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35 AÑOS DE DEMOCRACIA Y DESIGUALDAD

En el marco del ciclo Preámbulos organizado por la Universidad Nacional de La Plata, analistas politicos de diversas corrientes e ideologías se reunieron para conversar sobre las transformaciones sociales y la desigualdad en estos 35 años de democracia argentina. Agustín Salvia, Maristella Svampa, Gabriel Kessler y Mariana Marchionni, moderados por Betina Rolfi, presentaron distintos clivajes para entender esos cambios. En Panamá Revista reproducimos los aspectos mas salientes de un debate central

Agustín Salvia, investigador del Conicet, Director de investigación del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA y Director del programa Cambio Estructural y Desigualdad Social del Instituto Gino Germani de la UBA comienza planteando una contextualización histórica de la discusión sobre desigualdad y democracia. Buena parte de la agenda sobre la desigualdad no estaba en nuestro país. No sólo porque había sido atravesado por una dictadura que no le dio visibilidad al tema, sino porque buena parte de la agenda de la desigualdad y la igualdad venía transitada por un movimiento político como era el peronismo en donde la justicia social implicaba la lucha contra el capital entre otras manifestaciones. La igualdad significaba un programa de bienestar económico y social en donde la redistribución del ingreso era condición necesaria. Y era la agenda en ese momento del CEPAL. No pensado tanto necesariamente en materia de distribución del ingreso pero sí pensado en términos de mayor equidad en las capacidades productivas.

La democracia de Alfonsín no puso en agenda la igualdad ni mucho menos la contradicción con la desigualdad, el crecimiento y la desigualdad. Puso básicamente en agenda la importancia de recuperar las instituciones democráticas con el objetivo de que la ciudadanía política se pueda efectivamente generalizar, instituir, se plasme y se consolide y que a partir de esto los derechos constitucionales puedan ser reivindicados o demandados. Y que buena parte de esa constitución como de esos derechos que podían ser reivindicados no pasaban por la lucha, o el conflicto entre el capital y el trabajo ni entre los poderosos y los débiles sino que pasaba por el progreso, por el crecimiento. Fue una agenda que comenzó a ser de generación de crecimiento y de lucha contra la pobreza, pobreza en términos de falta de bienestar económico, falta de bienestar social y mucho más a la luz de los fracasos económicos de la dictadura y los procesos de reconversión y desindustrialización. Y eso significaba cómo mejoramos la educación, el trabajo, la salud, el bienestar general. Pero no implicaba una agenda de la redistribución, implicaba una agenda del progreso.

Obviamente el campo académico venía transitando por una reflexión y una investigación acerca de las desigualdades. Las investigaciones de Gino Germani, Sergio Bagú, José Nun. La dictadura produjo fue un quiebre importante en todas esas investigaciones, en esos programas de investigaciones. Retoma sí el programa de cómo medimos la pobreza, cómo medimos los ingresos, cómo medimos el desempleo, cómo medimos el bienestar. E incluso cómo medimos la desigualdad a través de un índice de distribución de Gini que no mide efectivamente la desigualdad y la distribución real del ingreso y del poder, sino entre quienes son observables por las encuestas que son generalmente desde las clases medias hasta los sectores populares, pero los poderosos nunca entran, no nos reciben a los encuestadores o en todo caso si los reciben cuando uno les pregunta el ingreso contestarán “no lo sé, en realidad tengo que consultar al contador”.


"La democracia aquí no volvió a plantear como sistema político el problema de la desigualdad en términos de problemas de poder y de distribución de riqueza"

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 Entonces en esta lógica la invisibilidad del poder que viene arrastrada de la dictadura no se descubre desde el punto de vista de la política pública con el alfonsinismo. No se lo muestra, se muestran los problemas de la pobreza, las demandas sociales. Pero no estaba pensado en términos de redistribución del poder, de redistribución de las capacidades productivas y de las riquezas. En los ‘90 la agenda, la desigualdad no fue puesta tampoco en discusión. El FMI y el Banco Mundial venían con la agenda de la lucha contra la pobreza: atendamos a los que quedan detrás de las reformas estructurales en el tendal y cubrámoslos  y asistámoslos para que no se vayan del todo. La democracia aquí no volvió a plantear como sistema político el problema de la desigualdad en términos de problemas de poder y de distribución de riqueza. Y por el contrario los procesos de modernización o remodernización del menemismo efectivamente agravaron el problema y produjeron nuevos procesos de movilidad social de las clases medias.

