08 / 07 | Política

UN PODEROSO CAMIÓN DE GUERRA


La llegada de Macri al poder desautorizó algunas verdades del paladar negro que habita en la boca marcial del profesionalismo político: que un partido sin territorio no puede ganar, que una fórmula porteña para la nación no camina, que la implantación foránea de candidatos en la provincia de Buenos Aires era un suicidio electoral.

Si Durán Barba ganó el único partido que podía ganar y entonces estas verdades de la fe partidista permanecen, o si los resultados electorales disparan el olfato de los políticos hacia un reajuste modernizador a la hora de repensar ciertas formas y fondos de la política es algo que ni la elección ni los primeros seis meses de Macri pueden definir, pero revisar la capa árida (o sea, institucional) de estos días de gobierno nos puede ayudar a ver si hay otras verdades, ahora ya del manejo del poder y de la gobernabilidad ( del uso “político” del Estado) que Macri haya podido “desautorizar” , no ya solo para ahuyentar el fantasma del no-gobierno sino para atisbar la idea embrionaria de una módica hegemonía.

Aquel primer paso en falso al designar en comisión a dos jueces de la Corte inculcó una noción: Macri tenía miedo de ir al roce político en el Congreso, enfrentar la microfísica negocial de la minoría, se venía el gobierno a decretazos. Pero esa “espera” para ir a la cita legislativa ocurría a la sombra de una gimnasia institucional heredada muy aceitada: el ducto entre el PEN y los gobernadores, que Macri no dejó un segundo sin funcionary que provocó la primera fractura legislativa del peronismo kirchnerista. En este sentido, Macri se vio beneficiado por el uso político de un canal “kirchnerista”: el presidente está 70-30 a favor en el manejo de fondos con los gobernadores, y haya sido miedo o espera lo que motivó la elusión del Congreso, esa noción se disolvió por el mero uso del cauce estrictamente ejecutivo.


Macri explota un trazado ajeno, hecho por la “política” del peronismo. Desde 1983,  la fisonomía del Estado ha pasado por varias mutaciones: de muy particular modo, tanto las gestiones de Menem como Kirchner lograron fortalecer y expandir la autoridad política y la capacidad del Estado nacional a la hora de administrar “la caja”. Alfonsín no contó con este instrumental que ahora sí encuentra Macri: 1983 no es 2016, ni la idea de un gobierno no peronista en relación a este manejo político de los fondos puede ser la misma que se tuvo para valorar a los gobiernos radicales. Hay una robustez preexistente en el manejo de la caja estatal  y de la costumbre “administrativa” (la timba de los ATN, las atribuciones presupuestarias “transitorias” pos-2001) que en la práctica compensa cualquier falta de expertise política que Macri no tenga en ese rubro.

"1983 no es 2016"

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Una primera conclusión: Macri está en mejores condiciones que sus antecesores “no peronistas” a la hora de usufructuar políticamente la inercia weberiana del estado que deja el peronismo.

Se dijo desde las fauces del paladar negro de la política: la realidad empieza en marzo. Paritarias, sindicatos, la suerte del ajuste y del capital político del gobierno parecía jugarse su batalla final en esas horas agudas que expresaría la tan argentina contenciosidad social.

La vara férrea del 25% que insinuó Triaca como política del techo paritario quedó rápidamente evaporada por las prioridades fiscales de Macri con una falsa reforma de Ganancias (que irritó a los sindicatos) y despidos en el sector público que diluyeron la posibilidad de una agenda política hacia los gremios, algo que en perspectiva puede ser leído como un error no forzado que evoluciona a decisión concreta bajo la aparición de uncálculo político: Macri decidió explotar políticamente la noción “ñoquis del Estado” para fidelizar con su base electoral y gran parte del voto extra que sumó en el balotaje, entendiendo que parte del costo político que iba a pagar por no convocar al sindicalismo y extender el riesgo de los despidos a una zona del sector privado se compensaría parcialmente dejando fluir el canal de las paritarias libres.

Ahí también Macri usa un cauce ministerial preexistente, fraguado por el peronismo (Duhalde-Kirchner a través de Camaño-Tomada) bajo la costumbre administrativo-política de las paritarias libres, y si bien no lo fomenta en una mesa política ante los sindicatos, tampoco lo obstaculiza en la práctica ejecutiva: los sindicatos del sector privado terminan cerrando paritarias anuales de 35% y semestrales del 21% promedio; aquí Macri se vale de otra inercia ministerial para intentar reducir el costo de una falta de política inicial que, en el camino, se transforma en una decisión defensiva de poder muy consciente.

Este dispositivo desplegado por el gobierno no alcanzó para evitar pagar un costo: la movilización del 29 de abril dio cuenta de un malestar que abarca a varios afluentes sociales de la organización sindical y que explica la movilización levemente política de las regionales de la CGT, especialmente en el GBA, para catalizar a favor de una futura representación peronista los efectos del ajuste. Todavía se trata de un proceso inconcluso, porque la idoneidad sindical para absorber adhesiones no tiene una traducción idónea y unificada en la trama partidaria del (pan) peronismo político.

Esa es otra ventaja temporal para el gobierno de Macri: no hay una traducción política del ajuste. La contundencia que pudo tener el sindicalismo a la hora de diagnosticar y movilizar se vio bastante diluida por la respuesta política que tuvo la discusión de una ley antidespidos en el Congreso: allí también el macrismo hizo correcta “politiquería”, y ante una votación desfavorable, optó por hacer sancionar una ley abstracta y declarativa del kirchnerismoque luego facilitó la “benignidad” del veto presidencial.

"Esa es otra ventaja temporal para el gobierno de Macri: no hay una traducción política del ajuste."

