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13 de julio 2023

Lucía Aisicoff

LOS LÍMITES DEL DESEO

Tiempo de lectura: 3 minutos

Lo particular de esta campaña es que todo es lo que parece. No hace falta ningún “Mauricio es Macri” que desnude al monstruo ni chicanas del tipo “¿en qué te han convertido?” para pegarle al de enfrente. Lo que se ve es lo que hay: Patricia Bullrich vende orden y represión, Horacio Rodríguez Larreta busca ajustar con la complicidad del peronismo republicano, Sergio Massa no es “el proyecto” sino el garante de un programa y Javier Milei cumple todos los lugares comunes del outsider que viene a dar una mano con propuestas delirantes que para él no tienen costo. Hay un sinceramiento: las promesas son modestas porque lo que viene es duro, la desilusión es grande y una campaña que entusiasme resultaría difícil.

Al macrismo le explotaron los problemas en su cuna a partir de una serie de errores. El primero fue que Jorge Macri no podía ser candidato porque la constitución porteña se lo impide y la imposición generó ruido pese a que la Justicia lo haya habilitado. El segundo fue que eligió llevar como primer legislador a Franco Rinaldi sin haber hecho antes un deep search de sus opiniones (y no tan deep, alcanzaba con mirar Twitter) para evaluar las posibles reacciones. El tercero fue que de haber querido seguir adelante con la candidatura de Rinaldi pese a sus dichos sobre gays, familiares de desaparecidos, negros y habitantes de villas, debería haber ejercido algún control de daños previo. O sea: un pacto para regular el fuego amigo y que no se le desmadre la interna con el siempre-listo-para-aprovechar-el-archivo-ajeno Martín Lousteau.

Hay un sinceramiento: las promesas son modestas porque lo que viene es duro, la desilusión es grande y una campaña que entusiasme resultaría difícil

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Si lo sostienen o bajan de la lista será ahora una decisión de la junta electoral de la alianza. El propio Rinaldi manifestó estar arrepentido de algunas cosas que dijo y pidió “sinceras disculpas”. ¿Influye en algo la historia personal de Rinaldi, que padeció la discriminación en carne propia, para ser más piadosos antes de lapidarlo? “Texto y contexto”, dijo hace poco Cristina. El problema más profundo es que el PRO no puede manejar lo que desea. Miles de tuiteros panmacristas salieron fuerte a favor de Rinaldi e incluso lograron que Carla Peterson se arrepintiera de haberse metido, pero casi ningún dirigente de primera línea se sumó a esa defensa. Se repite la vieja historia del partido: recuerda a cuando Mauricio Macri puso a Abel Posse en el gabinete porteño y le duró una semana, ¿no sabía que era negacionista? O cuando debió soltarle la mano a Darío Lopérfido que insistía en que no fueron 30 mil. El PRO es especialista en alimentar ideas y figuras de las que no se hacen cargo.

Esta semana en el centro porteño aparecieron unos afiches rosas que promocionaban la candidatura presidencial de “Carolina Serrano”, el supuesto seudónimo de Patricia Bullrich en Montoneros. Hubo bronca en su comando de campaña, donde enseguida apuntaron contra Larreta. Horas más tarde algunos eligieron instalar que detrás de la campaña sucia estaba Sergio Massa, una forma de demostrar que el ministro se prepara para un ballotage contra Bullrich y ve prescindentes a los demás candidatos. La intervención de la fundación de Bullrich por irregularidades contables calzó justo para reforzar la teoría de una polarización definida y alimentada por ambos.

Los dirigentes más cercanos a la vice y la primera línea de La Cámpora ahora ningunean a Juan Grabois -con quien muchos tienen más coincidencias partidarias- porque esta vez apuestan a ganar

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La fase del sinceramiento también alcanza al peronismo, que no promete una nueva década ganada sino que se conforma con un programa de gobierno sujeto al acuerdo con el FMI. Opinó Fernando Rosso: un menemismo sin gracia, que te dice lo que va a hacer e igualmente pretende que lo votes. Sin promesas desmesuradas (“revolución productiva” o “salariazo”) ni grandes traiciones. El kirchnerismo hoy está alineado detrás de la candidatura de Massa, que arrancó la semana con el alivio que implica en el peronismo recibir elogios de Cristina. Los dirigentes más cercanos a la vice y la primera línea de La Cámpora ahora ningunean a Juan Grabois -con quien muchos tienen más coincidencias partidarias- porque esta vez apuestan a ganar. “Texto y contexto”, dijo Cristina para justificar su decisión y ellos lo asimilaron: se trata de ponerle un límite al deseo y hacer lo que hay que hacer para no volver a pasar cuatro años con el macrismo en la Rosada.

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