El kirchnerismo tampoco puso en agenda el poder. Puso en agenda otra vez los procesos de recuperación de contrarreforma para avanzar en un programa de crecimiento capaz de generar ingreso y bienestar como el viejo programa alfonsinista, eventualmente con algunas connotaciones justicialistas y más allá de algunas disrupciones o problemas puntuales en términos de conflictos de poder no dejó de producirse durante todo ese período un proceso de concentración económica importante en las cúpulas. Y que no fue detenido por el  proceso kirchnerista, el gobierno kirchnerista. Y tampoco fue puesto en agenda la desigualdad sino otra vez el crecimiento y la reducción de la pobreza o de la no pobreza dado que tampoco se ha visibilizado. Finalmente tampoco Cambiemos pone en agenda el problema de la desigualdad, más aún lo encubre detrás de un cambio cultural, del cambio de dos Argentinas, la Argentina que quiere el pasado y la Argentina que quiere el cambio. Y frente a esto las desigualdades parecen más culturales que económicas, sociales o políticas.

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De distinta manera a mi juicio la democracia viene encubriendo el problema del poder que está detrás de la desigualdad y la distribución de la riqueza. Y de la capacidad de una sociedad que converge en un programa de desarrollo con mayor equidad, con un capitalismo capaz de ser, adaptarse o de ser obligado a negociar o participar de un modelo político-económico de esa naturaleza, con espíritu redistributivo y con un marco jurídico y político que obligue a procesos redistributivos del poder y del ingreso y que haga de esto no sólo un país que porte más sino que consuma más hacia el interior y que genere más bienestar y más equidad regional.

La paradoja es que hoy por hoy si uno toma ahora la literatura del FMI y el Banco Mundial va a encontrar que buena parte de los diagnósticos están asociados a los problemas de la desigualdad en América Latina y cómo la desigualdad no favorece el proceso de crecimiento y desarrollo. Obviamente que la desigualdad no es la desigualdad la distribución del poder, sino que es cómo el mercado el libre mercado con menores regulaciones estatales hace factible que efectivamente crezca la economía, distribuya, derrame  al tiempo que asistimos a los más pobres para que efectivamente puedan mejorar sus ingresos mínimos.  

 La desigualdad de género en América Latina

 Mariana Marchionni es economista e investigadora del Conicet y del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales de la Facultad de Ciencias Económicas. Comienza señalando queuna dimensión de la desigualdad son las desigualdades de género que tampoco estuvieron en la agenda durante toda esta etapa y que de alguna manera la sociedad está forzando a que se ponga en la agenda ya hace unos años.

En primer lugar es imposible no reconocer los enormes progresos de las mujeres en pos de la igualdad de género, digamos desde mediados del siglo pasado. Desde mediados de años 50, años 60 donde la participación laboral femenina en América Latina pasó de un 20% a un 67% en promedio hoy en día. Pero quedan brechas enormes: cuando nos ponemos a comparar ese 67% con el 95% de participación de los hombres. Entonces esta brecha entre hombres y mujeres en términos de participación en el mercado laboral 30 puntos, 67 versus 95 es enorme. Es enorme si comparamos con otros países un poco más desarrollados pero que están dentro del mismo mapa cultural que Latinoamérica como España, Portugal tienen 10 puntos de brecha.

Esta brecha de 30 puntos de participación entre hombres y mujeres no es uniforme a través de los distintos grupos poblacionales. Si comparamos mujeres con más o menos educación, si comparamos mujeres con distinta situación conyugal, con o sin hijos,  aparece toda la cuestión de roles de género: entre mujeres que viven en pareja o mujeres que tienen hijos menores de 6 años las tasas de participación son del 55%-60% versus mujeres que no viven en pareja, que no tienen hijos la tasa de participación es de 80% para arriba. Es decir, le estamos poniendo números a cómo la sociedad asigna los roles de cuidado, tareas domésticas, etc, entre géneros y cómo la carga sigue siendo desproporcionadamente alta sobre las mujeres. En la única encuesta nacional disponible para Argentina, del año 2013, las mujeres trabajan 35 hs. por semana en promedio y los hombres 45. Sumemos ahora todas esas actividades de cuidado, y veamos ahora cuál es el balance de cantidad de horas de trabajo total remunerado y no remunerado trabajadas entre hombres y mujeres: las mujeres trabajamos una hora más por día, señores y nos pagan por muchas menos. Y este desbalance, esta desproporción de carga sobre las mujeres otra vez no es neutral con relación a la distribución de otras variables de la distribución del ingreso: se concentra en los quintiles más bajos. Tenemos, las mujeres de los quintiles más bajos trabajan 50 horas por semana en actividades no remuneradas, las mujeres de los quintiles más altos en 30 porque pueden delegar en terceras personas, en instituciones, etc. y arriba de esto sumemos las brechas de fecundidad. Parte de esa brecha es la brecha enorme que hay en los sectores más desfavorecidos entre fecundidad efectiva y fecundidad deseada.

