22 / 03 | Política

¿BIENVENIDO MR. PRESIDENT?

Leandro Morgenfeld @leandromorgen Docente UBA. Investigador Adjunto del CONICET. Autor de El ALCA: a quién le interesa?; de Vecinos en conflicto. Argentina y Estados Unidos en las conferencias panamericanas; y de Relaciones peligrosas. Argentina y Estados Unidos. Firma el blog www.vecinosenconflicto.blogspot.com


La inminente llegada de Obama, en coincidencia con el 40 aniversario del golpe de estado de 1976, provocará, además de halagos del establishment, acciones de protesta. Mientras la gran prensa elegirá ocuparse de ensalzar la maravillosa arquitectura del Palacio Bosch, donde se alojará Mr. President, y luego dedicará amplio espacio a comparar los vestidos de Juliana y Michelle o a mostrarnos las previsibles instantáneas de Antonia a upa de Barack, será interesante constatar qué pasará en las calles. A lo largo de la historia, los mandatarios y representantes estadounidenses que nos visitaron debieron enfrentar movilizaciones callejeras, escraches y expresiones artísticas contestatarias. Repasemos cuáles fueron las más significativas.

Franklin D. Roosevelt fue el primer presidente estadounidense en ejercicio que llegó a Buenos Aires, para participar en la inauguración de la Conferencia de Consolidación de la Paz, que reunía a los representantes de los países americanos. El 1 de diciembre de 1936, en el Congreso Nacional, dio el discurso de apertura de ese cónclave, interrumpido nada menos que por el hijo del presidente argentino, Liborio Justo, al grito de “Abajo el imperialismo yanqui”, que se coló en la transmisión radial. Estados Unidos venía siendo cuestionado y resistido por las numerosas intervenciones militares que habían violado la soberanía de los países latinoamericanos en el primer tercio del siglo XX. Por haber protagonizado aquel escrache, Liborio fue detenido por la policía y apresado durante varias semanas.

"Franklin D. Roosevelt fue el primer presidente estadounidense en ejercicio que llegó a Buenos Aires"

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Medio siglo más tarde, sería emulado por el entonces diputado de Izquierda Unida Luis Zamora, quien increpó a George Bush mientras le rendían homenaje en el Congreso Nacional. Con ese simple gesto, todavía recordado, logró romper la idílica puesta en escena de las nacientes relaciones carnales. Corría el año 1990, se imponía el Consenso de Washington y Menem abandonaba su retórica nacionalista para alinearse tras los mandatos de la gran potencia del norte. En esa oportunidad fue el vicepresidente Eduardo Duhalde, a cargo de la sesión, quien se interpuso para evitar que Zamora incomodara con sus acusaciones a Bush. El sucesor de Reagan, a modo de desagravio, recibiría esa misma tarde el convite de Menem para jugar al tenis en la Quinta de Olivos, iniciando así una relación personal que se profundizaría pocos meses después, cuando Carlos Saúl se transformó en el primer presidente peronista en visitar la Casa Blanca.


Pero las protestas contra mandatarios estadounidenses no se limitaron a acciones individuales, como las que protagonizaron Liborio Justo o Luis Zamora, sino que en otras ocasiones incluyeron movilizaciones masivas. En 1958, el vicepresidente Richard Nixon, que aspiraba a suceder a Dwight Eisenhower –aunque no lo logró en las elecciones de 1960, ya que en su camino se interpuso el joven ascendente John F. Kennedy-, hizo una recorrida por algunos países latinoamericanos y sintió en carne propia cuán poco amada era su patria en Nuestra América. Sufrió diversas hostilidades en Argentina –en Buenos Aires, había asistido el 1 de mayo a la asunción de Arturo Frondizi-, Uruguay, Ecuador, Colombia, Perú y Venezuela. En Caracas, el 13 de mayo, su vehículo fue atacado a pedradas y debió ser virtualmente rescatado por naves de guerra y compañías aerotransportadas estadounidenses.

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Cuando accedió finalmente a la presidencia, en enero de 1969, Nixon encomendó a su ex rival en las internas, el gobernador neoyorkino Nelson A. Rockefeller, que emprendiera una gira por veinte países de la región, para recomponer el vínculo y contrarrestar la atracción que generaba la revolución cubana. Ese periplo fue catalogado como el Rocky Horror Road Show, por la oleada de manifestaciones contrarias y sentimientos anti-yanquis que generó. Su llegada a la Argentina fue precedida por numerosas protestas, contra su figura y contra el gobierno argentino, que llevaba tres años de dictadura y represión. Su arribo fue precedido por más de 2000 expertos, que dispusieron un esquema de seguridad sin precedentes. Juan Carlos Onganía, previendo movilizaciones estudiantiles contra el enviado de Nixon, había ordenado el arresto de más de un millar de personas, acusadas de ser “agitadores comunistas”. La CGT de los Argentinos había anunciado un paro nacional para el martes 1 de julio, el último día de Rockefeller en la Argentina.

