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28 de septiembre 2023

Florencia Angilletta

PODEMOS FRENAR LA CRUELDAD, ¿PODEMOS?

Tiempo de lectura: 5 minutos

“Cartas en el asunto” es el primer newsletter de Revista Panamá, escrito por Florencia Angilletta, sobre los 40 años de democracia. Aquí la suscripción para recibir quincenalmente los siguientes envíos por mail.

“Cuando cumplí 15 no pedí fiesta ni viajes, pedí dólares”. Es la voz de una estudiante de la UBA. El martes pasado tuvimos una clase diferente porque esta es una semana diferente: este jueves volvemos a salir a las calles. Como en 2015, desde el primer “Ni Una Menos”. Como en 2018 y en 2020, para movilizarnos a favor de la legalización del aborto. Hoy nos nuclea la consigna: “Podemos frenar la crueldad”. La discusión de la clase la abre la lectura de un análisis de las últimas elecciones en palabras de Verónica Gago y Luci Caballero: “Entendemos a quienes votan a Milei desde la economía cotidiana. […] Endeudarse para vivir, estar calculando todo el tiempo el salto del dólar blue, ver desaparecer los ingresos, no es una “narrativa” (con la que habría que coincidir o no)”. Son jóvenes, son estudiantes; tienen, en promedio, veinte años. Son hijos e hijas, literales, de 2001. Salieron de ahí, de ese pacto hecho pelota cuando el Estado confiscó los ahorros, cuando el dueño de un supermercado chino lloró a cámara ante los saqueos, cuando las asambleas fueron la canción de fogón de la década que se quemaba.

Digamos lo dicho hasta el cansancio: el kirchnerismo y el macrismo son hijos de las jornadas del 19 y 20 de diciembre. Pero los que hoy tienen veintipocos son hijos del 6 de enero de 2002, cuando Lenicov firmó el fin de la convertibilidad. Siempre que hay una serpiente es porque hubo un huevo de la serpiente: el dólar oficial arrancó en $1.40, y así arrancó la pesificación (quien depositó dólares recibirá…). “Dolarmanía”, lo nombraron en la clase. ¿Qué tenemos los argentinos en la cabeza? Dólares, porque no siempre los tenemos en las manos. Son como el agua que se nos escurre entre los dedos. Hace veintiún años que un peso no equivale a un dólar y eso trajo una economía que tiene un misil obsesivo: dólares. Mayoría de edad de este quilombo. Porque los patrimonios se cobran en dólares (aunque se paguen en pesos).

Todas conocen a alguien que lo hizo o hasta barajaron la posibilidad de abrirse un Only Fans (básicamente, cobrar por subir fotos en pelotas). Me quedo helada cuando lo escucho. No quiero ser moralista, pero menos quiero ser boluda: estoy delante de estudiantes, jóvenes, que me están diciendo esto. No alcanza “derechización”, “neoliberalismo”, ni “te van a quitar derechos”. Que los dólares salgan del culo: pasaje al acto

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Queremos que vuelva el futuro. Cuarenta años de democracia cumplidos en una época rota. La democracia, querida carta. Bienvenidos/as a un nuevo envío de estas cartas panameñas: esta vez, en el Día de Acción Global por el acceso al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, y en la movilización a Plaza de Mayo, al Congreso y en todo el país.

¿Qué va a pasar el 11 de diciembre? La democracia cumplirá cuarenta años y un día. Lo demás, no lo sabemos. Quizá la única certeza que tengamos sea ésta: la falta total de certezas. Por primera vez, ante una política argentina post 2001 organizada entre kirchnnerismo y macrismo, una fuerza política nueva ha pateado el tablero (La Libertad Avanza) y posibilitado el resultado de unas elecciones –así lo demostraron las PASO– de tercios. Pero escribo esta oración y tengo ganas de borrarla: esto es cierto, sí, aunque es una oración “politológica”. Una explicación por arriba. O trunca. O fallida. O, al menos, incompleta. Porque esa falta total de certezas, la pregunta por ese “11D”, no se explica solo en términos de “representación” o “mediaciones” o como una “cuenta de almacenero” de los votos (que varían entre presidencial y provincial, además, donde LLA no pudo colocar aún ningún gobernador). Nos enfrentamos a un cambio de época. Nuestro qué es esto no es Milei: es la sociedad. Ese pueblo que metió las platas en la fuente del Tik Tok. El orden de los factores altera el producto.

