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05 de septiembre 2022

Marcelo Ohienart

EL INVENTOR DE LA SANATA: FIDEL PINTOS

Tiempo de lectura: 6 minutos

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“Polémica en el bar” surge como un sketch dentro del programa “Operación Ja Ja” con el nombre de “La mesa de café” en el año 1963. Fue una creación de los hermanos Hugo y Gerardo Sofovich. Entre sus primeros miembros estaban Carlos Carella, Jorge Porcel, Juan Carlos Altavista, Alberto Irizar y Rodolfo Crespi.

Tal fue el éxito del sketch que terminó convirtiéndose en el clásico programa televisivo en el año 1972. Los que se reunían cada miércoles frente a la mesa de la polémica fueron Juan Carlos Altavista, dándole vida al personaje de Minguito; Adolfo García Grau, un exponente de la clase media; Javier Portales, el intelectual del grupo; Jorge Porcel al inicio, reemplazado por Luis Tasca, otro exponente del hombre común y crédulo y… Fidel Pintos. Completaban el staff Alberto Irizar como el “gallego” dueño del bar y Vicente La Russa, “el preso”, como el mozo.

Permítanme la siguiente introducción, que me la recordó un escrito perdido por ahí, del gran Emilio Petcoff, en la que cita “la sentencia de Pantagruel”, escrita por  François Rabelais en el siglo XVI, para ilustrar de qué va la cosa:

“Que, considerando la horripilación del murciélago declinando bravamente del solsticio estival para cortejar las consejas que han sufrido mate al peón por las malvadas vejaciones de, los lucífugos, inquilinos de los climas que pasan por Roma con una Gimelga, un caballo que se venda los riñones con una ballesta, el demandante tuvo justa causa para calafatear el guante que la buena mujer infló con un pie calzado y otro desnudo, reembolsándose, bajo y roído en su conciencia, tantas bagatelas como pelos hay en dieciocho vacas y otro tanto para el bordador.”

Esto nos demuestra que la “sanata”, no la habría inventado Fidel Pintos.

Sin embargo, y sólo porque sí, en nuestras pampas decimos que fue el creador de hablar y hablar, sentenciando y con seguridad, la nada misma. Ambas manos bajo el “sobaco” del chaleco, los dos dedos índices de aquí para allá, la mirada perdida, el silencio, el gesto inequívoco al respaldarse en la silla como muestra de seguridad, todo eso y más, lo convirtieron en el creador del gran “chanta” argentino-porteño. Ese Fidel de “Polémica en el bar” lo encuentra siendo ya un Capocómico.

Fidel siempre fue muy reservado con sus ideas políticas, todo lo contrario de lo que fue en su vida social

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Empecemos por el principio. Fidel Pintos nació en la Capital Federal en agosto de 1905, fue cadete bancario y empleado del Correo Argentino. Sus primeras pasos actorales los dio bajo la dirección de Domingo Sapelli integrando el grupo teatral “Churrinche”, a la vez que animaba bailes y presentaba orquestas de tango en boliches. Su primer éxito fue la participación en Wunder Bar, una comedia musical, junto a Enrique Santos Discépolo en el Politeama y, después, en el Teatro Solís de Montevideo. Interpretaba a un punguista que la iba de cándido sin serlo.

Por esos años, mediados del ’30, conoce y traba amistad con Aníbal Troilo, a partir de un hecho fortuito: en cierta ocasión faltó una noche al Tibidabo el presentador, ante lo cual Troilo lo anima a Fidel a que lo reemplace. Esa noche, quizás, descubrió lo que más tarde sería su sello. Se mando una arenga tan ininteligible como apoteótica, ganándose el aplauso de la gente.

Porteño de ley, y rodeándose de semejantes personajes, no podía pasar sin ser parte del musiquero argentino, sabía “música de oreja”, decía. Así compuso los valses “Náufrago”, “Te vi partir” y “Andate”, el bolero “Evocación tropical” y el tango “Una copa más”.

En el teatro encarnó personajes como Mesié Canesú, un modisto afrancesado, estrafalario y consejero de inutilidades; también interpretó a Placé, un porteño burrero que siempre tenía la fija, pero que nunca la pegaba. Solía terminar su actuación con la siguiente muletilla: “yo fumo un paquete de rubios y otro de negros… para cambiar la tos, viste”.

De 1948 a 1974, participó en 36 largometrajes, el primero: “Novio, marido y amante”, el último, “Los vampiros los prefieren gorditos”, sin embargo, su consagración la alcanzaría con el sketch “El Peluquero Don Mateo” en Operación Ja Ja. Allí encarnó a un barbero, cuyo cliente era Javier Portales, y por donde pasaba Altavista, que era lustrabotas; Porcel, personificando a un buscavidas que siempre traía ofertas imposibles de resistir; la manicura María Rosa Fugazot; y Alberto Olmedo, que irrumpía en escena cada vez que alguien mencionaba la palabra fuego, interpretando a un bombero que entraba accionando un matafuegos.

