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31 de agosto 2023

Lucía Aisicoff

LA HIJA DEL TIEMPO

Tiempo de lectura: 5 minutos

Victoria Villarruel caminó a contramano de la historia durante más de una década. Mientras Néstor Kirchner enamoraba a un sector de la juventud descolgando los cuadros de Videla y Bignone, ella arrancaba su cruzada por una “memoria completa” a través de conferencias, entrevistas, charlas en secundarios y activismo en las redes. No lo hizo sola, fue parte de un dispositivo político que buscó relativizar el terrorismo de Estado, aunque ella encontró su foco en las víctimas civiles de la guerrilla. Le tocó un papel marginal, pero siguió adelante confiada en que la verdad es hija del tiempo. Hoy tiene su revancha: se convirtió en la compañera de fórmula de Javier Milei y también en su reserva moral.

Para Victoria lo más importante es la familia. No tuvo hijos, al igual que Javier y su hermana Karina, una condición que se extiende entre la mayoría de los candidatos de La Libertad Avanza. Ninguno empezó a militar para dejarles un mejor país a los chicos o se metió en política con el deseo de retenerlos ofreciéndoles una salida alternativa a Ezeiza. La ultraderecha se aferra al paraíso del ahora. Pero Victoria es quien es porque es hija de su padre, Eduardo Villarruel, un militar retirado del Ejército que ocupó puestos jerárquicos durante la dictadura: veterano de Malvinas, segundo jefe de la Compañía de Comandos 602 que estaba al mando de Aldo Rico, y cercano al represor Antonio Bussi.

Villarruel padre murió en mayo de 2021 en plena cuarentena decretada por el gobierno de Alberto Fernández. Dos meses después, Victoria recibió a Pablo Sirvén en su casa. Se sentaron en sillones individuales enfrentados, separados por una mesita que tenía una flor de plástico en un vaso con agua. En el living blanco, clásico y con toques noventosos, se llegaba a ver al fondo un portarretratos con la foto de boda de sus padres. Victoria llevaba una camisa que le quedaba grande, como si se la hubiera sacado a un hombre con el que acababa de dormir. El pelo lacio con la raya al costado le caía sobre los hombros. “Activista de derechos humanos”, decía el graph con el que la presentaron, que luego cambió a “abogada y presidenta del Centro de Estudios Legales Sobre el Terrorismo y Sus Víctimas (Celtyv)”. Sirvén abrió la nota preguntándole por el padre fallecido. “Mi papá a fines de abril fue internado por una neumonía leve en la ciudad de Rosario y era un hombre que no tenía enfermedades preexistentes, su estado de salud era perfecto. Tenía 73 años y 25 días después salió muerto”, respondió ella.

Su discurso público se acomodó a la época. En una entrevista con el diario La Nación en 2010 se negó a condenar la dictadura. Ahora matiza sus expresiones y no pierde el eje: ella no habla ni de militantes ni de militares, centra su discurso en las víctimas civiles de la guerrilla

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Victoria se internó con su papá cuando le avisaron que tenía Covid: “Por un padre yo haría cualquier cosa”, argumentó. Sirven le preguntó si estaba vacunado y respondió que no. Después le preguntó si ella estaba vacunada y respondió que tampoco. La vacunación, para ese entonces, ya estaba avanzada en la Argentina. Victoria contó que a su papá se lo entregaron en una bolsa hermética, que ella rechazó. Les dijo que era abogada y que conocía su derecho a entrar a la morgue para identificar el cuerpo. “Pude tener mi velatorio de cinco minutos con el hombre que era el puntal de mi vida”, contó movilizada.

El último 13 de agosto los genocidas detenidos en Campo de Mayo celebraron con gritos de libertad el triunfo de La Libertad Avanza en las primarias. Victoria acercó a Milei a la familia militar, a la que no sólo la ata su padre: el abuelo materno fue un reconocido historiador de la Marina y su tío, Ernesto Villarruel, uno de los altos mandos de El Vesubio, el centro clandestino de detención en el que a los familiares no se les garantizaba el derecho de entrar a la morgue para identificar cuerpos. Ernesto estuvo prófugo con pedido de captura y lo atraparon en 2015 cuando quiso votar. Fue procesado con prisión preventiva por privación ilegítima y tormentos contra dos militantes. Zafó del juicio en 2019 por su “agravado estado de salud”, aunque ambos casos fueron acreditados. Victoria jamás menciona a su tío.

