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06 de diciembre 2023

Mauro Greco

RADIOGRAFÍA DE MILEI: “BOMBITA RODRÍGUEZ”, DESEO DE REPRESIÓN Y RESISTIENDO CON CAMPARI

Tiempo de lectura: 6 minutos

Cuando, el 13 de agosto de este año, el país se pintó de violeta (no feminista sino Mileilista) en las PASO, volví sobre un interés que, no por repetido, era menos inspirador: ¿por qué nunca las izquierdas argentinas pudieron armar un símil “Bombita” Rodríguez? Porque, digámoslo rápidamente, Milei es una suerte de “Bombita” Rodríguez de derechas. ¿Cuál es la gracia de “Bombita”? Hacer pasar un contenido serio -la revolución, la lucha armada- bajo una forma frívola, o al menos lo que se consideraba frívolo en los 70s: bailar y divertirse. Si lo pensamos dos veces, esa es la lógica de muchos de los personajes de Capusotto y Saborido: un fascista banal (Micky Vainilla), una anarco-feminista-existencialista pop (Violencia Rivas). El chiste, como en una vecindad siniestra, es la contigüidad de dos elementos -picnic y revolución, fascismo y frivolidad- que no suelen ir juntos. El chiste de “Bombita” es ese unheimlich vecino y, como siempre con el humor, lo kairológico, su sentido de la oportunidad.

¿Y Milei? ¿Qué no se ha dicho de Milei a esta altura? Economista mediático, empleado de Eunekian, paciente psiquiátrico, pasante a quien no se le renovó el conchabo en el Banco Central, una tosecita lo distrae. En algún momento, sin ninguna obsesión comunicológica, habrá que hacer una historia o biografía cultural de Alejandro Fantino, alguien que hace 20 años daba entrevistas en Página/12 diciendo que quería dejar el periodismo deportivo para ayudar a la sociedad, y que desde 2015 se convirtió en el principal operador mediático del macrismo. Si no hay Macri sin Cromañón (o sin 2001), tampoco hay Milei sin Fantino. Pero Milei no es un puro producto de los medios -ese sueño de la aguja hipodérmica, o de algunos integrantes de la primera generación de la Escuela de Frankfurt-, sino un producto puro, duro y rico de la más cruda realidad argentina, y de su historia reciente de los últimos cuarenta años.

¿Cuál es la gracia de “Bombita”? Hacer pasar un contenido serio -la revolución, la lucha armada- bajo una forma frívola, o al menos lo que se consideraba frívolo en los 70s: bailar y divertirse

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Consabidamente, 3 años de inflación incontrolable, la normalización de 40% de pobres bajo un gobierno peronista -lo que algunos llamaron “modelo indio”-, pero también las políticas de derechos humanos cada vez menos dispuestas a discutir ciertos asuntos espinosos, y algunos feminismos -en ola desde 2015- en pleno devenir no sólo neoliberal sino también punitivista y moralizador. ¿Por qué un pibe, por más “machirulo” que sea, se va a bancar que le digan “violeta” cuando efectivamente no violó a nadie? ¿No hubo quienes se sirvieron del feminismo para hacerse de cargos y limpiar gente que no le gustaba por motivos personales? ¿No debería también habernos dado mucho que pensar cuando, en 2011, Jorge Lanata dijo “estoy harto de la dictadura”? No por Lanata en sí mismo, cada uno puede pensar lo que quiera o pueda de él: sino porque ahí ya se había roto un límite de decibilidad, porque la estrecha relación entre Estado -nunca olvidemos que el terrorismo fue estatal- y los derechos humanos le había sustraído prestigio, maná, a estos. Macri, desde la reposera, no hizo sino ensanchar la zanja cuando habló del “curro de los DDHH”. De ahí a la vuelta de la teoría de los dos demonios, que parece que existe, o directamente al discurso militar, sólo había un pasito. Esto, desde ninguna teleología – ¡qué fácil es escribir la historia con el diario de Conan!-, sino intentando entender, pudiendo fallar, cómo llegamos acá.

Es que esto también me parece importante: reconocer que nos equivocamos, que erramos, que la pifiamos. Noto cierta resistencia a admitir que muchos, con desagrado, dábamos a Larreta presidente 2023, a Milei desinflado antes de las PASO, y a Massa ganador el domingo 19/11. Esto puede parecer los 70s e ir al rinconcito de la autocrítica, pero cuando Milei apareció en los medios cité en mis clases al filósofo británico Mark Fisher, especialmente a su Capitalist Realism: Is There No Alternative? (Zero Books: 2009), para decir que este tipo de figura, sobre las que en el Reino Unido la saben lunga, en realidad no son candidatos sino “Think Tanks”, es decir individuos grupales financiados para modificar los límites de lo decible, pensable, sentible e imaginable en una sociedad. A Milei no le fue nada mal: ganó con un programa abiertamente antiperonista, antifeminista, anti-justicia social, anti-derechos humanos, anti-memoria “histórica”, anti-Estado, anti-peso. Pero también con una prédica pro-dólar, pro-Estados Unidos, pro-Israel, pro-perros, pro-mediums, pro-privatizaciones, pro-ajuste y pro-Macri desde la primera vuelta del 22 de octubre. Si volviéramos a 1930, pero no para hablar de los ordo-liberales (de nuevo: releamos La naissance de la biopolitique de Foucault, mucho de lo que estamos viviendo en décalé está ahí) sino de los migrantes internos, el peronismo naciente y las “masas disponibles”, es como si el electorado argentino -al menos un 33% primero, y un 56% después-, luego del doble fracaso macrista y albertista-cristinista, hubiera estado esperando que Milei se tomara en serio su rol de candidato para elegirlo.

