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18 de febrero 2024

Iván Pablo Orbuch

LA INTERNA QUE PARALIZÓ A UN PAÍS

Tiempo de lectura: 5 minutos

La interna entre Cafiero y Menem es posiblemente el evento más relevante de la historia del peronismo de las últimas cuatro décadas, aunque pocos simpatizantes del peronismo sub 40 lo sepan. Sin embargo, este desconocimiento no sorprende. Como había advertido de forma temprana Eric Hobsbam en su imprescindible libro “Historia del Siglo XX”, una de las características inquietantes de la sociedad actual es la desconexión entre lo acaecido en el presente con las numerosas luchas y episodios nodales del pasado.

La interna que dirimió quién iba a ser el candidato presidencial en las elecciones nacionales de 1989 es parte de la historia reciente argentina. Como sabemos bien quienes fuimos formados en el sistema educativo argentino en las décadas previas al 2000, esa historia no se estudiaba en la escuela. En mi caso, hice la secundaria entre 1991 y 1995. Nunca podíamos pasar del primer golpe de estado de 1930. La historia reciente era un anatema, y la intromisión del peronismo a partir de su llegada al gobierno por el voto popular en 1946 sólo lo reforzaba. En ese sentido, cabe señalar algunas características presentes en ese campo investigativo.

Florencia Levín y Marina Franco, en su libro “Historia reciente. Perspectivas y desafíos para un campo en construcción” (2007), rastrean los orígenes de esta rama de la Historia y los vinculan a la imperiosa necesidad de encontrar una explicación a sucesos trágicos ocurridos durante el siglo XX. Por caso, la crisis civilizatoria promovida por la Primera Guerra Mundial en el mundo occidental, el ascenso de regímenes autoritarios como el fascismo en Italia en 1922 y el nazismo en Alemania en 1933, los estragos de la crisis social y económica generados por el crack financiero de Wall Street en 1929 (de los que las dictaduras recién mencionadas fueron una respuesta) y la Segunda Guerra Mundial y su tragedia emblemática, el Holocausto, aportaron sobrados motivos, interrogantes y materiales para impulsar este campo de estudios.

Menem supo conectar con los peronistas de a pie y fue un verdadero fenómeno electoral. Fue la sublevación del interior postergado ante los embates del poder central

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Por tanto, una característica que unifica este campo epistemológico es que se desarrolla a partir de un trauma que deja profundas huellas en la sociedad. En el caso europeo, este tema es el de la Segunda Guerra Mundial y el genocidio perpetrado por los nazis. En nuestro país, en cambio, se encuentra estrechamente asociado a los convulsionados años setenta del siglo pasado y, en particular, a la última dictadura cívico-militar, que tuvo lugar entre 1976 y 1983. Desde esta perspectiva, la historia reciente es ante todo una historia de la cultura de nuestro tiempo. Allí es que puede inscribirse la interna peronista del año 1988.

La compulsa electoral se llevó a cabo, como no podía ser de otra manera en un partido que considera que los símbolos y las conmemoraciones son parte de su legitimidad, un día patrio como el 9 de julio de 1988. Hay que señalar que en esos años la contienda que definió cuál iba a ser el candidato peronista en las elecciones presidenciales de 1989 no fue la única en llevarse a cabo. Por ejemplo, la Unión Cívica Radical movilizó a más de 700 mil afiliados el 2 de julio de 1988 para elegir a su candidato presidencial. En noviembre del mismo año, Izquierda Unida contó con la participación de 138 mil votantes en las elecciones entre Néstor Vicente y Luis Zamora. En 1995 alrededor de medio millón de personas optaron entre José Octavio Bordón y Chacho Álvarez en la interna del FREPASO. En 1998 cerca de 2 millones de personas, en una elección abierta al electorado independiente, escogieron a Fernando De la Rúa por sobre Graciela Fernández Meijide como el candidato presidencial de la Alianza. Estas fueron algunas de las elecciones internas de esos años, pero cabe mencionar que ninguna tuvo el condimento pasional que la que protagonizaron Menem y Cafiero en el año 1988 y todas ellas carecieron de la intriga respecto a quien sería el candidato triunfante.

