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01 de septiembre 2022

Leandro Beier

VOY A DERRUMBAR MI CASA Y EMPEZAR DE NUEVO

Tiempo de lectura: 5 minutos

(Algunas notas sobre Better Call Saul)

De alguna manera todos tenemos seteado el american dream. Aunque no tengamos en claro su historia, su filosofía exacta, sus condiciones de posibilidad. Existe como consumo cultural en todos lados: clásicos del cine, series, libros, discos, publicidades, mercancías, etc. Incluso por la negativa, tenemos  muchas coordenadas para entender la contracultura de la american way of life. La literatura beatnik por ejemplo. Howl de Allen Ginsberg con su himno desafinado, el grito animal disruptivo como poema para dar flujo vibrante a lo que el encorsetado sistema de vida americano de clase media encorsetaba, moralizaba, reprimía.

O más adelante, Raymond Carver, buscando los tipos de a pie que se quedaban afuera del sistema. Veamos la adaptación cinematográfica del cuento de Carver Porqué no bailás, renombrada Un perdedor sin suerte con Will Ferrell como protagonista. La historia: un desempleado, clase media declinante, alcohólico, despedido del trabajo, divorciado. Vive en su patio delantero con sus cosas por no poder mudarlas. El devenir de su barrio de clase media alta se convierte en un espectáculo extraño. Lo “normal” queda hecho pedazos, como una palabra que de tanto repetirla pierde sentido. Ahí está la mirada de los que se quedaron al lado del camino.

Siguiendo con la jarra loca de referencias culturales, la serie Mad Men muestra el triunfo de ese camino. En las oficinas de Madison el sueño está cumplido. Don Draper construyó su imperio sobre el encanto de la mercancía. Donde hay una necesidad surge un deseo. La receta de la coca cola (literalmente).

La historia: un desempleado, clase media declinante, alcohólico, despedido del trabajo, divorciado. Vive en su patio delantero con sus cosas por no poder mudarlas. El devenir de su barrio de clase media alta se convierte en un espectáculo extraño

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Pues bien, todo para decir que Better Call Saul también podría entrar en ese género del  american way of life por otros medios o american way lado B. Jimmy Mc Gill (luego Saul) crece a la sombra de su hermano, un abogado exitoso dueño de un estudio legal imponente en sociedad con Hamlin otro abogado, aparentemente, ganador de todo. Jimmy debe ganarse un lugar en ese contexto, en el ninguneo permanente de un hermano que castiga con mandato y decepción permanente. Jimmy es disfuncional desde joven. No encaja. En ese sentido el abogado recibido por correo de la Universidad de Samoa podría ser también un personaje de la picaresca peronista de Jorge Asís. Un busca. Ahí también hay algo que nos une a esta historia. Jimmy vivía al límite (de la ley y del desierto), surfeaba ola tras otra. Crisis tras crisis, destrucción y reinvención. Arrodillado adentro de una tumba que le cavaron después de secuestrarlo y tener un inodoro como un trono de oro. Ser argentino es por defecto vivir un poco así: suerte, circunstancias y viveza. De hecho en esos cruces maravillosos de internet, circulaba un meme que emulaba un anuncio de Saul Goodman abogado resolviendo problemas legales linkeado con Saúl Menem (también abogado) resolviendo problemas inflacionarios. 

Un dato no menor. Jimmy  es de Albuquerque, Nuevo México. El interior yanquee. Es un provinciano: sus camisas y trajes coloridos, su auto destruido, su música, sus comerciales que tranquilamente podrían pasar hoy en un canal de cable del conurbano o en BVC Bahía Blanca. Jimmy porta la estética de la periferia -la serie explota ese recurso con una belleza notable, basta ver las intros hermosas al estilo VHS- pero, sobre todo, lleva sus herramientas, reivindicaciones, astucias de los que se construyen lejos del centro.

Jhonny Mc Gil devenido en Saul Goodman (ese trayecto lleva seis temporadas que no se pueden resumir acá) trabaja con los que el sistema deja afuera. Delincuentes juveniles, ancianos, estafadores, etc. Saul se mueve en la banquina, de hecho cuando pudo ir por la ruta asfaltada del progreso (lo contratan de un estudio importante) siente el vacío total. La vida, pareciera decir Saul, primero por circunstancia, pero después por elección, está en el quilombo. Por supuesto, eso tiene un precio y se va de las manos.

Pero, a todo esto lo transforma también el personaje fundamental de la serie. Kim Wexler. Kim en principio parece ser el contrapeso moral para Jimmy. Se quieren, tienen un vínculo, pero ella va por otro lado. Trabaja para el estudio HHM, maneja casos gigantes, es una abogada exitosa. El punto es que de a poco su mirada se va transformando. Y la astucia, los manejos de Jimmy, no solo empiezan a llamar su atención. Le gustan. Kim cambia, o se reencuentra consigo, se da cuenta que por fuera del mundo corporativo, en esa banquina de la defensoría pública y de los casos menores, los casos perdidos, los casos de los que no tienen recursos, los casos que Saul atiende en su oficina primero montada atrás de un centro coreano de estética, son movilizantes. Una noche de copas Jimmy invita a Kim a timar a un millonario. Usan nombres falsos, le hacen pagar los tragos, se quedan con algo de dinero. Ambos, juntos, ahora son invencibles. Kim también era una provinciana con aspiraciones, problemas de infancia, vida dura. Comparte con Jimmy la necesidad profunda de ser “alguien” con menos herramientas que sus colegas privilegiados. Ambos son increíblemente inteligentes. Su venganza contra el mundo es esa: compensar con astucia lo que el mundo les niega. La venganza de los perdedores.

Arrodillado adentro de una tumba que le cavaron después de secuestrarlo y tener un inodoro como un trono de oro. Ser argentino es por defecto vivir un poco así: suerte, circunstancias y viveza

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El montaje en la última temporada comienza con secuencias flashback-presente. El pasado en colores, el presente en blanco y negro. La intensidad tuvo su precio. Kim y Jim se deben distanciar, en el manejo de casos turbios Saul queda enredado con los narcos y se vuelve eje central de la operatoria de Walter White (Breaking Bad). Hechos trágicos de por medio, la distancia primero trae la culpa: Kim confiesa información relevante para un caso de homicidio en el que indirectamente estuvieron involucrados, mientras Jimmy finge una nueva vida gris y apagada en donde es atrapado. Kim también había abandonado todo y está en una vida en blanco y negro: un marido aburrido, un trabajo aburrido, un día igual al otro en un loop intrascendente.

Su vínculo estalló. Se separan, se distancian, se rompen por dentro, renuncian a todo y después de ese proceso extenso (y que regala actuaciones memorables como Kim explotando en llanto en un colectivo sola, tan sola que la mirada del resto se vuelve pesadamente incómoda, pero qué actriz increíble Rhea Seehorn), desde ese lugar se pueden volver a encontrar. Sobre el final Jimmy quedó preso, Kim lo visita (como su nueva abogada) y el único color de la escena es la brasa de un cigarrillo que comparten. Durante las seis temporadas fumaron un cigarrillo juntos después del trabajo. Esa brasa los redime. Entonces, puede que esto haya sido una fábula contracultural de la american way of life. Que la serie se encastre y actualice esa tradición, lo cual ya es un montón y parece de una calidad y espesor por demás logrado. Pero superpuesto a eso hay una comedia dramática y amorosa que propone una fisura en un sentido común higienista, atóxico: para que el amor viva también es necesaria la destrucción. En Better call Saul el amor también es una lucha, el amor es dolor, es tristeza, es quiebre y también al final, una lucecita que puede prender el fuego otra vez.

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