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ULTRANACIONALISMO HACIA LA VICTORIA

Tiempo de lectura: 5 minutos

Las elecciones del pasado 14 de mayo estuvieron cargadas de expectativa y ansiedad. Todo indicaba que el país iba a empezar una nueva etapa política y social. Después de 20 años de Recep Tayyip Erdogan en el poder, la oposición había conseguido armar un frente que aglutinaba a diferentes sectores: kemalistas laicos, nacionalistas de derecha e islamistas ex miembros del AKP. Las encuestas mostraban una leve ventaja de Kemal Kılıçdaroğlu, líder de la denominada “Mesa de los Seis”.

Una oposición, confiada en que la crisis económica y la mala gestión del terremoto de febrero le iban a pasar factura a un Erdogan deteriorado, vio como sus esperanzas de ganar en primera vuelta volaban por los aires. Aunque el presidente turco hizo una muy buena elección no llegó al 50% necesario para coronarse en primera vuelta, y encara un ballotage, este domingo 28 de mayo, con 2.5 millones de votos de ventaja sobre la oposición, un número difícil de revertir. 

Con una alta participación que alcanzó al 90% del padrón, el 49.5% de los turcos votaron a la “Alianza Popular” encabezada por Erdogan y su partido el AKP (partido de la Justicia y el Desarrollo), mientras que Kemal Kılıçdaroğlu, candidato de la alianza opositora y líder del CHP (Partido Republicano del Pueblo) sólo alcanzó el 44,9%. El tercer lugar lo ocupó el candidato ultranacionalista Sinan Ogan con el 5.2%. Ogan encabeza la llamada “Alianza Ancestral” (ATA), un conjunto de fuerzas ultraderechistas con un discurso abiertamente xenófobo.

Todos los análisis coinciden en que el liderazgo personalista de Erdogan sigue intacto a pesar del giro autoritario, la crisis económica, las acusaciones de corrupción y los problemas que enfrenta el país después del terremoto. ¿Dónde radicó su éxito? Erdogan basó su campaña en elementos identitarios del nacionalismo religioso y acusó a la oposición de estar respaldada por “terroristas kurdos”, en referencia a la guerrilla del PKK. Una acusación que se reforzó en la práctica con la detención de kurdos, incluidos disidentes políticos, activistas sociales y hasta artistas. Además, explotó discursivamente la identidad turco-suní frente al origen aleví de su adversario. Todo esto sumado a medidas de gobierno como ofrecer gas gratis para los hogares, por el periodo de un año, renovaron el apoyo. Los turcos eligieron a un “hombre fuerte” que pueda hacerle frente a la crisis, en vez de apostar por una oposición demasiado diversa.

Una oposición, confiada en que la crisis económica y la mala gestión del terremoto de febrero le iban a pasar factura a un Erdogan deteriorado, vio como sus esperanzas de ganar en primera vuelta volaban por los aires.

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El interior de Anatolia y la costa del mar Negro se mantuvieron leales a su líder frente a una oposición laica (y muchas veces elitista) que tiene su principal base de apoyo en las grandes ciudades (Ankara y Estambul), en las costas (Izmir) y en las regiones de mayoría kurda, gracias al apoyo del partido de la izquierda kurda HDP (Partido Democrático de los Pueblos). También contribuyó a la victoria de Erdogan el apoyo de los turcos que viven en el exterior, donde consiguió el 56% de apoyo.

La noche electoral, frente a resultados que no eran los que esperaban, la oposición lanzó denuncias sobre una supuesta manipulación en la carga de datos, desplegando un manto de sospecha sobre el manejo del oficialismo. Si bien es cierto que durante la campaña la competencia fue desleal, -mientras que Erdogan contó con 32 horas al aire en la televisión estatal, Kılıçdaroğlu sólo estuvo 32 minutos-, todos los observadores internacionales coincidieron en que las elecciones fueron transparentes y reflejaron las preferencias de los votantes.

Los turcos eligieron a un “hombre fuerte” que pueda hacerle frente a la crisis, en vez de apostar por una oposición demasiado diversa.

