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UNA SOLUCIÓN DESARROLLISTA PARA LOS PROBLEMAS DEL PERONISMO (Y DEL PAÍS)

Tiempo de lectura: 5 minutos

Empiezo a escribir estas líneas después de que un amigo de Twitter publique una foto con el autor del libro que voy a reseñar en la Feria del Libro, definiéndose como “la línea dura del peronismo desarrollista”. El sintagma dice varias cosas. Por un lado, articula un movimiento político identificado habitualmente con la redistribución del ingreso (o el populismo, en su visión crítica) con una tradición que hace de la transformación acelerada de la estructura productiva -sin importa el origen de los capitales- una bandera. Por otro, expresa una disputa interna dentro del peronismo que enfrenta a custodios de capital simbólico con promotores de ciertas políticas económicas: no es necesario abundar en los motivos que provocaron la salida de Martín Guzmán y Matías Kulfas del gabinete nacional el año pasado, sobre todo porque el ingreso de Sergio Massa impuso la real-economía del dólar soja y el ajuste que demanda el Fondo. Por último, el sintagma tiene un tono alegre más que bienvenido en tiempos en que el peronismo aparece deslucido como en solo pocos momentos de su historia reciente.

Todo esto tiene que ver, precisamente, con el libro “Un peronismo para el siglo XXI” del economista y ex Ministro de Desarrollo Productivo Matías Kulfas, editado recientemente por la editorial Siglo XXI. La tapa ya de por sí tiene bastante información, desde un código QR que “invita”, a partir de una práctica actual para obtener datos, a conocer el peronismo y un subtítulo en el que la palabra “batalla” señala al soldado que viene de hacer su última experiencia de gestión con algo para proponer que se sabe polémico, tanto adentro como afuera del peronismo. Un lector medianamente avezado podría preguntarse: “¿No son el kirchnerismo y “el peronismo de Cristina” el peronismo del siglo XXI? Efectivamente, el libro de Kulfas constituye una propuesta política que se basa en una idea: el peronismo necesita aggiornarse para volver a sintetizar las expectativas populares y ese aggiornamiento pasa, fundamentalmente, por una actualización económica al mundo de hoy. Actualización económica -pero no doctrinaria- para la toma del poder. Esa actualización implica revisar las experiencias peronistas previas, tomar lo mejor de ellas aprendiendo de sus errores y elaborar un programa con políticas concretas. Ese es el movimiento que sigue el libro.

Tal vez el mayor mérito del libro sea traducir una experiencia frentista fallida a una propuesta política superadora, que ayude a que el peronismo vuelva a estar asociado, no con el estancamiento crónico, la inflación y el gasto desenfrenado-es decir, el populismo- sino con el desarrollo productivo

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Hablábamos al principio de un “peronismo desarrollista”. Se sabe que la derecha (neo)liberal, a partir del fin de los años dorados del kirchnerismo, logró instalar la ecuación peronismo = populismo (o sea, gasto, gasto y gasto). El libro de Kulfas refuta esa equivalencia no solo demostrando que el país “se jodió” en 1976 y no en 1945 sino también desplegando una mirada histórica sobre los gobiernos peronistas, en la que se destaca la ponderación del viraje exitoso que efectuó el propio Perón en 1952 cuando la política expansiva y distribucionista, en una nueva y adversa situación internacional, comenzó a generar problemas como la escasez de divisas y la inflación. Son los tiempos del impulso a la industria pesada y del combate eficaz al aumento de precios, entendido estrictamente como un fenómeno de orden macroeconómico. A través de este giro productivista y consistente desde el punto de vista macro, Perón sentó las bases del desarrollismo -un desarrollismo inclusivo, por cierto, a diferencia del frondicista o el autoritario de los años sesenta-. Sin embargo, en el imaginario de defensores y detractores sus primeros dos gobiernos quedaron reducidos a los primeros tres años de gestión (1946-1949), ya sea para recordar con nostalgia el fuerte aumento salarial y sus consecuencias en el consumo o para condenar el gasto excesivo y su falta de sustentabilidad. Es necesario decir, también, que el libro no se detiene específicamente en el tercer gobierno de Perón (1973-1974), que más allá del fracaso del Pacto Social hizo un claro hincapié en el aumento de las exportaciones industriales y en la ejecución de proyectos de gran envergadura liderados por el Estado, que se expresaron en el Plan Trienal, un documento en el que participaron técnicos de la CEPAL. Recién en los últimos años ha comenzado a generarse un interés específico por el proyecto político y económico del último Perón, que busca contrarrestar la imagen de un caudillo incapaz de controlar las fuerzas internas de su movimientopara poner en valor un programa que fue duramente criticado por la izquierda peronista. 

Mencionábamos también el debate al interior del peronismo, concretamente el Frente de Todos. En este sentido, la experiencia del tercer kirchnerismo (en términos del autor, el segundo gobierno de CFK) es contrastada con el viraje exitoso de Perón en los años cincuenta: mientras que este último puso el foco en el ordenamiento macroeconómico y la discusión de la productividad, CFK apuntó a sostener la posición del sector asalariado, pero sin innovar en cuanto al desarrollo productivo necesario para sostener esa política de ingresos. Esta mirada crítica sobre el pasado se articula, en el libro, con el relato de los obstáculos que puso el cristinismo al despliegue de la política energética y de negociación de la deuda, que Kulfas entiende como orientadas a “conservar el capital simbólico de los gobiernos de Kirchner y CFK y retener el poder en la conducción del peronismo” (p. 143). Kulfas viene de una guerra de avances y vetos pero, a diferencia del narrador de Walter Benjamin, cuenta lo sucedido en el campo de batalla equilibrando la mirada del funcionario (particularmente notable en la insistencia del verbo “calibrar” referido a las políticas públicas), la del investigador, que revisa experiencias históricas y actuales y la del militante, que busca hacer su aporte a lo que entiende será una nueva renovación del peronismo, la tercera luego de las que encabezaron Cafiero en los ochenta y Kirchner en los dos mil.

“¿No son el kirchnerismo y “el peronismo de Cristina” el peronismo del siglo XXI? Efectivamente, el libro de Kulfas constituye una propuesta política que se basa en una idea: el peronismo necesita aggiornarse para volver a sintetizar las expectativas populares

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Precisamente, la polémica con el cristinismo se inscribe en una propuesta amplia que tiene una enunciación típicamente desarrollista, tanto en sus temas como en su forma. Los primeros: estabilidad macroeconómica, “salto exportador”, profundización del desarrollo industrial, descentralización productiva, apertura al capital extranjero, articulación de una banca de desarrollo, planificación, construcción de un frente nacional. La segunda: la distinción entre medios y fines y la polémica, esta vez, contra cierta mirada sobre la economía social y el funcionamiento de los planes como herramienta de acumulación política; contra cierto sesgo antiempresa y la interpretación oligopólica de la inflación y, finalmente, contra ciertas formas de ambientalismo que han tenido éxito en la prohibición de algunas actividades económicas que califican como “extractivas”. Tal vez el mayor mérito del libro sea traducir una experiencia frentista fallida a una propuesta política superadora, que ayude a que el peronismo vuelva a estar asociado, no con el estancamiento crónico, la inflación y el gasto desenfrenado-es decir, el populismo- sino con el desarrollo productivo con estabilidad, la movilidad social ascendente y el bienestar. ¿Es “peronismo desarrollista” un oxímoron? ¿O será –deberá ser- la salida a un ciclo que amenaza con repetirse una y otra vez? 

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