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16 de enero 2024

Pablo Milani

RODRIGO ABD: “LO QUE MAS ME GUSTARÍA ES NO PERDER EL ENTUSIASMO, LA SENSIBILIDAD”

Tiempo de lectura: 15 minutos

Es un fotógrafo argentino nacido en Buenos Aires. Trabaja en la Associated Press desde 2003. Fue ganador dos veces del Premio Pulitzer, la primera vez  por su cobertura de la Guerra Civil en Siria y luego por el conflicto bélico Rusia-Ucrania. La muestra “La cámara afgana” en el Centro Cultural Borges explora sus días en Afganistán, una exposición que aborda la realidad, sus tradiciones, los paisajes y las costumbres de un pueblo cuya historia y  presente son casi desconocidos en esta parte del mundo. Se la puede visitar hasta marzo.

¿Cómo comenzaste en esto? ¿En qué momento te diste cuenta que la fotografía podría ser un medio para vivir?

A mí siempre me gustó hojear el diario. Yo vivía en Adrogué y mi viejo lo compraba todos los días. Era algo que estaba muy presente en mi casa. Me acuerdo cuando fue el Mundial ´86. Yo recortaba las fotos y en cuadernos iba pegando las fotos para hacer una especie de álbum de registro periodístico. Después a mí me gustó siempre mirar noticieros, desde siempre. Así que después del secundario empecé a estudiar Comunicación Social. Y al poco tiempo pasó algo que para mí fue fundamental, resulta que mi hermana  hacía viajes de mochilera junto a su novio y a mí me pareció fascinante. Eran tiempos donde todavía no había Internet, así que tenías que poner tu mente en acción e imaginarte todos esos viajes por Bolivia o Perú. Y así fue como fui organizándome mis viajes como mochilero yo también. Hubo un viaje que hicimos por todo el norte incluyendo Chile, Bolivia y Perú. Mi madre tenía una cámara Olympus, con batería y rollo y a mí me encantó, quedé fascinado porque se me abrió un mundo visual de todo tipo. Entender que mi mundo suburbano de Adrogué era mucho más amplio de lo que yo pensaba, mucho más diverso, con otras culturas, costumbres, maneras y modos de vivir. Fue muy fuerte. Volví de ese viaje y una amiga me dijo que había un curso de fotografía en la escuela de cine de Avellaneda. Yo ya había terminado el CBC en la UBA y cuando empecé ese curso entendí que a través de la foto podía vincular las dos cosas, el periodismo con la fotografía. Y fue ahí que empecé a comprarme mis primeras cámaras, interesarme por libros de fotógrafos de guerra. Desde ese momento a mí me pareció muy interesante saber que alguien podía cubrir un conflicto. Te estoy hablando del fin de una época, que es a fines de los años ´90. La recesión con el fin del menemismo y el comienzo del gobierno de la Alianza. Las protestas contra el fin de un modelo agotado. Me acuerdo que en la Facultad de Sociales había mucha movilización. En el centro de estudiantes cuando había alguna manifestación iba con mi cámara y de alguna manera me empezaba a vincular no sólo con ese mundo de Latinoamérica, sino también con una conflictividad argentina. Entonces en ese momento hice un curso en Argra (Asociación de Reporteros Gráficos de Argentina) y me armé un porfolio de fotos. Tiempo más tarde, desde un teléfono público, empecé a llamar por teléfono a varios diarios y nadie me atendía, hasta que una mujer del diario La Razón me atendió y me dice venite. Entonces me fui hasta la redacción, en Barracas. El porfolio era lo poco que yo había hecho en ese momento. Y la primera nota que hice fue de Turf en San Isidro. Tuve la suerte de arrancar en un momento donde La Razón empezó con un modelo innovador y que de alguna manera irrumpió en los medios argentinos que fue la entrega gratuita del ejemplar en los transportes públicos. Necesitaban gente y me sumé a ese equipo y para mí fue un momento revelador. Así que yo me tomaba el tren todos días hasta la redacción desde zona sur y después cuando volvía veía cientos de personas viendo mis fotos con el diario en la mano. Era una distribución masiva, que era lo que me interesaba. Yo llegué a la fotografía por el periodismo, no llegué sólo por la fotografía. A mí nunca me interesó mucho la fotografía como medio de arte, aunque no estoy en contra de nada. Pienso que cualquier tipo de fotografía es importante. Ese diario se repartía masivamente y tanto es así que Clarín lo terminó comprando y desguazándolo porque empezaba a competir con un modelo que atentaba contra los grandes diarios de ese momento. Para mí ese fue muy importante porque vi que la fotografía tenía cierto impacto.

