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12 de diciembre 2023

Florencia Angilletta

WELCOME TO THE JAGUAR HOUSE

Tiempo de lectura: 5 minutos

“Cartas en el asunto” es el primer newsletter de Revista Panamá, escrito por Florencia Angilletta, sobre los 40 años de democracia. Aquí la suscripción para recibir quincenalmente los siguientes envíos por mail.

Finalmente llegó. Fue 10 de diciembre y se cumplieron 40 años de democracia. En el “balance”, la efeméride fue más de la sociedad –de una parte de la sociedad que la recordó en programas, libros o en este mismo newsletter– que de la política. Le hicimos la fiesta y nos faltó el cumpleañero. O fue casi como ese cumpleaños que pasó silbando bajito. Milei no lo nombró en su discurso de asunción, tampoco lo retomó con énfasis ninguno de los integrantes de LLA durante sus declaraciones del domingo ni hizo mella en los actos. Apenas en algunos tuits se deslizó. ¡¿Y dónde están nuestros 40 años de democracia?! Los 40 años de democracia en este aniversario sonaban más a casta que a pueblo. Ése es el hilo roto: el hilo de Ariadna.

Pero un gobierno es mucho más que un gobierno y el Estado tiene su inercia, su rueda, incluso para los que no le gustan o lo detestan. Llegó la asunción y ahí estaba Milei, en el museo de las instituciones: las firmas, los mandatarios internacionales –Boric, de Chile; Peña, de Paraguay; Lacalle Pou, de Uruguay; Noboa, de Ecuador; y la presencia del ucraniano Zelenski, entre otros–, la banda presidencial, el bastón de mando. En esos pocos minutos de “transición”, casi teatralización de la gastadísima frase de Gramsci –cuando lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer–, Cristina dio indicaciones como quien muestra la casa mientras lo seguían detrás él y su hermana, Karina Milei. Era el acto de investidura formal, la jura; la entrega de los “atributos”, en cambio, surgió en los sesenta como un elemento ceremonial. Y se mantuvo. Asumir en el Congreso sí es una marca de la gestión del kirchnerismo: la última vez que el traspaso del mando se realizó en la casa de Gobierno fue en 1999.

Le hicimos la fiesta y nos faltó el cumpleañero. O fue casi como ese cumpleaños que pasó silbando bajito. Milei no lo nombró en su discurso de asunción, tampoco lo retomó con énfasis ninguno de los integrantes de LLA durante sus declaraciones del domingo

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Mirar las fotos y los videos de las asunciones como si se tratara de un álbum familiar. Alfonsín tuvo que adelantar su fecha de asunción y él le eligió la partida de nacimiento a la democracia. El día fue deliberado: coincidía con la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en 1948. Luego, cinco meses antes de lo previsto, Menem asumió el sábado 8 de julio de 1989 –en el video de la jura puede escucharse “Viva la memoria del General Perón”, mientras lo hacía–. Y reeligió. Fue De la Rúa, en 1999, quien volvió a la unción radical: juró el viernes 10 de diciembre de 1999. Después, lo que ya sabemos: 2001, cinco presidentes en casi una semana, Duhalde, y la asunción de Kirchner el 25 de mayo de 2003 (Kirchner también rompió el protocolo y se bajó a saludar, así tuvo el famoso golpe en la frente con que se recuerda su día cero). Cristina, como De la Rúa, volvió al histórico 10 de diciembre. Dos veces. (En la primera, cuando Néstor le colocaba la banda, él dijo por micrófono “nunca pude aprender el protocolo”, y esa fue su última frase como presidente). Después siguió Macri, y luego Alberto. Cada asunción tiene su época y sus colores encima. Y la fecha, el 10 de diciembre, ahora rubricada: la tradición ha sido institucionalizada.

Tuvimos nuestro nuevo 10. Llegó un presidente sin hijos, con una pareja reciente con quien no convive, y con la hermana –también sin descendencia– como primera dama. Y con los perros en el bastón del mando: un bastón del yo. La época nos chocó encima. Porque Milei es, de hecho, el mundo que ya sucede. La “campaña del miedo” tenía también una cuota de verdad: el miedo ya estaba acá. Estrolado. La sociedad cambió, el mundo del trabajo cambió, el mercado de alquileres cambió, la vida cambió. Las leyes, desde luego, resguardan un horizonte mínimo; cuál es ese horizonte, cuán mierda más todo pueda hacerse es la gran pregunta.

