22 de Mayo de 2024 •

3:22

Ashburn
53°
algo de nubes
53% humidity
wind: 6m/s SE
H 57 • L 46
58°
Tue
59°
Wed
47°
Thu
53°
Fri
58°
Sat
Weather from OpenWeatherMap
TW IG FB

15 de septiembre 2023

Alejandro Galliano

VARIACIONES VON HAYEK

Tiempo de lectura: 7 minutos

§0.0 A Argentina no le sobra Estado, le falta. Lejos de heredar un aparato colonial imperial como el de Brasil o México, el Virreinato del Río de la Plata fue concebido tardíamente como mero tapón al contrabando portugués. Con eso encaró una independencia de escala municipal, la pérdida del Alto Perú―única fuente de ingresos concebible por los neodesarrollistas de la época―y ochenta años de guerra civil alrededor de uno de los peores puertos de Sudamérica. El caso argentino sería más cercano al de los austeros y sufridos estados chileno o uruguayo si no fuera porque quedó a cargo de un territorio más extenso y una sociedad más heterogénea, conflictiva y predispuesta a hacer su vida por fuera de la ley. Si bien entre 1875 y 1952 el Estado argentino supo organizarse y crecer en funciones, desde mediados del siglo XX se vio desgarrado por la ilegitimidad de los gobiernos, el reparto casi feudal de sus recursos por los pretorianos de turno, la crisis fiscal y la consiguiente falta de consenso acerca de su rol y su forma. Muy pronto dejó de crecer para simplemente engordar. El Estado argentino que entró al siglo XXI era funcionalmente poco más que un tinglado: gobernando hasta donde pudiera, sin burocracias de carrera ni políticas de largo plazo, colonizado por pedazos de la sociedad. Pero con el reflejo condicionado de intentar estatizar cualquier cosa que no pudiera gobernar, desde los nuevos movimientos sociales hasta Vicentín.

§0.1 Argentina quiere usar su escaso Estado para demasiadas cosas. El resultado es la distribución de un poco de Estado en cada parte; suficiente como para pesar en el presupuesto y la logística, insuficiente para todo lo demás. El remanido concepto de «Estado presente» terminó siendo involuntariamente sincero: un Estado que hace «presencias» como las de una celebridad en un boliche, mostrándose sin hacer mucho y cobrando caro por eso. La «presencia del Estado» queda bien simbolizada en los patrulleros vacíos con las luces prendidas que la Policía bonaerense suele dejar al costado de las rutas como un espantapájaros para desalentar el crimen y los excesos de velocidad. 

§0.2 Hay que administrar al Estado argentino como un recurso escaso. Un puñado de Estado en todas partes es la peor inversión costo/beneficio. Sería más racional concentrarlo allí en donde no se pudiera confiar ni en la iniciativa privada que excita al liberalismo (y financia las políticas populistas), ni la creatividad plebeya que enamora al populismo (y pacifica las gestiones liberales).

El caso argentino sería más cercano al de los sufridos estados chileno o uruguayo si no fuera porque quedó a cargo de un territorio más extenso y una sociedad más heterogénea, conflictiva y predispuesta a hacer su vida x fuera de la ley

Compartir:

§1.0 El neoliberalismo necesita mucho Estado, que no tenemos. El mercado es una institución espontánea, surgida de la natural propensión humana al intercambio. El capitalismo es un conjunto de instituciones antimercado que deben enmarcar, sino constreñir, los intercambios entre pares y la libre circulación para permitir la acumulación. Quizás por eso Sheldon Richman podía proclamar un «libremercado anticapitalista». Con todo, el capitalismo se afirmó a lo largo de los siglos merced a una flexibilidad y una capacidad sin parangón para estimular el crecimiento económico. El neoliberalismo es un régimen social que apunta a mercantilizar la totalidad de lo humano, y para ello requiere inventar mercados en donde no existen y adaptar a todo el entorno, inclusive el interior humano, a esos mercados. Cuando von Mises dijo que «El Estado crea y mantiene así un ambiente social que permite a la economía de mercado operar pacíficamente», no imaginaba cuán complejo era ese «ambiente» ni cuánto esfuerzo estatal implicaba crearlo y mantenerlo.

