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02 de marzo 2024

Lorena Álvarez

CINCUENTA AÑOS REVENTADOS

Tiempo de lectura: 5 minutos

Salvarse, sobrevivir, disfrutar el aquí y ahora, gastar cuando todavía el cuerpo y el alma son jóvenes, ser tu propio jefe o timbear sobre el Titanic parecen acciones y sensaciones que describen a la perfección este presente agitado y sin miras de futuro. Aunque, increíblemente, estas sean las principales líneas argumentales de “Los reventados”, el libro de Jorge Asís escrito en 1974, novela que este año cumple sus maduros, y más actuales que nunca, cincuenta años.

El tan ansiado regreso de Perón en 1973 es la excusa perfecta para un desfile de personajes que bien podrían haber protagonizado un film noir dirigido por John Huston o Billy Wilder, o tal vez reemplazar a Ricardo Darín en esa joya cinematográfica de la trampa llamada “9 reinas”, de Fabián Bielinsky. Pues lo que el libro transmite, además, es el espíritu indeleble de la porteñidad, de una gran urbe, que cambia de piel, pero no de mañas. Un relato donde los reventados de verdad nunca dejarían sentarse a su mesa a simples “transgresores módicos”, ya que para salvarse o sobrevivir en este país solo se debe ser osado o resentido.

Los posters de Perón

Dos hombres caídos en desgracia acuciados por las deudas, ven en el regreso del viejo líder la oportunidad de dejar atrás su presente de angustia económica y pasar al frente. La posibilidad de vender en Ezeiza, el suelo que pisará el General luego de años de exilio, unos posters de éste abrazado a sus caniches -con la zanahoria del peregrinaje asegurado de millones de personas- los hace endeudarse aún más sin preguntarse siquiera, ¿qué puede salir mal en esta aventura?

Olvidándose de la máxima que siempre repite su autor cuando ejerce de analista político: “todo, pero todo, indefectiblemente, en este país termina mal”. Un mantra que parece ser el sino de la Argentina, antes y ahora. Es así como los protagonistas toman el riesgo y se embarcan en la única posibilidad que les queda para salir de la mala. Perón, el pueblo en las calles y un souvenir que puede ser su balsa.

Con la sagacidad del que nunca tendrá una herencia y ha trabajado de lo que no le gusta, puede captar la desesperación de la deuda como pocos

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Los otros 70

Analizar los 70 ha sido casi el deporte nacional durante todo lo que va de este siglo XXI. Sin embargo, la mirada en tiempo real de Jorge Asís por momentos puede ser mucho más rica que la historia masticada por el presente, por la elaboración de la historia académica, ya que lejos de cualquier pátina épica o dorada, esos años que vivimos en peligro son relatados con la ironía de quien mira todo sin ninguna ilusión, abstraído hasta del propio encanto de una época idealizada en ese mismo instante.

Un lugar, la distancia, es el sitio donde el autor se siente más cómodo para contar su historia. Aunque en un pasaje de la misma, a través de un personaje que tiene mucho para ser pensado como su alter ego, el negrito Rocamora, también termina emocionado hasta las lágrimas. Es que, ante una columna de montoneros correntinos, el cínico Rocamora lloriquea entre esos jóvenes a los cuales -en más de un pasaje- les derrama críticas punzantes. Es que “todos tenemos derecho a la sensibilidad, aunque en breve retomemos nuestro descreimiento”, parece decir ese personaje cínico que no siente compasión casi nunca por nadie en toda la historia. Ni siquiera por él mismo.

Si “Flores robadas en los jardines de Quilmes” es un gran retrato pícaro de los 70 militantes, “Los reventados” es una gran foto económica para entender el devenir de un país que también amó el “deme dos” de la dictadura, disfrutó el vaciamiento de los 90 al son de tener “un peso igual a un dólar” y hoy puede gritar “¡viva la libertad, carajo!” mientras se enreda en estafas piramidales.

Es que los reventados de Asís podrían ser tranquilamente los abuelos de las chicas que aman los telares de la abundancia o de los jóvenes que venden cursos para invertir y ser millonarios. Hacer guita es la religión oficial de este país, aunque cada generación crea que es la piedra basal de la historia.

Tarzanes en una jungla donde si no devorás te degluten, estos feligreses de la iglesia de “pegarla y disfrutar la vida sin jefes ni horarios” indica que si bien los decorados cambian -la avenida Corrientes hoy ya no es lo que era- la sensación de dar vuelta la taba se mantiene intacta. Basta con ver hoy a chicos en edad de cursar la secundaria apostando on line desde sus celulares en plena clase de historia, para confirmar que en cada crisis nacen nuevos reventados. O, mejor dicho, se reproducen. Los reventados son una cosecha que nunca se acaba.

Jorge siempre Jorge

Criado en la extensión del Conurbano, que para que los viven en otras provincias puede confundirse con porteñidad, Jorge Asís es de los escritores que entiende como nadie la no pertenencia. Parado sobre el Puente Pueyrredón puede armar historias donde conviven exitosos de la picardía, besadores de lona e intelectuales que quieren enredarse con los sobrevivientes.

Con la sagacidad del que nunca tendrá una herencia y ha trabajado de lo que no le gusta, puede captar la desesperación de la deuda como pocos. La angustia, el pedal hasta pasar el chubasco, la trampa piadosa hasta alcanzar el saldo del déficit, son detallados de una manera que hace que un libro que cumple cincuenta años tenga una vigencia emocional indiscutible. La deuda no solo es externa para los habitantes de este bendito suelo.

“Los reventados” llegan a su cumpleaños con la satisfacción de tener de herederos a una legión de jóvenes capaces de cualquier cosa -apuestas, only fans, criptos, esquemas de Ponzi- para alcanzar el sueño de vivir rápido y bien

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Lo que cambia es apenas casual. Pues la ciudad aún guarda en las sombras a todos esos tramposos que ayudan a pasar las tormentas. Arbolitos, cambistas de cheques, préstamos de tenor usurero, pero esta vez en locales que prometen hacerte zafar del desastre de no pagar la tarjeta, podrían ser la nueva escenografía de un libro que si fuera reescrito cambiaría solo de venta de ilusión. De las fotos del General y sus caniches a tratar de expender cursos sobre criptomonedas. El país donde se vende una ilusión y se rifa el corazón todo el tiempo.

Si “Cuaderno del acostado” es la Biblia del caído que sueña con volver y vengarse de los que no le dieron una mano, este libro es la foto perfecta de la desesperación. Del trabajo mezclado con la rosca, de la informalidad antes que fuese tema de debate dentro de la economía.

Es que, entre golpes de suerte o desgracia, osadía, resentimientos profundos y angustia, “Los reventados” llegan a su cumpleaños con la satisfacción de tener de herederos a una legión de jóvenes capaces de cualquier cosa -apuestas, only fans, criptos, esquemas de Ponzi- para alcanzar el sueño de vivir rápido y bien, mientras el mundo se derrumba.

O, al menos, poder sobrevivir sin ser devorados por reventados de bocas más ambiciosas. En un mundo, que desde los años setenta demuestra que el sueño del esfuerzo y el trabajo que proporciona cubrir todas las necesidades es una utopía cada vez más lejana, este libro pinta como pocos el violento oficio de sobrevivir. Así que, ¡feliz cumpleaños, reventados!

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