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15 de abril 2023

Juan Di Loreto

LA INVENCIÓN DE LO COTIDIANO

Tiempo de lectura: 3 minutos

I

Hay un momento de la existencia que aparece la pregunta, no cualquier pregunta, sino una pregunta que te “mina”, como decía Camus; que te zumba como una mosca en el oído y no podés dejar de escucharla. La vida pasa mientras eludimos esas preguntas. Caer infinitamente en esas preguntas es también vivir con el absurdo en la piel.

Por qué pasa lo que pasa

Por qué el mundo es como es

Qué es la realidad

Qué es la verdad

Son preguntas que se pueden contestar, pero no tienen la respuesta que uno necesita.   

En el episodio 162 del podcast de Mariana Moyano aparece la pregunta sobre la verdad y la verificación de las cosas a raíz del Papa con campera. Agarramos esa fake de casualidad, pero se nos escaparon miles. La conclusión es que todo lo sólido que creíamos que existía (el dato) se evapora en el aire (la construcción de lo real hoy). Ya no se trataría de ir chequeando todo, una tarea imposible en el flujo informativo en que vivimos. Sino de estar atentos a la producción de verdad. Cuáles son los centros (centros sin centro) de poder donde se hace la cosa que llamamos verdad.

Todo lo que las IA, por ejemplo, hacen estaba disperso y la tecnología las condensó en un momento. Si uno repasa historias las cosas están en la invisibilidad de la dispersión. Pero en un momento todo se junta y estalla

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Ahora bien, cuando escuchaba el podcast se me ocurría una respuesta relacionada a un viejo texto de Lewis Mumford: la preparación cultural. Mariana Moyano se preguntaba por qué esto pasa ahora, en este momento de la historia y una posibilidad puede ser: porque estamos listos para que pase. Parece redundante y tautológica la respuesta: pero todo lo que las IA, por ejemplo, hacen estaba disperso y la tecnología las condensó en un momento. Si uno repasa historias las cosas están en la invisibilidad de la dispersión. Pero en un momento todo se junta y estalla.

Las cosas pero también nosotros estamos preparados. Y bien preparados. La subjetividad autocentrada, o este sujeto acorazado en nuestras tristes certezas que somos, que solo confirma lo que cree, también encaja perfectamente con un mundo que se va evaporando. Porque no es un mundo falso, fake; no parece ser tan simple.

Como dice Foucault: no existe el origen de las cosas, todo es fabricado o inventado por “pequeños mecanismos”. Lo de “inventado” no debe leerse como peyorativo o falso, sino literal. Qué es la humanidad sino una serie de inventos, de relatos, de cuentos. Por eso cuando las cosas “pasan”, el terreno ya estaba preparado de antemano. En lo cultural todo cae por su propio peso. Un ejemplo clásico es el de las videollamadas. La tecnología existía pero la sociedad no estaba preparada para eso. Cuando la privacidad existía no era una tecnología viable.

II

¿Y si lo tecnológico es otra forma de desplazar al Otro? Entre el simulacro y la costumbre del propio sesgo, el otro va desapareciendo del paisaje. El mundo es un mundo que no compartimos con nadie. Dato no mata relato, no lo pone en cuestión. Es el otro el que hace temblar las certezas, por eso es tan necesario. Con las interfaces tecnológicas nos vamos borrando entre todos. Nos reducimos a una interacción con programas, con modelos de lenguaje. Pero hay que entender que para que desaparezca el mundo no es necesario una máquina; el marketing o las burbujas de privilegio en que vive la dirigencia también se han transformando en dispositivos (para Foucault: artefactos para hacer cosas) que borran aquello que pasa (o hacen que olviden lo cotidiano que viven los votantes).

Ya no se trataría de ir chequeando todo, una tarea imposible en el flujo informativo en que vivimos. Sino de estar atentos a la producción de verdad

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III

Y como todo, este mundo que no existe, pero que existe, ya estaba en Borges: “El contacto y el hábito de Tlön han desintegrado este mundo. Encantada por su rigor, la humanidad olvida y torna a olvidar…”, escribe Borges en Tlön, Uqbar, Orbis, Tertius. “El mundo será Tlön”, se lee en el final del cuento. “Tlön” son las IA o las redes sociales o los avatares que usamos a diario o la lejana televisión con la guerra de Irak transmitida en vivo o la prensa escrita del Siglo XX o los cuentos de los juglares o la Caverna de Platón.

Según la época cambiamos de simulacro, pero si todo es simulacro… Así es la realidad, una torcedura, que no existe en sí misma si no a través de las representaciones epocales. “El desierto de lo real”, como decía Baudrillard, y repetía Morfeo en The Matrix.

Siempre es nuestra percepción del mundo, el mundo.

Y nada más.

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