18 de Julio de 2024 •

21:10

Ashburn
53°
algo de nubes
53% humidity
wind: 6m/s SE
H 57 • L 46
58°
Tue
59°
Wed
47°
Thu
53°
Fri
58°
Sat
Weather from OpenWeatherMap
TW IG FB

03 de enero 2024

Diego Labra

UN MUNDO ORDENADO

Tiempo de lectura: 12 minutos

¿Te acordás de las pintadas en la calle que increpaban “MiráEsteDocumental.com”? Se veían mucho en las inmediaciones a la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Mar del Plata, donde cursé los primeros años del grado. El documental en cuestión era Zeitgeist, dirigido por el norteamericano Peter Joseph, quien propone allí una serie de grandes tesis entre las que se cuentan que Jesús realmente no existió, que el atentado a las Torres Gemelas fue orquestado por los mismos Estados Unidos, y que la Reserva Federal está controlada por una cábala de banqueros internacionales que digitan los acontecimientos mundiales con el fin de multiplicar sus ya de por sí obscenas fortunas mientras erigen un gobierno global bajo el cual cada persona será monitoreada mediante un chip subcutáneo. Caso exitoso de temprano marketing viral 2.0, Zeitgeist tendría dos secuelas: Addendum, estrenada un año después de la original en 2008, y Moving Forward, en 2011. Estas últimas todavía pueden verse a través de ese link graffiteado e impreso en stickers pegados en la calle.

Otra película viral de la época del DVD pasado mano en mano fue What the #$*! Do We Know!?, conocidaen español como ¿¡Y tú qué sabes!? Descrita como “la respuesta New Age a La Pasión de Cristo”, el film busca explicar el mundo a través de una mezcla de espiritualidad orientalista y física cuántica floja de papeles, argumentando ulteriormente que nosotros creamos nuestra propia realidad con la mente. La secuencia donde se grafica con CGI barato como los pobladores originarios de América fueron incapaces de ver las carabelas de Colón aunque las tuvieran enfrente porque desafiaban los límites de lo que entendían posible me impactó lo suficiente para recordarla aún hoy, quince años después. Lo que la película no explicitaba es que sus directores,William Arntz, Betsy Chasse y Mark Vicente, así como buena parte de los biólogos, físicos y médicos entrevistados en ella, formaban parte de la institución educativa/secta Ramtha’s School of Enlightenment, fundada en 1988 por J. Z. Knight, una mujer que afirma canalizar un ser de treinta y cinco mil años de antigüedad llamado Ramtha el Iluminado.

Con ocasión del estreno, Arntz definió su film como una interpelación para la “izquierda metafísica”, en nítida oposición al conservadurismo cristiano más asociado al Partido Republicano. Joseph, por su parte, adscribió luego a Occupy Wall Street, movimiento surgido en 2011 como respuesta al salvataje del gobierno estadounidense a los bancos tras la crisis económica del 2008, el cual logró instalar con éxito en el imaginario popular conceptos como aquel del 99% contra el 1%. En esos primeros años del Internet 2.0, como fue originalmente la intención de las hermanas Wachowski, tomar la pastilla roja era de izquierda. Por algo era roja.

La certeza es un bálsamo para los heridos por la incesantemente incertidumbre. El dogma “te ordena la vida”

Compartir:

Rememorando con un amigo acerca de estas películas que en su momento vimos juntos, él me sugirió que, aunque ideológicamente inverso, allí había ya un germen de ese formarse con videos de YouTube hoy tan común. En un texto titulado justamente “Por los caminos de YouTube, o cómo quisieron convencerme que la tierra es plana”, publicado en 2018 en el desaparecido portal Primera Generación, conté cómo luego de mirar (más de un par de veces, debo admitir) un edit de la pelea entre Baby Etchecopar y Roberto Navarro en el pasillo de una radio orquestado alternativamente por “In The End” de Linkin Park y la música incidental de pelea de Dragon Ball Z, el algoritmo comenzó a ofrecerme contenido que consideraba afín. Primero, la reproducción automática me llevó a un video donde un señor de cadencioso acento ibérico intentó convencerme durante veinte minutos de que la NASA es un fraude y que la tierra es plana. Le siguieron un duelo entre el hoy presidente Javier Milei versus “las feministas”, la explicación de un Un Tío Blanco Hétero de por qué el feminismo es una ideología que va en contra de la ciencia y, como no podía ser de otra manera, un monólogo donde Agustín Laje “destroza” a Malena Pichot. Hagan click sobre los links bajo su propio riesgo, esta publicación no se responsabiliza de los efectos secundarios de su visionado.