"En el balance de cantidad de horas de trabajo total remunerado y no remunerado trabajadas entre hombres y mujeres: las mujeres trabajamos una hora más por día, señores y nos pagan por muchas menos"

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 Hasta ahora hablé de cuánto peor están las mujeres de los quintiles más bajos y del otro lado la distribución también hay brecha de género. Tiene mucho más marketing, los techos de cristal. Las mujeres que estando más educadas que los hombres en la región. En Argentina 33% de las mujeres tenemos estudios superiores completos, un 25% de los hombres tienen estudios superiores completos y accedemos en mayor proporción a cargos capacitados, a trabajos profesionales técnicos, pero no accedemos a la jerarquía. Están los techos de cristal y esos techos de cristal en parte son discriminación. Y otra parte son auto discriminación o autoselección: hay algún punto en la carrera que las mujeres decidimos o algunas se ven forzadas a relegar esa carrera para hacerse cargo de las responsabilidades familiares.

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Este desbalance en la distribución de responsabilidades de cuidado y tareas domésticas termina poniendo en funcionamiento un círculo vicioso que va a la participación laboral, a la necesidad de elegir trabajos flexibles. Y ahí entran las políticas públicas, definitivamente que son las que tienen que cambiar esta dinámica para consolidar cambios sociales y culturales que ya se están produciendo. Pongámosle igual a informalidad y la precarización laboral de un lado y del otro, jardines maternales, jardines infantiles públicos y de calidad. Jornada escolar extendida, por un lado, extensión del tiempo de licencia y licencias para ambos progenitores. Y por último pero no menos importante la información y los medios para la efectiva planificación familiar, educación sexual, acceso a anticonceptivos y aborto legal. 

 Desigualdad y pobrezas durante el kirchnerismo

 Gabriel Kessler es Doctor en sociología por la Escuela de Altos estudios en Ciencias Sociales de París, investigador principal del Conicet y profesor titular en la UNLP y en la UNSAM. Comienza polemizando: en el kirchnerismo sí hubo una tematización de la desigualdad. Durante el período kirchnerista algunas desigualdades disminuyeron efectivamente comparado tanto al período anterior como a todo el período democrático; y otras en cambio habían aumentado. Algunas desigualdades que provenían del pasado, otras que se habían generado en el mismo momento. Esas tendencias contrapuestas se podían ver en una misma esfera. La cobertura de salud que pasó de un 40% a un 60%, pero también otras desigualdades se producían. La reactivación económica, el apetito del mercado inmobiliario urbano y de los negocios por la tierra también llevó a que hogares que vieron mejorar su situación económica estuvieron mucho más lejos del acceso a la tierra y a la vivienda urbano-rural.

A los sociólogos y las sociólogas no nos gusta dar respuestas tajantes, pero la tendencia del período kirchnerista ha sido hacia la disminución de las desigualdades. Es preferible comparar tendencias de años que comparar un año con otro que. Para la Argentina y para los gobiernos post neoliberales, para llamarlo de algún modo, lograron morigerar algunos aspectos de las  exclusiones más importantes que se habían generado en los años ‘90 y previamente. Y de algún modo lograron cumplir la promesa no cumplida del neoliberalismo: una red de protección para los más pobres generando políticas de ingresos. Teníamos muchos millones y millones de latinoamericanos de ingreso cero y eso se logró cubrir.

Es decir, fue una lucha contra la exclusión. Si no lucho contra la exclusión no puedo seguir luchando contra la desigualdad. Y en el caso de la Argentina habían aumentado mucho las coberturas por la extensión de la AUH, de las jubilaciones, de la ley de empleo doméstico, de la ley de empleo rural, por las leyes de igualdad de género, matrimonio igualitario, la ley no necesariamente estipulada de salud mental. Hubo movimientos en pos de aumento de la discusión de la desigualdad. Mucho o poco, siempre va a ser poco.

