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07 de septiembre 2023

Lucía Aisicoff

HASTA LA VICTORIA

Tiempo de lectura: 3 minutos

Victoria Villarruel logró darle carácter institucional a su cruzada contra la guerrilla. La conferencia en la Legislatura porteña abrió un nuevo capítulo de su larga marcha por la “memoria completa”: parió en público a su bebito, su único hijo deseado, el partido militar. Durante años se formó como activista, organizó visitas guiadas a lo de Videla y copió el lenguaje de los organismos de derechos humanos para atacarlos en su idioma. Todo ese proceso valió la pena, porque el último lunes terminó de ganarse el amor de los suyos. Y lo más importante, la única razón por la que se metió en política, es que pudo defender el nombre de su papá.

De blanco, lacia, con la escarapela en el corazón, Victoria dijo que las víctimas del terrorismo “fueron barridas debajo de la alfombra de la historia, se eliminó su rastro”. Acentuó todas las erres, en un tono apacible y sin leer las hojas que tenía apoyadas en el escritorio. Apuntó al frente, sosteniendo la mirada, en un salón copado por la familia militar. La aplaudieron cuando levantó la voz para dar un mensaje a los que se manifestaban afuera: “Ya no les tenemos ningún miedo. No tenemos miedo”. Llamó al pueblo a pedir verdad y justicia, como tantas veces lo hicieron las Madres, las Abuelas y los militantes que se acercaron esa tarde a repudiarla.

A diferencia de Milei, siempre conoció las limitaciones y tuvo claro que las medidas no se tomarán de un día para el otro. Por eso estuvo años preparando la cancha a contramano de la historia oficial

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La pelea de libertarios contra kirchneristas se expresó en la calle y desorientó aún más a los dirigentes de Juntos por el Cambio. En el macrismo repetían, como mantra de un ex despechado, que la gente está harta de hablar de los ‘70. Cuestionaron la estrategia de Javier Milei y Sergio Massa de polarizar entre sí para llegar al ballotage, como si no se enfrentaran ahora a su propio monstruo por haber sido ellos una parte fundacional de la grieta cuando eran el sector más a la derecha que podía ganar en las urnas. Desesperada, Patricia Bullrich habló de un plan filosófico e interesante para traer felicidad a los argentinos y desempolvó su último recurso: puso a Melconian a llorar en la tele. Pero los gritos y el pataleo parecen no alcanzar en un momento en el que todo lo que toca se larretiza. Ella patina, mareada, en la angosta callecita del medio.

Nadie puede parar de hablar de Milei porque genera fascinación. Es el hombre que vive rodeado de perros, promete dólares, cree que Dios lo mandó a salvar a la Argentina y, al igual que Villarruel, no tiene miedo. Pero si llega a la Rosada tendrá dificultades para avanzar con las medidas que prometió cuando todavía era un loco de peinado raro que quería incendiar el Banco Central. Hoy, más cerca del poder, Milei comprendió las limitaciones estructurales que tendrá para llevar adelante sus deseos. Por eso empezó a contradecirse, bajó el tono de algunas propuestas y dio vía libre a su dream team menemista para que cada uno salga a decir lo que quiera. Como contrapeso apareció Villarruel, que trabaja desde hace años en la plataforma que llevaría a la Rosada para las áreas de Defensa, Seguridad e Inteligencia.

Patricia Bullrich habló de un plan filosófico e interesante para traer felicidad a los argentinos y desempolvó su último recurso: puso a Melconian a llorar en la tele. Pero los gritos y el pataleo parecen no alcanzar en un momento en el que todo lo que toca se larretiza

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Villarruel ganó protagonismo y en los últimos días tomó el mando de La Libertad Avanza. Se mostró como la verdadera conducción. A diferencia de Milei, siempre conoció las limitaciones y tuvo claro que las medidas no se tomarán de un día para el otro. Por eso estuvo años preparando la cancha a contramano de la historia oficial. Ahora espera cómoda, lista para debatir los indultos y abrir discusiones sobre la seguridad ciudadana, con la fantasía de que tengamos la libertad de los adolescentes estadounidenses que salen como soldaditos armados de Walmart. Quiere darles plata a los militares y ofrecerles cargos en el Estado, construirles un partido político a su imagen y semejanza. Más allá de lo que haga Milei, tiene claro para quién gobernar y dice que no va a parar hasta la victoria. “Vamos a luchar hasta el último minuto de nuestras vidas”, les prometió. Para salvar a su papá no necesita más soldados, ya es la dueña de las fuerzas del cielo.

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