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23 de diciembre 2023

Martín Romeo & Juan Martín Gené

Lic. C. Comunicación UBA. Analista de opinión pública & Lic. C. Política UBA. Analista de opinión pública

DIEZ NOTAS SOBRE SONDEOS Y ELECCIONES EN 2023

Tiempo de lectura: 13 minutos

Sorpresas, aprendizajes y prevenciones.

Analizamos 104 estudios de opinión pública realizados entre junio y noviembre de este año electoral. De ellos, 78 son de tipo cuantitativo (encuestas), representaron unos 261.000 casos y estuvieron a cargo de 31 consultoras diferentes. Los otros 26 son cualitativos (focus group, entrevistas, representaciones sociales, paneles) y fueron realizados entre 7 firmas.

1. LOS RETICENTES A RESPONDER ENCUESTAS TAMBIÉN VOTAN.

Hay un verdadero problema con los no respondientes. Las tasas de rechazo, que cada consultora conoce al momento de efectuar sondeos, influyen en las mediciones porque pueden alterar las estimaciones si ese grupo renuente a responder tiene un comportamiento electoral diferente al de quienes sí responden los estudios.

Esta puede ser una razón por la que en los estudios anteriores a las PASO no se previó a Milei en primer lugar con 30 puntos, cuando entre 15 y 45 días antes de la elección se lo ubicaba en 20 puntos promedio y sin grandes oscilaciones. Ese tránsito de 20 a 30 fue un impulso mucho más fuerte de lo que concedía cualquier margen de error, incluso cuando en la última semana se registró un paulatino ascenso en su intención de voto. Una respuesta condescendiente se refugia en un supuesto sprint final, imprevisible. Pero otra más prudente es considerar la posibilidad de que, aun existiendo de manera previa y estable, estos electores no pudieron ser detectados en la recolección.

Dado que ningún estudio de más de 3 días detectó en su magnitud el resultado y la identidad del ganador, es pertinente considerar otras hipótesis y otros caminos para corregir estos problemas, siempre que exista espíritu de aprendizaje de estas dificultades que podrían repetirse en las próximas PASO, cuando no habrá una elección reciente para ponderar a través de la variable voto anterior. Por cierto, cuando en el balotaje de noviembre había, no solo una sino dos votaciones recientes, se repitió la discreta eficacia y precisión en las estimaciones.

A modo de resumen este gráfico muestra el porcentaje de estimaciones precisas (dentro del margen de error informado) discriminadas por tiempo.

En las PASO, de un total de 20 estudios, solamente uno (de la última semana) aseguraba que Milei era el candidato ganador, aunque se estimaba que su fuerza se ubicaría en tercer lugar. Asegurar, en este caso, significa que se preveía el triunfo sin mediar el margen de error de la encuesta.

En la elección de octubre, de un total de 27 informes, solamente uno (de la última semana) aseguraba el triunfo de Massa.

En el balotaje sobre un total de 31 sondeos, si bien en su mayoría (21) presentaban a Milei por encima de Massa, solamente 12 estudios aseguraban el triunfo de Milei sin mediar el margen de error.

En síntesis, variables como el último voto anterior, la probabilidad de ir votar o las tradicionales variables sociodemográficas (sexo, edad, nivel de estudios, lugar de residencia, nivel económico social, etc.) podrían resultar insuficientes o limitadas para los pronósticos.

Los indecisos no definieron la elección; la elección estaba ya definida más allá del comportamiento de los indecisos

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Por todo esto, será preciso hacer un esfuerzo adicional por acceder a la opinión de quienes no responden estudios, especialmente en elecciones parejas; desde establecer un perfil de los rechazadores de sondeos, reintentos de conexión o triangulación de otras técnicas de investigación porque sólo así podría advertirse si su opinión resulta muy diferente a la de otros.

Una hipótesis es que, entre la mayoría de quienes se negaban a responder encuestas, haya habido una distribución no homogénea de preferencias, en este caso a favor de Milei. No contestaron, pero después fueron a votar y lo hicieron de una manera muy disímil a quienes participan de los sondeos.

2. CORTOCIRCUITOS EN LA PROYECCIÓN DE INDECISOS.

Conectado con el punto anterior y aun considerando como débil la hipótesis del impacto del comportamiento final de los últimos indecisos, es necesario repensar la forma de proyectar indecisos que, en muchas ocasiones, se presentaron o publicaron como proyecciones lineales que reproducían el patrón de distribución de los decididos. Pero que no salían de su supuesta indecisión igual que ellos.

