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16 de febrero 2024

Nicolás Poggi

EL SEGUNDO TIEMPO DE LA CGT EN LA ERA MILEI

Tiempo de lectura: 5 minutos

Hace poco más de un mes y medio, el 4 de enero, reunido con los jerarcas sindicales en medio del calor veraniego, Sergio Massa dijo que el paro general que se hizo el 24 del mes pasado le parecía “apresurado”. El gobierno de Javier Milei recién empezaba, todavía no había naufragado la ley ómnibus y parte de la política dormía el aletargado sueño del receso después de un fin de año caliente.

Massa, que en campaña se había propuesto ser “el presidente de los trabajadores”, el que había sido el ministro de Economía que quitó Ganancias para la cuarta categoría y que había devuelto, por un tiempo, el IVA, no quiso meterse en ese momento en las deliberaciones de la central obrera pero sí dio su opinión: si se agotaba tan temprano la herramienta sindical más importante de acción directa –el paro–, ¿qué quedaba para después? Lo cierto es que a la extravagante administración libertaria le quedan 4 años y la sociedad y su sistema de defensa parecen ya desgastados.

Massa, no quiso meterse en ese momento en las deliberaciones de la central obrera pero sí dio su opinión: si se agotaba tan temprano la herramienta sindical más importante de acción directa –el paro–, ¿qué quedaba para después?

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Pero esa advertencia que hiciera el ex candidato presidencial del peronismo representa, hoy, el principal dilema de la CGT. ¿Cómo seguir adelante con el resguardo de los derechos de los trabajadores en un contexto de devaluación del 100 por ciento, inflación sostenida y pérdida del poder adquisitivo? ¿Cómo bancar y contener a sus bases cuando hasta el transporte público adquiere la categoría de un bien prohibitivo? ¿Massa tenía razón y había que esperar?

La contundente movilización que acompañó al paro general del 24 de enero podría arrojar, como rápida respuesta, que la medida no fue precipitada. Es más, la resolución de cámara contra la reforma laboral del DNU 70/23 (ante una presentación que había sido hecha por la propia CGT) y el desvarío de la ley ómnibus en la Cámara de Diputados hacen que a los sindicalistas se les infle el pecho de orgullo. Sí, a ellos, los mismos que son acusados de burócratas y de moverse lento en las aguas siempre borrascosas de la política. “¿Ven? –parecen decir ‘Los Gordos’–. Activamos, el movimiento obrero está en alerta”.

La incógnita es cómo actuará la CGT de ahora en más. De las indagaciones en la mesa chica de la central surge que los jefes sindicales ven dos escenarios: la posibilidad de ir a otra medida de fuerza orgánica si la situación se agrava, y en tándem con las CTA y los movimientos sociales, y la proliferación, por otro lado, de múltiples protestas de aquellos sectores que se vean más afectados por la situación económica.

Lo que viene para los próximos meses requerirá entonces de una mirada “sensata y programática” que vaya más allá de la posibilidad de un paro, convertido a esta altura en el lugar común de la narrativa sobre la vida sindical. La magnitud de los problemas, vienen a decir en el mundo cegetista, excede a la central e incluye a cuentapropistas, independientes y trabajadores informales, que rondan el 30% de la economía y a quienes los gremios no llegan.

Los sindicalistas dicen ser garantes de la paz social, tienen en claro que al gobierno de Milei no les importan los trabajadores y que lo único que defiende son los intereses de los grupos económicos que se vislumbran, como ghost writers, detrás del DNU, pero aclaran de todos modos que no son (ni quieren ser) “destituyentes”. El fantasma que persigue al sindicalismo cada vez que hay gobiernos no peronistas. “Nos parece importante protestar, y lo haremos de manera generalizada a través de la CGT, pero también va a haber un montón de reclamos sectoriales”, avisan desde la sede de Azopardo.

Los sindicalistas dicen ser garantes de la paz social, aclaran de todos modos que no son (ni quieren ser) 'destituyentes!. El fantasma que persigue al sindicalismo cada vez que hay gobiernos no peronistas.

