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27 de noviembre 2020

Paulina Siciliani

DEVOLVERLE AL PUEBLO LO QUE EL PUEBLO GENERA

Tiempo de lectura: 5 minutos

D1EG0, Dios, padre, hijo y espíritu non santo. Humano como todos, dotado como ninguno. Dios ha muerto y quien te dice la dominación masculina esté siendo ajusticiada con él. En el día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer, muere Maradona el símbolo del borde en la masculinidad del siglo pasado, esa que mucho no ha cambiado -a pesar de que nos esforcemos en buscar sus mutaciones-. Diego, el uno del fútbol, el diez, el que se animó tempranamente al beso o pico entre futbolistas, el que usaba joyas en 1980 y en el siglo XXI borracho lastimaba a su novia. Un cambio de era no podía traernos más que su final alegórico, aunque debiera ser sincera y decir que como con toda personalidad adictiva, uno siempre tiene esperanzas. Que la cosa mejore, que deje, que vuelva a ser él y no el efecto y/o deseo de sustancias.

El tiempo no alcanzó, la vida fueron muchas vidas, 60 años Maradonianos, porque 60 años del Diego debieran de ser calculados como años de los perros, no sé. Multiplicar por nueve el total de años vividos y los tres primeros valdrían aproximadamente quince años cada uno. Pienso eso mientras escucho en la tele que tenía más vidas que un gato. Así que perro y gato, Argentina e Italia, héroe y villano, la contradicción humana encarna en su rostro irreverente y pasional. Eso, es eso, lo que pocos tienen y un número aún menor logra ejercen. Amor por el propio hacer, amor por cualquier cosa es amor por la vida. Es por eso que “la pelota no se mancha”.

Multiplicar por nueve el total de años vividos y los tres primeros valdrían aproximadamente quince años cada uno. Pienso eso mientras escucho en la tele que tenía más vidas que un gato

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En la calle las palabras se repiten, “llorando como si se hubiera muerto un familiar”, “para mí siempre fue como un padre”, “como un hijo” es impensado, y obvio a la vez, todo aquello que se escucha al caminar. Creíamos que era inmortal, “es como un hermano”. Según la generación del hablante podríamos adelantar, y saber, qué rol familiar le asignará dicho entrevistado al ídolo muerto.

La noticia llegó al chat familiar con el texto “Murió el Diego”, pensé en mi hermano, en su remera de argentina, esa de mangas largas del 90´, escote en v con la que lo vi llegar a varios partidos en el club Leopardi, cuando arrancaba la década. Él también con el porte, infantil, de los que creen en D10s. Pero no toman la comunión porque en catequesis no lo dejaban jugar al fútbol así que nada había para hacer ahí, a otro tema, a buscar nuevas canchitas que en la de la iglesia no se arma picado. Pienso en el Diego y me acuerdo de amigos y  hermanes relatando la vuelta del Diego a Boca, como los apretaban en la popular. Que cantás o te tiran con algo, hacen pis desde arriba, escuchaba todas cosas que me alejaban de la cancha, y sobre todo me daban miedo, pero no me alejaban de la admiración por Diego. Porque la pasión no es para todos, pero que lindo sería!!

Volví a pensar en la muerte, un segundo, me enojé, la muerte enoja desesperadamente. No es dolor por la pérdida, es tristeza por la alegría que ya no será. Injusticia, pienso en los imberbes que siguen vivos, larga lista, que cuán imberbes todos a pesar de todo, la muerte es injustamente desesperante, aunque anunciada, ante todo, injusta. Y luego recuerdo que no, que en muchos casos también es justicia, que algunos destacan en algo, tanto, de tal modo que es mejor no verlos en el ocaso. No debiéramos pedirle a Dios, sino tan sólo disfrutar el hermoso artificio de los excepcionales, no importa si son egoístas, no importa nada. Lo único que ya no se puede quebrar es la vida del otro, el respeto al otro. Ya no hay lugar para el abuso, el maltrato, de eso ya no se vuelve, sin importar las causas ni las justificaciones que resultan en esta nueva era, por fin, ya tan caducas como innecesarias. Que es tiempo de dejar de hurgar y opinar, es preciso cambiar. Sobre todo en este siglo que tiene temas profundos por resolver, humanos, climáticos, es decir medioambientales. Ya pues, terminemos de consumir personas, demos concluida la antropofagia social con esta última ofrenda sagrada.