"Los gobiernos post neoliberales, para llamarlo de algún modo, lograron morigerar algunos aspectos de las exclusiones más importantes que se habían generado en los años 90. Si no lucho contra la exclusión no puedo seguir luchando contra la desigualdad"

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 Otros logros fueron menores que los de otros países que gastaron menos en términos públicos y privados. En educación, el acceso a la tierra y la vivienda por ejemplo o la concentración de homicidios que se concentraban sobre todo en los lugares más pobres y entre los más pobres. En ese sentido otro hallazgo es que en la Argentina los ciclos políticos y los ciclos económicos están anudados porque cada ciclo político ha terminado con algún tipo de fracaso económico. Pero no todas las dimensiones siguen los mismos tiempos. Si uno mira Salud, Educación, la cuestión urbana, la tierra, la vivienda, tienen a veces otras temporalidades, donde el efecto o el impacto tiende a tener una inercia, a sentirse a más largo tiempo y al mismo tiempo hay derechos, hay resistencias. Entonces ahí también hay como un panorama, un rompecabezas con temporalidades, movimientos, tendencias contrapuestas.

En ese sentido yo tengo siempre una preocupación por aquello que aparece menos visible. Porque la exclusión más extrema es aquella que ni siquiera imaginamos que ni siquiera hablamos, que ni siquiera puede cortar las rutas, que ni siquiera llega a interrumpir algo del ciclo normal de la cotidianeidad. Hay una desigualdad que a mí siempre me impresionó que es la desigualdad demográfica. En general no le damos casi importancia a la demografía. En la Argentina tenemos un ciclo largo de vida de los sectores medios y tenemos un ciclo corto de aquellos sectores más marginados, que la vida los lleva a que los ciclos sean más cortos: se sale rápido del sistema educativo, se entra rápido al mundo del trabajo. Se tienen hijos más rápido y con poco intervalo y se sale más rápido del mundo del trabajo para morir más rápido. Esa desigualdad fundamental cristaliza otras desigualdades y que en general nuestras políticas no ven. Y me parece que ahí también hay otra desigualdad que a mí me impresiona mucho: las enfermedades invisibilizadas de los pobres. En la Argentina perduran la tuberculosis, el Hantavirus, el Chagas que se ha multiplicado,. Y tenemos medicamentos que los laboratorios no quieren hacer porque los pobres no pueden comprar. Me parece que también hay una desigualdad producto de miradas no renovadas sobre la discapacidad, por supuesto, sobre la vejez. A veces se dice que la juventud es el futuro. Si todo va bien la vejez es el futuro. Y hay toda una necesidad de cambiar una lógica de desigualdad a partir de un diálogo sobre todo respecto a la vejez, qué derechos queremos tener, qué privaciones, qué riesgos.

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Todo afecta de manera positiva o no a distintas clases, concluye Kesler, a varones y mujeres, a distintos grupos de edad, a distintos grupos étnicos, a distintos territorios. Entonces deberíamos poder incorporar en cada una de las decisiones que se tomen desde lo público y lo privado es la pregunta sobre cómo esto va a gravitar en la desigualdad de distintos grupos. No puede ser algo que esté después, sino que debería poder ser algo que esté en la argamasa misma de las decisiones que se toman.

 Luces y sombras del ciclo populista

 Maristella Svampa es doctora en sociología por la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París, investigadora del Conicet y profesora de la UNLP. En estos 35 años de democracia evidentemente se han amplificado las desigualdades, la situación de dependencia e inclusive se ha consolidado una matriz de corrupción que no está desligada también de los procesos de desigualdad. La dictadura militar implicó una cesura, no vino sólo a disciplinar a la sociedad argentina sino que cambió la distribución del poder al interior de esta sociedad, empobreciendo notablemente a los sectores populares y también a sectores de la clase media. El empobrecimiento de la clase media comienza también con la dictadura militar, si bien ésta afectó o golpeó de manera directa a los sectores populares. Guillermo O´Donnell que la dictadura dejó los dados cargados. La dictadura militar asentó las bases de la gran asimetría social, económica, política que atraviesa la historia de los 35 años pero de la cual no todos los gobiernos que pasaron eran conscientes.

La desigualdad no sólo no estuvo en la agenda del alfonsinismo sino que no fue consciente de las repercusiones o de las grandes transformaciones que había sufrido la estructura social y cómo eso había también repercutido en la propia conciencia de los actores sociales acerca de cuál era su rol en la sociedad. El menemismo sí tomó nota pero sabemos que lo consolidó. Eso fue lo que produjo la gran polarización y una impresión de intemperie por parte de los sectores populares y los sectores medios que ha perdurado en muchos casos.