3. EL TAMAÑO NO IMPORTA.

Las encuestas con menos casos anduvieron mejor. Una muestra grande no fue necesariamente más certera que otra de menos casos. Sin considerar la distinción entre tipo de elección, la eficacia mostró una correlación con el margen de error de los estudios que fue moderada con un 99% de confianza (a mayor margen de error, mayor eficacia). Esto sugiere, en un sentido contraintuitivo, que las encuestas con menores tamaños de muestra (por consiguiente, mayor margen de error) obtuvieron mejores resultados.

4. NO SIEMPRE LA BUENA TÉCNICA TE SACA CAMPEÓN.

Tampoco las técnicas de recolección aseguraron los prestigios que se repetían históricamente. Por ejemplo, que las encuestas presenciales son más confiables que otras. En estas elecciones, y de acuerdo con los 78 estudios cuantitativos, no se observaron diferencias estadísticamente significativas en la eficacia de los pronósticos según las distintas alternativas analizadas que incluían sólo presencial; sólo online; sólo telefónico; presencial + telefónico; telefónico + online; telefónico celular + telefonía fija.

5. AL CUARTO OSCURO SE ENTRA CON UN VOTO EN LA CABEZA.

La evolución de la opinión pública se mostró estable. El escenario electoral transitó sin eventos lo suficientemente disruptivos como para que pudieran alterar el proceso de formación de opiniones; del mismo modo, eventuales noticias de impacto negativo (yate, lock out de combustibles, exabruptos libertarios) no alcanzaron a conformar cisnes negros. Tampoco la asimetría en la performance en debates pareció aportar cambios en las tendencias.

Se mantuvo estable a lo largo del tiempo la opinión muy negativa sobre la gestión del gobierno, sobre la evaluación de los principales candidatos, sobre la situación económica, sobre la percepción de los principales problemas y sobre el rechazo electoral, entre otras variables.

La gran mayoría de votantes se decidió meses antes de los comicios y los indecisos, que en julio alcanzaron un pico máximo de 35%, en la semana previa al balotaje no pasaban el 5% (en PASO eran menos de 8% mientras que en octubre eran menos de 3%). Lo particular de este proceso fue su paridad y estabilidad, y no los supuestos volantazos de último momento.

Una respuesta condescendiente se refugia en un supuesto sprint final, imprevisible. Pero otra más prudente es considerar la posibilidad de que, aun existiendo de manera previa y estable, estos electores no pudieron ser detectados en la recolección

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En lugar de imaginar votantes que en el cuarto oscuro entran jugando al ta-te-tí, suponemos que hubo dificultades de anticipación e interpretación de comportamientos electorales ya consolidados que incluyen tanto el voto como la participación en el comicio.

Para poner en dimensión el valor real de los indecisos, incluso para aquellos que llevan su duda hasta el cuarto oscuro, cabe recordar que en las PASO las tres primeras fuerzas se separaron por menos de 3 puntos; en octubre la distancia entre primera fuerza y segunda, y segunda y tercera fuerza fue de casi 7 puntos respectivamente; y en el balotaje la diferencia fue de un poco más de 11 puntos. Las distancias observadas finalmente en los escrutinios, salvo en las elecciones PASO, fueron siempre mayores a la cantidad de indecisos relevados una semana antes del acto electoral. Los indecisos no definieron la elección; la elección estaba ya definida más allá del comportamiento de los indecisos.

6. MEDIR CERCA DE LA ELECCIÓN NO NECESARIAMENTE ES MEDIR CON MAYOR CERTEZA.

Decimos que un pronóstico es más eficaz cuando la mayor cantidad de sus estimaciones se ubican dentro de los intervalos de confianza que se construyen con el margen de error.  En las PASO, sólo 2 estudios posicionaron a Milei primero. Fueron realizados 2 y 3 días antes del domingo de votación. Sin embargo, esto no alcanza para afirmar que a mayor proximidad con la elección mayor eficacia de los pronósticos. Por el contrario, el cúmulo de las previsiones más ajustadas a los resultados fue realizado entre los 20 y 40 días previos. Contra lo que se intuye, la cercanía no fue necesariamente un buen predictor.

Octubre, en cambio, mostró que, a menor distancia de los comicios, mayor fue la eficacia de las encuestas. Es probable que esto se haya debido a que había menos candidatos a medir y que complementariamente se podía ponderar el voto reciente y ya no el muy lejano de 2021.