Si bien es cierto que ese paseo por el mundo espejo de la producción de contenido probablemente estuviera informado por mi dieta audiovisual habitual, que ya entonces incluía cosas como Contrapoints o los videoensayos del medio estadounidense Vox, me sacudió entonces la facilidad con que YouTube me arrastró hacia el otro lado de la grieta ideológica y hasta epistemológica. Desde el punto de vista estadístico, no es raro que se me haya ofrecido algo del señor Oliver Ibáñez, quien era lo suficientemente popular para tener una docena de videos con más de un millón de vistas. Lo que quiero decir es que esto no era el equivalente a un panfleto entregado en mano por un tipo de barba hirsuta que grita en la calle. Más mainstream que este desenmascaramiento de la mentira de la astronomía moderna no se ponía. Era 2018 y ya tenían domado al algoritmo. Hoy, con suerte, hacen pie disputando en redes algunas lecturas por izquierda de laspsicografías de Benjamín Solari Parravicini, el Nostradamus argentino. La (extrema) derecha ganó el territorio de la virtualidad mucho antes de ganar en las urnas.

En este nudo se enredan muchos hilos de los cuales no voy a tirar aquí porque ya otras personas lo han hecho antes y mejor de lo que yo podría hacerlo aquí: las nuevas derechas internacionales, la cultura de internet y su retroalimentación con las teorías conspirativas, la reacción a la ola feminista del #Niunamenos y el pañuelo verde. Lo que me interesa aquí es relacionar estos consumos culturales, este clima de época, con otro texto publicado anteriormente donde exploré a través de la trayectoria vital de mi madre el auge en nuestro país de los discursos de autoayuda, misticismo y pseudociencia en lo que va del siglo XXI.

Un salto de fe más motorizado por el deseo desnudo y, a quien le cabe duda, legítimo de vivir mejor, que por lo convincente de ideas concretas sobre los cómo y los cuándo

Compartir:

Por arriba, los puntos de contacto son harto conocidos, desde la experticia de Karina Milei en el arte arcano del tarot a la formación en neurosicoeducación (sic.) y reiki de la Ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, pasando por las sesiones espiritistas con las que el presidente habría llegado a dialogar con su mascota muerta, un mastín inglés llamado Conan. Una diferencia, nobleza obliga aclarar, más de grado que de contenido con respecto a otras coaliciones que ya pasaron por la experiencia gobierno, como señale en el citado texto. Pero más que la oferta, me interesa pensar en la demanda desde las bases que este nuevo armado político vino a satisfacer.

Varios han destacado, y hasta demostrado, la desconexión entre el discurso del candidato, el primero en la historia que gana prometiendo un ajuste según su propio registro, y la esperanza que generó en un sector significativo de la sociedad argentina. Una ilusión traccionada por una idea abstracta de cambio que parece descansar, por un lado, sobre el potente concepto de la casta, materializada electoralmente en su supuesta antítesis bajo la forma de una tercera opción que salía del sistema bipolar de la grieta que viene dominado la política desde por lo menos quince años. Por otro lado, por la más concreta promesa de la dolarización, que logró capturar toda una serie de imaginarios tanto pasados como futuros de bonanza económica y consumo globalizado. ¿Quién no quisiera ganar (muchos) dólares?