¿Qué decir del kirchnerismo? Durante los primeros años e inclusive con la salida de la crisis, efectivamente hubo una gran ilusión por parte de diferentes sectores acerca de que esos cambios en términos de redistribución del poder social iban a ser duraderos. El kirchnerismo detuvo la tendencia a la polarización, detuvo la tendencia a la polarización, lo cual no quiere decir que haya disminuido la desigualdad. En general casi todos los trabajos que hablan del ciclo progresista en América Latina son muy optimistas con respecto a la primera parte del ciclo progresista y muy pesimistas respecto del final. Al principio se pensaba que íbamos a contramano de la historia porque la desigualdad es algo que atraviesa claramente a la sociedad del norte: Europa, Estados Unidos. Al final de ciclo progresista nos dimos cuenta que seguimos siendo la región del mundo más desigual del planeta. En nuestro país, como en otros países de América Latina, no se redujo la desigualdad, más bien se redujo la pobreza. La CEPAL en 2012 sacó un trabajo en el cual muestra que el 19% de la población latinoamericana está o estaba en ese momento bajo planes. Es enorme porque lo que se institucionalizó es la idea de que hay un sector excluido y que ese sector excluido tiene que ser asistido socialmente. Sobre todo son mujeres las cabezas de hogares las que tienen que ser asistidas.

"Asistencia no es garantía de inclusión, el ciclo progresista o los gobiernos progresistas a ese nivel instituyeron la inclusión por el consumo"

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 Pero esa asistencia no es garantía de inclusión, más aún, algo que hemos venido diciendo con otros autores es que el ciclo progresista o los gobiernos progresistas a ese nivel instituyeron un pacto del consumo básicamente. La inclusión por el consumo. Pero que no tocaron a los sectores poderosos. Los populismos son un pacto de interclase. Incorporan a sectores populares como pueden, pero hacen el pacto con el gran capital también. Y lo hicieron el pacto con el gran capital, entre ellos con el capital extractivo, también con el capital financiero. En todo caso se vieron los déficit también al calor de la crisis ya económica de los últimos años de diferentes gobiernos.  Y el caso es que efectivamente las brechas de la desigualdad, digamos, aumentaron. Así como aumentó por ejemplo el proceso de acaparamiento de tierras, donde todo América Latina.

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En esa línea, Cambiemos viene acá para reafirmar de nuevo la gran asimetría. Con claridad, no tiene una agenda de igualdad, nunca la ha pensado, no está en la visión de nuestros gobernantes en absoluto. Yo creo que no hay ni siquiera una captación de la problemática, lo que sí hay a diferencia del menemismo es la conciencia de que hay que desarrollar planes de asistencia social en relación a ese sector excluido que amenaza si no, en términos de marginalidad disfuncional, a la estabilidad del sistema. Eso lo tiene claro, sin que eso signifique que Cambiemos se transforme en un populismo conservador. Ni populismo conservador, ni pacto del consumo. Lo que ha venido en todo caso es a reafirmar las grandes diferencias, y eso de la mano no sólo del aumento de la brecha de la desigualdad, sino del aumento de la pobreza. Esa pobreza que se había reducido al calor del ciclo progresista de la mano del crecimiento económico en muchos casos asociado a la captación de renta extraordinaria con la expansión del extractivismo y la minimización de los conflictos socio ambientales, esa puerta ya se cerró, no es que se cerró del todo, pero los precios no son como los de otras épocas. Este gobierno piensa sobre todo avanzar con la expansión de la frontera del capital, de eso no  hay dudas, pero ya no es una época de bonanza económica.

Seguimos entonces con los dados cargados. Y más que nunca, más que nunca con los dados cargados.  Aún así yo pienso que ha habido amplificación de las desigualdades, de eso no tengo dudas.  Inclusive yo creo que ha habido consolidación de la relación de dependencia, pienso ahora en China, ni que hablar de la consolidación de una matriz de la corrupción. Hay que ver qué actores sociales hoy en día ante tanta movilización social aún con un carácter muy fragmentado, en ese sentido tiene la gran capacidad de interpelar a la sociedad y sobre todo este pacto de dominación que no está para nada consolidado en un marco de gran crisis social y económica.

