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14 de julio 2023

Julieta Habif

MARIXA BALLI: UNA VIDA ATENDIDA POR SU DUEÑA

Tiempo de lectura: 14 minutos

Ahora está en el prime time, en uno de los programas más comentados y controversiales que hay actualmente. Ocupa una silla en un lugar, podría decirse, de privilegio, en un panel difícil. Pero hay un antes, hay un enorme pasado, y lo invoca en voz alta siempre que puede.

Apareció públicamente por primera vez a los 12 años, de la mano de Carlitos Balá. Después estuvo en La noticia Rebelde y fue una de las chicas de Porcel −tanto en televisión como en cine−, el único compañero de trabajo del que no tiene un recuerdo muy grato. Participó del NotiDormi de Raúl Portal y llegó, en 1991, con apenas más de 20, a Ritmo de la Noche.

Se estrenaban los noventa, esa marca de hierro caliente impresa sobre nuestro lomo. Ella se movía frente a la cámara al son del tema de The Sacados y un día se coronó, en televisión abierta, en bikini, como una de las “Diosas del verano”. En algunos programas parece que el tiempo no pasa. Las escenografías se modernizan, más animaciones, más artefactos, más sponsors; los personajes cambian su manera de vestir, todo parece pasado por esteroides pero la hoja de ruta sigue siendo casi la misma: juegos, bromas (pesadas, ligeras), invitados famosos, un conductor carismático y chicas lindas y sensuales, como ella.

Apareció públicamente por primera vez a los 12 años, de la mano de Carlitos Balá. Después estuvo en La noticia Rebelde, fue una de las chicas de Porcel, el único compañero del que no tiene un recuerdo muy grato y en 1991, con apenas más de 20, llegó a Ritmo de la Noche.

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A todo eso le siguió el comienzo de una carrera como cantante y bailarina que le fue abriendo paso cada vez más firme en la movida tropical, y al poco tiempo, otra especie de galardón compartido (con Lía Crucet, por ejemplo, con Gladys La Bomba Tucumana), esta vez en forma de compilado audiovisual: el video de “Las reinas de la bailanta”, de 1992. Actuaciones en varios videoclips; un romance con el conductor Beto Casella, otro con el conductor Marcelo Tinelli, otro con Rodrigo, el ícono cuartetero; temporadas de teatro de revista, una tras otra; el hit con pasito que terminó siendo su condena musical; un disco grabado parcialmente en Miami que nunca vio la luz (de donde salen los subtítulos de esta nota); el interés romántico de Prince; tres accidentes automovilísticos: el que presenció desde el asiento de copiloto y mató a su pareja, el que salió por televisión y mató a su expareja, del que se enteró por teléfono y mató a su hermano.

Durante y después su vida sucedió, como sucede inevitablemente la vida, pero ella supo acompañarla: se dedicó al comercio de indumentaria con su marca Xurama −un local de ropa en La Salada y uno sobre la Avenida Avellaneda; otro en Saladillo, otro en la costa−; hizo radio; siguió grabando canciones; bailó en la famosa pista de Tinelli; hace poco se le propuso una candidatura como jefa de gobierno de CABA y ahora está en LAM, en el prime time, en uno de los programas más comentados y controversiales que hay actualmente. Mal y pronto, ese podría ser el arco narrativo de la artista Marisa Laura Caballi, conocida como Marixa Balli, de 54 años de edad y 40 de carrera.

Rebelde soy

Nació en Mar del Plata el 5 de junio de 1969. Su padre trabajaba en el Banco Provincia y además la familia tenía varios locales de sweaters a los que Marixa iba mucho. Quizás ahí se haya gestado su interés por las ventas y la ropa. Hoy vive en la Capital, pero no sólo ha vuelto a hacer temporada a su ciudad natal decenas de veces, también tuvo un negocio de Xurama allí. La marca es su prioridad, es lo que le gusta, es a lo que −siendo también cantante, bailarina, vedette, actriz− aclara que se dedica: la confección de calzado.

Durante la adolescencia comenzó a estudiar ballet en el Teatro Colón, donde llegó a presentarse, pero no le dejaba plata y requería demasiado tiempo. Las exigencias de la danza clásica permanecen en su rutina hasta hoy: Balli no se droga, no toma, no fuma y mantiene una alimentación saludable. Mientras tanto, modelaba en gráfica. Como quería independizarse económicamente y ver más a sus afectos, y también porque encontró atractiva esa vida, pronto se volcó a la jornada nocturna: “Era de lunes a lunes, y de 7 de la tarde a 7 de la mañana, llegué a hacer ocho bailantas por noche” contó en 2018 en PH, el programa de Andy Kusnetzoff.

