18 / 08 | Política

NO ESTÁS CIEGO SI NO VES DONDE NO HAY NADA


Es el economicismo estúpido!

No solo en las filas del kirchnerismo sino también en las del oficialismo se le temía a una secuencia a la que se le acordaba la misma vigencia que la ley de gravedad: que el malestar económico que no es novedoso ni parejo pero es creciente tendría una interpretación antigobierno. Filisteismo! Diría Lenin. Justo en el país de la batalla cultural permanente vinimos a olvidar que el sentido de la crisis económica se construye y que la discusión política de estos dos últimos años la vino ganando el gobierno. La baja en la confianza del consumidor, la erosión de los ingresos, los problemas de empleo no eran los únicos datos. La información cualitativa, la teóricamente más despreciada de las despreciadas ciencias sociales, y la más tenida en cuenta por el gobierno, permitía intuir que era necesario y posible disputar el sentido otorgado. Lo hicieron, y lograron que la interpretación se volcase fuertemente a a favor de la tesis: es culpa del CFK y de los “70 años de peronismo”. Pero no sólo el kirchnerismo sino el conjunto del círculo rojo entendido como el ámbito de los que tienen cierto estilo de consumir información política suele mantener vigencia absoluta de piezas de razonamiento de validez relativa. En ese círculo se rutinizó el análisis y se cedió a una proyección lineal y en piloto automático.

"Justo en el país de la batalla cultural permanente vinimos a olvidar que el sentido de la crisis económica se construye"

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La elección que soñaba Monzó, ganada con la política de Marcos Peña


El aumento de las tarifas en medio de la campaña electoral y el clima creado por el círculo rojo y la intoxicación electoral hizo pensar que Cambiemos se encaminaba posiblemente a un traspié innecesario que rehabilitaba las tesis de Emilio Monzó: el político preferido de los sommeliers de política que no hacen política y al que se le atribuye la intención de consolidar el proyecto de Cambiemos siendo cuidadoso y amplio ganando aliados. Por fuera de la sombra distorsiva del economicismo hubo otra apuesta. Cambiemos pareció asumir un rumbo vertiginoso y excluyente que privilegia la fuerza propia y no ahorra medidas polémicas ni riesgos electorales. La apuesta que es más a la relación directa con un electorado creciente y a la verticalización de los aliados ha pagado y con creces: Cambiemos  ganó como si hubiese sido amplio sin deberle nada a nadie y quedó habilitado para promover la agenda más propia posible. ¿Podrán ir ellos por todo tal como se lo propusieron otros? No lo sé pero no desde ya que a todo el mundo le resulta difícil aprender y no hay una ley de simetrías históricas que funcione como sucedáneo de la “justicia”.

"Emilio Monzó: el político preferido de los sommeliers de política que no hacen política"

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Adiós horizonte 2001

El gobierno dejo de temerlo, una parte la oposición no deja presentirlo. Lo que ha sucedido en los últimos meses es la liquidación casi definitiva de la idea, compartida por todo el círculo rojo, de que el mundo empieza y termina en 2001. Como si la historia se hubiese repetido alguna vez algunos vivieron con temor o esperanza un tiempo mítico que va del ajuste y la protesta al renacer, el crecimiento, la distribución y la afirmación de la identidad latinoamericana. Al romper el tegumento que encerraba las percepciones en ese tiempo mítico Cambiemos rompió una hegemonía y comenzó a explorar otra. Ahí el gobierno asumió que había ganados las elecciones mientras la oposición sigue oscilando entre la nada y la segunda venida de Cristo.

La-Grasa-de-las-Capitales-r

Temer/Madurismo para [email protected]

Asombra, preocupa, da miedo e impotencia cuánto se acomodó el conjunto de la clase política a operar con standards bajísimos de consenso y de legitimidad democrática. Tal vez ese sea uno de los grandes rasgos del pos-pos-neoliberalismo en la región. El temer/madurismo de las elites enfrenta la problemática social con agresividad y metonimia: allí donde hay un reclamo hay una ilegitimidad y un sujeto a denigrar. No hay protesta justa: la masa de excluidos puede ser descompuesta en un sinnúmero de sujetos despreciables sobre los que ninguna violencia es mucha: no sólo aparecieron nuevos rótulos negativos como mafiosos, terroristas o planeros; la mácula de la indignidad resignifica categorías sociales enteras: industrial textil, pobre o pibe ya llegaron a ser estigma.

En ese contexto la protesta social enfrenta dilemas estratégicos. El patrón exitoso generado desde fines de los 80 y exitoso en los inicios de los 2000 no va más, al menos sin transformaciones. Sus adversarios lo leyeron, lo neutralizaron y lo instrumentan a su favor. Los modos deben ser otros en formas, logística y alianzas sociales. Pero también enfrenta graves problemas el voto popular: apartheid y ultraje al régimen electoral y sus mecanismos van de la mano. Se aprovechan de la falta de nobleza de los perjudicados.

