13 / 11 | Prensa y democracia

LA PROFECÍA DE FIRPO

Panamá Revista presenta una serie de textos sobre la prensa durante la aún breve pero intensa historia de la democracia argentina. Una relación simbiótica y competitiva que unió por el amor y por el espanto al sistema que los argentinos elegimos para vivir, para obedecer y para ordenarnos con el de las empresas que vivieron de relatarlo. Hoy, que los cambios en las condiciones políticas y de mercado indican un cambio de etapa con alcances aún desconocidos, es oportuno recorrer la historia de la prensa y la democracia a través de los proyectos periodísticos nacidos y criados en ella.
Diego Igal @papipoigal Periodista, autor del libro Hum® Registrado, nacimiento, auge y caída de la revista que superó apenas la mediocridad general (Editorial Marea, 2013).


Norberto Firpo la vio venir. Y la tarde que se fue a despedir se lo advirtió a Andrés Cascioli. Eran los días luminosos de diciembre de 1983. El país recuperaba la democracia y el futuro era como una gran página en blanco a la que nadie le tenía miedo. Firpo era columnista político de la revista Hum® y al mismo tiempo editor del diario La Nación desde 1980. Cuando el director del matutino Bartolomé Mitre descubrió que incumplía la exclusividad exigida a todos y encima en “esa” publicación, negociaron que renunciaría cuando se recuperaran las instituciones, una fecha que entonces nadie conocía.

Firpo -ex secretario de Primera Planta y director de Siete Días– cumplió con la palabra y aquel día subió a despedirse a la oficina de Cascioli en la que dibujaba las tapas de parado o recibía aspirantes o colaboradores. Hum® tenía para entonces cinco años y medio en la calle; se había convertido, sin proponérselo, en una publicación cultural y política; un fenómeno editorial que sólo en ese 1983 había vendido más de 2.500.000 ejemplares, a fuerza de un contenido de calidad, irreverente y con inteligencia que creció a la par, pero en especial, empujado por los lectores. La revista circulaba de mano en mano -la leían hasta seis personas por número, según midieron- como una contraseña; con historietas y chistes que daban cuenta de la situación social, económica y política; entrevistas a personajes prohibidos -la lista iba de Atahualpa Yupanqui y Joan Báez a dirigentes políticos y las Madres de Plaza de Mayo- y una sección de espectáculos que difundía a artistas y trabajos que no tenían espacio en la prensa.

"un fenómeno editorial que sólo en ese 1983 había vendido más de 2.500.000 ejemplares"

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La publicación era el buque insignia de la factoría Ediciones de la Urraca que también había sacado a la calle títulos como SuperHum®, El Péndulo y Humi y empleado a lo mejor del periodismo gráfico que había quedado en el país o colaboraba desde el exilio (como Osvaldo Bayer y Soriano) porque encontraban en esos emprendimientos la válvula para informar lo que otros censuraban. A partir de las internas entre los dictadores y, en especial, de Malvinas, la revista se había posicionado como una gran trinchera -de las pocas que existían- contra la represión, no sólo en cuestionamientos políticos y económicos desembozados, sino también en lo cultural. La revista se sostenía en las ventas porque los anunciantes grandes y medianos nunca habían pautado y la publicidad estatal todavía no era reverenciada como salvavidas.


En enero de 1983 Hum®había sufrido el único problema grave ante la Junta Militar con un número (el 97) que en la tapa tenía una caricatura del jefe del Ejército trastabillando sobre una patineta. No fue sólo el dibujo lo que generó el embate -y una demanda judicial- sino una nota en la que Enrique Vázquez informaba de los robos y otros chanchullos castrenses que comenzaban a develarse y otra en la que Luis Gregorich comparaba el régimen militar con el nazismo.

"La revista se sostenía en las ventas porque los anunciantes grandes y medianos nunca habían pautado y la publicidad estatal todavía no era reverenciada como salvavidas"

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Pero Firpo, aquel diciembre, encaró a Cascioli y sin vueltas le preguntó:

– ¿Qué van a hacer ahora Tano?
– ¿En qué sentido me decís Norberto?
– ¡La revista, Tano! Van a tener que cambiar algo. Ahora van a salir revistas y tipos a patadas. Se van a empezar a liberar y nadie va a esperar quince días Hum®. Van a leer los diarios con las denuncias. Perdés la exclusividad…
– No, no te preocupes, no va a pasar nada, minimizó Cascioli.