¿Cómo era la dinámica de trabajo?

Yo trabajaba a la tarde y cubría más que nada la zona fría; espectáculos e información general. Era un diario vespertino así que lo que hacíamos era un poco cosas que estaban pegadas a lo que iba a pasar al otro día. Pero también me ha tocado tener que ir a la mañana para cubrir a algún compañero y ahí la adrenalina era de locos. El cierre era a las 12 del mediodía. No había Internet así que teníamos que llegar corriendo a la redacción, revelarlo rápido y el editor elegía las fotos y las recortaba en el momento.

La misma foto que te conmueve de la Revolución Mexicana, la Guerra Civil Estadounidense, el desembarco de Normandía o el bombardeo a Plaza de Mayo en 1955, eso no cambió nada porque en realidad sigue siendo un click

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¿Empezaste a disfrutar de eso?

Sí, me gustó tanto que dejé la carrera de Comunicación y además empecé a hacer cursos con otros fotógrafos que me gustaban y hacía doble turno. En ese momento estaba solo y si algo puedo decir que no creo que sea bueno, sí que me he dedicado mucho. Ahí empecé a hacer esos trabajos que a mí me gusta hacer porque la estructura de un diario no te permite moverte demasiado. Así que empecé a meterme en unos talleres sobre arte que estaba haciendo el Borda, después hice un trabajo con la gente del subte que hace el mantenimiento a la noche. Y eso era todo clandestino porque en realidad no se podía, así que cuando venían los supervisores me escondía. Después fui al Cotolengo Don Orione también. Entonces ahí empecé a descubrir que podía ser parte de lo que pasaba en la calle, en la agenda periodística, pero también me permitía explorar lugares marginados o no tan conocidos y tener un hilo narrativo creado por mí. Que la fotografía podía ser un medio para contar cosas como hace cien años atrás o más, cuando a través de una foto había una historia. Algo que no requiere más que un recorrido visual y un pequeño epígrafe con un pequeño texto. Siempre me gustó escribir pero nunca supe cómo hacerlo. La historia fotográfica tiene que ver con elementos, son lenguajes diferentes.

Una vez que encontraste tu camino, ¿Qué seguiste haciendo?

Cuando Clarín compró La Razón y despidió al 80% de los trabajadores a mí no me despidieron pero ya no quería estar ahí. Además, ahí conocí a mi novia que ahora es mi mujer. A ella la despiden y yo pedí el retiro voluntario y había hecho un curso en el que hacía todos estos trabajos exploratorios y me contactaron del diario La Nación y a partir de ese momento ya eran todos colaboradores. Y ahí cubro el 2001 que es el gran momento de la historia para mí. Después hice los ahorristas del corralito, los cartoneros y tiempo más tarde llegó la posibilidad de ir a Guatemala y ahí empieza otro capítulo.

¿Por qué decidiste irte del país?  ¿Qué te hizo atravesar la frontera?

Yo vivía todavía en Adrogué y durante la crisis del 2001 llegaron muchos reporteros de afuera. Empecé a hablar con gente que venían desde muy lejos y eso me abrió la cabeza. Ahí sentí que necesitaba salir de mi pequeño mundo suburbano. Sentí que esa experiencia me iba a enriquecer y fue lo mejor que pude haber hecho. Yo no le tenía miedo a ningún país, por más lejos que fuese. Yo lo que quería era comerme el mundo y cuando más complicado era el lugar para ir, más me entusiasmaba. Nunca fui una persona miedosa. Lo desconocido me motiva mucho.