"allí donde hay un reclamo hay una ilegitimidad y un sujeto a denigrar"

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Si se puede!

Hegemonía es dirigir poniendo las preguntas, definiendo los lugares de circulación, instituyendo los premios y sanciones, activando las piezas de razonamiento válidas. Duhalde sufrió la vigencia de una pieza de la anterior hegemonía: matar no es un medio de hacer política. En la nueva hegemonía se puede recoger aspiraciones, demandas y deseos desplazados, se puede ganarle sistemáticamente al peronismo, se puede priorizar el interés de los que ajustan con el bolsillo ajeno, se puede reprimir, ganar elecciones y encubrir una desaparición. Una autopista permite un progreso espiralado y maldito: las alegres transgresiones de los de otrora son las habilitaciones con las que los de hoy doblan la apuesta.

No hay peronismo del peronismo

Si alguna cosa hay que tirar a la basura es la metafísica peronista de café o de congreso de análisis político. Hay veces que cuando los peronistas se pelean no se reproducen. El peronismo pierde donde no perdía nunca y gana con cada vez más dificultades donde ganaba siempre. En condiciones como las actuales, en que Cambiemos construye una nueva hegemonía, ni el peronismo ni la oposición no peronista pueden esperarlo todo de los errores del gobierno.

"Si alguna cosa hay que tirar a la basura es la metafísica peronista de café"

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Para las oposiciones todo es más difícil en un país cuyo régimen político y electoral crean disimetrías enormes entre el partido que triunfa en la presidencial y el que pierde. Solían compensar esas disimetrías el hecho de que si el perdedor es el peronismo cuenta con tradiciones, organizaciones y recursos que le permiten aguantar desde el llano. Ahora no es así. El peronismo está dividido, sin voluntad ni capacidad de reconciliarse y, en la mayor parte de los casos, jugando una pantalla atrás de Cambiemos: sin scanneo de la sociedad, sin coordinación y con un patrón de respuesta basado en el olfato, la pura táctica y la pretensión de vender como “tiempismo” y sagacidad la abulia, la trayectoria errática y la interiorización de todos los condicionamientos.

El antikirchnerismo mueve multitudes 

El antiperonismo de Cambiemos no solo retoma una historia de “70 años”  sino que se actualiza, redefine y adquiere potencia a la luz de la lectura crítica y para nada infundada del kirchnerismo. Puede que le señalen sus errores para impedirle sedimentar históricamente sus aciertos. Pero lo cierto es que hay bases para enrostrarle una serie enorme de limitaciones, errores y bajezas que buena parte de la sociedad llevará grabadas por años en el significante vacío de las bolsas de López. La identidad política de Cambiemos se hizo más nítida y más eficaz con la asunción de un antiperonismo renovado que no es su único trazo identitario pero sí una de las mediaciones más eficaces de su imaginario. A la luz del antikirchnerismo se relee no solo la historia sino fundamentalmente le economía y el sentido del futuro.

"La identidad política de Cambiemos se hizo más nítida y más eficaz con la asunción de un antiperonismo renovado"

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Unidad Ciudadana: Bilardismo sin resultados

Unidad ciudadana recompuso selectivamente la hererogeneidad de la tradición kirchnerista. De un lado la estética que implicaba autocrítica e incluso la explicitación de una autocrítica que demostró que no se caía el mundo si algo así se hacía. De otro lado el decisionismo de siempre legitimado en la mezcla rara de pragmatismo, apuro “porque Macri”, emocionalismo para cientistas sociales que descubrieron la crítica al cartesianismo. Bajo la premisa de que “no les va a quedar otra cosa que votarnos a nosotros y entonces para que concederles”  perdieron cuatro de cinco elecciones y no tienen la más mínima idea de porqué ganaron la de 2011. En ese contexto la orientación electoral de Unidad Ciudadana, destinada sobre todo a obtener el desagravio de los votantes que se consideraban propios, obtuvo lo que podía obtener: menos de lo que esperaban. Todo esto no quiere decir que el kirchnerismo no sea una realidad política, uno de los peronismos en disputa y una reserva de energías civiles capaces de intervenir en la constitución de una oposición. Pesará más cuánto más inteligente sea o a través de la transmisión de esa experiencia en otros espacios.

No estás ciego si no ves donde no hay nada.

Y si no hay alternativas a lo que está mal no es que lo que está mal está bien o que porque sería bueno que haya algo entonces debe haberlo. En escala menor, más acá de donde nos encanallecimos y mas allá de la frontera maltrazada hay tareas y sujetos con los que rehacer el entusiasmo y los compromisos.

"si no hay alternativas a lo que está mal no es que lo que está mal está bien"

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