Si bien puede citarse al halo de expertise y know-how construido a los gritos por Milei en sus intervenciones televisivas como respaldo simbólico del plan del dólar como moneda argentina, definitivamente hay detrás del imaginario de una posible futura abundancia también un salto de fe. Quizá ese sea el sustrato que hizo posible ese voto impensado para la inteligentsia local, el puente tendido entre las terribles promesas de campaña y los “pero él no dijo eso” o los “no va a hacer lo que dice”. Un salto de fe más motorizado por el deseo desnudo y, a quien le cabe duda, legítimo de vivir mejor, que por lo convincente de ideas concretas sobre los cómo y los cuándo, como ya estamos viendo ahora. Una gimnasia mental que dista de ser prerrogativa del votante de derecha, vale aclarar, como ilustró uno de los momentos más extraños del ciclo electoral que puso a centenares de personas que se autoperciben progresistas a celebrar la amistad de Sergio Tomás Massa con Rudy Guliani, abogado de Donald Trump y exalcalde de Nueva York célebre por su política de mano dura.

No es tampoco disimilar este tren de pensamiento al que podría llevar a una persona a depositar toda su esperanza (y dinero) en esquemas de negocios y enriquecimiento que son demasiados buenos para ser ciertos, mejor conocidos como estafas piramidales, las cuales han proliferado en los últimos años en nuestro país con varios casos de alto perfil y diferente pátina ideológica. Allí parece se encuentra otro gran nudo constitutivo de esta emergencia, el mundo de las finanzas digitalizadas, las criptomonedas y hasta el juego online, del cual surgieron varios cuadros de La Libertad Avanza y que, por su opacidad y vertiginoso ritmo acelerado por el FOMO instigado por un alto régimen inflacionario, genera la sensación que hacer guita rápido no solo es fácil, sino menester. Sos un boludo si no lo estás haciendo.

El que a democracia gana, a democracia muere. Por eso entró tanto la bala de la casta, la cual hasta el más desinformado encuentra comprobable de manera lineal mediante la constatación de los apellidos repetidos y otros tantos eternizados en boletas y cargos

Compartir:

Cuenta Alberto Fernández en una entrevista dada de salida a su mandato que en su “agradable” reunión con Javier Milei encontró un momento para hacerle un chiste. “¿Sabes cuál es el mejor país del mundo?”, preguntó. “¿Cuál?”, retrucó intrigado el libertario. “´Enteoría’, porque en teoría todo funciona bien, pero la realidad es distinta”. Según el relato del presidente peronista, Milei se rió. ¿Qué es lo que tienen en común discursos tan disímiles en origen y naturaleza como la biblioterapia New Age, las teorías de conspiración, las estafas piramidales, el libertarianismo impoluto de libro de texto y, por qué no también, el periodismo militante? Todos proveen respuestas certeras e unívocas en un mundo donde rara vez las hay. ¿Qué más preciado para quien vive y sufre este cruento orden global capitalista sin escapatoria, esta Argentina caótica de crisis crónica y empate hegemónico, que una solución infalible para todos sus problemas, los de sus hijas e hijos? La certeza es un bálsamo para los heridos por la incesantemente incertidumbre. El dogma “te ordena la vida”, como explicó Ernesto Tenembaum la fascinación de Milei con el credo judío jasídico Jabad Lubavitch. Respuestas contundentes y soluciones que, incluso aunque fraseadas en un vocabulario técnico ajeno al lego, son en su esencia sencillas. No hay plata. No la ven. Es por acá, hacemos esto y en seis meses somos [inserte el país de sus amores]. Incluso, y esto es lo más peligroso, hay enemigos nítidamente identificados y definidos. Vos podrías ser el tóxico de esta relación social, la casta del otro.

“Hay mucha gente hecha mierda” y “estos psicópatas” son los únicos que les hablan, sentencia en una entrevista Juan Ruocco, autor del recientemente publicado ¿La democracia en peligro?. Cómo los memes y otros discursos marginales de internet se apropiaron del debate público. Para los expertos en el tema, la sociabilidad digital tejida en base a estos consumos ideológicos representa una parte no menor de su vuelco por el ideario de extrema derecha. El redpilling no solo resulta atractivo porque otorga al usuario un conocimiento oculto que le permite enorgullecerse de saber lo que se supone es el verdadero funcionamiento del mundo y todas sus cosas, un rito de pasaje de normie a iniciado basado. Ese mismo conocimiento también habilita la entrada a un nuevo grupo de pertenencia articulado en torno a él. Así como la descrita deriva del algoritmo de YouTube generó en mí una disonancia cognitiva, para otro espectador con diferentes prejuicios y afinidades electivas puede significar el equivalente a que una lechuza te traiga a casa la carta de invitación para estudiar en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Una experiencia personal que, por otro lado, no es disimilar a la que atraviesa todo militante en la secundaria o la universidad cuando llega al Manifiesto comunista o a las Veinte verdades peronistas y los encuentra textos tan reveladores que lo empujan al local partidario.

