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03 de febrero 2024

Juan Di Loreto

QUÉ VES, LA NOCHE DEL MUNDO EN ARGENTINA

Tiempo de lectura: 4 minutos

“Qué triste cantarle al viento / cuando hay que cantarle al hombre”

José Larralde

UNO

El presidente Javier Milei tiene razón: “No la ven”. Pero qué, ¿qué es lo que no ven o vemos? Punto y aparte y volvemos. El problema es lo que estamos muy acostumbrados a ver. Si miramos atrás recordamos largos períodos menemistas y luego kirchneristas. La discontinuidad estuvo dada por Macri y ahora por Milei.

Cuando hay un cambio tan radical de gobierno lo que cambia también es el régimen de lo visible y lo decible de esa época. En todo el transcurso de aprobación en general de la Ley de Bases se vio perfectamente. Porque el que gobierna el Estado también gobierna, en cierta medida, el verosímil de lo que se puede y no se puede hacer, decir… Cuando cambias la lente aparecen otras cosas. Es por esa razón que muchos se fastidiaban con tener que explicar lo obvio. Cuando hay un cambio de verdad lo que tambalea es el sentido común que manejabas hasta ahora. Son las cosas que hacemos sin darnos cuenta, que dábamos por hecho.

Un ejemplo sería cuando quieren privatizar una empresa que no da pérdida, de hecho, da ganancia. Es que no, ese no es el punto. El punto es que lo que está ligado al Estado es lo que está mal. Milei podría decir: no es personal, es al Estado que queremos sacar de nuestras vidas. No importa si el ente o la empresa estatal da millones o es deficitario. Es del Estado. Despojar es la tarea.

Y su otro blanco es la moneda que ese Estado, a través de su Banco Central, imprime: los pesos. Porque como piensan algunos especialistas el cepo sigue porque la verdadera motosierra tiene forma de licuadora. En sí, no hay grandes recortes sino que se pisa o retrasa la entrega de partidas y la inflación hace el resto. Licuar pertenece a toda una familia de palabras como fundir, disolver, derretir y, claro, liquidar. 

Mientras, agazapada, nos espera una convergencia del tipo de cambio y una dolarización o una neoconvertibilidad en el horizonte. Punto. O mejor: Fin.

Pero somos nosotros y el país al que le cuelga la noche. Todas las medidas apuntan a la base de la pirámide social, a convertir a la clase media en baja; el apoyo del presidente se acerca a su núcleo duro de a poco

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DOS

¿La “noche del mundo” estará al caer? La postulaba Hegel, el más grande de los filósofos, cuando hablaba del hombre, que es “esta noche, esta nada vacía, que en su simplicidad lo encierra todo”. No se la puede poner en palabras a esta cáscara que somos. El vacío y el horror. O sí, se la puede poner en palabras, pero son palabras que erran. Pero no se trata de pegar en el blanco, sino de errar como deambular, de meterle para adelante y no detenerse y pensar: “a uno le cuelga la noche del mundo”.

Pero somos nosotros y el país al que le cuelga la noche. Todas las medidas apuntan a la base de la pirámide social, a convertir a la clase media en baja; el apoyo del presidente se acerca a su núcleo duro de a poco. A los que lo votaron originalmente. La mecánica refundacional todavía no llegó a los comedores que tienen más gente y la plata que no llega y ya hay movimientos sociales pidiendo comida en la puerta de los supermercados. Mientras tanto la ministra tiene la intención de recibir de a uno a los que tienen hambre en un ejercicio leibniziano de la función pública.

La noche es más larga si tenés hambre.  

TRES

Aunque reniegue, ahora Javier Milei es un político. De hecho, es el político más importante de Argentina. En ese punto necesita del reconocimiento y los votos para hacer su mandato sustentable. O eso creemos. O el sistema quiere que Milei necesite eso para poder negociar. “Dejate ayudar”, le dicen cierto peronismo y la UCR desesperados por entregar herramientas al gobierno.

Cuando hay un cambio de verdad lo que tambalea es el sentido común que manejabas hasta ahora. Son las cosas que hacemos sin darnos cuenta, que dábamos por hecho

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Por otro lado, en la función estricta de gobierno dan una mano los viajeros en el tiempo de la política argentina: estamos hablando de dirigentes como Daniel Osvaldo Scioli. Todos sabemos que en los mundos paralelos siempre está siendo funcionario, con la pared llena de fotos hace tiempo. Scioli, a quien el kirchnerismo duro siempre lo consideró un Judas, desde tiempos inmemoriales. Lejos de eso podemos creer que en estas circunstancias hombres de Estado como Scioli van a ayudar más que los no iniciados que estamos viendo en otras áreas. Mejor que haya uno que conozca el paño, a que venga otro a romper la mesa de billar. Es así, la política se hace de virtudes, pero sobre todo de necesidades. Porque a la larga, herejes somos todos (o casi).

Más allá de eso, hay ahí una dinámica incomprensible, tal vez por nueva, en donde el gobierno tensa al máximo todo el tiempo. Juega al todo o nada siempre, con la autoconciencia de su debilidad legislativa. Jugar al fleje, al extremo, hay que ver si es un estilo de fanfarronería –blofear como dicen los jugadores de cartas- o es una práctica política.  

La suma cero de esa política se acerca a lo que Lisandro Bregant advirtió hace unos días en el streaming de Ahora Play: Milei no actúa dentro de una narrativa de un líder sino la de “un creyente”. Si uno lo ve a Milei con sus libros, vestido de la misma manera y dice siempre lo mismo. De ahí que sea un político totalmente diferente a lo que estamos acostumbrados.

Licuar pertenece a toda una familia de palabras como fundir, disolver, derretir y, claro, liquidar.

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“No la ven”, es una frase extraordinaria por lo que condensa y proyecta. Y no parece casual. Porque “el que la ve” es justamente el revelado, el que cree y la verdad se le presenta delante. El punto es cuando esta lógica se traslada a lo político. Ver y no ver puede leerse como Bien y Mal, creyente y no creyente. La política se vuelve una moral, con lo cual tal acción o persona se volverá buena o mala según apoye o no tal proyecto.

Sensibilidades parecidas se desplegaron con fuerza hace unos años. Sin solucionar algo, estas moralidades, que visten la ropa de la política, hacen que ese plato de comida esté cada día más lejos, que sea más abstracto, como larga es la noche del hambre.   

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