03 / 02 | Literatura

ALBERTO FUGUET, OTRA LATINOAMERICA


2016 fue el año en el que Alberto Fuguet volvió a las librerías y pantallas argentinas. Se editaron sus dos últimos libros de manera simultánea (Sudor y No Ficción) y en la última edición del BAFICI se presentó su película de cinco horas de duración llamada Invierno. Fue un año de alta exposición para el escritor que anduvo por toda América presentando sus obras. Todas relacionadas entre sí. Personajes que se cruzan en papel y en celuloide. La película y los libros funcionan independientemente uno del otro, pero si se leen los dos libros y luego se ve la película (disponible en cinepata.com), el universo del chileno se amplía y se transforma en una gran obra.

Fuguet decidió volver de la manera que mejor sabe, pateando el tablero del establishment literario y cinematográfico con sus obras. El autor de “Mala Onda”, recibió a Panamá unos días antes de que termine el año un mediodía de calor en Santiago de Chile.

Hasta la Trilogía Sudor/No Ficción/ Invierno tus personajes no tienen el acto sexual tan incorporado, tan a flor de piel. Y de pronto vos volcás todo ahí adentro. ¿Por qué creés que se produce ese cambio?


Fuguet: No sé, la suma de cosas deduzco. Pero a mi me cae muy bien. Y me muero de ganas de volver a eso. Yo no se si ya puedo volver. Creo que logré hacer algo sin querer, obviamente. Igual yo podría discutir línea a línea si los personajes tenían pulsaciones sexuales. Era como un planeta de la represión. Yo creo que eso estaba en mis personajes y estaba en mi. Y a mi me gustaba, había algo en el ser solo. En el ser único, en el ser un lobo solitario. E Invierno es como la culmine de la soledad mas que lo de lo asexual.

"Hay muy pocas películas de escritores buenas"

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Hay una secuencia en Invierno que me fascina, es toda la escena del escritor que se suicida escribiendo en una habitación. Solo.

Fuguet: En Invierno yo quería filmar una escena de alguien escribiendo que algún escritor o alguien que ha escrito sintiera que era verdad. Y filmar la escena de escritura como si fuese una escena de sexo. Que fuera lo mas erótica o bonita. Que se viera bien. Que el actor se viera casi como una estrella. Que fuese como un videoclip, en el buen sentido de la palabra. Además, me parece que en todas las películas es muy burda una escena de escritura. Hay muy pocas películas de escritores buenas.

¿Cómo fue la progresión de la trilogía?

Fuguet: Primero fue Invierno, a pesar de que Sudor partió mucho antes. Invierno fue un proyecto tan inmenso, casi limítrofe. No fue para nada caro, pero fue un gasto de energía enorme. Fue multiplicar todo por tres, lo que menos se multiplicó fue el rodaje por que todo se filmó en catorce días.

Básicamente surgió Invierno y a partir de ciertos personajes con los que me encariñé, la idea fue hacer un universo. Además, yo parto de la premisa que nadie vio Invierno, así que en Sudor es como que algún día alguien va a ver Invierno y va a poder conectar. Un poco lo que a mi me pasó con Sudor y No Ficción es que yo siento que ha lo ha leído mas gente o ha tenido mas prensa y ha tenido mas ruido mediático que la película. O sea que en diez años pasé de una película como Se Arrienda que la vieron 150000 personas en Chile, mas millones de personas en la red, a ser un Carlos Labbé. Con todo lo que yo me río de Carlo Labbé. Porque el mundo ha cambiado mucho en diez años. Por eso mis dudas sobre si voy a seguir filmando o no. Me da un poco de pereza hacer una película y que la vean ocho personas. Porque yo se que me van a leer ocho, u ochocientos, u ocho mil. En el caso de Invierno yo creo que el cine ya se hundió. Aunque Invierno hubiese sido una película de dos horas.

¿Vos pensaste mas en Invierno como la estructura de una mini serie?

Fuguet: No, pero sí lo pensé como una especie de miniserie literaria. O sea, para que la pudiera ver un público de ese tipo.