En diciembre de 1983, Hum® vendía, según el IVC, poco más de 191.332 ejemplares contra los 265.583 que había registrado en marzo. De formación en publicidad, co-responsable de Satiricón y de Chaupinela, Cascioli era un gran editor, talentoso, intuitivo y dotado de una gran dosis de generosidad y audacia. No tenía celos artísticos ni pruritos ideológicos: bastaba el talento para trabajar en La Urraca. Pero al mismo tiempo, el Tano adolecía y renegaba de ser empresario, aunque tampoco era ingenuo y si veía que algo no funcionaba lo discontinuaba.

Humor 2

En 1984 aprovechó el colchón que había armado con Hum®-financiero, de prestigio y simbólico- para lanzar tres publicaciones que serían clásicos, como El Periodista de Buenos Aires, Fierro y SexHum®, pero que a la vez abonarían al caldo de cultivo que cumpliría la profecía de Firpo.

"-¡La revista, Tano! Van a tener que cambiar algo. Ahora van a salir revistas y tipos a patadas. Se van a empezar a liberar y nadie va a esperar quince días Hum®."

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El Periodista fue pergeñado por Soriano, pero antes de ver la calle y luego de una pelea con Cascioli, quedó a cargo de Carlos Gabetta, regresado del exilio. La redacción cobijó un seleccionado que te la vogliodire: Bayer, Rogelio García Lupo, Rodolfo Rabanal, Tomás Eloy Martínez, María Esther Gilio, David Viñas, José María Pasquini Durán, Roberto Cossa, Carlos Somigliana, Roberto Jacoby, Ricardo Piglia, Beatriz Sarlo, León Rozitchner, Antonio DalMasetto, Horacio Verbitsky, AlvaroAbós y Eduardo Galeano, entre muchos otros de ese nivel de talento y ego.

Tan buena era que hasta Luis Majul consiguió una gran primicia: la lista que elaboraba la CONADEP de los represores e incluso miembros de la Iglesia que habían colaborado con la dictadura. “Presentamos la primera revista política semanal nacida con la democracia: El Periodista de Buenos Aires -decía un aviso publicado a toda página, la cinco, del número 133 de Hum®-. Desde el mes próximo, Hum® y sus lectores estarán menos solos. Quienes acompañaron con esta revista la resistencia contra la dictadura y la reimplantación de las instituciones democráticas manifiestan desde hace mucho tiempo, en miles de cartas o personalmente, su inquietud por la carencia de un espacio informativo y de análisis riguroso, verdaderamente libre y progresista”, abundaba.

humorHum® y los lectores “estarían menos sólos”, he ahí una clave. En Fierro, con la batuta de Juan Sasturain, la apuesta no era menor: Horacio Altuna, Enrique Breccia, Carlos Nine (uno de los popes de la casa), Francisco Solano López, Héctor Oesterheld y artistas de ese calibre del país y del mundo (Moebius y Milo Manara, por ejemplo), componían en cada número verdaderas piezas de colección.

La sexHum® se armaba con chistes e historietas que acompañaban el llamado destape -desnudez y erotismo en proporciones desmesuradas- y que por espacio o tema no encajaban en Hum®, Fierro o El Periodista.
Esa multiplicación de los panes editoriales salió a competir con la artillería que desplegaron las empresas tradicionales del mercado como Atlántida y Perfil, que ahora sí se animaban a publicar lo que hasta entonces callaban, sin autocrítica ni mea culpa y, en algunos casos, con un acá no ha pasado nada alevosisímo que Hum® se encargó de denunciar.

"Esa multiplicación de los panes editoriales salió a competir con la artillería que desplegaron las empresas tradicionales del mercado como Atlántida y Perfil"

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Pero Firpo no se equivocaba. Al destape de pechos y periodismo se sumaban canales de TV y radios; nuevas publicaciones y empresas, mientras la realidad del país comenzó a correr más rápido que los medios.