La marca Xurama es su prioridad, es lo que le gusta, es a lo que −siendo también cantante, bailarina, vedette, actriz− aclara que se dedica: la confección de calzado.

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Unos años antes de esa entrevista, en 2010 puntualmente, Marixa desapareció un tiempo de los medios. Tras décadas de llevar no sólo la vida atareada de la madrugada sino la enorme exposición que trajeron, entre otras cosas, su romance con Rodrigo y su paso por el Bailando; tras ser tapa de una veintena de revistas por su cuerpo, por trabajos, por tragedias, por rumores y peleas, Marixa puso pausa. El mundo mediático es, también, un juego algo perverso de costos altos; incluso si se gana se va a haber perdido demasiado, y a veces para frenar la hemorragia no queda otra que abstenerse. Fue en ese momento que viró de lleno al rubro del calzado, aunque en realidad la vedette dio sus primeros pasos en la industria textil en 2005, en una biblioteca abandonada de un club social de Saladillo.

Cada tanto, en este hiato de exposición, alguien la contactaba para hacerle una nota, pero casi nunca abordaban su nuevo rol como empresaria dedicada a la fabricación de ropa. Solían preguntarle por el programa de Tinelli en 2008, o por alguna de las mil batallas con su colega y némesis Carmen Barbieri, o por una noticia de castings truchos que circuló (de los que afirmó que no sabía nada y por los cuales no se le había pagado). Hasta que los medios se enteraron de que había abierto un puesto en La Salada y entonces decidieron que, ahora sí, su emprendimiento merecía el foco. Al respecto, Balli comentó recientemente a La Nación: “Habrán dicho ‘Pobrecita, tocó fondo y mirá dónde terminó’. Yo estaba fortaleciendo Xurama, porque hay que estar en un lugar así, y fue fantástico”. Algunos portales hablaron de “currito”, otros dijeron que, como ya no tenía ninguna propuesta, era lo que había encontrado para ganarse el pan, otros llevaron móviles para cubrir un día en La Salada como si se tratara de turismo aventura, y varios filmaron la reacción de los transeúntes al ver ese local atendido por su dueña, una de las icónicas morochas argentinas.

Triunfó en Gran Buenos Aires y abrió otros locales. Uno de ellos se inundó durante la pandemia y se estropearon más de 400 pares de zapatos. Como la destrucción fue total y no podía costear su reparación, lo cerró. Sin ánimos de frenar abrió un showroom en Palermo, que ahora es su depósito. Hoy por hoy tiene su negocio en la famosa zona comercial de Flores. Con algo de suerte, si una va en busca de un par de botas a Bogotá 2902, puede cruzársela.

Mi pobre corazón

Él la vio en Ritmo de la Noche y se enamoró. Le pidió a su manager que la contratara para un videoclip que filmarían en breve. El manager se comunicó y Marixa pasó un precio ridículo porque ese trabajo no le interesaba, pero como el cordobés estaba decidido a conocerla consiguió la plata: una parte la pagó la discográfica, otra la pagó él y otra Beatriz, su madre, que tuvo que empeñar algunas joyas para llegar al monto requerido. Así encontró Rodrigo al que, dicen muchos de sus allegados, fue el amor más importante de su vida.

Desde que se besaron para el videoclip en 1992, desde ese primer beso ficticio, empezaron a salir. Tuvieron un romance fervoroso durante años (tres como pareja estable, otros tantos de vaivén y después otros de encuentros casuales cuando él ya estaba con Patricia Pacheco, la madre de su hijo Ramiro. Ocho años en total). Eran una dupla vivaz, bella y bailantera. Al separarse se distanciaron en buenos términos y de mutuo acuerdo. Sin embargo, en aquella entrevista de PH de 2018, tras una pregunta del conductor respecto a los celos del artista, Balli contó otro costado: “me esposó porque no lo quería acompañar a unos shows un viernes a la noche, era un viernes que justo yo tampoco tenía show y dije ‘me voy de joda’; y cuando me preguntó qué iba a hacer le dije eso, que me iba de joda con mis amigas (…) y bueno, estábamos en un hotel, y me dejó esposada en el lobby en una silla, y avisó que me acompañaran, que me llevaran la silla si quería ir al baño”. En el mismo registro, enseguida sumó: “una vez, en Córdoba, íbamos a ir a una fiesta espectacular, yo me había llevado un vestido dorado que era soñado, y a él esas cosas lo transformaban, pero era semejante bombón que yo me bancaba todo. Cuestión que agarró una tijera, lo descosió y lo rompió entero. Tuve que ir en jeans”. Ella contaba y el resto de los invitados miraban estupefactos. Igual continuó con su temple, con su voz hipnótica, dijo que era así, que era pasión, que se divertía también, que era una forma de juego, un amor intenso, y que su vida con él es “tooodo un capítulo aparte”.

