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16 de julio 2022

Juan Di Loreto

LO QUE VENDRÁ

Tiempo de lectura: 3 minutos

Los textos políticos de estos días quedarán viejísimos en dos años. O al menos estarán congelados como registro de una época inédita de la patria. No porque en Argentina pasen muchas cosas, que sí, pasan, sino porque el tiempo que vendrá será uno en que el Poder Ejecutivo concentrará el poder político de gran forma. Como en años anteriores con Menem (Carlos), Kirchner (Néstor), Fernandez (Cristina) y Macri (Mauricio), la próxima era política será la de una jefatura fuerte. 

Sin caer en esencialismos, Argentina parece un lugar de estructura pendular. Pasamos del liberalismo ortodoxo a una suerte de estatismo todo terreno. Pendular, de un lado para otro, pero sobre todo hegeliana: la realidad es un movimiento en el cual a un momento afirmativo proseguirá una instancia negativa. Afirmación, negación y negación de la negación. Las épocas necesitan como rasgo de identidad diferenciarse del pasado. Tal es así que lo que vendrá será un poder político más concentrado, una calle de mano única. No porque (me) nos guste, sino porque a un desgobierno como el actual, donde no se sabe quién tiene la manija, vendrá un momento donde eso estará más que claro. De hecho hay algo más: esa concentración del poder será vista como una virtud (“La necesidad hecha virtud”, como decía Bourdieu). El poder está acá, este gobierna y quiere esto. Es como la estabilidad de los largos 90. En política un desierto y en lo social una desgracia, pero nadie te quitaba lo estable de aquellos años y el poder que organizaba todos los flujos como decían en ¿Qué hacemos con Menem?

Lo que vendrá será un poder político más concentrado, una calle de mano única. No porque (me) nos guste, sino porque a un desgobierno como el actual, donde no se sabe quién tiene la manija, vendrá un momento donde eso estará más que claro

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Para la práctica política esa concentración del poder será una tabla de salvación. Y para la economía, también. No porque lo que venga vaya a ser “bueno”, sino porque un mayor poder o, al menos, fijado en un punto impondrá un reordenamiento del campo político (al menos al principio). Por acción y omisión todo va a girar en torno al nuevo Ejecutivo. Las reglas de la hora son estas. Esta es la izquierda, esta es la derecha, estos son los ultras. Como todo es relacional, el nuevo armado político demarcará la frontera de lo posible, de lo deseable y de lo enunciable. En lo económico igual: el Estado tendrá más o menos intervención, dejará hacer, pero marcará las pautas. Seguramente se propondrán reformas un tanto mágicas, porque una reelección y una reforma del Estado no se le niega a nadie en Argentina. En fin, un enigma, por supuesto, pero no exento de las restricciones actuales: deuda y pobreza, dólar escaso, conflictividad y delito a la orden del día. E inflación!

La necesidad de interlocutores válidos que tiene la sociedad hará que el nuevo poder concentrado viva sus minutos de gloria. Ante la fragmentación y la deslocalización del poder actual, donde no se sabe si el funcionario tiene el control total de la cadena de mando, una de las claves para cualquier gestión. Por eso Argentina no necesita siquiera un plan (estoy exagerando), lo que necesita es la estabilidad, que las reglas duren más que una especulación política.

Las internas también serán dejadas de lado, vivirán en una etapa de latencia, porque será el nuevo poder el que las resuelva. Pragmatismo pero advertencia: lo que le pasó al anterior gobierno no puede volver a pasar. Ese será el mantra y motor. También un fundamento para cualquier clase de cambio. Porque cuando desembarca un verdadero proyecto político transforma transversalmente la realidad. Su gran triunfo es que todos hablen su idioma.

Pragmatismo pero advertencia: lo que le pasó al anterior gobierno no puede volver a pasar. Ese será el mantra y motor

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Sin dobles comandos, lo que vendrá necesitará de una o un Vice leal o totalmente insignificante, que no es lo mismo pero es igual. Nadie dudará donde estará la caja donde ir a cobrar. Porque de lo que se tratará, y de lo que se trató siempre, es saber dónde se hace el poder. No quién lo tiene, sino cuáles son las relaciones que hay que tejer para que los distintos intereses y lobbys se realicen.

Ahora bien, la pregunta que cabe ante la tesis de este texto es si ese futuro gobierno, a pesar de la hipotética fortaleza, quebrará esta suerte de empate hegemónico que nos tiene encajados a los argentinos. Porque una cosa es concentrar los flujos de poder del Estado y otra es muy distinta es crear una nueva hegemonía en el campo político. Porque el poder puede ser concentrado y monolítico, pero también tiene que tener la pericia de la seducción para arrastar consigo a amplios sectores. Porque poder es también poder conquistar a otros. Pero eso, pero eso lo dejamos para lo que vendrá