Pese a quien le pese, el dolor diagnosticado por Ruocco es real. Se leyeron muchos posteos de redes sociales que en nombre de todo lo bueno llamaban fútil el intento por comprender al votante de Milei, un argumento que contiene solapado un “yo conozco gente dañada que no por eso lo votó”. Muy similar en su formulación al “hay gente pobre que no roba y por eso a los chorros hay que…” y que complete el autopredictivo. También es real el descrédito de una dirigencia política que, en una democracia como lo es Argentina, aparece como responsable última de más de una década de estancamiento económico e innegable empeoramiento de la calidad de vida. En un congreso académico y hasta en un living de televisión se puede leer Gramsci en voz alta, arrojar mil matices, hablar de lawfare y el poder de los medios, de los círculos rojos y las mafias en las sombras, pero la cara en la boleta es la cara en la boleta. El que a democracia gana, a democracia muere. Por eso entró tanto la bala de la casta, la cual hasta el más desinformado encuentra comprobable de manera lineal mediante la constatación de los apellidos repetidos y otros tantos eternizados en boletas y cargos.

¿Acaso ustedes conocen a alguien que no crea que se esfuerza mucho y merece ver cumplidos todos sus deseos?

Compartir:

La pandemia del COVID-19 actuó como una centrifugadora que mezcló los ingredientes preexistentes del cóctel que muchos se desayunaron en ayunas. Ya de por sí desbordado y ahora enfrentado con una situación extraordinaria, quedó al desnudo y en simultáneo “el fantasma del Estado totalitario y represor denunciado por los proto-libertarios”, como escribieron Touzon y Zapata, y lo infructuoso de un Estado que más que presente “hace presencia”, como describió con ocurrencia Galliano. Todos los privilegios quedaron a la vista de las redes sociales, la diferencia entre los “estatalizados” que tenían el trabajo asegurado, los cada vez menos privados formales salvados por el ATP y quienes estaban y siguen estando en negro. Encerrada, forzada a la convivencia en viviendas cada vez más chicas, empleadas a los tumbos o directamente sin trabajo y a la merced de ayudas estatales más simbólicas que otra cosa, volcada la sociabilidad más que nunca a la digitalidad, nos encontramos que la gente estaba más hecha mierda que nunca y/o que había más gente hecha mierda que nunca

Acerca de este último punto, siempre vuelvo a mirar una vieja participación del comediante cancelado con causa Louie CK en el late show de Conan O’Brien, quien hace un bit tan gracioso como inteligente sobre los smartphones y la educación sentimental del ser humano. Los niños y las niñas, argumenta, construyen empatía por prueba y error. Le dicen a un compañerito que es gordo y entienden que eso está mal al recibir como respuesta la expresión de angustia o directamente el llanto de su interlocutor. En cambio, cuando le dicen gordo al mismo nene, pero lo hace por Whatsapp o en un comentario a un video suyo en Tik Tok, no recibe ese mismo feedback disuasorio. Al contrario, probablemente otros lo validen y se sumen debajo a la descalificación. La pandemia y la cuarentena cultivó eso, pero por mil. En ese sentido, siempre me he esforzado por no caer en posturas apocalípticas, al punto incluso de pecar a veces de integrado, pero sería necio no reconocer a partir de mis interacciones con coetáneos y menores de treinta, sean familiares, conocidos o alumnos, que algo allí se rompió más de lo que ya estaba roto.