Yo vivía todavía en Adrogué y durante la crisis del 2001 llegaron muchos reporteros de afuera. Empecé a hablar con gente que venían desde lejos y eso me abrió la cabeza. Ahí sentí que necesitaba salir de mi pequeño mundo suburbano

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¿Qué es lo que no te podés llevar de la fotografía?

Me pasa siempre. Hay momentos que son especiales. Te cuento algo muy cercano aún, la llegada del equipo argentino después de ganar la Copa del Mundo. Yo tengo fotos con drone de esa multitud impresionante. Uno es lo que uno reconoce del medio fotográfico. Nosotros capturamos una partecita muy chica de todo lo que vemos, pero creo que el desafío justamente es ese. Cómo en esa porción podemos reflejar con la mayor honestidad y sensibilidad posible un evento mucho más grande. No necesariamente grande de tamaño sino simbólicamente hablando. Y la fotografía lo que tiene que si bien no podés capturarlo todo, que no es un documental de una hora, o  mucho menos una serie de varios capítulos, es un extracto muy chico de lo que pasa, a la vez tiene la fuerza de permanecer en la mente de alguien.

¿Qué es lo que seguís manteniendo desde el principio? ¿Qué cosas cambiaron con respecto a tu trabajo?

Quizás al principio quería hacer notas más profundas, meterme más adentro de las historias. Ahora ya no quiero abarcarlo todo. Quiero hacer menos pero editar mejor y lo que me da un poco de miedo es perder la energía. Es un trabajo que requiere mucho cuerpo. Nosotros no estamos frente a un escritorio nueve horas por día. En realidad, es todo lo contrario, tenemos que madrugar en lugares que no conocemos, viajar muchas horas en avión, pasar por lugares que muchas veces nada tienen que ver con nuestra manera que tenemos de vivir. Pero al mismo tiempo no quiero perder ese entusiasmo y creo que el desafío más grande para mí hoy es ese. Seguir haciendo esto para que me enriquezca a mí y que pueda aportar algo.

¿Por qué sigue siendo necesario sacar fotografías en un mundo plagado de imágenes?

Sigue siendo necesario por varios factores. Por ejemplo, lo que pasó en Gaza con la presión que tiene Israel con la matanza indiscriminada. La imagen sigue ejerciendo una presión ahí. Un presidente, un Jefe de Gabinete, un gobierno, un intendente o un concejal. Hasta los mismos empresarios o las grandes corporaciones. Me parece que la fotografía o el buen periodismo sigue siendo un aspecto importante de denuncia, de registro. De contarle al mundo lo que pasa en un lugar determinado donde a veces es muy difícil llegar. Para que la gente tome conciencia y el poder se sienta presionado, siempre va  haber una cámara que le va a mostrar al mundo una foto de ese momento. Si me preguntas si es suficiente, no. ¿Una foto puede hacer terminar una guerra? No, no estoy siendo un romántico pero es un signo de alerta. Yo tampoco creo que la foto de la nena del napalm en Vietnam haya servido para detener la guerra, pero sirvió para tomar conciencia de lo que estaba pasando. Así que sí importa y por eso sigue siendo necesario que estemos en el lugar de los hechos.  Si se puede hacer un aporte para una buena causa creo que el trabajo está bien hecho y la misión está cumplida.

Tu mejor momento en la fotografía. ¿El más emocionante?