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El dato clave para entender el resultado de estas elecciones no está en conspiraciones sobre fraude, sino en el crecimiento de la extrema derecha nacionalista en las elecciones parlamentarias que se celebraron en simultáneo con las presidenciales. Además del porcentaje del 5.2% de votos que sacó Sinan Ogan, el MHP (Partido de Acción Nacionalista), una pieza fundamental para que Erdogan se mantenga en el poder, tuvo un crecimiento en relación con los resultados de 2018.

A su histórica alianza con el MHP, Erdogan sumó dos fuerzas de ultraderecha: el Huda Par (partido de Dios) y el partido del Bienestar (YRP). Ambas lograron entrar a la Asamblea Nacional colgadas de las listas del AKP. Para sellar el acuerdo con el YRP, el presidente turco prometió ilegalizar a las organizaciones LGTBI, y derogar la ley 6248 de 2012 que protege a las mujeres de la violencia machista (como ya lo hizo con el acuerdo de Estambul en 2021), en un país donde al menos tres mujeres son asesinadas por día.

El Huda-Par está vinculado al movimiento kurdo Hezbolá –sin relación con el Hezbolá líbanes–, que está compuesto por kurdos islamistas sunitas y estuvo implicado en los asesinatos de activistas kurdos de izquierda y feministas en la década de 1990. Esta alianza fue promovida por Erdogan frente al temor de perder el apoyo en las zonas kurdas afectadas por el terremoto. Es el buen desempeño que tuvieron sus socios en las parlamentarias lo que le permitirá al AKP mantener la mayoría absoluta en la Asamblea Nacional, como lo hace desde el 2002.

El dato clave para entender el resultado de estas elecciones no está en conspiraciones sobre fraude, sino en el crecimiento de la extrema derecha nacionalista en las elecciones parlamentarias que se celebraron en simultáneo con las presidenciales.

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Esta semana se hizo explicito el apoyo de Sinan Ogan al presidente turco de cara a la segunda vuelta, si bien no está del todo claro si sus votantes (alrededor de 3 millones) lo seguirán en bloque esto inclina la cancha a favor de Erdogan. Ogan utilizó como principal argumento que un gobierno de Kılıçdaroğlu se enfrentaría con muchas dificultades a la hora de gobernar sin controlar el parlamento. La verdadera victoria del líder ultraderechista, que supo ser miembro del MHP hasta que fue expulsado, es que tanto la oposición como el oficialismo recogieron con más firmeza su agenda xenófoba contra los refugiados sirios y su propuesta de avanzar en la ilegalización del partido kurdo.

Después de la noche del 14 de mayo la oposición quedó desmoralizada y desorientada. Kılıçdaroğlu salió a la caza del voto de ultranacionalismo y prometió expulsar a '10 millones de refugiados sirios'.

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Después de la noche del 14 de mayo la oposición quedó desmoralizada y desorientada. Kılıçdaroğlu salió a la caza del voto de ultranacionalismo y prometió expulsar a “10 millones de refugiados sirios”, no sé sabe bien de donde proviene esa cifra ya que Naciones Unidas señala que en Turquía residen alrededor de 4 millones de refugiados provenientes de Siria. Mientras que el alcalde de Estambul, Ekrem Imamoglu, caminó los barrios para desmentirle a los vecinos los vínculos de la alianza opositora con el terrorismo y desarmar el discurso oficial.

El endurecimiento del discurso de Kılıçdaroğlu, que se identifica con el ala socialdemócrata del partido, pone en riesgo el apoyo de las bases del HDP a la alianza opositora. Este partido se ha transformado en los últimos años, no sólo en representante de la izquierda kurda, sino también de la izquierda de Turquía, incluso de sectores laicos. Por el momento, la estrategia de derechización dio algunos resultados. La oposición consiguió el apoyo de Ümit Ozdağ, líder del partido Victoria, nacionalista y abiertamente racista, para la segunda vuelta. Ozdağ obtuvo 2,2% de votos en las parlamentarias.

Una remontada de Kılıçdaroğlu se plantea casi imposible, todos los pronósticos indican que Erogan logrará la reelección. Pero más allá de los resultados de este domingo el dato a destacar es que la extrema derecha en Turquía creció y marcará el pulso del próximo gobierno gane quien gane.