La falta de empatía fogoneada por la mediatización digital combinada con la frustración por el estancamiento económico social y personal que tiene como último responsable a la casta política, en general, y la centroizquierda en el poder, en particular, probó ser tierra fértil para el sembrado de discursos simplistas y contundentes de extrema derecha que ofrecen respuestas unívocas y enemigos bien delimitados. En el caso de los varones, subrayado esto por un avance de los derechos y visibilidad de las mujeres y personas LGBT que podrían interpretar acertadamente avances en detrimento de sus privilegios e, incluso, como síntoma de que han sido relegados como sujetos de representación. Como el chico cruel del chiste de Louie CK, miles de jóvenes encontraron un discurso convincente y conveniente, un espacio de pertenencia y una excusa para dar rienda suelta a eso que el comediante gesticula como una pelota en el estómago que es el conocimiento de que “todo es para nada y estás por siempre solo”. No son pocos quienes, acercándose incómodamente a una psicología social demodé señalan que el éxito de Milei allí donde otros candidatos con ideas similares no lo tuvieron antes se debe a que el libertario sintoniza mejor por sus modos e historia familiar con esa angustia, frustración y bronca.

Resulta que es más fácil vender una verdad horrible que una promesa hipócrita.

Compartir:

En términos conceptuales, ayuda que la variante del liberalismo desatado en que se articula discursivamente La Libertad Avanza se presta a canalizar este deseo de revancha contra el sistema y, ulteriormente, contra las personas que lo componen. Supongo que en algún lado ya lo tiene que haber desarrollado un filósofo de la ciencia, pero el libertarianismo línea Murray Rothbard más que egoísta es directamente misantrópico. La ruptura del imaginario de una vida en sociedad, compartida, es un proceso de larga data del cual la mencionada emergencia de la biblioterapia y la autoayuda como best-seller total en el siglo XXI es síntoma claro. Desde hace décadas que las clases medias vienen abandonando los espacios públicos por miedo y asco, desde las escuelas y los hospitales hasta las plazas y las calles. Muchos en los grandes conurbanos del país gastan toda la que tienen para comprar la ilusión de vivir directamente separados de la sociedad tras las murallas de un country. Del otro lado de un paredón, la caída en picada de la calidad de vida de los demás, creen erradamente, no afecta la suya.

Mientras más se descompone el tejido social, y más egoísta es la reacción de quienes se agarran de sus jirones para no caerse del mapa, más razón tienen los libertarios. Tienen la navaja de Occam de su lado, pues es más simple y fácil imaginar como solución a nuestros problemas desobstruir lo que impide dar rienda suelta a lo que ya creemos que somos, que proponer algo fundamentalmente diferente, un hombre nuevo que no existió jamás. Antes que el caos y el desgobierno, que el insoportable stop-and-go de cada cuatro años poner un tren, sacarlo y volver a ponerlo, mejor un mundo ordenado por el mercado, por más despiadado que este sea. Un orden que se supone inmanente, justo en la transparencia de sus cruentas leyes y, ulteriormente, preferible a la falsa igualdad puesta en la boca del portador de apellido y cargo y de muchos derechos que son letra muerta para esa creciente mayoría de monotributistas e informales. Resulta que es más fácil vender una verdad horrible que una promesa hipócrita.

Con una cámara de cine en el bolsillo, cada persona se siente protagonista de la película de su propia vida, la cual transmite en vivo por redes sociales para quien quiera verla. Por eso el voto a La Libertad Avanza fue tan transversal a través de grupos etarios, cortes de clase y regiones geográficas. El esfuerzo personal como ultima garantía de que vas a conseguir lo que merecés y, ¿acaso ustedes conocen a alguien que no crea que se esfuerza mucho y merece ver cumplidos todos sus deseos? Un credo compartido por el heredero, el acomodado y el desposeído. Incluso diría que, al contrario de lo que podría creerse, quien tiene más incentivo para creerlo es el último. Si ese orden supuestamente natural con el cual hilamos la narración de nuestras vidas en secuencias de esfuerzo y recompensa no llegara a ser cierto, ¿qué más le queda? Lo último que se pierde es la esperanza de vivir mejor.