La personificación de Mateo y el sanatero de Polémica permitieron que en 1970 fuera Fidel Pintos fuera galardonado con el Martín Fierro a la mejor actuación humorística en televisión.

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Para 1973, el abuelo Américo era muy de esto sí, aquello no. Por ejemplo, en casa se era de Anteojito, no de Billiken. Se era de El Gráfico, no de Goles. Éramos de El Gran Chaparral, no de Bonanza. Se era peronista, no gorila. Se leía la Opinión y La Razón, no La Nación ni Clarín. Siempre Grandes Valores del Tango y Los Intocables, como Polémica en el Bar y El Chupete. En fin, a veces surgían discusiones porque había coincidencias de días y horarios, así que en las propagandas, como mi ubicación en la mesa era la más cercana a la televisión, era el que hacía girar el sintonizador entre los cuatro canales que había. Sí, estaba canal 2, pero había que girar la antena de antemano para verlo.

Recuerdo que estábamos viendo un informe en el noticiero sobre una reunión del General Perón con la CGT, aquella que fue muy famosa porque citó a Fidel Pintos, con aquel latiguillo del cómico: “lo inventé yo”, y por supuesto estábamos ansiosos de ver qué haría Fidel con su personaje en el próximo programa de “Polémica…”, pero no hizo gala de ello. Es más, hay un video en internet de un programa especial realizado por Nicolás Kasanzew en homenaje a Fidel, en el que dan testimonio sus compañeros sobre el hecho y todos coinciden en señalar que se sintió sorprendido pero que no quería hacer gala de ello, a tal punto que lo consideró un elogio desmedido.

Cierto es que ese latiguillo, era recurrente en sus intervenciones: o bien fue el piloto del avión que trajo al país a Perón, o le enseñó a conducir a Reutemann, a boxear a Monzón y hasta le escribió los cinco puntos de gobierno a Héctor J. Cámpora, entre tantos divagues. A veces amagaba con poseer una fotografía como prueba pero nunca aparecía.

Cuenta Gerardo Sofovich que habían establecido que cuando se generaba la pelea al finalizar el programa, Fidel se apartara porque ya era un hombre mayor y así como revoleaban la mesa, “El preso”, “Minguito” y Javier Portales las más de las veces terminaban revolcándose en el piso. Lo que nunca guionó fue la ocurrencia de Fidel de amagar con sacar un arma, parapetado tras la barra, para luego simular guardarla en la heladera. Se le ocurrió una vez, justo lo tomó la cámara, y quedó para siempre.

En ese mismo programa de homenaje, sus compañeros refieren que Fidel siempre fue muy reservado con sus ideas políticas, todo lo contrario de lo que fue en su vida social. Fue famoso por pagar, sin avisar a los comensales, esas mesas interminables post función de teatro, incluso entregar, como hizo con Alberto Olmedo, la posesión de su quinta en Francisco Álvarez sin que mediara dinero. “Me la pagás cuando podés”, le habría dicho. Fue un auténtico manirroto.

Siempre fui peronista. Lo que pasa es que no me gusta mucho hablar de estas cosas. Ahora todos preguntan: ¿por qué no vas a las villas miseria? Y yo voy allí desde hace cuarenta años, pero nunca lo publicité ni quiero hacerlo en el futuro

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Ese Polémica en el bar entre 1972 y 1973, era cita obligada en mi casa. Guardo el recuerdo de mi viejo y el abuelo disfrutándolo. El abuelo decía que “los contreras” no iban a ver más a Fidel porque es peronista. Siempre dudé de esa afirmación, más cuando los que daban testimonio sobre ello, aquellos que fueron sus compañeros de trabajo, decían desconocer la ideología de Pintos.

Sin embargo, hace no mucho tiempo, tuve la grata sorpresa de poder leer un reportaje, que por suerte rescato el sitio web magicasruinas.com.ar, que le hicieran en la revista Siete Días Ilustrados en mayo de 1973. En esa oportunidad, consultado directamente por el tema, Fidel se expresó así:

7D: En las elecciones del 11 de marzo, ¿por quién votó?
FP: Y, sí, voté … Lo hice por el Frejuli. Esa gente viene con buenos propósitos y la respalda una gran mayoría.
7D: ¿Cuál fue su actitud hacia el peronismo durante la época de Perón?
FP: Siempre fui peronista. Lo que pasa es que no me gusta mucho hablar de estas cosas. Ahora todos preguntan: ¿por qué no vas a las villas miseria? Y yo voy allí desde hace cuarenta años, pero nunca lo publicité ni quiero hacerlo en el futuro.
7D: ¿Qué medidas del programa del Frejuli le parecen más imperiosas?
FP: Y, yo apruebo la reforma agraria. Sí se realiza, habría que hacerle un monumento al gobierno. Porque aquí hay mucha tierra y podría ser bien explotada.

¡Peronista y al hueso! Esta vez, sin “sanata”. ¡Gracias por tanto Fidel!

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