Desde que se besaron para el videoclip en 1992, desde ese primer beso ficticio, empezaron a salir con Rodrigo. Tuvieron un romance fervoroso durante años. Eran una dupla vivaz, bella y bailantera.

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Hace algunos años, amigos del cuartetero cuestionaron esta mirada. El actor y director Juan Paya, por ejemplo, afirmó que Rodrigo no le tenía esa consideración y que incluso se escapaba de lugares para evitarla. Además, se ocupó de desmentir que “Lo mejor del amor” había sido compuesta para ella. Cansada de los dardos, Balli compartió en su cuenta una carta manuscrita del Potro, sumado a algunas otras dedicatorias que pueden leerse como evidencia.

A mediados del 2000, Rodrigo se mató en la ruta. Para ese momento, el cantante estaba en la cima de su carrera y se encontraba en pareja con Alejandra Romero, del mismo rubro.

Esta tragedia tenía de precedente −aunque indirecto− otro infortunio automovilístico que Marixa Balli había experimentado en vivo, en cuerpo, tres meses antes, también a la madrugada: “Veníamos a gran velocidad. Agarró mal una curva a la que le llaman ‘curva codo’. El auto dio 19 vuelcos, y encima en un momento se elevó. Siempre de trompa, trompa, trompa. Cuando cae, miro al costado y quedo sumamente mal (…) agonizó en mis brazos”. Mariano Fischer, su novio en aquel entonces y quien manejaba, murió a los pocos minutos. Ella salió con vida y consciente y permaneció unos días en terapia intensiva. Cuando se recuperó, estuvo durante varios años en tratamiento psiquiátrico con un especialista en accidentes porque no podía sacarse, en sus palabras, “las parálisis de frío, mucho mucho frío”.

En 2001, con los sucesos todavía recientes, Balli se quebró en un móvil y pidió por favor que la dejen en paz, que la dejen llevar una vida normal. Más adelante, en 2008, en el programa de Chiche Gelblung, expresaría que la muerte de su expareja cambió su visión sobre el medio: “desde el accidente quise tener bajo perfil porque la prensa en ese momento trató de hundirme”.

Analizando aquel tape de la bailarina llorando, Carmen Barbieri y Marcelo Polino argumentaron que “este es un medio muy caníbal y se expuso demasiado”. Él lo dijo, y ella agregó “sin embargo esta es la primera vez que la veo llorar genuinamente, como si no hubiera habido cámaras, como no la vi llorar ni por la muerte de Rodrigo”. Al poco tiempo, en otro programa, Barbieri dejó en claro no sólo que en los momentos más bajos del Potro quien había estado para él era Alejandra Romero, sino que además Balli debía dar un paso al costado porque buscaba un protagonismo que no merecía: “No te hagas la viuda”, expresó mirando a cámara.

La rivalidad con Carmen Barbieri es eterna y crónica. Otro ejemplo: Marixa debía ir de invitada a uno de sus livings públicos un día, y no llegaba. Y como no llegaba, para rellenar, Carmen comenzó a leer mensajes de los espectadores. Tarjetitas, como en los tiempos pre hashtag. Leyó una que decía: “Tené cuidado, que Marixa es yeta”. Ese fue el germen de un estigma que tardó mucho en sacudirse y que en ese ambiente es particularmente respetado, por no decir temido. Es como una especie de fantasma: la mufa.

Contra viento y marea

Aunque también se hizo público, el tercer accidente que marca la vida de Marixa Balli es quizás el más íntimo: la muerte de su hermano. En octubre de 2018, Luis Alberto Caballi, de 59 años, fue atropellado por una moto en Almagro. Esa moto era conducida por Juan Manuel Castan, de 30, que luego del accidente quedó internado junto con la víctima en el Hospital Durand.