 Por una coalición político económica que derrote al empobrecimiento absoluto

 Salvia señala que la distribución del ingreso que uno puede medir a través de indicadores estadísticos más o menos tradicionales, por ejemplo el índice de Gini, capta exclusivamente en nuestras sociedades a los sectores populares y las clases medias. La estructura social queda representada en el mejor de los escenarios en un 85%, 90%. Cuando evaluamos redistribución del ingreso estamos viendo cómo se distribuye entre los sectores populares y medios el valor agregado generado por los procesos económicos productivos y las políticas remunerativas de transferencias no laborales y de negociación colectiva. En ese sentido la Argentina de los últimos años lo que viene produciendo es relativo estancamiento con momentos de crecimiento y momentos de recesión, en donde la distribución o la redistribución entre esos agentes sociales que estamos señalando efectivamente va tendencialmente mejorando en términos relativos la situación de las clases medias ganadoras, siguiendo la tendencia a la baja, que están fuertemente vinculados con ese otro componente no visible que es el sector más dinámico de la economía argentina y está más globalizado y más concentrado. Son procesos de efectivo derrame de las capacidades de mejoramiento, de expansión  económica -financiera de algunos segmentos  y sus posibilidades de nutrirse de este segmento de clase media profesional en ascenso que viene modificando la estructura social argentina en forma importante en los últimos treinta años.

"Estamos en un proceso de empobrecimiento absoluto de los sectores medios bajos con eventuales momentos de reactivación del ciclo expansivo, sin que esto signifique un cambio cualitativo de la estructura, manteniendo contenidos a los sectores más bajos"

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 Con lo cual uno ya no puede hablar de las clases medias en general sino que tiene que hacer referencia a esas diferencias, aunque más allá de los datos estadísticos se empobrezcan en términos absolutos, más allá del ingreso, más allá de cuánto pasan o no la canasta debido a aspectos como el deterioro de la educación, el deterioro de la salud, el deterioro de los servicios públicos, el deterioro de las capacidades de acceso a bienes y servicios, a procesos de movilidad social, al tiempo que se viene eyectando hacia los sectores más pobres una cantidad importante de transferencias de ingresos no muy caras desde el punto de vista del PBI, menos del 1% o el 1%. Es un proceso de empobrecimiento absoluto de los sectores medios bajos con eventuales momentos de reactivación del ciclo expansivo, sin que esto signifique un cambio cualitativo de la estructura, manteniendo contenidos a los sectores más bajos. El 30% de los hogares en Argentina, urbanos recibe una pensión no contributiva o un programa social o una asistencia económica directa. Indicador de protección social o indicador de pobreza estructural.

Estamos en presencia hoy de una nueva cristalización de esas desigualdades estructurales. E incluso aunque eso baje la pobreza por ingresos. Necesitamos una agenda de la igualdad en la distribución no de ciertos derechos o accesos a derechos, bienes o servicios, sino la agenda de la equidad o de la igualdad, o de la reducción de las desigualdades estructurales, no como lucha contra la pobreza sino como conquista de la acumulación de poder y de redistribución de las capacidades productivas y de la riqueza, sin que esto signifique un socialismo o ni un comunismo ni una revolución social. Un capitalismo con capacidad de redistribución y de generación de equidad.

Eventualmente esa agenda de desarrollo requeriría de los sectores más dinámicos de la economía para participar del mismo. Porque de lo que se trata es del desarrollo de una economía incluso de mercado social, que la economía popular mejore su productividad, que participe más de los segmentos formales. ¿Es posible construir una coalición político-económica? No sólo político en términos electorales sino político económica de segmentos sociales capaz de llevar adelante o traccionar hacia esa dinámica. Esa es la contradicción que enfrenta el desarrollo capitalista argentino. Y la agenda de la equidad.

 La brecha salarial de género

 Marchionni retoma la desigualdad de género a partir de la brecha salarial. La brecha salarial de género para Argentina es del orden del 10%: si comparamos una mujer promedio que trabaja con un hombre promedio que trabaja, la mujer gana el 90% del salario pese a que las mujeres están más educadas que los hombres. Si nos limitamos a personas con educación superior completa, la brecha ya estamos hablando de un veintipico por ciento. Las mujeres con menor calificación son las primeras que salen del mercado, son las primeras en tomar trabajos precarizados, informales, contratos part-time y la participación de las mujeres jefas que son en parte estas mujeres que ganan tanto menos que los hombres dentro de los hogares de nuestro país y de América Latina en general es gigantesca.

La brecha de género explica una parte bien grande de las desigualdades económicas que son sólo una parte como explicaron aquí de las desigualdades que nos importan. Está también el tema atravesado por género de la protección o mejor dicho la desprotección de la vejez que otra vez, duramos más, las mujeres duramos más y no trabajamos durante gran parte de nuestra vida porque por estas cosas que estábamos discutiendo. Somos las primeras en salir del mercado, somos las que no tomamos esos cargos más altos porque están los techos de cristal y somos las que tenemos que pasar más tiempo sobreviviendo con jubilación, si tenemos.