En el balotaje esa misma correlación entre eficacia del pronóstico y cercanía del comicio que se había observado en octubre, aumentó su intensidad a un nivel moderado y además aumentó su nivel de confianza al 99%. En esta elección, las estimaciones se redujeron incluso más en cantidad (sólo 2 candidatos) y el voto anterior ofrecía dos variables de control (voto anterior agosto y voto anterior octubre).

La eficacia fue en ascenso, aunque levemente, a medida que avanzábamos desde las PASO hacia octubre y noviembre.

7. OPINIÓN PUBLICADA Y PAUTADA NO ES SINÓNIMO DE OPINIÓN PÚBLICA.

Resultó extraño el nivel de sorpresa ante el resultado de la interna en Juntos por el Cambio. Pudo deberse a cierta disonancia entre lo que el microclima político instalaba o sobre lo que se publicaba y publicitaba y el ritmo auténtico de los datos medidos. Durante largos meses Bullrich casi duplicaba a Larreta en intención de voto. En las PASO, los candidatos con menor precisión en sus estimaciones fueron Milei y Massa.

La buena detección de votantes de Bullrich y Larreta podría haberse debido a un sesgo en la técnica que la volvió más permeable a captar esas preferencias, probablemente por una cuestión socioeconómica. Ese mismo sesgo pudo haber obstaculizado advertir votantes de Milei y La Libertad Avanza en sectores populares donde efectivamente hubo penetración de este último espacio. En agosto, sobre un total de 20 estudios, 13 ubicaban a Massa como el candidato más votado, 4 a Bullrich y 1 a Milei.

Las encuestas con menos casos anduvieron mejor. Una muestra grande no fue necesariamente más certera que otra de menos casos

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En octubre, no hubo dificultad en detectar el nivel de voto de Bullrich. En cambio, sí hubo dificultad para estimar la diferencia de Massa sobre Milei y que Massa se ubicaba más cerca de los 40 que de los 30 puntos. En octubre, sobre un total de 27 estudios, 11 ubicaban a Milei como el más votado y sólo 1 a Massa; mientras que 15 registraban un empate técnico entre Milei y Massa.

En el balotaje, el común denominador fue la dificultad para detectar la distancia que tuvo Milei sobre Massa. Sobre un total de 31 estudios analizados, 12 aseguraban el triunfo de Milei sin mediar el margen de error (sólo 2 lo hicieron con la distancia que se registró), 3 registraron a Massa y 16 registraban empate técnico.

En líneas generales, cuanto más alejados estuvieron los sondeos respecto a las elecciones (sobre todo en PASO y octubre, donde es mayor la cantidad de candidatos) se tensiona la fiabilidad de los estudios por cuanto los pronósticos muestran importantes diferencias entre sí en torno a las estimaciones de los candidatos. La fiabilidad es la capacidad de obtener resultados similares en circunstancias similares como lo es un escenario electoral. Por caso, vale la pena destacar que, en las elecciones de octubre sobre un total de 27 estudios, 26 aseguraban la instancia de balotaje.

Por el lado de las consultoras, podría ser que el temor a equivocarse en soledad más que a acertar en exclusividad, lleve a veces a una convergencia de pronósticos genéricos promedio entre los distintos sondeos. Si ese consenso dialogado de las previsiones luego se distancia del resultado final, aparecen las tensiones sobre la validez de los estudios, y el deporte de la crítica sobre la confiabilidad de las herramientas.

A propósito de la confianza, no contribuyen a ella las filtraciones de encuestas reales o modificadas, -una pasión política que atrasa-, la publicación precaria o incompleta de fichas técnicas y la falta de una pedagogía de lectura de estas.

8. LA CALIDAD CUENTA.

Los estudios cualitativos que analizamos funcionaron. Pudieron detectar cuestiones determinantes en estas elecciones. No sólo con claridad, también con la debida anticipación. La digestión política que cada fuerza hizo a partir de ellos es otra cuestión.

La percepción de la inflación como principal problema del país y de la vida cotidiana estaba fosilizada y compartida por todos los votantes. Incertidumbre, inestabilidad, bronca y angustia fueron sentimientos con presencia desde fines de 2017. Ira y miedo se distribuyeron relativamente parejos entre las variantes electorales pero el sentimiento dominante era la tristeza.