“Cuando me llaman para avisarme lo de mi hermano salí y dejé mi camioneta en la mitad de la calle. Comencé a bajar por la entrada que tiene el Durand en la parte de guardia y me desvanecí de una manera tremenda. Me desplomé porque no estaba en mi eje. Me abrí la pierna”, comentó ella en 2021 en el ciclo Hay que ver de Canal 13, y sumó que, cuando perdió el conocimiento, la dejaron en observación al lado de Castan: “Los mismos médicos que operaron a mi hermano vinieron para coserme porque estaba recontra herida. Cuando miro a mi costado descubro que estaba el asesino. Empieza a entrar la policía y ahí se armó un quilombo. Le preguntaban cómo había provocado semejante accidente. ¿Sabés lo que dijo? ‘No lo esquivé porque si no me mataba yo’. ¡Mirá qué hijo de puta! ¡Si vos venís en infracción, matate vos, loco! No le cagues la vida a la gente, a un ser humano que siempre hizo lo correcto”.

El tercer accidente que marca la vida de Marixa es quizás el más íntimo: la muerte de su hermano. En octubre de 2018, Luis Alberto Caballi, de 59 años, fue atropellado por una moto. Recién este 16 de marzo, recuperó los restos de su hermano para poder darle sagrada sepultura.

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Durante un mes, Balli permaneció en silencio absoluto, se fue a vivir con su madre y se acompañaron, como pudieron, en el dolor. Cumplido ese tiempo reapareció con una carta en Instagram: “Hermano mío, hoy se cumple un mes que Juan Manuel Castan te mató (…) Solo mamá y yo sabemos el dolor que sentimos hasta dejarnos sin aire. Extraño tu voz, nuestras charlas y tu sonrisa (…) Estoy tomando fuerzas para enfrentar lo más difícil de mi vida, mente fría para no bajar los brazos y luchar por justicia, palabra que en este país no existe (…) cada 13 de cada mes escribiré este nombre, que sin piedad y a gran velocidad terminó con tu vida y destrozó una familia. Descansá en paz, tuviste una vida hermosa. Te adoro con todo mi ser”. Si bien se hacía presente de esta manera, la vedette bajó −otra vez− su grado de exposición durante ese tiempo. Se ocupó de sanar, de trabajar sobre la tristeza y la bronca que la invadían y se ocupó, sobre todo, de su madre.

Demoraron muchísimo en entregarle el cuerpo. Primero le dijeron que el juez se había olvidado, pasó un año recibiendo esa misma excusa y vino la cuarentena, que obstaculizó todo y por la cual el reclamo empezó a ser vía mail, varios mails que luego decían que no habían recibido. Pasó otro año. Después le solicitaron que hiciera firmar algunos papeles por otro juez y que volviera al juzgado, y pasaron dos años más. Recién este 16 de marzo, casi cinco años después, recuperó los restos de su hermano para poder darle sagrada sepultura. Marixa, al día de hoy, sigue pidiendo justicia.

Vive tu vida

LAM es el magazine de espectáculos conducido por Ángel de Brito que lleva 7 temporadas al aire de América y actualmente se emite a la noche, de 20 a 22, de lunes a viernes. Balli ocupa una silla en ese panel, completado −al momento de escribir esto− por Yanina Latorre, Fernanda Iglesias, Marcela Feudale y Nazarena Vélez. Desde su incorporación como invitada a fines de 2022 y formalizada a comienzos de este año, ametralla con títulos y expresiones que luego, un poco por su carisma y otro poco por su voz singular, como la de una locutora espumante, se vuelven virales en tik tok. Como este, por ejemplo: “Yo te juro, si a mí un tipo hubiese venido y me hubiese regalado un departamento, y el tipo me gustaba, yo lo acepto, porque mañana se lo va a regalar a otra, no, dámelo a mí”. O este: “Vos tenés que pensar que a mí me cuesta ser empleada porque yo soy empleadora”. O este: “Pero mi amor, acá hay bailanta, acá hay bailanta, olvidate, ¿sabés las veces que tuve que zafar de cuchilladas?, me decían ‘saltalo porque está muerto’, dejate de joder”. O este: “Realmente, hoy, en mi vida, deseo un tipo que tenga mucho más que yo, porque yo ya laburé mucho”. O este, en referencia a su encuentro con Prince: “Vino a Argentina y a Ritmo de la Noche y me vio pasar por ahí por los camarines y le dijo a Marcelo que quería comer conmigo. Él era como lo veías, callado, extravagante, y me miraba. Fuimos a comer a La Casona de Lanús”. O este, por ejemplo, en alusión al ninguneo que sufrió de parte de Carmen Barbieri durante el duelo por la muerte de Rodrigo y el mote de mufa que todo aquello instaló: “Soy esto, con tapa de Gente, sin tapa de Gente, con la bailanta, sin la bailanta, Marixa Balli es esto, dentro, fuera, en el camarín, en La Salada, en Flores. Soy una mina que labura, que hoy puedo estar acá, mañana puedo estar allá, pero sigo siendo la misma, respetuosa, buena gente, profesional (…) tengo corazón, y una vida con cosas buenas y cosas malas, pero no me arrepiento absolutamente de nada”.