El discurso de asunción de Milei comenzó con la voz colocada y el “hola a todos” característico. Primero, la gente. Lo que siguió es lo que les toca decir a los que lo que giran el timón: “Hoy comienza una nueva era en Argentina”. Y lo que viene tras el giro: el racconto histórico. La forma de contar la historia. Generación del 37, volver a la constitución, una constitución liberal. Y diferenciarse del “colectivismo” que genera pobreza. El grueso fue pasar en limpio las cuentas y marcar el riesgo hiperinflacionario. “No hay solución alternativa al ajuste”. Lo dijo tres veces. E insistió que tampoco hay debate shock o gradualismo: no hay margen ni tiempo. La plaza no fue multitudinaria –la fuerza de la plaza también quizá sea un cambio de época– aunque fue contundente. Familias, sueltos, chicos. Un domingo de calor, la cara de 100 dólares con Milei, las remeras de “no hay plata”, la liberación de precios.

La sociedad cambió, el mundo del trabajo cambió, el mercado de alquileres cambió, la vida cambió. Las leyes, desde luego, resguardan un horizonte mínimo; cuál es ese horizonte, cuán mierda más todo pueda hacerse es la gran pregunta.

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“Milei, querido, el pueblo está contigo”. Su discurso de asunción fue, principalmente, una clase de economía. De su economía. ¿Querían que cambie? Bueno, acá está. En el medio puede saltearse la Ley Sáenz Peña o los derechos laborales básicos. “La propuesta sensiblera progresista derivará en una hiperinflación que llevará a la peor crisis de su historia”. “La clase política deja al país al borde de la peor crisis de la historia”.

Alfonsín fue ungido en la multitud. Los colores de la bandera, el sello de la cartelería “RA”. La democracia era un sueño eterno. Pero sobre todo Alfonsín fue un lector de la sociedad: se había opuesto a Malvinas, llegó con el discurso sobre la dictadura al día –cuando hacerlo suponía un enorme riesgo– y encarnaba la renovación de su partido. Milei es alfonsinista en este punto: es un lector de la sociedad. Le escuchó las pesadillas, el bruxismo, la bilis. “Vamos a vivir en libertad, de eso no queda duda”, lo dijo Alfonsín. Lo dijo Milei. La noche anterior a la asunción hubo un velatorio al Banco Central.

Milei terminó de ser candidato (para lo que no había dudas que se había destacado) y empezó a ser presidente (para lo que siembra dudas hasta para los propios). Tuvo su domingo, su asunción, fue ungido en su plaza –que pide ser leída en sus términos y no como plaza del otro–. Fue capaz de nombrar a Roca que lo habíamos sacado hasta de los billetes. Grado cero del Estado. En el saludo del balcón desde la Casa Rosada, antes de hablar, señaló con el dedo y tocó los cimientos como diciendo “es de ustedes”. Estaba junto a su hermana y Fátima Florez, aunque claramente el centro era él. Al comenzar cantó la canción “Yo soy el león…”. Tuvo su plaza.

Milei es alfonsinista en este punto: es un lector de la sociedad. Le escuchó las pesadillas, el bruxismo, la bilis. “Vamos a vivir en libertad, de eso no queda duda”, lo dijo Alfonsín. Lo dijo Milei. La noche anterior a la asunción hubo un velatorio al Banco Central

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Macri ganó con “no te vamos a sacar nada de lo que tenés” y gobernó con gradualismo (todo lo que pudo). Macri coincide con Milei más de lo que Milei coincide con Macri. Milei ganó con lo que trajo hasta acá, y de qué será capaz ahora se irá viendo en estos primeros días cuando se terminen de conocer las medidas económicas. Cuando sepamos de qué lado de la motosierra nos encontramos. Del que corta o del cortado. ¿Sólo él será quien corta?

Cuando entró al Colón, comenzó la gala y sonó “Balada para un loco” en la voz de Raúl Lavié. Feliz cumpleaños, democracia. Despidamos al viejo mundo que se va. Quizá, cuando estas líneas se publiquen, tengan aún menos sentido que ahora. Pero que lo que se fue, se fue: no hay dudas. Y nos preocupa mucho lo que viene. Welcome to the jaguar house.

Hasta la próxima.

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