Me acuerdo un día en Siria. Yo estaba en Idlib, una ciudad al norte, cerca de Turquía. Un lugar muy duro, el ejército había tomado la ciudad y estaba solo, con un camarógrafo, trabajando en condiciones muy difíciles. Era muy peligroso y hacía mucho frío, teníamos incertidumbre y fuimos a un funeral porque había muerto un hombre durante el conflicto. Me acuerdo que fue en un parque de niños porque ya no había posibilidad de ir a un cementerio porque la ciudad estaba cercada. Y entonces le saqué la foto a un niño al perder a su padre y esa imagen terminó teniendo una difusión masiva. Había mucha tensión, además estuve como cinco horas para enviar un par de fotos ese día. No había prensa ni nada. Esa foto se publicó ese mismo día o el otro en la portada del New York TimesThe Washington Post y The Wall Street Journal. Eso sólo en Estados Unidos, más en otros diarios del mundo. Mucha gente me empezó a escribir, a preguntar, ¿Qué estaba pasando ahí? ¿Quién era ese chico? Ese día me di cuenta que lo que había hecho era importante. Estábamos en un pequeño parque viviendo algo muy dramático. Esa foto obtuvo el Word Press Photo y después el Premio Pulitzer. A mí lo que me interesó siempre en la fotografía era que fuese un medio masivo. Que tenga conexión con el mundo. Llegar a mucha gente. Nunca me gustaron los círculos cerrados del arte o cosas por el estilo. Y esa foto fue muy importante por el impacto que causó y la repercusión que tuvo.

Yendo a lo técnico, ¿Cuánto incide el equipamiento a la hora de la fotografía? Supongo que no es lo mismo ahora que cuando empezaste.

Todo ha cambiado mucho, ha evolucionado. Creo que la tecnología ha simplificado nuestro trabajo. Ahora las cámaras son buenísimas. Antes tenías que trabajar mucho más. Con los elementos que había el periodismo no te ayudaba tanto como ahora. Para lograr una buena foto de noche o con lluvia era muy complicado. Ahora eso cambió, podés sacar fotos de cualquier manera con una memoria gigantesca. Tenés mejores elementos para que esa fotografía sea lo suficientemente buena. Pero pasa otra cosa, ahora con la velocidad que hay creo que trabajamos muy apurados y eso es una crítica. Estamos muy metidos en la inmediatez. Pero dicho todo esto, en esencia no cambia nada. Que vos en un cuadro puedas contarme algo que me conmueva, eso no tiene fecha de vencimiento. La misma foto que te conmueve de la Revolución Mexicana, la Guerra Civil Estadounidense, el desembarco de Normandía o el bombardeo a Plaza de Mayo en 1955, eso no cambió nada porque en realidad sigue siendo un click. Hay algo que trasciende, hoy, como ayer y en el futuro también. Y qué bueno que sea así.

A mí lo que me interesó siempre en la fotografía era que fuese un medio masivo. Que tenga conexión con el mundo. Llegar a mucha gente. Nunca me gustaron los círculos cerrados del arte o cosas por el estilo

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¿Qué debería tener una foto para que sea buena?

Contundencia. Es algo que tenés que sentir. Aunque ya en una instancia avanzada el editor es el que elige. Pero hay algo que la foto te dice y sale instantáneamente.

Contame cuándo decidís que una foto sea en color y cuándo en blanco y negro. ¿Qué significa eso?

Yo no cambio una foto color a blanco y negro. Generalmente, cuando es una foto en blanco  y negro, por la dinámica del trabajo en agencia, lo hago en otro formato, ya sea panorámico, medio o cuadrado. Con otro soporte, que es el negativo, no es digital. En realidad ahí lo que quiero es tomar distancia cuando uso la cámara digital. Es una cuestión práctica u operativa. No creo que haya temas en blanco y negro y temas a color. Los temas son buenos si son  bien fotografiados. Creo que los dos formatos son interesantes para trabajar pero siempre lo más importante es una buena historia. El color o no para mí vienen después. Ese es el pilar de  la fotografía periodística.

¿Cuáles son las historias que más te motivan mostrar hoy?

Me sigue motivando buscar esas pequeñas historias que están normalizadas pero que no se ven tanto. Sigo estando convencido que eso es muy importante. Esas historias que hablan de la realidad, de lo que nos pasa pero sin seguir la última noticia. A mí no me interesa llegar primero, sino que quiero mostrar más bien que pasa un poco después. Creo que lo que nos está pasando en todos lados es como una especie de contradicción. Cada vez somos más, tenemos cada vez más acceso a los lugares, con la tecnología, con la velocidad pero esencialmente hacemos todos lo mismo. ¿Cómo buscamos algo distinto? Creo que hoy es el desafío más grande, o lo es para mí.