Un chico de veintipico que pudiese decir, hoy veo por Internet la primera parte de Invierno y mañana la segunda y así…

Fuguet: Sí, pero también me parece que Sudor era para la gente que lee sagas de Harry Potter o que no le tiene miedo a las series tampoco. Yo creo que alguien que ve series no debería tenerle miedo a un libro largo. Porque saben que pueden ir parándolo también. Que no es obligación leerlo en una hora.

"Me da un poco de pereza hacer una película y que la vean ocho personas"

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La idea en la trilogía era explorar deseo, sexualidad, conexión… Y en Invierno hacerlo mas sutil porque si yo iba a filmar sexo ya se iba a convertir en Porno y era meterse en otros terrenos. Me parecía mas bonito hacer una historia de amor platónico. Tengo la teoría de que Invierno es una suerte de Vértigo masculino. La historia de un chico que se enamora de otro que está muerto.

Y creo que hay algo que se entendió mucho mejor en Argentina que en Chile. Que estos tipos se querían. Eran como vaqueros. Que la película era como un Western.

Invierno viene un poco también del mundo que a mi me toco explorar cuando yo estaba haciendo el libro de Andrés Caicedo. De alguna manera, Alejo (el escritor) es Caicedo, José (el mejor es amigo de Alejo) es Luis Ospina y la hermana de Alejo es una de las hermanas de Caicedo. La mas buena onda. Pero que de alguna manera dedicó su vida apostando a su hermano. Y los dos terminaron súper contaminados con Caicedo.

MC ONDO

En el año 1996 Alberto Fuguet editó McOndo. Un libro que recolectaba nuevas voces del continente y trataba de contestarle al canon literario reinante. Debido a esa obra, Fuguet se ganó muchos odios. Hoy ese libro esta descatalogado por decisión de Fuguet.

Yo leí Mala Onda a los 16. Y me pasó algo. Sentí que había otra literatura escrita en castellano. Mas urbana, mas individual. Alejada del boom latinoamericano. Escritores como vos, como Fresan o Ray Loriga. Lo cual me lleva a McOndo.

Fuguet: A mi me pasó lo mismo que te paso a ti, no hay mucha diferencia. Simplemente que lo hice por escrito. Creo que no hay que darle mas vueltas. McOndo no viene de grandes reflexiones o grandes deseos de cambiar el mundo. Yo sentía que no podía ser el único y a lo mejor yo tenía claro que no había tantos escritores de supuestamente este mundo de McOndo, pero yo tenía clarísimo que había lectores. McOndo es del año 1996. En esa época en Chile, en Argentina, en Paraguay, en Uruguay seguro y en Lima había un montón de gente latinoamericana que escuchaba música en ingles, que leían ciertas revistas y veían televisión.

Ahora, podía ocurrir perfectamente que tu escucharas The Smiths leyendo a García Márquez, pero llegaba un momento en que tenía que producirse una escisión. Sobre todo en Argentina que era un país que había producido mucho mas rock y un cine mucho mas “progre”. Por ejemplo, las telenovelas estaban apoyadas en la calle. Y además Argentina había creado a Puig. Antes había esa bipolaridad que te obligaba. Yo me quedaba mucho mas con Charly García que con Mercedes Sosa. Ahora con el tiempo yo me he dado cuenta que no hay razón para elegir entre Mercedes Sosa y Charly. Los dos son argentinos. Y también creo que Pimpinella es súper argentino. Y ahí es donde entendió todo Puig. Yo creo que Miranda sería la banda favorita de Puig. Y son muy neoyorquinos, pero a la vez son muy argentinos.

"podía ocurrir perfectamente que tu escucharas The Smiths leyendo a García Márquez"

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Yo creo que McOndo nunca se entendió del todo bien, a mi me parece que McOndo nunca quiso reemplazar al realismo mágico. Simplemente ofrecer como el primer esbozo de un nicho.

¿Y no lo sentiste como una respuesta a cierto tipo de literatura?

Fuguet: Sí, obvio. Pero no se si era tan parricida como la gente cree que era.