Me despierto del letargo de información sobre la muerte del ídolo, pensando en que podríamos ponerle un nombre al impuesto a las grandes fortunas. Contribución anual DIEGO ARMANDO MARADONA, devolverle al pueblo lo que del pueblo salió

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El más grande, dicen en la vereda. Otros llegan en nombre de algún familiar que no puede por diversos motivos cumplir con el ritual. La familia no deja de estar presente en los discursos de cada entrevistado, llevo cinco horas y sigo escuchando, lo mismo. Los periodistas se empecinan en decirle a quienes aparentan ser jóvenes “vos no lo viste jugar”, pero si jugaba todos los días, ningún día sin ser noticia durante cincuenta años. ¿O no fue ese, también, su juego? El fútbol le dio el lugar y él eligió qué juego jugar. Morir en su  ley es lo que le toca a una personalidad adictiva, la tristeza es inmensurable. Su generación tiene una esperanza de vida de 86 años, pero acordemos que Diego vivió en sesenta años, más de quinientos.

Una señora muestra la foto de su hijo, dice que ahora él ya tiene veinte años, que esa foto es del día de la despedida del Diego y llora, llora mares. La foto no se ve hasta que la cámara la toma, mientras la señora llora, hablando a cámara, yo imagino la foto que aún no entra en cuadro. Un bebé en la cancha de Boca despidiendo al diez. Esas familias, imagino más, que se animan a llevar a los hijos pequeños a la cancha, admirable, pienso. Pero no, la foto ahora va de frente a cámara y el periodista dice, “claro el día de la despedida”. En la foto vemos un carrito en medio de un living, acostado un bebé mira en dirección a la televisión. En la pantalla vemos a Diego con la cabeza elevada al cielo, y atrás de él, no sé si es un fotógrafo o un periodista. La señora dice “mi hijo lo miraba porque él lloraba”. Diego en la casa de la señora a través  de la televisión durante medio siglo, ganando, ganando, ganando, perdiendo, llorando.

Diego es Dios porque es todos, y no es fácil ser todos, no dejar a nadie afuera. Es también un humano, atravesado por la falta como todos los demás. Carente aunque te griten en la cara por décadas, y alrededor del globo, que sos Dios. Y fue, es y será Dios porque estará siempre en cada uno. Larga vida al Diego del amor, al de la mirada limpia. Viva Diego del pueblo, de la emoción y la entrega. ¡Dios ha muerto, viva dios!

Los ídolos no se mezclan con la política, son políticos, encarnan las representaciones de un momento dado y las exacerban de modo caricaturesco, performático. Diego pidió en una de sus últimas publicaciones en redes sociales, le pidió a Dios para ser precisa, que se aprobara la ley del impuesto a las grandes fortunas. Los niños, todos los niños, esperan que nuestra generación mejore las cosas, se nos han quedado mirando de frente pasmados durante la pandemia. Me despierto del letargo de información sobre la muerte del ídolo, pensando en que podríamos ponerle un nombre al impuesto a las grandes fortunas. Contribución anual DIEGO ARMANDO MARADONA, devolverle al pueblo lo que del pueblo salió. Aporte anual – sí, sí, nada de única vez, vamos, seamos serios, eso es para un pecho frío y no sería éste el caso-. Tal vez así podamos comenzar a construir infancias posibles de ser vividas, porque sabemos que para una infancia Argentina con las necesidades básicas satisfechas faltarían, aún, muchos aportes más. Construyamos juntos, colectivamente, un último y merecido AD10S al pibe de Fiorito y en su figura a la Argentina toda. Si algo le faltaba a este año  de pandemia para dejarnos claro tremendo cambio de era, era esta absurda y anunciada muerte.

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Comentarios

  1. Mariel

    el 30/11/2020

    Excelente!!!

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