Siempre se  dice que vivimos alrededor de muy pocos temas: el amor, la muerte, la religión, la guerra. Vos que tuviste la posibilidad de conocer muchos países y de haber pasado por situaciones muy críticas además. Con respecto a la gente, ¿Hay tantas divisiones entre nosotros como las hay entre los países?

Yo creo que tenemos muchas más cosas en común que diferencias. Después hay algunas creencias, costumbres, el adaptarse a climas pero no mucho más. La esencia del ser humano es la misma en todas partes. Yo siempre fui una persona muy optimista, de recordar las cosas lindas que me pasaron. Ante la diversidad, siempre traté de ayudar a la gente. Ante la desesperación me he abrazado con ellos, me he reído, he llorado. Dentro de toda la miseria y la composición que he visto es algo que me ha enriquecido mucho y que siempre agradezco haber vivido. He sentido la solidaridad en todo momento. Yo trato de verlo como un hecho coyuntural y noticioso por eso me ha gustado siempre estar al lado de la gente más humilde. Siempre he sentido esa calidez, ante un evento religioso, con los curas en los barrios o en algún terremoto alguien me ha ayudado. Tuve el privilegio de que la gente me quiera contar lo que le pasa. Me han dado su confianza a mí. Sentir el amor de la gente porque esto no es un trabajo. Nosotros con la fotografía vamos acompañando algo, somos parte de la vida que va viviendo otro. A mí me llegan mensajes de todos lados, de gente que conocí en situaciones muy complejas y hoy somos como hermanos. Yo preferí dormir en casa de gente muchas veces antes que en un hotel porque es la mejor forma de contar una historia. Me he quedado en casa de otros, he convivido. Ellos también me preguntan por mi familia o mi país. Ese intercambio es muy gratificante y esa es mi mayor satisfacción. Yo no quiero ser un periodista que va con una cámara y nada más, yo quiero ser parte de sus vidas.

¿Qué te falta por hacer?  ¿Qué te gustaría?

Lo que más me gustaría es no perder el entusiasmo, la sensibilidad. No perder el interés por algo que me parece importante. Que esto que hago me siga conmoviendo. No quiero tomar esto como un trabajo. Mi sueño es hacer esto mucho mejor. Siento que estamos todo el tiempo aprendiendo y adaptándonos sin perder esa llama interior. Así que mi sueño es tratar de ser un poco mejor cada día.

¿Qué importancia tuvo para vos el dinero durante tu recorrido? Si te fue muy difícil ganarlo y tuviste que aceptar ir a algún lugar que por ahí no te entusiasmaba tanto. ¿Cómo te fue con respecto a eso?

Yo siempre he sido un chico de clase media acomodada argentina con todos los privilegios y con todas las facilidades posibles. La verdad que nunca tuve que trabajar por dinero, por una necesidad estricta de eso. Pero sí tuve la convicción desde muy temprano que tenía que esforzarme mucho para hacer esto bien. Lo que hice fue dedicarme para poder ganarme la vida y poder vivir de esto. Esto terminó siendo un privilegio y me puso muy por encima de muchos colegas que han tenido que remarla muy de abajo. Yo siempre tuve la posibilidad de comprarme una cámara y los rollos que quise.  Tuve la posibilidad de hacer varios cursos que me ayudaron a perfeccionarme. Tuve la suerte de hacer un  porfolio a muy temprana edad para entrar a un medio. Después gracias a eso pude recorrer un camino en esto que me abrió puertas y las cosas se fueron dando. Yo creo que nadie hace esto exclusivamente por dinero. Esto más que un trabajo, es principalmente una pasión y se convierte en una forma de vida. Es entregar gran parte de tu vida a este oficio que te demanda mucho más que cualquier trabajo que conozco. Es pensar, sentir y vivir esto todo el tiempo. No importa si son vacaciones, feriados o fines de semana. Creo que nosotros tomamos esto con un compromiso total, algo que quizás no es lo común en otro tipo de trabajo. 

