29 / 09 | Cultura

ACERCA DE REVIEW. REVISTA DE LIBROS


 

Corría el año 1665 y la peste bubónica hacía estragos en Londres, matando a un quinto de su población. El joven Isaac Newton, que por entonces estudiaba en la Universidad de Cambridge, se vio obligado a suspender sus estudios y a refugiarse en su casa natal en Woolsthorpe. Cuenta la biografía oficial de su amigo William Stukeley, avalada por la Royal Society, que uno de sus descubrimientos más importantes surgió de manera azarosa. “Fue algo ocasionado por la caída de una manzana mientras estaba sentado en actitud contemplativa. ¿Por qué esa manzana siempre desciende perpendicularmente hasta el suelo?” se preguntó a sí mismo. A partir de esa reflexión nacería la ley de la Gravitación Universal que revolucionaría la historia de la ciencia y de toda la humanidad.

¿Qué tiene que ver la física clásica con una revista de libros? Pues, a priori, no demasiado. Y sin embargo, si se rescata la anécdota histórica de cómo un hecho en apariencia insignificante puede convertirse en una gran oportunidad, ya entramos en tema. Estamos a fines de la década del 50. Son años de efervescencia política y cultural, y aún más en la ciudad de Nueva York que se ha convertido en foco del arte mundial. La escritora Elizabeth Hardwick publica en octubre del 59 el artículo “The Decline of Book Reviewing” en la revista Harper’s, y en ese acto desata la polémica. Allí la autora acusa a las críticas literarias de la época de condescendencia. “Un genio puede irse a la tumba sin que nadie lo haya leído, pero difícilmente lo hará sin haber sido elogiado”, ironiza (1). Al referirse al New York Times y al Herald Tribune Sunday afirma: “Las secciones de libros como empresa cultural están, como una bolsa de desempleo, en un estado de nociva depresión en lo que a vivacidad e interés se refiere. Uno no creería que podrían llegar más abajo […]. Y sin embargo, hubo ocasión para un declive durante los últimos años y la oportunidad fue aprovechada”. Y remata: “Reseñar es una forma de la escritura”. Para Hardwick la fórmula era simple: una buena crítica debe plantear un desafío, un problema o una provocación.

Pocos años después se presentaría la ocasión de remediar este escenario. En 1963 hubo en Nueva York una huelga de imprentas de 114 días que impidió la publicación del New York Times y otros seis grandes periódicos. Fue entonces cuando Hardwick, su marido, el poeta Robert Lowell, y el matrimonio de Barbara y Jason Espstein (editor de Random House) vislumbraron la oportunidad de lanzar una publicación que le devolviera el vigor a las críticas de libros y a la discusión literaria. Jason estaba convencido de que sin otro lugar adonde anunciar, las editoriales acudirían desesperadas a la nueva publicación y esa circunstancia les permitiría cubrir los costos de la arriesgada maniobra. El grupo decidió entonces convocar a su amigo Robert Silvers, que por entonces trabajaba en Harper’s, como editor junto a Barbara Epstein de lo que se daría en llamar The New York Review of Books. La flamante revista salió a la luz el 1º de febrero de 1963 y en su primer y único editorial, que expone la ausencia total de capital inicial para el proyecto, dejaba en claro sus intenciones: “The New York Review of Books presenta críticas de algunos de los más interesantes e importantes libros publicados este invierno. No pretende únicamente llenar el espacio creado por la huelga de imprentas en la ciudad de Nueva York, sino aprovechar la oportunidad abierta por la huelga para publicar el tipo de diario literario que editores y colaboradores sienten que es necesario en Estados Unidos” (2).


Convencidos de su proyecto, ingresaron una noche a las oficinas de Harper’s, se llevaron una buena pila de libros y se los enviaron a algunos de los escritores que más conocían y respetaban con una consigna concreta: tres mil palabras para dentro de tres semanas. Entre aquellos que aceptaron la idea se encuentran Susan Sontag, Gore Vidal o W. H. Auden, quienes se sumaron sin esperar ninguna retribución monetaria. A la distancia Silvers recuerda esos propósitos iniciales: “Por supuesto que queríamos publicar el trabajo de los escritores que más admirábamos para una audiencia que los valorara. Pero me resulta demasiado simple, demasiado superficial decir que esperábamos una escritura clara y equilibrada y brillante que desafiara su inteligencia. Por supuesto que lo hacíamos. Pero lo que importaba era una mirada original y cómo estaba expresada” (3). El éxito de ventas de los primeros 100.000 ejemplares confirmaría lo acertado de la propuesta.