Transitando los primeros meses de 2024 surgen algunos interrogantes: ¿Por qué se sabe tan poco de la interna peronista de 1988? ¿Por qué este es el primer libro escrito sobre el tema? ¿Por qué se la reivindica escasamente dentro del peronismo? ¿Influyó que el ganador haya sido Menem quien cuando fue presidente hizo lo contrario a lo prometido en la campaña? ¿Es un incómodo recuerdo para quienes quisieran reivindicarla?

El partido que debe su nombre a uno de los políticos más influyentes de la historia argentina, Juan Domingo Perón, por primera vez en su existencia dirimió sus diferencias con el voto de los afiliados un año antes de las elecciones presidenciales de 1989. De un lado el recientemente elegido gobernador de la provincia de Buenos Aires, que a su vez representaba el 40% del padrón electoral y era la cara visible de la renovación peronista. Del otro, el gobernador de la provincia de La Rioja, que hacía lo propio con alrededor del 2% del citado padrón. El resultado, a priori, estaba cantado. Parecía que no había equivalencias posibles entre la fuerza que representaba uno y otro pre candidato presidencial. Por otro lado, la consideración social de ambos dirigentes políticos también era diametralmente opuesta. En efecto, Cafiero era una figura respetada por el grueso de la sociedad mientras que Menem era una personalidad política recurrentemente subestimada y vinculada al mundo del espectáculo más que al de la política, en una asociación que el propio riojano se había ocupado con esmero de construir. En ese sentido, son recordadas las imitaciones de Sapag, pero más aún la buena onda con que Menem las tomaba

Cafiero, junto a Oscar Alende y el radical Jesús Rodríguez, habían sido algunos de los más representativos políticos que se hicieron presentes en las puertas de la escuela de infantería de Campo de Mayo para evitar el ingreso de la multitud

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Cabe recordar que Antonio Cafiero venía acompañado de un aura de estadista, que se había incrementado cuando el dirigente bonaerense había apoyado a Raúl Alfonsín en el momento más álgido del retorno de la democracia. Su aparición en el balcón en el que el mandatario radical se dirigió a la multitud el 19 de abril de 1987 fue un espaldarazo formidable para la democracia y una advertencia a los golpistas liderados por Aldo Rico respecto al sitio en el que se ubicaría el peronismo en caso de repetirse un golpe de Estado en Argentina. Cafiero, junto a Oscar Alende y el radical Jesús Rodríguez, habían sido algunos de los más representativos políticos que se hicieron presentes en las puertas de la escuela de infantería de Campo de Mayo para evitar el ingreso de la multitud y su consiguiente avance ante los militares sublevados, lo que hubiera constituido una catástrofe. La conducta de su par riojano por esos días fue más sinuosa, de hecho, sus apariciones públicas disminuyeron cuando la gravedad de la situación reclamaba otro comportamiento.

Carlos Saúl Menem no gozaba de un prestigio equivalente al de su par de Buenos Aires. Campechano, amigo de la llamada farándula adonde revestían los actores, actrices y vedettes más relevantes de la época y gobernador de una provincia en la que solo vivían 260 mil personas, su peso político parecía no tener parangón con el de su contendiente. Sus ideas políticas tampoco estaban del todo claras para un importante sector de la opinión pública que solía analizarlo de forma desdeñosa. Su trayectoria zigzagueante a lo largo de los años no lo ayudaba. Su presencia, morocho, con patillas, en un país que hace de la discriminación una verdadera política de Estado contribuía con esta subestimación. Empero, supo conectar con los peronistas de a pie y fue un verdadero fenómeno electoral. Fue la sublevación del interior postergado ante los embates del poder central. En este caso dentro del peronismo que dirimió democráticamente sus diferencias.

(Fragmento de La interna que paralizó un país, editorial Milena Caserola, 2023)