Todas las crónicas de la época reconstruyen las amplias movilizaciones de protesta contra Onganía y el enviado de Nixon: Buenos Aires, Córdoba, La Plata y Rosario fueron el epicentro de las protestas. Además de las múltiples marchas, hubo acciones contra empresas estadounidenses, como Rosario Refrescos Coca Cola (estalló una artefacto explosivo en la fábrica), Xerox, el Bank of America o la cadena de supermercados Minimax, propiedad del grupo Rockefeller, cuyos locales fueron incendiados, tras lo cual la empresa decidió retirarse del país. El 30 de junio, la Federación de Empleados de Comercio, por ejemplo, publicó una Solicitada, titulada elocuentemente: “Mr. Rockefeller: a qué viene?”. En la misma se narraban las pésimas condiciones de trabajo imperantes en los supermercados Minimax y la preocupación, a partir de las 14 sucursales de los mismos que fueron destruidas con bombas durante su visita, poniendo en riesgo los puestos de trabajo: “USTED es el verdadero responsable de la destrucción de sus Minimax”, cerraba provocativamente la solicitada, publicada en La Razón el 30 de junio. También hubo expresiones artísticas en contra de la visita del gobernador neoyorkino, entre las que se destacó la que organizaron 62 artistas plásticos -entre los cuales se encontraba el pintor Ricardo Carpani-, quienes se reunieron en Buenos Aires para montar una muestra de repudio, titulada “Malvenido Mister Rockefeller”. La misma fue clausurada violentamente al día siguiente de su inauguración, siendo destruidas luego varias de sus obras.

Los estudiantes nucleados en la Federación Universitaria Argentina y el Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo, por su parte, repudiaron enérgicamente la visita del enviado de Nixon. La respuesta del gobierno dictatorial fue la represión, seguida de más represión. Dispuso nada menos que 40.000 efectivos de las distintas fuerzas de seguridad para blindar a la comitiva de Rockefeller. La mayor movilización de protesta, apoyada por el peronismo, el radicalismo y los partidos de izquierda, se realizó en la Plaza Once de Buenos Aires el viernes 27 de junio. Allí fue asesinado el periodista Emilio Jáuregui, víctima fatal del accionar policial. Éste había sido ex secretario general de los trabajadores de prensa, sindicato que fue intervenido tras el golpe de 1966.

 

LOS PRESIDENTES CLINTON Y MENEM, EN EL HOTEL LLAO LLAO, EN LA CEREMONIA DE LA FIRMA DE CONVENIOS,18/10/97

La visita de Bill Clinton –la cuarta de un mandatario estadounidense y última bilateral propiamente dicha– se produjo en 1997, en pleno auge de las relaciones carnales. Aprovechó la oportunidad para anunciar que había notificado al Congreso de su país la iniciativa de designar a la Argentina como aliado extra-OTAN. Como premio por su alineamiento, nuestro país pasaría a ser parte del selecto grupo que integraban Australia, Egipto, Israel, Japón, Jordán, Corea del Sur y Nueva Zelanda. Argentina, que había abandonado el Movimiento de Países No Alineados, desmantelado el proyecto del misil Cóndor y enviado tropas al golfo en 1991, para sobreactuar su subordinación a Estados Unidos, era exhibida además como el alumno ejemplar del FMI –convertibilidad mediante, en el marco de la aplicación del Consenso de Washington– y como el país a imitar por los demás emergentes. Buena parte de las conversaciones entre Menem y Clinton giraron en torno a la concreción el proyecto del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), que Estados Unidos estaba discutiendo formalmente desde la Cumbre de las Américas de Miami (1994), y sobre el que se avanzaría en la siguiente reunión de mandatarios americanos, prevista para pocos meses después en Santiago de Chile. Clinton, entonces, no solo vino a sacarse fotos, sino a intentar doblegar a un país que, un siglo antes, durante la Primera Conferencia Panamericana (1889-1890), había frustrado las expectativas estadounidenses de erigir una Unión Aduanera a nivel continental.

"La visita de Bush a Mar del Plata, en noviembre de 2005, es quizás la más recordada"

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Fue homenajeado con un gran banquete en La Rural, en cuyas inmediaciones hubo una nutrida movilización de organizaciones sociales y políticas que se manifestaron, frente a la embajada estadounidense, para rechazar su presencia al grito de “Clinton go home”. Por una ironía del calendario, Clinton estuvo en el país el 17 de octubre, el día de la lealtad peronista. Para evitar que le recordaran aquella consiga de hace 70 años, “Braden o Perón”, partió ese día hacia Bariloche, donde concluiría su estadía en la Argentina.