Número tras número, Barbara y Robert fueron descubriendo que existía un libro para cada tema que quisieran tratar, y aún cuando no lo hubiera, encontraban la manera atractiva de abordarlo. La propuesta de la revista era –y sigue siendo– comentar obras que no sólo fueran buenas y tuvieran un enfoque original, sino al mismo tiempo enriquecerlas con una mirada que propusiera algún nuevo debate o idea a partir de su lectura. Como en una suerte de puesta en abismo infinita –el procedimiento narrativo de imbricar una historia dentro de otra– nuevos relatos, con estatuto e interés propios, se tejen en la Review a partir de los libros originales.

Bajo esta premisa, y con una postura comprometida, la revista trascendió ampliamente los temas culturales y se involucró en las discusiones políticas de cada momento: la administración Kennedy, la revolución cubana, el maoísmo, la guerra de Irak. “Tuvimos suerte desde el comienzo –evoca Silvers– en que algunos de los escritores más brillantes que conocíamos querían escribir sobre temas políticos para nosotros. Mary McCarthty fue a Vietnam para Review, Joan Didion viajó para nosotros a San Salvador cuando apenas caminar por la calle era peligroso (…) Susan Sontag escribió desde Sarajevo, mientras la ciudad era bombardeda.”

Con una venta actual promedio de 130.000 ejemplares y una frecuencia bimensual, la revista se ha vuelto una referencia del debate político y cultural dentro y fuera de Estados Unidos. Por sus páginas han pasado las personalidades más prestigiosas del mundo, como Jean Paul Sartre, Truman Capote o Noam Chomsky.

Review

Made in Argentina

Más de medio siglo después de su nacimiento, y detrás de las ediciones inglesa e italiana (que cerró sus puertas en 2010), la revista llegó a la Argentina. En marzo de 2015 tuvo su debut Review. Revista de libros, una versión local de la publicación norteamericana que incluye algunos de los mejores artículos de The New York Review of Books y los complementa con una mirada latinoamericana, a través de una serie de artículos de autores argentinos y de la región.

Al igual que su precursora estadounidense, la presentación del primer número confiesa sus intenciones: en un contexto de crisis de la prensa cultural y de tendencia al acortamiento y fragmentación de los textos regido por la digitalización, la Review le ofrece a sus lectores ensayos largos, profundos y rigurosos a cargo de escritores de primer nivel. Conformado por un equipo pequeño –cuyo consejo editorial está integrado por Ricardo Piglia y Juan Gabriel Tokatlian (4)– y un objetivo ambicioso, los primeros tres números permiten aventurar que la promesa está siendo cumplida. Por sus páginas desfilan autores tales como Paul Krugman, Amartya Sen, Leonardo Padura, Stephen King, Emmanuel Carrère…

En un mundo de superabundancia informativa, en el que los artículos se multiplican al ritmo de los segundos y los “periodistas” a la velocidad de un posteo, la Revista de libros aporta una vía de acceso confiable a discusiones globales y a textos de calidad.

Contra los derrotados que creen que todo ya se ha inventado, un Silvers octogenario reivindica la capacidad de asombro: “Siempre estoy buscando la próxima publicación que cambiará mi punto de vista sobre algún aspecto del mundo; algo que me ofrezca una refrescante y clara idea nueva que nunca había encontrado antes. Descubrir ese artículo puede ser uno de los momentos más excitantes de la vida”.


1) Elizabeth Hardwick, The Decline of Book Reviewing, http://harpers.org/archive/1959/10/the-decline-of-book-reviewing/. Traducción propia. Todas las citas de Hardwick están extraídas del mismo artículo.

2) http://www.nybooks.com/articles/archives/1963/feb/01/to-the-reader/. Traducción propia.

3) Todas las citas de Robert Silvers están extraídas de http://www.theatlantic.com/entertainment/archive/2014/10/the-50-year-argument/380968/. Traducción propia.

4) Consejo editorial: Ricardo Piglia y Juan Gabriel Tokatlian; director: José Natanson; editoras: Silvina Cucchi y Jorgelina Núñez; diagramación: Fabiana Di Matteo; corrección: Brenda G. Decurnex.


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