§1.1 Hipótesis: el reiterado fracaso del neoliberalismo en Argentina se debe a la debilidad de su Estado. Desde la muerte del fordismo en 1975, Argentina no logró estabilizar un modelo económico por más de diez años, todos los intentos de reformas neoliberales fueron fallidos e inconclusos. No solo el gradualismo autoritario de 1976-81 o el democrático de 2016-18, sino incluso las «exitosas reformas estructurales» de los noventa quedaron por la mitad. Pasado el pánico hiperinflacionario que apuró a la política y sedó a la sociedad entre 1989 y 1991, las reformas fueron naufragando en largas negociaciones que las desvirtuaron (reforma previsional), las aplazaron (reforma laboral) o las convirtieron en letra muerta (pacto fiscal con las provincias). Incluso la «convertibilidad» fue una obra maestra inconclusa, teniendo en cuenta que como Caja de Conversión nunca garantizó el full backing (el 20% de las reservas podían estar en bonos en lugar de dólares, y no cubrían los depósitos bancarios) y el Banco Central siguió regulando la oferta monetaria mediante los encajes bancarios o vendiendo dólares por menos de un peso (lo hizo para atajar la corridas de 1992 y 1994). Tampoco detuvo la formación de activos externos: el peso fuerte del Estado argentino no inspiraba confianza.

§1.2 Después de tantos fracasos, el capitalismo argentino sufre esquizofrenia. Resultado de esas reformas truncas, en los últimos 50 años Argentina no tuvo un capitalismo liberal, ni uno nacional, ni uno desarrollista sino un trastorno de personalidad disociada. Una suerte de economía colonial con un enclave que cumple las expectativas superyoicas del gobierno y un hinterland reprimido que hace lo que puede. En la fase neoliberal, el enclave mostraba desregulación y apertura (a costa de deuda) mientras en las entrañas del Estado y el territorio sobrevivían restos del 89 y portentos del 2001. En la fase populista, el enclave mostraba pleno empleo y bienestarismo (a costa de déficit) mientras la informalidad trepaba desde los barrios hasta los supermercados chinos y la «bolsa blanca» sojera, y de allí hasta los contratos basura de los propios empleados estatales.

Desde la muerte del fordismo en 1975, Argentina no logró estabilizar un modelo económico por más de diez años, todos los intentos de reformas neoliberales fueron fallidos e inconclusos.

Compartir:

§1.3 ¿Cuál es el plan? ¿Liberar el hinterland y que el rizoma barrani haga todo el trabajo? El mercado es una institución espontánea, el capitalismo no, y el capitalismo neoliberal menos. ¿O se trata de avanzar con la motosierra desde el enclave hacia los intestinos clientelares de la Nación? En ese caso, la libertad que avance será solo la revancha de una vieja guardia liberal que ya fracasó tres veces.

§2.0 El libertarismo necesita un orden social que no tenemos. Las nuevas derechas son más herederas del paleolibertarismo que de la escuela austríaca clásica. Según el manifiesto paleolibertario de Llewelyn Rockwell, la reducción de la autoridad estatal debe ser compensada con un fortalecimiento de «la autoridad social—encarnada en la familia, la iglesia, la comunidad y otras instituciones intermediarias—como una ayuda para proteger al individuo frente al Estado y como necesaria para una sociedad libre y virtuosa», además de  «la cultura occidental como eminentemente digna de preservación y de defensa» y «las normas objetivas de moralidad, especialmente las que se encuentran en la tradición judeocristiana». De manera que no hay contradicción alguna en reivindicar las libertades individuales basadas en la propiedad (como vender un órgano) y repudiar las libertades que alteran las tradiciones (como interrumpir un embarazo): se espera que el tradicionalismo social coadyuve al funcionamiento pleno del mercado. Eso requiere de autodisciplina colectiva, obediencia a la autoridad e instituciones intermediarias legítimas y eficaces. Todas costumbres argentinas.

§2.1 ¿Tenemos una sociedad libre y virtuosa? Lo primero, seguro: carros de cartoneros por el carril del medio de las avenidas, pasajeros del FC Roca que saltean molinetes y pisotean a viejos y embarazadas para entrar antes al vagón, policías que gestionan la inseguridad mediante zonas liberadas, entre otras instituciones intermediarias del hinterland argentino. Otra vez: el mercado es espontáneo, el capitalismo no, y el neoliberalismo menos.

Carros de cartoneros por el carril del medio de las avenidas, pasajeros del FC Roca que saltean molinetes y pisotean a viejos y embarazadas para entrar antes al vagón, policías que gestionan la inseguridad mediante zonas liberadas, entre otras instituciones intermediarias del hinterland argentino. Otra vez: el mercado es espontáneo, el capitalismo no, y el neoliberalismo menos.

