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14 de agosto 2023

Martín Rodríguez

¿QUÉ SE ESCUCHA?

Tiempo de lectura: 5 minutos

Algo estaba escrito hace meses: que iba a haber escenario de tercios. Pero nadie imaginaba que en esos tercios Milei podía ser el de más votos. Por eso huele tan a triunfo su ventaja pírrica. Parecía un tercero en discordia, un extremista que los de Juntos por el Cambio le podían pisar el discurso y los kirchneristas le podían copiar las formas. Todos lo veían útil para sacarle cosas y él les sacó cosas a todos. “Vino a zamarrear el árbol”, dijo Moreno, condescendiente como con un hijo adolescente, y aclarando que sus ideas económicas se explican porque el muchacho está en la edad del pavo. ¿Y ahora? La elección dejó el triunfalismo violeta y el dólar PASO. Ni Massa ni Bullrich están “fuera de carrera”, pero no están iluminados por el fuego.

Los derrotados anoche estaban escritos en la frente de Milei. En un Milei volviendo a gritar viva la libertad carajo que también quería decir: no me modero un carajo. Perdió “la guita” con Larreta y los años de tirarle presupuestos encima a todo bicho que camina. Perdió el aparato, las frases de la realpolitik peronista y cristinista del estilo “¿quién le va a fiscalizar los votos?” o “en las provincias no tiene nada”. Perdió el viejo rol de los medios, los canales de televisión que quisieron subir el “fenómeno” y después lo quisieron bajar. Y repetían “se pinchó, se pinchó” y no se pinchó. Perdimos todos los que nos hacíamos eco de que subía, bajaba, de que era una ola, fenómeno “porteño” (ni siquiera en CABA hizo su mejor elección). Y ganó, entre muchas otras razones que intentarán desmenuzar otros, porque también conectó con algo que tiene nombre. ¿Por qué ganó Milei? Porque armó el PT de los trabajadores pobres. Lo hizo de raje, un tinglado que se puede volar en cualquier momento, es “metáfora”. Pero tiene el voto de los trabajadores golondrinas de servicios, el voto cajera del súper, chofer de Uber, repositores, empleada doméstica, juntó de abajo y en torno a él, sin el “aparato”, a los que saben que si dejan un trabajo encuentran otro, pero uno que permite -con suerte- vivir al día. Los que miran de reojo a los beneficiados del “plan”, piensan que el Estado es del otro, a mí no me llega. Esta crisis tiene contenedores: no es crisis de empleo. Hay crisis de trabajadores pobres. Y Milei gana fuerza ahí. Dos chicas que laburan en un local de venta de comida por peso, dos que vienen del culo del mundo hasta el centro, una estudia medicina, hace dos meses le afanaron, dejó el local semi abierto, puso la mochila en el piso, y uno, como una liebre, se la llevó. Les pregunto qué votan: “Al Peluca”.

El problema no es parecerse al otro para ganarle. Nadie cree que los Danger Four compusieron Revolver. El problema es la distancia con la realidad

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¿Querían polarización? Los polarizó a todos. ¿Grieta? Son todos casta, dijo. Apuntó al negocio del país dividido, al periodista ensobrado de los dos lados, con sus pautas del sector público. El pacto político del país bloqueado. Casta, etapa superior de la división. Diez años rotos, perdidos de ¡viva la grieta!, la polarización como un incendio controlado, los instructores que enseñan las virtudes de una división pendular, virtuosa, vigilada, mientras la crisis crece desde el pie. La grieta fue la década perdida. Y llega uno que de pronto los polariza a todos. Si la política no puede decirle basta a estos años de mierda lo dirá la gente. Todo eso de lo que está vacío Milei es de lo que está lleno. Ya hay teoría de que se pincha, que el techo del 30, “explicame de dónde sacará”. Todo así. ¿La tiene ganada Milei? No, ni ahí. Pero para ganarle a él hay que sacar el culo del sillón cómodo desde el que se viene subestimando su camino. Como esto del Chapulín: “entonces lo que está mal es el sol”.

Cuando Milei desarma en vivo el edificio simbólico del peronismo (la justicia social, donde hay una necesidad nace un derecho), lo hará quizás sabiendo que esos que lo escuchan esperan que él asfalte una senda del progreso en la que correr, codearse, individualizarse, son del partido de sus propios brazos. Como dijo el pescador Herminio acá, la marcha del orgullo del nunca me regalaron nada. Es gente que se acostumbró a arreglárselas solo. Gente que lleva demasiados años sin que les hablen a ellos. Sin un lugar para ellos en ese edificio. Lo dicho y confirmado: Milei no tendrá razón en tal caso, pero los que lo votan sí.

El elenco estable de la grieta tiene un problema para hacer política en esta crisis: llevan una autoestima demasiado alta, construida en el calor de sus audiencias cuesta la humildad frente al dolor ajeno. Frente a la bronca ajena. La palabra derecha no dice nada. El costo de haber atravesado una cuarentena sin demagogia política está vivo en esta división reforzada de vivir o no del Estado. Faltó un “Compatriotas, siempre que llovió paró. Y nos mojamos todos en la misma lluvia.” Entramos a la Pandemia aplaudiendo a los trabajadores de la salud, ¡El Estado Te Salva!, La Pedro Cahn, y terminamos con este entripado.

Parecía un tercero en discordia, un extremista que los de Juntos por el Cambio le podían pisar el discurso y los kirchneristas le podían copiar las formas. Todos lo veían útil para sacarle cosas y él les sacó cosas a todos

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Massa anoche intentó reconstruirse en un discurso simplificado que contenga por izquierda, polarizar con derechos, gratuidad, Estado, playback del cristinismo gastado y derrotado. Milei les ganó a todos pero especialmente a ese discurso. Massa está lejos de hablarle a los trabajadores con los que conecta Milei, y Massa supo de eso en su pasado remoto. En 2013 ganó cuando armó su pueblo. Lo que no se escucha en su tono monocorde de anoche es que quizás justamente la inquina profunda que asomó no funciona tanto contra el Estado sino contra la verosimilitud de esas palabras. ¿Hay carne adentro de eso que se dice? ¿Cuánta? Hablar de cosas en un país sin la primera cosa, la moneda. Los memes que se hacían solos la noche del domingo, los del dólar del lunes. Lo visto: lunes de devaluación. El problema no es parecerse al otro para ganarle. Nadie cree que los Danger Four compusieron Revolver. El problema es la distancia con la realidad. Al peronismo en 2019 la crisis macrista le achicó sola esa distancia. Pero lleva años encerrado en sus tretas, con la justicia, con sus marcos teóricos, temas de diván, militantes con chofer. Massa promete algo que mucha gente cree que nunca va a tener. El Estado como realización comunitaria no existe si sólo se nombra. ¿Qué promesa es posible? Los dólares ya tienen quién los promete. Pero el punto está ahí, sobre esa velocidad.

Si hacemos silencio, ¿qué se escucha?

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