Una nota de color hablando de la independencia económica y de la independencia en la vejez con relación a la posibilidad de haber participado en el mercado laboral, unos colegas hicieron hace poco un trabajo de investigación analizando el impacto de la moratoria jubilatoria en Argentina en donde muchas mujeres que nunca habían contribuido pudieron entrar al sistema jubilatorio, y hubo una explosión de tasas de divorcio de mujeres elegibles para entrar en la moratoria.. O sea, estas mujeres no eran independientes.

"Hay una concentración de planes sociales en madres jefas porque son aquellas que están en la cola izquierda de la distribución mayoritariamente y además por default , una cuestión de diseño de los planes que tiende a perpetuar esta división tradicional de roles"

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 Y por último con relación a los planes sociales efectivamente hay una concentración de planes sociales en madres jefas porque son aquellas que están en la cola izquierda de la distribución mayoritariamente y además por default , una cuestión de diseño de los planes que tiende a perpetuar esta división tradicional de roles. Por default la madre es la titular aunque haya un padre. Y la titular más allá de “esta plata es mía”, eso puede tener sus efectos empoderadores que son indiscutibles, tiene también a cargo las corresponsabilidades de estos programas porque en general son programas condicionales aunque hablemos de un plan universal como la AUH hay condicionalidades. Entonces la mujer se tiene que encargar de los controles de salud, tututu, de hacer los trámites, etc, reforzando la inactividad económica.

Kesler señala sus discrepancias con Salvia sobre los cambios en la estructura social. Y retoma la propuesta de Svampa de pensar la cuestión de la corrupción articulada con un elemento político. Falta una mirada fuerte sobre la corrupción  y poder pensarla políticamente como forma de intercambio, etc. Pero creo que si eso falta y creo que si no hacemos esa autocrítica y que tengamos la misma vara para mirar la corrupción de un lado como de otro.

 Desigualdad ambiental y segregación urbana

 Maristella Svampa subraya  dos cuestiones ligadas a la desigualdad: la primera respecto de la segregación urbana y la segunda respecto a las desigualdades ambientales porque creo que tocan núcleos duros del modelo. Cité antes a la segregación urbana para vincularla precisamente al menemismo porque ilustró ese proceso de expansión de los countries y los barrios privados de manera muy emblemática la ampliación de las desigualdades y una ruptura al interior de las clases medias entre sectores ganadores y sectores perdedores. Y la verdad es que en ese sentido hoy lo hemos naturalizado. Pero me parece que implicó una ruptura también en un modelo de integración social, un modelo a partir del cual nos pensábamos los argentinos que tenía que ver con el espacio público y con el contacto interclase  que este modelo de segregación urbana vino a liquidar de alguna manera. Y vino a consolidar un modelo de ciudad neoliberal, claramente, que se expresa también en otros países latinoamericanos. Y cuando uno piensa en perspectiva histórica qué es lo que sucedió con el modelo de ciudad neoliberal en los años kirchneristas, ahí ve claramente que se consolidó y se expandió. Es decir, ahí vemos una línea de continuidad muy clara porque el kirchnerismo nunca puso en cuestión a esta lógica de segregación espacial y tampoco brindó la oportunidad a sectores vulnerables para que accedieran a la vivienda, una vivienda digna. Todo lo contrario, es decir que acentuó el proceso de mercantilización de la tierra y la privatización de los espacios públicos, algo que se vio por ejemplo en la ciudad de Buenos Aires. E inclusive se vio a partir de la expulsión de sectores populares, muchos de ellos corridos por la expansión de la frontera de la soja que vinieron en situación de extrema pobreza a habitar de nuevo en ese proceso de urbanización. En la ciudad de Buenos Aires hay una gran cantidad de viviendas que están vacías, que han sido  compradas con dinero de la soja o con otros dineros non-sanctos y que permanecen vacías. Y no hubo una política activa para ocupar por ejemplo esas viviendas. 

"En la Argentina hubo una gran dificultad para tematizar la problemática ambiental que también arranca de alguna manera, comienza a instalarse en la agenda pública a partir del 2003"

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 Y el segundo tema tiene que ver con las desigualdades ambientales porque eso toca de lleno a la agenda llamada del desarrollo, porque también en la Argentina hubo una gran dificultad para tematizar la problemática ambiental que también arranca de alguna manera, comienza a instalarse en la agenda pública a partir del 2003. Cuando uno hace un análisis también de las desigualdades ambientales hay que retrotraerse al kirchnerismo: la expansión de la mega minería, a la expansión de la frontera petrolera, la consolidación de pasivos ambientales que sobre todo han afectado a los sectores más pobres.