Si Hum® vendía promedio casi 200 mil ejemplares por quincena en diciembre de 1983, un año después, la cifra era la mitad y en el mismo mes de 1985 arañaba los 80 mil, pero con una tendencia hacia la baja y de manera irremediable. Fierro y sexHum® se consolidaban y vendían, pero El Periodista se debatía entre una hoguera de vanidades, sueldos altos, celos del resto de la editorial y primicias por partes iguales, aunque sin un correlato en las ventas. El alejamiento de Gabetta y otras figuras; un cambio de formato; la irrupción, en mayo de 1987, de Página 12 -una leyenda dice que Jorge Lanata tentó a Cascioli para financiar ese proyecto, pero el conductor de PPT lo niega-; derivó en el cierre de El Periodista en mayo de 1989. Para entonces, además del dinero perdido, Hum® vendía por debajo de los 60 mil ejemplares, algo similar a sexHum®, pero es de suponer, más que Fierro. Hacía rato que no había manteca y el techo comenzaba a mostrar fisuras.

En los primeros años del retorno democrático, Hum® había sido tachada de oficialista porque algunos de los miembros del staff aparecieron como funcionarios o colaboradores del gobierno radical: Vázquez, Gregorich, Aida Bortnik y Pacho O’Donnell ocuparon cargos o puestos muy vinculados al oficialismo.

Cascioli delegó la tapa en Nine y en algo se levantó el pie del acelerador, porque delante no estaban los milicos sino un gobierno que peleaba contra ellos. Una máxima del humor dice que los mejores chistes son bajo tiempos represivos y que siempre hay que escapar del oficialismo. No había atisbos oficialistas en la Hum®, pero no era lo mismo que en la dictadura. En esos años de radicalismo no hubo pauta estatal ni ayuda de ningún tipo (o al menos no quedaron registros ni testimonios). Y, por otro lado, El Periodista fue siempre muy crítico de la política de derechos humanos y económica del alfonsinismo y Fierro fue víctima de la censura y quejas por algunas tapas.
Para la llegada del menemismo, La Urraca había perdido frescura, tenía deudas y mucha inercia en la fórmula.

"Hum® había sido tachada de oficialista porque algunos de los miembros del staff aparecieron como funcionarios o colaboradores del gobierno radical"

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Alguno se ilusionó que podían encolumnar adherentes contra el modelo neoliberal y aunque hubo tapas y notas muy ácidas y corrosivas contra la figura presidencial, las heridas comenzaban a ser letales. Se mantenían algunos coletazos de la vieja época, pero muchos lectores habían huido para no volver. En mayo de 1989, la nave insignia sólo interesaba a menos de 39 mil lectores y todavía no había llegado Caiga quien Caiga, Marcelo Tinelli, Internet y los humoristas de chiste fácil que poblarían noticieros y radios.

El menemismo no levantó las ventas y los juicios por calumnias e injurias comenzaron a llover como no había ocurrido en la dictadura: Tinelli, Bernardo Neustadt, ¡Florencia Peña!, José Luis Chilavert, María Julia Alsogaray y Eduardo Menem, entre otros, presentaron demandas y, junto a una presión desmesurada de la DGI, pusieron en jaque las finanzas y continuidad económica de La Urraca.

Cascioli, quien renegaba de la faceta empresaria y abjuraba de lo corporativo, no supo rodearse de profesionales en el manejo de las finanzas o el gerenciamiento y las veces que intentó algo la situación interna era caótica.

La Urraca y Hum® se mantuvo a flote hasta 1999 cuando le cayó la quiebra. Podría haberse salvado con argucias impositivas que las empresas periodísticas luego profesionalizaron pero la DGI y alguna terquedad de Cascioli tornaron la situación insalvable. El Tano fue escrachado por deudas salariales y previsionales y entró en un cono de repudio que sólo se rompió cuando murió en 2009.

Tal vez Cascioli fue el último gran editor y La Urraca de las últimas editoriales en apostar a la calidad y el talento porque lo que vino después –Alianza, crisis de 2001, monotributo y periodismo militante, mediante- vaciaron las redacciones y pintaron de gris los medios con excusas endebles y planillas de Excel.

"Una máxima del humor dice que los mejores chistes son bajo tiempos represivos y que siempre hay que escapar del oficialismo"

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