¿Qué es lo que te cansa de tu trabajo?

Quizás en esta etapa, que soy padre de una hija, este es un trabajo muy difícil de organizar. La realidad va cambiando permanentemente, no sólo en nuestro país sino en el resto del mundo. ¿A quién se le iba a ocurrir que Putin iba a invadir Ucrania? O que Javier Milei iba a irrumpir como una persona que nadie conoce y de repente hoy es el nuevo presidente de los  argentinos? Es una actividad que va en contra de cualquier tipo de estabilidad emocional y cronológica, que no tiene un lugar específico. Por ejemplo, la gran mayoría de mis cumpleaños me la pasé trabajando en Afganistán, en un avión entre Bolivia y Ecuador o en diferentes lugares que no tienen nada que ver con un padre que llega a su casa todos los días a la misma hora. Y eso a veces me cansa un poco. Yo soy una persona normal, me gusta ir a la cancha con mi viejo, me reúno con mis amigos, voy al supermercado a comprar. 

¿Una foto puede hacer terminar una guerra? No, no estoy siendo un romántico pero es un signo de alerta. Yo tampoco creo que la foto de la nena del napalm en Vietnam haya servido para detener la guerra pero sirvio para tomar conciencia

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¿Tus próximos proyectos?

Hace poco estuve en Ecuador contando un poco la historia del país que se ha transformado en una de los lugares más violentos del mundo. Por otro lado, estoy queriendo hacer proyectos que tienen que ver con el cambio climático. Eso es lo que más me interesa ahora. Por cierto, aprendí a bucear para hacer fotos submarinas. Conseguí un equipo que me brindó la marca Sony para sacar esas fotos. Así que me gustaría hacer notas sobre el cambio climático metiéndome en los océanos. Y seguir viendo qué pasa en la Argentina en estos meses con nuevo presidente.

¿Tus otras pasiones por afuera de la fotografía?

Siempre me gustó mucho jugar al fútbol. Soy hincha de Banfield. Mis tíos y mis abuelos árabes se fueron a vivir ahí y la familia de mi madre también es de origen sirio. Ellos están en Once y en Rosario pero mi viejo es de Banfield y siguen estando ahí. Me gusta leer. Nado hace bastante. Siempre me gustó mucho hacer deporte.

La última pregunta tiene que ver con la Argentina.  Visitaste muchos lugares, viviste situaciones complejas en plena guerra, te cruzaste con gente que ha sufrido. Me interesa saber qué te pasa cuando volvés a tu tierra, cómo la volvés a ver. ¿Qué es la Argentina?

Es el lugar donde me formé, donde está mi familia, mis seres queridos. Es el lugar donde aprendí todo y el que más quiero. También es un país que aún me cuesta descifrar, me cuesta entenderlo a veces y no lo supe definir hasta hoy. Creo que toda Latinoamérica atraviesa situaciones parecidas pero periodísticamente hablando es un país que me interesa mucho contarlo por más complejo que sea. Y en términos personales es mi casa y por eso quise volver. Cuando muchos dijeron quererse ir y aun hoy lo siguen diciendo, nosotros quisimos volver. Queríamos que nuestra hija tuviera sus abuelos y primos cerca y que tenga un sentido de pertenencia. Que ella sienta el mismo amor que sentimos nosotros por las mismas cosas. Y de hecho el triunfo del mundial fue clave porque mi hija llegó hablando como peruana y acá se argentinizó. Así que el mundial fue una conexión brutal con el país para la familia, con nuestra gente. Es el lugar que vuelvo a elegir para compartirlo con nuestros afectos y por sobre todas las cosas porque es el país que me dio la fortaleza para salir. Sin ese amor incondicional de mi familia yo no hubiera podido hacerlo y no hubiese podido hacer nada de lo que hice. Siempre salí porque sabía que tenía dónde volver.

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