Resulta difícil no amalgamarse con la bravura que incita y alienta el programa, quizás por eso primero fue panelista invitada: para medirle el grado de malicia que, si uno ve durante aunque sea una semana cada emisión, notará que va tiñendo las distintas opiniones. Sin embargo, el papel de Balli es otro: ella es la chica de barrio, la que las vio y las vivió todas, la voz de la ciudadana común, del sentido común, de la laburante, mujer emprendedora que la lucha.

Ese mismo rol continúa la línea que ya tenía fuera del aire. En 2022 dijo querer irse del país porque su situación económica se agudizó: “Lo único que me retiene en Argentina es mi madre” explicó tras despotricar contra las leyes laborales que, por la cantidad de impuestos, no le permiten formalizar a todas sus empleadas sin tener que achicar la cantidad de personal. Dijo que esas leyes favorecen a los delincuentes. Dijo que sigue involucrada en juicios laborales de exempleados porque la gente no quiere trabajar.

Soy esto, con tapa de Gente, sin tapa de Gente, con la bailanta, sin la bailanta, Marixa Balli es esto, dentro, fuera, en el camarín, en La Salada, en Flores. Soy una mina que labura, que hoy puedo estar acá, mañana puedo estar allá, pero sigo siendo la misma

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Casi un año después, Marixa Balli amanece a las 5:30 y hasta las 17 está atendiendo cuestiones de Xurama. Ese es el horario de cierre del negocio, y hasta ese horario se queda. Después se va directo a América, a prepararse para el prime time. Hace poco, con el cierre de listas todavía pendiente, le propusieron postularse a Jefa de Gobierno por el Partido Aptitud Renovadora de Juan Pablo Chiesa en la Ciudad de Buenos Aires, y la artista rechazó la oferta. Hace poco también, Marcelo Tinelli la convocó a participar de su vuelta a la televisión con el Bailando 2023, y la artista rechazó la oferta: “No quiero no poder rendir como a mí me gusta, yo soy exigente como profesional. Y la verdad es que los tiempos no me dan, y sé cómo soy de obsesiva, me gusta ponerle todo a lo que hago, entonces lamentablemente tengo que decir que no”.

Hoy trabaja incluso más horas que cuando hacía ocho bailantas por noche. Es muchísimo, pero lo hace con gusto. Me comuniqué con Marixa para sumar su voz aquí y me respondió: “No estoy dando notas por ahora, porque estoy tratando de enfocarme en lo mío, en Xurama, y la verdad que con el programa se me acorta mucho el día, parece increíble porque es tarde pero realmente me saca mucho tiempo, entonces estoy tratando de evitar las entrevistas, porque vengo muy, muy cansada y no quiero desatender la marca”. Ese cuidado da frutos. A sus tiendas les va bien, venden al pormayor y pormenor, y puntualmente la de calzados cosecha más de 300 mil seguidores en Instagram.

Marixa Balli vive, según indica una nota de mayo del portal Ciudad Magazine, en “una lujosa casa en una de las zonas más exclusivas de Buenos Aires, con una vista tremenda de la ciudad”, con pileta, estudio de grabación y cama solar. También colabora con rescatistas y se ocupa de buscarles hogar a perros en situación de calle. Fomenta y difunde el trabajo de otros emprendedores en su cuenta personal. Se plantea la posibilidad de ser madre sola, aunque reconoce que entra en conflicto con lo dueña que es de su tiempo. En tik tok, su voz es viral casi todas las semanas, y whatsapp está lleno de stickers con citas suyas. Varias marcas la buscan para vestirla. Rechaza candidaturas, propuestas de trabajo y entrevistas. Supongo que cada uno de esos lujos significa, en lo que respecta al juego perverso de los medios del que más de una vez tuvo que abstenerse, que ahora está ganando.