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Y ofrecen un botón de muestra: este mismo mes de febrero quedarán en el camino 200 mil puestos de trabajo de la construcción por la suspensión de la obra pública dispuesta por el Gobierno, según los datos del propio Consejo Federal de la Cámara Argentina de la Construcción, y que la CGT está mirando. A ese tipo de peligros apuntan.

La interna sindical, ¡afuera!

El hervidero de enero puso en pausa además los resquemores que existen hacia dentro de la central obrera, donde ‘Los Gordos’ y los independientes –resumidos en los gremios mayoritarios de la rama servicios– son provocados permanentemente por el ala dura que encabezan el camionero Pablo Moyano y el Frente Sindical donde también funge La Bancaria de Sergio Palazzo.

El triunvirato de conducción de la organización es el fiel reflejo de ese caleidoscopio: Héctor Daer (Sanidad) y Carlos Acuña (estaciones de servicio) por la factoría moderada y “dialoguista”, y Pablo Moyano como garante de la identidad combativa de la que se precia todo representante sindical. Tres secretarios generales para una conducción de tres patas que nunca se llevó del todo bien. Hasta ahora.

El hervidero de enero puso en pausa además los resquemores que existen hacia dentro de la central obrera, donde ‘Los Gordos’ y los independientes –resumidos en los gremios mayoritarios de la rama servicios– son provocados permanentemente por el ala dura que encabezan el camionero Pablo Moyano y el Frente Sindical donde también funge La Bancaria de Sergio Palazzo

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Fue la necesidad de cerrar filas contra Milei la que hizo la interna a un lado. “Es la primera vez que están todos alineados para el conflicto”, remarcan en Camioneros. “El acto y la movilización del 24 fueron muy fuertes, y ver a Daer y a Pablo Moyano juntos te da la pauta. Van juntos a todos lados”, se entusiasman. El comienzo de una maravillosa amistad. Y para aquellos sindicalistas que no se pliegan, o que prefieren esperar, se aplica una medida tan vieja como el trabajo mismo: “No les damos bola”.

Para el segundo tiempo de la CGT tras el paro general se da por hecha la buena convivencia con las dos CTA, los movimientos sociales, la UTEP, Juan Grabois y hasta con el Polo Obrero, de identidad trotskista, tal como pudo verse en la movilización de enero. “Desde Macri que venimos así y así vamos a seguir, haciendo ese equilibrio”, aseguran cerca de Pablo Moyano.

Cómo sigue 

Entonces, ¿fue apresurado el paro, tal como Sergio Massa le dijo a los sindicalistas? En la mesa chica de Azopardo ya hicieron su evaluación y creen que no. “A la luz de los resultados, fue correcto, aunque en el momento no podía verse -confían ahora, en una charla más distendida-. Tuvo una razón de ser, porque sabíamos que esa semana iba a tratarse la ley ómnibus”. Y aportan que esa medida de acción directa no se agota en una sola jornada paro porque, en ese caso, Saúl Ubaldini “no hubiera sido el gran referente del reclamo social” con sus 13 paros generales a Alfonsín.

También se entusiasman ‘Los Gordos’ con la participación de mucha gente que “no tenía nada que ver” con la CGT y que encontró en el paro la canalización de una protesta, no sólo en la Capital sino en muchas ciudades del país. Y admiten, por sobre todas las cosas, otra razón que justificó la premura de salir: las bases de los propios sindicatos habían votado a Milei. 

También se entusiasman ‘Los Gordos’ con la participación de mucha gente que “no tenía nada que ver” con la CGT y que encontró en el paro la canalización de una protesta, no sólo en la Capital sino en muchas ciudades del país

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“La posibilidad de volver a salir siempre está, pero no va a depender de la CGT sino que estará en manos de muchos sectores afectados, no sólo los representados por los gremios”, anticipan desde la conducción obrera a la hora de trazar la línea de los próximos meses. Un racimo de conflictividades y con identidades varias. Podrían ser los jubilados, trabajadores independientes, comedores, hasta los afectados por los cortes de luz y los tarifazos. Un abanico de movidas. El objetivo de hacerse oír. Una, dos, muchas protestas.

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