Compartir:

§2.2  ¿Cuál es la línea que separa a los amigos de los enemigos del libremercado en el cruce de José C. Paz? ¿Dónde termina el populacho planero y donde empieza la comunidad minárquica y barrani? ¿Hasta dónde vamos a confiar en que el mercado discipline a los individuos realmente existentes y hasta dónde va a haber que hacer sonar la fusta del escuálido y poco confiable Estado argentino? ¿O esperamos que la libre portación de armas cubra ese hiato? El pueblo argentino decía Julio A. Ramos, tiene un «carácter transgresor y peronista, entre hedonista y crematístico»: no quiere una guerra civil ni un leviatán, quiere la esperanza de una vida cómoda y un capitalismo mullido.

§3.0 El capitalismo ya no nos disciplina. El mismo entorno digital que nos vuelve transparentes para un algoritmo nos torna opacos para nosotros mismos. Es tan obtuso reírse del izquierdista con iphone como llamar «desclasado» al trabajador pobre que vota por la libertad económica. (Por no hablar de la expectativa de que un año de encierro forzoso y desigualitario en medio de un ciclo estanflacionario fuera a motivar algún tipo de solidaridad colectiva y lealtad al Estado). La sociedad funciona sin sociología y nuestra libido hace doscientos años que es catalizada y amplificada por el capital; y veinte que vive envuelta de un parque digital que se retroalimenta con sus caprichos. El capitalismo es una inteligencia colectiva irracional.

§3.1 Esta democracia no sirve. Fue concebida en la posguerra y consolidada en la posguerra fría pensando en un ciudadano pasivo y consumidor, de shopping y televisión por cable, que cada tanto eligiera entre Kodos y Kang. «Una masa aletargada e inactiva―denunciaba Murray Rothbard en 1965―dirigida y manipulada por un puñado de funcionarios oligárquicos pero debidamente elegidos cada pocos años». Eso se acabó. El nuevo entorno tecnológico y su feedback positivo de información estimulan la participación en cada consumo: el comentario entusiasta o indignado del prosumidor que compró una llave inglesa por Mercadolibre. La elección de gobernantes dejó de ser un ritual que interrumpe una vida privada para funcionar como afirmación offline de una intensa subjetividad digital. La democracia ya no guía corderos sino que despierta leones. Pero si la idea era gobernar con consenso y pluralismo, esta democracia ya no sirve.

El pueblo argentino decía Julio A. Ramos, tiene un «carácter transgresor y peronista, entre hedonista y crematístico»: no quiere una guerra civil ni un leviatán, quiere la esperanza de una vida cómoda y un capitalismo mullido

Compartir:

§9.9 El capital creció hasta no poder crecer más, debe gobernar o irse. El capitalismo hoy abarca a todo el planeta, incluyendo al cuerpo humano. El problema ya no es tanto crecer como gestionar esa subsunción definitiva y sus externalidades (crisis climática, sujetos híbridos, intensidad identitaria). Un problema que nos excede pero nos incluye. Un escenario posible sería que el capital global se quebrase en capitalismos soberanos o imperiales y así se reconstruyera la diversidad (técnica, biológica) a costa de la convivencia mundial. Otra posibilidad es que el capital global se vuelva soberano y gestione la planetariedad para sobrevivir. Finalmente, un caso más especulativo y u/acc sería que el capital se fugara absolutamente: de la ley mediante las criptomonedas; de la naturaleza mediante el transhumanismo extropiano; del planeta mediante la colonización espacial; de la humanidad en los tres casos. En el escenario soberanista seremos provincia de algún BRIC beligerante; en el globalista, parásitos u hormigas del capital planetario; en el posthumano, cromañones en peligro de extinción o náufragos cósmicos. El futuro está abierto otra vez. Los creyentes del capital deben elegir qué nave pilotear. Los otros, también. Ninguna de estas Variaciones fue pensada para un solo candidato: son problemas de quien sea que gobierne. Y de los gobernados.

* Todas las citas están extraídas de Utopía y mercado. Pasado, presente y futuro de las ideas libertarias, compilado por Luis D. Fernández y editado por Interferencias, Buenos Aires, 2023.

Bancate este proyecto¡Ayudanos con tu aporte!

SUSCRIBIRME