Los estudios de carácter cualitativo también captaron las inquietudes que generaba el desequilibrio emocional de Milei como atributo central de su personalidad. Sin embargo, eso no le impedía sintonizar con sus electores. Ante una propuesta desmesurada o inconveniente, se abrían dos caminos: si la persona se veía afectada en lo personal, tendía a afirmar que no va a poder hacer eso que dice; si la persona no se veía afectada en lo personal, se decía que no era algo de lo que preocuparse, por ejemplo, porque yo no necesito ningún órgano.

Frente a los desbordes del candidato, sus electores recurrieron a un fantasioso elige tu propia aventura. El deseo de cambio era más potente que cualquier miedo a las consecuencias de un candidato loco. Sería interesante repetir algunos focales ahora que como presidente transcurrió un primer par de semanas salvajes donde están pasando cosas, en su mayoría, crueles con el común.

La pretensión de consistencia, fundamental en ciencia, se frustra trasladada al criterio de opinión visceral, en donde para algunos coexiste un deseo de ajuste y reseteo con uno de abaratamiento de precios y tarifas o la gratuidad educativa y sanitaria.

El miedo a la personalidad de Milei mostró su eficacia y fue escuchado incluso dentro de sus votantes. Los resultados no invalidan esa comprobación. Pero, al mismo tiempo, los estudios indicaban que, así como la personalidad de Milei generaba temor, la de Massa generaba desconfianza.

Por el lado de Juntos por el Cambio, una identidad envejecida y amargada con la coyuntura, sus votantes núcleo y probables se lamentaban de la pérdida de dos de sus atributos estratégicos: ya no eran la única y mejor herramienta para ganarle al peronismo y tampoco manejaban el pulgar de la sobrevivencia kirchnerista.

Milei fue el bastón de mariscal que agarró un amplio sector de la sociedad para extender el escarmiento contra los contratos electorales incumplidos que empezó en 2019 contra Macri, continuó en 2021 contra el Frente de Todos y se extendió en 2023 contra Unión por la Patria

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Por el lado de quienes están más identificados con valores igualitarios, ya sean kirchneristas o progresías con recorridos distintos, convergieron en el no a Milei/Macri. Algunos estudios mostraron que vinculan conceptualmente la posibilidad de desarrollo soberano con la necesidad de autonomizarse del FMI y de las consecuencias negativas del endeudamiento; requieren protección eficaz ante abusos de mercado y de Estado; se sienten desposeídos frente a poderes que ven actuar al margen de la democracia y de su control ciudadano; reafirman la necesidad de coherencia entre el contrato electoral votado y el programa de gobierno efectivamente desplegado y son muy autocríticos. Tienen una idea fuerte sobre el gobierno como efectividad; lo retórico, sin resultados de gestión, no sólo no los persuade, sino que los irrita.

Quedaba expuesto que un oficialismo pasivo que en cuatro años no mostró determinación en la procura del bienestar general no saldría ileso de ninguna prueba. La decepción de una movilidad social ascendente truncada, la frustración de aspiraciones de acceso a la vivienda y trabajo digno se conectaron con trabajo mal remunerado e inflación -dos dimensiones de la pérdida de poder adquisitivo de los ingresos-, que constituyeron el mayor incumplimiento del contrato electoral de 2019.

Aquello de esto así no puede seguir, el hartazgo, la imposibilidad de proyectar un futuro, fueron una clave de época. Milei fue el bastón de mariscal que agarró un amplio sector de la sociedad para extender el escarmiento contra los contratos electorales incumplidos que empezó en 2019 contra Macri, continuó en 2021 contra el Frente de Todos y se extendió en 2023 contra Unión por la Patria, en primer lugar, pero también contra Juntos por el Cambio, nuevamente excluido tras la primera vuelta.

9. ALERTA EN LO PROFUNDO: ES LA DEMANDA NO LA OFERTA.

La derecha tuvo mensaje, tuvo fuerza y tuvo como destinatario un sujeto electoral claro y mayoritario. El peronismo y la izquierda hace tiempo que muestran dificultades para articular estos elementos claves, y eso es como no tenerlos.