La estrategia de Villarroel en el debate de vicepresidentes fue nombrar cuántos años sumaban los demás candidatos en la función publica. Ésa es su cuenta. La “casta”: dólar al revés son los años en que la democracia no pudo resolver. Discutir su mínimo imponible: 40 por ciento de pobres y una clase media que reza porque hoy el Senado acompañe y ganancias y la ley de alquileres hagan que se afloje –un poquito– el frunce del bolsillo del pantalón. En la conversación aparece mucho la palabra sistema. Sistema y hartazgo. Describen una situación que se repite: el descontento, que aunque laburen no tienen forma de irse de la casa de los padres, que la mayoría quiere carreras de salida laboral rápida y que se pague en dólares. Dan un ejemplo concreto: todas conocen a alguien que lo hizo o hasta barajaron la posibilidad de abrirse un Only Fans (básicamente, cobrar por subir fotos en pelotas). Me quedo helada cuando lo escucho. No quiero ser moralista, pero menos quiero ser boluda: estoy delante de estudiantes, jóvenes, que me están diciendo esto. No alcanza “derechización”, “neoliberalismo”, ni “te van a quitar derechos”. Que los dólares salgan del culo: pasaje al acto.

Alguien dice es una “nueva izquierda”. Alguien agrega: “Está todo prendido fuego que es un salvador”. Para la mayoría es la tercera vez que votan, pero los “mismos de siempre” se contrapone a lo “radical”. Chicas que marcharon por el aborto y lo apoyan. La clase cerró con una compañera que contó de un adolescente que transiciónó y lo va a votar.

¿Qué va a pasar el 11 de diciembre? La democracia cumplirá cuarenta años y un día. Lo demás, no lo sabemos. Quizá la única certeza que tengamos sea ésta: la falta total de certezas

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Los análisis sobre Milei están a un minuto de volverse una teoría sobre los análisis de Milei. Ni resúmenes rápidos con téster escandalizado por aspectos pasayescos de las declaraciones ni realpolitik o incorrección que juega mientras el rugido no está. Pero diremos: las razones de los votantes de Milei, no la racionalidad de Milei. Lo que se cocina ahí. La mayoría de estas estudiantes no lo vota, pero escucharlas es acercarse a comprender esas razones de por qué muchos (muchos amigos, compañeros, otros estudiantes) sí lo hacen. No le entra el mote de “facho” ni de “monstruo” a eso que señalan.

Milei sugirió un “plebiscito”. Villarruel pidió “derogación”. En la plataforma electoral no hay ningún momento en que se diga que se va a ir contra ninguna conquista de género ni contra el aborto en sí. “La defensa del derecho a la vida desde la concepción” sí es parte del programa ideológico. Derecho a la libertad, a la propiedad privada, a la vida. Este programa organiza también las condiciones de corrida al Papa: menos un laicismo liberal clásico –separación de la Iglesia del Estado– y más un ataque a la doctrina social de la Iglesia –ataque a Francisco en lo que lo hace mejor Papa–.

No se vota una relectura histórica de la conquista española. Ni una alteración de leyes civiles. Viva la libertad. Ahora y siempre. Votan a un ministro de Economía. Votan una política económica. Eso primerea: en el principio, los dólares. Arreglame la mayoría de edad, compañero Milei.

Saqué el pañuelo verde del fondo del placard. Aún en diversidad de escenas y alcances, por abajo la sociedad va supurando: las escuelas (nuestro último país normal) van produciendo –incluso en colegios parroquiales o religiosos no católicos– más llegada de la ESI, más contención para quienes transicionan, más apertura. Como pasó con la ley de divorcio, que un día se transformó en una conquista grabada en roca. El aborto no fue solo el derecho al aborto legal: fue la punta de lanza de un cambio de gramáticas, una implosión de vocabularios. Los procesos tuvieron derivas punitivistas, esencialistas, conservadoras, así como explosiones que desbordaron las discusiones en una convocatoria ciudadana tan conflictiva como amplia. Algunas estudiantes piensan convocar a marchar también a quienes van a votarlo. Me dicen que les dijeron “Quizá si tenemos mas plata al aborto lo podemos pagar”. Jarra loca de la época, podemos frenar la crueldad es también la ley del alquileres que este mismo día está entre fuegos. Nos vemos en las calles.

Hasta la que viene.

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