Entonces eso me parece importante subrayarlo porque adquirió visibilidad este proceso de desigualdad ambiental pero no se colocó en la agenda el tema de los pasivos ambientales y cómo eso había repercutido en los sectores más pobres. Pero hoy efectivamente entró muy en la agenda, creo yo aún contra la propia voluntad política del kirchnerismo que nunca quiso ver esos problemas, es una agenda socio ambiental muy ligada a los modelos de desarrollo que es algo que efectivamente no se ha discutido en este país. Se obturó la discusión. En ese sentido en toda América Latina los gobiernos progresistas, como los gobiernos de derecha y los gobiernos conservadores se alinearon con el poder económico, mediático, judicial, y se cierra la agenda. No se discute, de eso no se habla. El desarrollo es esto, es el progreso, es la expansión de la frontera del capital, sea Vaca Muerta, sea la soja, sea la mega minería o la construcción de mega represas. Eso sin dudas ha sido insuficientemente tematizado.

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De hecho a mí una cosa que siempre me preocupó durante el kirchnerismo es que había dos agendas de derechos humanos. Había una agenda de derechos humanos muy concentrada en el tema de la violación de los derechos humanos durante la dictadura cívico militar, corrijo, ese es un logro del kirchnerismo haber instalado esa lectura. El kirchnerismo lo asoció a los derechos también sociales, pero más ligado creo yo a una voluntad por equilibrar en términos de reparación salarial, por ejemplo volvió a las convenciones colectivas de trabajo, no es un tema menor. Pero por otro lado ignoró por completo esta otra agenda de derechos que venía de la mano de pueblos indígenas y de numerosas localidades pequeñas y medianas que estaban siendo afectadas ya por la expansión de los llamados modelos de desarrollo. Cada vez que el kirchnerismo o este gobierno organiza una mesa de debate sobre desarrollo invitan a los grandes CEOS, a los grandes gerentes, a los intelectuales del establishment que en su vida cuestionaron o buscaron desmontar la idea de desarrollo más convencional y hegemónica. Y este gobierno es un gobierno muy tramposo en eso. Porque si el kirchnerismo tenía un punto ciego ahí que no quería tematizar porque sabía que estaba haciendo daño, era consciente de que estaba dejando de lado una agenda de derechos, éstos no tienen ningún problema, éstos piensan en el avance del capital, no hay lenguaje de derechos y entonces efectivamente el desarrollo se conjuga en un solo tono y se avanza en esa dirección. Entonces cuando uno escucha los discursos acerca de energías renovables, son muy tramposos, no les hagan caso porque detrás de eso hay más concentración detrás de las energías renovables y sobre todo hay una apuesta muy fuerte a los combustibles fósiles a través de la explotación de Vaca Muerta y ni qué decir de volver a la energía nuclear y encima inundar de mega represas Santa Cruz. Con lo cual realmente la agenda es sumamente insustentable de este gobierno, pero como es un gobierno que adoptó el discurso marketinero de la agenda verde, busca engañar y les pide que separen la basura.

Para mí las desigualdades ambientales remiten a una problemática más integral. No es una dimensión más: movimiento de justicia ambiental, la justicia ambiental refiere sobre todo a la necesidad de articular la agenda social, la agenda ambiental, de ver la interseccionalidad de las desigualdades porque ahí hay desigualdad de género, desigualdad de raza, además de desigualdades sociales, no es una columna más en la cuenta de una gran empresa. No es una parte que debemos ver en términos de una política sectorial. Hay que tener una mirada holística porque yo soy de las que está convencida que efectivamente atravesamos una crisis socio ecológica de alcance planetario y que eso está siendo absolutamente minimizado pese a la gran cantidad de estudios científicos que muestran la gravedad de esto.

 


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1 Comentario

  • Jesús Gamboa Marin says: 18 noviembre, 2018 at 17:08

    E excelente por el interés de reorientar el ejercicio del poder y del gobierno en la solución de los problemas básicos de la población: desigualdad social y económica, la prestacion de calidad de los servicios públicos, la atención del medio ambiente y la distribución de la riqueza dentro del marco de un sistema democrático donde el Estado tenga una presencia reguladora y controladora flexible de desarrollo de los medios de producción v las relaciones de producción

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