La visita de Bush a Mar del Plata, en noviembre de 2005, es quizás la más recordada. En el marco de la IV Cumbre de las Américas, la marcha y los actos contra Bush superaron todas las expectativas. En esta oportunidad debía haberse aprobado el ALCA. Sin embargo, Mar del Plata se transformó en la tumba de ese proyecto hegemónico impulsado por Estados Unidos para consolidar su hegemonía económica. Hubo una inmensa movilización en las calles de la ciudad balnearia, con dos consignas fundamentales: “No al ALCA” y “Fuera Bush de la Argentina y América Latina”. El mandatario estadounidense era especialmente resistido por haber invadido Irak, en 2003, con información falsa sobre armas de destrucción masiva y sin el aval de las Naciones Unidas. En todo el continente, además, venía resistiéndose contra el ALCA, a través del Foro Social Mundial (en enero de ese año, cerró con una movilización de más de 100.000 personas en Porto Alegre, para oponerse a ese proyecto hegemónico de Estados Unidos), de Autoconvocatorias No al ALCA y de iniciativas de distintas coordinadoras sindicales de trabajadores y campesinos. En Mar del Plata, en forma paralela al evento oficial, se desarrolló una nutrida Cumbre de los Pueblos, un acto en el estadio mundialista y una movilización callejera que convocó decenas de miles de personas en las inmediaciones de la reunión de los mandatarios. Este masiva demostración popular, que expresaba el cambio en la correlación de fuerzas políticas y sociales en el continente, permitió derrotar un proyecto que pocos años antes parecía inexpugnable.

Bush quedó furioso por la derrota política que le habían propinado en la cumbre y no disimuló su enfado. En la década siguiente, ni él ni Obama visitaron la Argentina ni tampoco recibieron en Washington a Néstor ni a Cristina Kirchner. La relación bilateral alcanzó altos niveles de distanciamiento. Luego de una década de retroceso estadounidense en América Latina, Obama apuesta a reposicionarse en su patio trasero impulsando una restauración conservadora y debilitando el proyecto alternativo bolivariano y las iniciativas como la UNASUR y la CELAC. El triunfo de Macri, al que apostó la Casa Blanca, es considerado en Washington como una oportunidad histórica para capturar un aliado que opere como ariete contra los gobiernos más autónomos de la región. Eso explica que Obama haya encontrado un hueco en su cargada agenda para viajar hasta la Argentina, luego de la histórica visita a Cuba, prevista para el 20 al 22 de marzo. El problema es que, al anunciar que estaría en nuestro país el 24 de marzo, desató un fuerte debate y una oleada de críticas por parte de referentes políticos y sociales y representantes de organismos de derechos humanos, entre los que se destacaron las Madres, Abuelas, HIJOS y el premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, quien le envió una carta abierta a Obama, pidiéndole que evitara la provocación de venir a la Argentina en una fecha tan poco feliz. Esta coincidencia obligó a Macri a sobreactuar un compromiso con los derechos humanos que hasta ahora había evitado. Debió visitar por primera vez la ex ESMA y recibir a Estela Carlotto. Frente a la polémica, la Casa Blanca recalculó y finalmente anunció una modificación del itinerario de la visita, restringió la estadía de Obama en Buenos Aires al 23 de marzo, para partir al día siguiente hacia Bariloche, en plan descanso familiar.

Un importante número de organizaciones políticas y sociales, sindicatos y organismos de derechos humanos llamaron a manifestarse en forma unitaria el 24 de marzo, contra el ajuste con represión que viene ensayando Macri en sus primeros 100 días y contra la presencia de Obama, representante del mayor poder imperial a nivel mundial. Aunque Macri no es Onganía, ni Obama es Nixon o Rockefeller, una vez más se conjugarán las demandas internas con una movilización antiimperialista. Tras una retórica multilateralista y a favor de los derechos humanos, Obama vendrá a intentar que Argentina se sume al Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica –con intenciones similares a las que tenía el ALCA- y permita una mayor injerencia militar de Estados Unidos en nuestros asuntos internos, con la excusa de la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo. Como hace diez años, en Mar del Plata, el resultado de este realineamiento al que apunta Macri dependerá de la correlación de fuerzas que las clases populares sepan construir. Ese día, en las calles, se librará una batalla fundamental, para el futuro no solo de la Argentina, sino de toda Nuestra América.

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1 Comentario

  • Alejandra says: 26 marzo, 2016 at 11:41

    Por fin un artículo crítico del establishment en esta revista!

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