “Yo no te conozco y no tenés derecho a saludarme”, que me parece algo totalmente insostenible. Es lo único que me hizo ruido del texto, más allá de luego estar más o menos de acuerdo con un punto u otro. Pulgar arriba.

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  • Caro says: 7 junio, 2015 at 19:37

    De esas escenas tengo miles,al igual que vos y que todas.Me paso mas de chica ir con amigas y yo (la agresiva) respondía y ellas me decían ” no! Sos loca mirá si nos hacen algo” a los que yo les respondía , “cuanto más seamos es mejor “.me pareció excelente tu nota , te estoy agradecida

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  • M says: 8 junio, 2015 at 14:29

    Que buena publicación! Te felicito!
    Lo que quisiera plantear es que frente a la problematica de violencia hacia la mujer que hay hoy en nuestra sociedad, lamentablemente chicas jovenes deben tener miedo a contestar y llamarle la atencion a los atrevidos y pervertidos. Si son capaces de eso, tal vez son capaces de más, y mas aún en un pais donde la justicia desampara a las víctimas. Total, que va a hacer la piba después de que el perverso la increpe o le haya hecho algun daño cuando ella le contesto? Hacer la denuncia y todo queda ahi? Tal vez salga en TV pero el, ese hijo de puta va a seguir libre y sin consecuencias, seguramente volviendo a su comportamiento báscio hacia otras mujeres.
    Asique me parece que es importante tener eso muy en cuenta.

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  • tata says: 4 septiembre, 2015 at 20:17

    bien escrito, deja un monton de ideas disparadoras, felicito a la escritora
    como me gustaria que ella me responda una pregunta que me tortura el alma
    ¿el niunamenos no fallo en la identificacion del enemigo?
    pienso que el enemigo esta en casarosada

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