 ¿Y porque nunca decidiste reeditarlo?

Fuguet: Porque se mal interpreto mucho a propósito. Y yo ya tenía suficientes problemas. Ya mis propios libros me causaban bastantes problemas. La verdadera historia secreta de McOndo, por así decirlo, yo quería ver si tenía pares. Yo ya había escrito una novela como Por Favor Rebobinar que hablaba sobre los medios y la cosa seguía con García Márquez. La idea de que América Latina tenia que ser como decían “los otros”. Y claramente no era lo que yo escribía. Y a partir de ciertas anécdotas (como las cosas que me sucedieron en Iowa), me pedían que escribiera como “latinoamericano”, que me vistiera como “latinoamericano”, etc. Y entonces surgió la idea de McOndo. Que era como un chiste, buscar pares y molestar un poco. Pero solo un poco. Yo quería poner unas bombitas, pero no desatar un “aparato de represión”. Yo quería llamar la atención, pero no quería que nos “mataran a todos”. Entonces yo me encontré con un monstruo que era una reacción de izquierda muy fuerte. La peor gente.

Una reacción de una izquierda retrógrada.

Fuguet: Y sobre todo de Estados Unidos. De la academia, de NYU, de Filadelfia… Pero claro, el mundo cambió. Y la gente entiende que en Chile o en Panamá o donde sea hay de todo. Y que en México Juan Gabriel es tan mexicano como Rulfo o Café Tacuba.

Entonces todos eso me agotó. Y los posibles escritores que yo quería que fuesen como mis amigos, la mayoría no estuvo de acuerdo con la presentación. Como no había Internet en esa época, nadie leyó el prólogo y el prologo causó muy mal.

Y no volví a editarlo por que yo la pasé muy mal, lo tengo asociado a un período muy oscuro de mi vida. El prólogo está en todas partes. El libro está en suficientes bibliotecas claves y además los cuentos no me gustan mucho tampoco. Y me parece que tengo el derecho a hacerlo y me parece divertido. Dejándolo como un libro maldito. McOndo fue tan terrible para mi que arruinó mi carrera, yo he sido muy poco traducido debido en parte a ese libro.

Vos fuiste al Taller Literario de José Donoso. Que fue uno de los escritores del boom latinoamericano.

Fuguet: Por eso me siento con mas autoridad de poder decir que las cosas no son blanco y negro. Donoso era parte del boom y no lo era. Odiaba y tenía celos. Era una persona muy conflictiva. Y allí trabaje Mala Onda con él y su respuesta fue muy buena.

Supongo que aprendí muchas cosas de Donoso. Y de alguna manera estar con alguien que yo sentía tan famoso y él se sentía tan poco famoso. Donoso se sentía muy avasallado por los otros. Por la fama sobre todo de Vargas Llosa, Fuentes y García Márquez. Sentía que él estaba en un equipo de fútbol en el cual siempre estaba en el banco. Y cuando uno analiza a Donoso para nada es un “perdedor”. Pero el se sintió un perdedor por que no era el que mas vendía, no era el que ganaba mas premios. Hoy me parece que está bueno que no exista nada parecido al boom. Yo no me siento representante de Chile, por ejemplo. Siento que hay miles de representantes de Chile y el verdadero representante de Chile es Bolaños.

"Hoy me parece que está bueno que no exista nada parecido al boom"

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En tu libro Apuntes Autistas, hay algunos textos muy interesantes. Por ejemplo, una suerte de “reconciliación” entre vos y García Márquez y un texto elogioso sobre Isabel Allende.

Fuguet: Es que yo creo que uno puede disentir y no odiar. A mi me parece que García Márquez es un escritor mucho mas importante que yo. Que “la logró”, ya la hizo. Es premio Nobel. El mas autor mas vendido del mundo quizá. 100 años de soledad ha vendido millones. Pero no por eso yo tengo que escribir como él. O admirar todo lo que el hace. La verdad que a mi me gusta lo que hace García Márquez. Me entretiene, me parece que funciona. Pero no me conecta a nivel visceral, no es mi autobiografía, no es el grupo de mis “pares”. No es el tipo de literatura que yo recomendaría.