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Una segunda conclusión: en el territorio inhóspito del manejo de la puja distributiva, Macri optó (ya sea por error o por convicción) por no escenificar una política ante los sindicatos y que los costos sean parcialmente compensados, salarialmente a la baja pero sin una escalada de la conflictividad social, a través del siga-siga de las paritarias libres.

Quizás sea en el manejo político de la macroeconomía donde las previsiones electorales de un gobierno de Macri hayan sido más fieles: una tendencia al atajo fiscal-monetariopara manejar el ajuste y la inflación por encima de las variables productivas que estaban disponibles para hacer una “sintonía fina” que moderara el impacto sobre el poder adquisitivo.

Sin embargo, y visto desde una lógica cortoplacista que siempre tuvo en mira la administración política y pragmática de las decisiones económicas para que “no hagan crisis” sobre la psicología electoral (una mecánica que se fraguó bajo el “accionar peronista” del partido del orden), el gobierno de Macri también exhibió algunos éxitos defensivos: la salida del cepo no provocó una corrida al dólar y la toma de deuda pos-arreglo con los holdouts es también una herramienta política para morigerar el ajuste que Macri parece dispuesto a usar.Una tercera conclusión: Macri “gobierna” el ajuste.

Si estos seis meses sirven para reconocer que Macrihace política y fija un estándar de gobernabilidad a partir de un manejo correcto de la costumbre política que reside en la capacidad instalada del Estado, no es menos cierto que la fluidez de este proceso obtiene gran parte de su “ganancia política” a causa de los graves problemas de representación en el peronismo que deja la hegemonía kirchnerista.

Este peronismo en busca de un autor(un problema “intelectual” que no se compensa con la “fe partidista” de un peronismo reunificado a la hora efectiva de fijar una nueva representación frentista que permita la obtención del poder) es otra ventaja temporal queMacri manejó con solvencia a través del tándem Frigerio-Monzó, con la colaboración táctica del peronismo “electorable” que queda en la cancha y busca despegarse de los errores políticos derivados de la abstinencia de poder del kirchnerismo y ciertos sectores del PJ bonaerense. Sin economía a la vista y en el lugar opuesto a la antipolíticamarcospeñista (quizás la zona más rancia y ociosa del estado macrista, el partidito del 24%), es el área política de la gestión Macri lo que muestra las mayores virtudes en el semestre inicial.

Además del uso político de la inercia weberiana del Estado “peronista”, hay una decisión política preexistente de Macri que ayudó al gobierno a desalentar una escalada obstruccionista del peronismo en la oposición: Cambiemos es una coalición electoral, pero no es una coalición de gobierno. Hay una exclusión total de la UCR y la CC en los resortes de los P.E.N. nacional y bonaerense, absolutamente derivados al conchabo de tercera línea. Gobierna el PRO, hace política el PRO. En el “mundo pro” hay poca afinidad operativa con la visión que tienen los radicales del poder.

La memoria política de Macri se cierne sobre una experiencia concreta: el Grupo Socma, que reflejala evolución del toma y daca pragmático y moderno entre burguesía y Estado durante los ’70, ’80 y ‘90. Si el sindicalismo fue el refugio para la militancia territorial peronista durante la dictadura, Socma fue la granja de recuperación laboral para un conjunto de cuadros peronistas de clase media obsesionados por repensar, en espera de la democracia, una nueva representación para que el peronismo volviera a ser poder sin su líder fundador: la Renovación Peronista.

Esa convivencia de Macridefine el germen de lo que es el PRO como estricto partido de gobierno: una confluencia práctica entre política y tecnocracia que ve en la expresión partidaria efectiva de los valores republicanos de libro (UCR-CC) una historia de inutilidad en la acción estatal que se indispone con los valores vidriosos que aseguran la gobernabilidad moderna (Menem, que genera la norma virtuosa del partido del orden) bajo suelo peronista. Macri margina a los radicales para galvanizar un canal institucional hacia el panperonismo, y para eso necesita que su gobiernodeba mostrarse a imagen y semejanza del peronismo en las zonas álgidas de la gobernabilidad. Frigerio-gobernadores, Monzó-congreso, Ritondo-policía bonaerense, pero sobre todo, María Eugenia Vidal-electorado PBA.

"La memoria política de Macri se cierne sobre una experiencia concreta: el Grupo Socma"

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Ahora bien: Macriestableció estos recaudos con el objetivo de sostener un grado competitivo de cohesión electoral en 2017. Consiguió una gobernabilidad que le permite llegar al 2017; si las amortizaciones políticas del ajuste disminuyen, el dosmilunista “Macri se cae, no aguanta” pasará a ser el argumento de los testimoniales.

La pregunta que queda por hacerse es si Macri puede, con esta dosis de gobernabilidad, armar una hegemonía. Hasta ahora Macri usó el Estado (ese poderoso artefacto militar hecho para los tiempos civiles de paz)para sostener un esquema de compensaciones sociales básicas al ritmo de la partitura del ajuste. Hay actores sociales deliberadamente excluidos de los incentivos como la clase media baja y las pymes.

Para lograr una hegemonía, el gobierno de Macri debería expresar una voluntad política expansiva, con un Estado más político “creador de sintonías finas” que habiliten representación, y un discurso político que documente la incorporación social de gran parte del voto prestado del ballotage. También necesita que la balcanización panperonista de hoy se mantenga y tarde en encontrar un autor. Como se ve, a Macri le faltan elementos políticos para una hegemonía pero tiene al Estado,  que como vimos en estos primeros seis meses de gobierno, es prácticamente con lo único que se puede hacer política en la Argentina.

 

 


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1 Comentario

  • Fc says: 8 julio, 2016 at 21:10

    Que significa P.E.N? Saludos!

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