¿Por qué un pibe, por más “machirulo” que sea, se va a bancar que le digan “violeta” cuando efectivamente no violó a nadie? ¿No hubo quienes se sirvieron del feminismo para hacerse de cargos y limpiar gente que no le gustaba por motivos personales?

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No sabemos qué pasará de aquí en adelante, si “the killer” lo va a deglutir o si finalmente el sueño schmitteano de una sociedad dicotomizada entre liberales alberdianos y socio-cristianos peronistas se cumplirá, en cuyo caso Milei será el tercer presidente consecutivo en no reelegir. Pero también puede ser que Milei, cagándose –excusez moi pour mon francais– en derechos reproductivos, abortivos, de educación sexual y de todo tipo, estabilice la economía, baje la inflación, ensanche la clase media, angoste la pobreza, y su reinado haya que contarlo por lustros. ¿O acaso aquellos que bordeamos los 40 no bromeábamos hace 10 años que los 90s nos encontraron muy púberes, y que entonces no pudimos aprovechar los viajes a Disney y las bandas internacionales por dos pesos en River? Ahora también hubo un dólar Coldplay y Swifties anti-Milei, pero quienes llenaban estadios y restaurants eran quienes estaban adentro de una economía cada vez más informal y precarizada, normalizando la inflación porque el salario la acompañaba relativamente.

Milei, leo compulsivamente desde hace 2 días -o 3 meses-, es un fascista, quienes lo votaron alojan deseos de represión, y lo que hay que hacer -una vez más, y van- es emprender la resistencia (con aguante o con campari). Son hipótesis tentadoras: el psicoanalista ¡ucraniano! Wilhem Reich y el “deseo de represión” -no el engaño ni la manipulación- del pueblo alemán para con el nazismo, el filósofo Gilles Deleuze y el psiquiatra Félix Guattari citándolo en Mille plateaux. Capitalisme et schizophrénie (Minuit, 1980), en suma, son referencias con pedigree. Además, nos la pasamos diciéndole «esquizofrénico», “anormal”, “sin hijos”, “no tiene familia” a Milei, así que “alcoyana, alcoyana”. Pero la sociedad argentina, al menos el 56% de los que votaron (un cuarto de los votantes fue directamente indiferente a elegir su destino), prefirió un loco, insano, inestable, antes que a una familia tipo con dos hijos de Tigre o de la Chicago argentina. La sociedad corrió por izquierda a su dirigencia, al revés de lo que algunos kirchneristas decían de sí en el 2003 (la misma sociedad, la del 2003, que había protagonizado el 2001, hablado sobre los 70s hasta el hartazgo, y cascoteado los bancos). Milei, si queremos decirlo así, es el cierre de lo que se abrió en 2001, y una vuelta a 1991, pero teniendo siempre presente que “una bomba no cae nunca en el mismo lugar dos veces”.

Ahora también hubo un dólar Coldplay y Swifties anti-Milei, pero quienes llenaban estadios y restaurants eran quienes estaban adentro de una economía cada vez más informal y precarizada, normalizando la inflación porque el salario la acompañaba relativamente

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Por supuesto, también se puede decir que Milei amenaza la democracia: es una hipótesis que, desde hace un tiempo, estamos explorando con César Domínguez, un argentino-gallego catedrático de la Universidad de Compostela, leyendo literatura feminista gallega y argentina post-2001 y post-2015 respectivamente. “El tiempo lo dirá”. Lo que sí ya puede decirse es que, si lo hace, no es casual que haya sido el candidato más anti-alfonsinista de la post-dictadura, sucediendo al presidente peronista que más se comparó con Alfonsín. De nuevo, vecindad y diferencia.

Finalmente, la resistencia: mi ex novia de la carrera (Comunicación, UBA), en una discusión acalorada que tuvimos el lunes post-elección (“dos que se quieren se dicen cualquier cosa”), me preguntó qué decía Deleuze sobre la reciente elección de Milei. Es una buena chicana, y entre gauchos no nos vamos a pisar el poncho: no podemos vivir ofendiéndonos. Resistir es heredero y dependiente del poder. No es crear ni inventar. La última vez que se le propuso -y ella compró- algo nuevo a “la sociedad argentina” fue el kirchnerismo 2003-2008 retomando la ligazón de los movimientos de derechos humanos entre estos y la crítica al neoliberalismo (de la dictadura y de los 90s). Esa liason llegó a su fin, se explotó todo lo que se pudo. Ahora hay que imaginar algo nuevo. No tengo la más pálida idea qué puede ser. Tal vez un sociólogo maoísta loco hablando sobre las manos manchadas de sangre del capitalismo en los medios masivos de comunicación no sea tan inverosímil ni ridículo en 5 años ha.

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