E Isabel Allende de alguna manera tiene algo que ver conmigo. La casa de los espíritus fue el primer libro importante en español que yo leí y fue un best seller increíble acá en Chile. El único libro anti Pinochet que se leyó durante la época de Pinochet y básicamente lo que yo dije al leerlo fue “esto es como García Márquez pero en Chile”. Esa era mi opinión, necesariamente no era una opinión negativa. Pero sí me llamó la atención que yo no sabía que se podía copiar tanto, y que uno podía salirse con la suya. Yo no podía creer que la habían dejado. En incluso fue como una revelación para mi. Uno podía copiar y ganar premios. Entonces yo comenté algunos años después que yo quería hacer un libro como La casa de los espíritus, pero sin los espíritus. Y yo siento que lo he hecho ha sido eso. Hacer libros chilenos que puedan conectar con el público chileno pero que todo el mundo en Chile pueda estar leyéndolos.

Por eso cuando me pidieron que leyera a Isabel Allende traté de leerla sin los prejuicios. Y cuando leí Laura mi tesis final sobre ese libro fue, ¿en qué momento Isabel Allende a diferencia de Puig se transformó en una escritora estadounidense? Y creo que juzgarla como Latinoamericana es errar. Y porque hay que tomarla como una escritora de éxito estadounidense creo que lo que ella hace es literatura de clase media estadounidense. Y ahí su mejor libro es Paula, sobre su hija. Libro que hasta ese momento, y creo que todavía hoy, no se escriben en América Latina. Porque la gente tiende a escritores como Piglia, prefieren usar la mente mas que el corazón. No se habla sobre cómo Josefina Ludmer me arruinó la vida sino sobre cómo “tal autor” me la salvó. Entonces hay cosas que todavía son tabú en América Latina. Como la primera persona, como los sentimientos. En ese sentido me parece que Isabel Allende se convirtió en una escritora estadounidense y solo hubiera escrito Paula siendo estadounidense y no como latinoamericana.

"yo no sabía que se podía copiar tanto, y que uno podía salirse con la suya"

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CAICEDO Y ESCANLAR

Dos escritores muertos se cruzaron en el camino de Alberto Fuguet durante los últimos años, el colombiano Andrés Caicedo, sobre el cual el chileno participo en su biografía llamada Mi cuerpo es una celda, y el uruguayo Gustavo Escanlar. Sobre este último escribió un libro llamado Todo no es suficiente. Una pieza rara y difícil de conseguir.

Hay una operación literaria que vos produjiste con Andrés Caicedo. Gracias a eso mi generación descubrió un autor que contaba que en Colombia estaban pasando otras cosas además de Aracataca. Pero con Gustavo Escanlar, otro escritor muy interesante, todavía eso no sucedió.  Esa operación que realizaste con Caicedo que fue exitosa. Con Escanlar, ¿el tiempo dirá?

Fuguet: El tiempo dirá. Primero es distinto suicidarse a los veinticinco y ser bonito que caer pulverizado a los cuarentitantos. Además, Caicedo contó con mucha gente que lo apoyó antes que yo. Yo me negué a aceptar que Caicedo solo fuera un productor Caleño. Incluso me decían que ni siquiera podría funcionar en Bogotá. Y creo que se reunió gente más inteligente alrededor de Caicedo para intentar resucitarlos. Además de Fabián Casas y yo.

Escanlar es una figura mucho mas controversial. Estéticamente mas fea. Y la diferencia es que Caicedo fue apolítico, mientras que Escanlar trató de ser una bestia de la derecha y eso todavía en el Cono Sur es muy difícil de perdonar. Y al final la gente elige qué odiar. Yo quedé muy impactado con su muerte porque fue el primero de mi generación que murió. Y me dio rabia porque me di cuenta que murió por los excesos de la televisión.