Sin embargo, la generalidad de los votantes afirmaba una percepción que afectaba a la oposición y ahora al nuevo gobierno: la cosa se les puede ir de las manos, ojo que se la pueden poner de sombrero. En efecto, una economía disciplinadora a sangre y fuego es algo brutal e insostenible, no es habilidad y nuevo ciclo. ¿Por qué, entonces, no fue disuasiva esa percepción de desorden y violencia en aumento? Tal vez porque el destinatario del ajuste parece siempre ser otro y nunca el que lo promueve. O tal vez porque en el discurso antiestatal opera otra fantasía: la creencia de que el Estado se reduce a el gobierno y el gobierno serían sólo los políticos. No se ve y/o quiere ver en qué grado la retirada de esa entidad mayor va a alcanzarlos también a ellos.

Cancelada la expresividad anticipatoria y pedagógica del lenguaje, -el miedo a los efectos de las medidas propuestas por Milei fue decodificado durante la campaña como una mera manipulación- una parte importante de la sociedad daba indicios de (y parece) estar dispuesta a comprobar las cosas problemáticas sólo a través de la experiencia de vivirlas.

Podría haber un permiso, cuyos límites aún no conocemos, para un grado mayor de violencia social ordenadora y al mismo tiempo conciencia de la insustentabilidad de un orden basado puramente en la represión. Orden es, ante todo, ordenar la economía y eso significa reducir la inflación. Hay un extendido consenso en que conducir la Argentina es difícil pero no por ello eligieron al candidato que parecía más profesional como piloto de tormenta sino al que más se les parecía: el candidato enojado y roto, casi desvinculado socialmente y rechazado por instituciones; el candidato que representaba a ese electorado que desconfía de todo aquello que sea o haya sido mayoritario.

El ambicioso ideal de progreso social y de lazo igualitario, característico de las luchas en el S. XX, parece archivarse y ese vacío apenas se sustituye por una resignada aspiración a poder consumir algo.

Se identificó un quiebre generacional en las opciones políticas. Hasta el momento, los menores de 25 se comportaban como jóvenes viejos que aspiraban a las esferas de realización propias de los adultos (trabajo, vivienda, familia, consumo). Querían integrarse, no impugnar. La emergencia del candidato Milei migró las adherencias del segmento juvenil y se observaba una identificación con lo que se presentaba como “nuevo”. La prédica ahistórica, inaugurada con fuerza por el macrismo, se cristalizó como voto a Milei y se partió en dos el electorado entre los consensos y símbolos de la democracia del S. XX y el nuevo individualismo exaltado.

Se afianzó este año la cosmovisión de un nuevo conglomerado de votantes, especialmente de los menores de 30 años. Así, un nuevo electorado ha sido conformado. Ofertarle candidato fue y será una cuestión secundaria porque el carácter de lo que demandaron es lo más significativo de este proceso electoral. Sobre esto, para nosotros muy preocupante, hay que pensar, trabajar y actuar.

Hay un extendido consenso en que conducir la Argentina es difícil pero no por ello eligieron al candidato que parecía más profesional como piloto de tormenta sino al que más se les parecía: el candidato enojado y roto

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10. OJOS Y ANTEOJOS.

A la luz de estas observaciones y pensando en dirección a futuros procesos electorales, los sondeos de opinión pública son herramientas útiles. Sin embargo, es importante insistir en moderar las expectativas respecto a la precisión de las estimaciones que se publican. Las encuestas, en particular, ofrecen imágenes estables aunque borrosas a las que no es razonable exigirles precisión quirúrgica. Los estudios cualitativos, por su parte, deben ser valorados y sistematizados en el tiempo y, especialmente, la política debería hacer una digestión analítica más profunda y conducente de lo que está acostumbrada. Ni seguidismo ni intuicionismo libre de datos.

Las nuevas tecnologías de la comunicación también imponen desafíos en la incorporación de nuevas técnicas de investigación, triangulación y consistencia que permitan sortear las dificultades manifiestas de los tradicionales sondeos.

También es importante insistir con la divulgación y la publicación detallada de las fichas técnicas de los estudios que resultan tan importantes para poner en contexto y alcance a los resultados obtenidos; la inclusión de la tasa de rechazo de los estudios resulta imprescindible.

Estas observaciones van en dirección tanto a orientar la demanda de sondeos de opinión pública en función de los tiempos y la capacidad de convertir sus resultados en acciones como a hacer una pedagogía de la lectura de sus resultados. Si no habrá tiempo de leerlas en profundidad, mejor no encargarlas.

El trabajo sostenido sobre las limitaciones y dificultades registradas en la medición, análisis e interpretación de la opinión pública, así como la forma en que se publican los resultados, nos conducirá a menores sorpresas, mejores pronósticos y una mayor ponderación de la investigación.

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