Es sinuosa cuando habla de la dictadura, a la que llama “gobierno de facto”. Su discurso público se acomodó a la época. En una entrevista con el diario La Nación en 2010 se negó a condenarla. Ahora matiza sus expresiones y no pierde el eje: ella no habla ni de militantes ni de militares, centra su discurso en las víctimas civiles de la guerrilla. Según reconstruyó con Carlos Manfroni en el libro “Los otros muertos”, fueron más de mil los caídos en la década del ’70. Para que su mensaje fuera más efectivo, desde el Celtyv llevó adelante un trabajo sombrío que analizó hace años la revista Crisis: copió el lenguaje que usaron los organismos de derechos humanos, agarrándose del reclamo de memoria, verdad y justicia, y exigiendo reparación.

Villarruel se ganó el odio de Cecilia Pando porque logró lo que ella no pudo. La referente negacionista cruzó el límite de lo tolerable al defender la apropiación de bebés y amenazar de muerte a funcionarios con ataques de ira que contrastaban con la parsimonia robótica con la que suele hablar la socia de Milei. El mayor retirado Pedro Mercado, esposo de Pando, contó en una carta pública que fue ella quien lo acercó a Jorge Rafael Videla a través de los tours de jóvenes que organizaba hasta la casa del represor para que lo conocieran durante su arresto domiciliario. Ahora la acusan a Victoria de haber matizado su discurso para poder crecer.

Milei se quedó callado unos segundos e intentó seguir hablando, pero ella lo volvió a interrumpir y clausuró la pregunta: “Nosotros no estamos por reformas constitucionales”

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Se casó joven y carga con el divorcio en un mundo en el que pesan los mandatos. Tal vez por eso borró a ese marido de la historia oficial y tampoco habla de su actual pareja, Guillermo Montenegro, un hombre hermético vinculado al Opus Dei. Es su asesor, empleado en el Congreso, candidato a diputado y la persona que pone la firma en todos los espacios en los que ella lo necesita, como la fundación Oíd Mortales y el Partido Demócrata de la Provincia, donde enfrentan juntos una denuncia judicial por falsificar papeles para apropiarse del espacio. Si ganan los libertarios, Montenegro es el favorito para encabezar el Ministerio de Seguridad.

Victoria defiende a los hijos por nacer y ya avisó que intentará derogar la ley del aborto. Cuatro días después de ganar las PASO, dieron juntos una entrevista en TN. Él vestido de traje y corbata, ella de negro, maquillada más de lo habitual. Durante la charla por el plan para recortar gastos, el conductor le preguntó a Milei qué haría con el financiamiento a la Iglesia Católica como institución, desde el aporte a las escuelas, las exenciones impositivas y el dinero a los obispos. “Digo, en principio, digo, todavía eso no se puede modificar, vos tenés que hacer un montón de reformas antes para…”, decía el candidato presidencial, pero Victoria lo pisó: “Es anticonstitucional”. Milei se quedó callado unos segundos e intentó seguir hablando, pero ella lo volvió a interrumpir y clausuró la pregunta: “Nosotros no estamos por reformas constitucionales”.

Hay temas sobre los que Milei habla a los gritos, aunque no tiene una opinión tan formada. Victoria interviene para asesorarlo sobre seguridad y le baja línea sobre el mundo eclesiástico y militar, que ella conoce tan bien. Su patriotismo crece rodeado del recelo de los libertarios puros, que no compran el discurso nacionalista. La noche del 14 de noviembre de 2021, Milei cerró su campaña legislativa con un acto en el Luna Park. Victoria empezó a hablar vestida con una túnica blanca y una bandera argentina apoyada en el atril, rodeada por los referentes del espacio. Mientras daba su discurso y se la reproducía en una pantalla gigante, un hombre rompió la barrera de seguridad e intentó treparse al escenario. Un custodio subió y amagó con sacar un arma. Todo pasó en unos pocos segundos en los que hubo gritos y caras de pánico, pero Victoria no se inmutó. Seria, con la mirada perdida, se acomodó el pelo atrás de la oreja y volvió a hablar. Avanza sin miedo, con el viento a su favor, convencida en la verdad de su palabra para criar a los hijos de esta época.

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