Hay una gran diferencia. Caicedo no tuvo viuda. Y es difícil enfrentarse a una viuda. La viuda de Escanlar quiere borrar un poco la historia de Gustavo y en Uruguay me cerraron las puertas. Tampoco es el fin del mundo. No es Estados Unidos, no es China, ¿Y que se puede hacer? Hay que saber cuantas batallas vas a dar. El año pasado me invitaron a Uruguay. Yo dije perfecto, pero si va el libro de Escanlar. Me dijeron que no. Perfecto, no voy. Chau. Pero yo creo que hay que esperar, los libros tienen su manera de llegar y eventualmente en Uruguay van a aparecer gente que lo lea y le va a dar curiosidad.

Y ahora yo me doy cuenta que sin querer provoqué tres hechos internacionales. Con libros sobre figuras que causaron ruido y esos libros serían Mi cuerpo es una celda, que al principio le costó mucho, le fue súper mal en Colombia. Mi impresión es que hubo algo de sabotaje. Yo creo que tuvo algo que ver la hermana de Caicedo, que en el fondo es algo muy provinciano. No importaba que ese libro se vendiera bien en Chile o en Argentina, no quería que se vendiera en Colombia. Similar a lo que pasó con Puig en General Villegas. Y en todos los casos está el tema del fantasma gay. El tema del cual no se quiere hablar. “Andrés nunca fue.” Yo todavía no sé lo que era, pero claramente era un chico perturbado.

Y en el caso de Escanlar lo mismo, no era el periodista ideal, no era el escritor de cuentos que Uruguay quisiera tener como para lucirse.

"Hay que saber cuantas batallas vas a dar"

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Y después ahora con Carlos Fuentes. Yo había tocado al hijo como una posible idea de un poeta maldito y eso cayó mal. Terminé amenazado de muerte.

MALA ONDA

En 1991 Fuguet publicó su primera novela, Mala Onda. Una historia narrada a través de los ojos de Matías Vicuña, un adolescente de clase media alta en la Chile Pinochetista. La novela fue un éxito y la empatía de buena parte de los jóvenes latinoamericanos de los noventa con su protagonista.

Si hay algo que caracteriza a Matías Vicuña durante toda la novela es una enorme bronca y una enorme tristeza que él no transmite. Como en muchos personajes literarios tuyos.

Fuguet: Es cierto. Lo ve el lector. Pero Matías no la quiere mostrar. Para no quedar vulnerable creo yo. Bueno, Boys Don’t Cry, ¿no? Yo creo que siempre intuía que debía existir gente así en la calle. Gente que no está del todo integrada, que tiene algo que los hace distintos. Ahí uno puede elegir ochenta temas, ¿no? Por qué usan anteojos, o son gordos, o son gay, o son extranjeros, o son hijos de inmigrantes, o son los pobres. La gente elige en el abanico de la diferencia en que tema está.

A mi me ha ido súper bien con los jóvenes, Mala Onda lo siguen comprando chicos de 17 años y yo siento que no tengo nada que ver con ese mundo. Pero los chicos se me acercan con los ojos llorosos, sienten que Matías es ellos. Y eso me llama mucho la atención.

Yo tenía la sensación de que el final mas obvio era muy obvio para mi gusto. Y era un final que no me convenía como escritor tampoco. Ni como escritor ni como persona. El final mas obvio era que Matías se suicidara. Me parecía que el personaje suicidándose en la bañera de un hotel era un buen final, pero matar a Matías era matarme a mi. Me pareció que era mucho mas creíble y mucho mas real el tener que “adaptarse”. Tampoco sabemos que le va a pasar en cinco años.

Lo único que hay de la segunda parte de Mala Onda, llamada Matías Vicuña es un primer capítulo en la antología Juntos y Solos. ¿Qué te llevó a rechazar escribir Matías Vicuña?

Fuguet: Creo que fue una idea de dejarme seducir por los demás. Que podía ser divertido retomar un personaje como ese. Pero la verdad es que ya no lo conocía a Matías. No sabía donde estaba, o yo estaba en un lugar muy distinto. Ya no podía conectar con el. Yo creo que la segunda parte de Mala Onda puede ser Aeropuertos. Me pareció peligroso revivirlo.

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