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04 de enero 2022

Mercedes Viola

Desde Nápoles

LA MARADONA DE NAPOLI

Tiempo de lectura: 4 minutos

Hace un año nos tomaba desprevenidos la muerte de Maradona. Algunos no sintieron ni frío ni calor. Muchos lo lloraron como se llora el perro: ‘nunca imaginé que me iba a doler tanto’. Moría el Rey de los últimos y con él algo nuestro. Recuerdos ligados a una época, espejo de los talentosos y estropeados, el sueño de la historia del rescate, de ser mirados y descubiertos, de brillar por mérito.

Viajé a Nápoles el día después y encontré una ciudad entera que velava conmovida a su santo. En un ángulo del barrio Quartieri Spagnoli, bajo el mural de cuatro pisos a cuerpo entero con una ventana en su rostro, improvisaron una noche de invierno un funeral a cielo abierto. Duró tres días y tres noches. Mujeres, hombres y niños se acercaron a saludar y dejar una flor, una carta, una camiseta a los pies de la foto sobre una mesita contra la pared, al final de una alfombra roja, que representaba un cuerpo ausente, velado del otro lado del mundo.

Puzzle triste, solitario y sin final.

Volví a Nápoles para el aniversario, buscando esa comunión pagana. Me encontré con que la producción de gadgets había explotado. Maradona a todo color para la cartera de la dama y el bolsillo del caballero, en tazas, llaveros, banderas, posa-vasos, estatuillas. Murales logrados, murales forzados, estatuas que se le parecen y otras que no. Y su nombre. Me parece ver su nombre en todos lados.

El ángulo del barrio que el año pasado me conmovía, se convirtió en una kermés de camisetas y banderas y no queda un centimetro del muro que no tenga una foto o un mural. Decenas de Diegos formando un puzzle triste, solitario, y sin final. Más allá, un grupo de argentinos, con la camiseta de boca y cervezas en la mano, vienen subiendo la cuesta entonando cantos de estadio. Procesión estilo barra brava para éste idolo beatificado. Mientras tanto los moralistas condenan, los damnificados denuncian, los herederos pelean y con los bienes que quedan se organiza una subasta. Uno no se puede ni morir tranquilo, sentía decir cuándo era niña y no entendía. Borges pedía dos fechas y el olvido, leí y no entendía. Ahora algo empiezo a intuir.

Pareciera que todo a su alrededor es desmesura. Odi et amo. Y en el medio la puja, el comercio, el escándalo.

¿El amor después del amor será éste canibalismo?

"Pareciera que todo a su alrededor es desmesura. Odi et amo. Y en el medio la puja, el comercio, el escándalo.¿El amor después del amor será éste canibalismo?."

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Perdí las ganas de sentarme a escribir para su aniversario. Me alejo de las celebraciones y me pongo a caminar. Llueve, y me persigue por las calles angostas del centro histórico la imagen de Diego devorado por una jauría famélica; música de fondo: Te amo, te odio, dame más.

Te Diegum

Alejándome del tumulto encuentro Oscar Nicolaus, psicoterapeuta, autor y docente napolitano. Tomé contacto con él porque supe que, junto a un grupo de intelectuales-hinchas, una noche del 1991 durante una cena, tuvieron la idea de organizar un convenio que fuera «una fiesta de despedida para Diego y al mismo tiempo un modo para reflexionar sobre Nápoles, sobre nosotros, de manera viva, no académica» relata Nicolaus en su ultimo libro ‘A tavola con Maradona’ (A la mesa con Maradona).

A ese punto yo no quería saber nada más de Maradona, pero Nicolaus tiene el don de la conversación. Inteligente e irónico, me cuenta algunas historias, me voy reconciliando con el mundo y pasa la nausea. Sentados a la mesa, entre un entrecot y una botella de vino, me cuenta que el convenio-debate fue celebrado el 11 de mayo 1991. Lo llamaron ‘Te Diegum – Genio, sregolatezza e bacchettoni’ (Te Diegum – Genio, transgresión e hipocresía) y compilaron después las numerosas intervenciones, dando vida a un libro con prefacio-entrevista de Gianni Miná que fue publicado también en Argentina, por editorial Sudamericana, y presentado en Buenos Aires por los compiladores.

Hablando con él entendí que Maradona es como Nápoles. Que lo que pone en conexión sus adjetivos debe ser una conjunción copulativa, no adversativa.

"Hablando con él entendí que Maradona es como Nápoles. Que lo que pone en conexión sus adjetivos debe ser una conjunción copulativa, no adversativa.."

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Al día siguiente me fui de Nápoles a Milán y dejé pasar los días, las semanas, y poco a poco se fue haciendo espacio. Las publicaciones sobre Maradona se agotaron y en mi memoria fui generando ausencia, blanqueando murales, embolsando souvernirs, remeras, camisetas.

Retomé los libros y me trajeron una presencia querida, que se insinua como un holograma entre las palabras, en modos de pensar que lo buscan y lo comprenden, hasta encontrarlo en una dimensión paralela, donde Nicolaus organiza una Cena al realismo mágico. El Barba, contento de que Diego le hubiera devuelto la mano, le cumple el deseo de ir a comer una vez más al Don Carlos. Diego va y lleva consigo como huéspedes a Caravaggio, Masaniello, Espinosa, Pasolini y Pino Daniele. Dialogan y comen juntos un menú típico argentino. Espinosa lo agradece por encarnar lo que escribe en el Tratado de Etica, donde la Intuición es un instrumento que permite conocer de manera inmediata, como Diego en aquel gol donde atraviesa medio campo. Caravaggio lo tranquiliza: también sobre mí se han dicho tantas cosas y hoy al final me recuerdan por mis obras. Pasolini asiente, le recuerda que lo lloraron hasta los rugbiers y los de river y le dice: ´Quedate tranquilo Diego, los moralistas desaparecen, los mitos viven para siempre’.