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16 de agosto 2023

Luciano Chiconi

EL MILAGRO LIBERAL

Tiempo de lectura: 8 minutos

Lo dijo el león, entre sus primeras frases sólidas del domingo vencedor: hace diez años no se podía decir en público que eras liberal, si hubiese sido por los focus group tendría que haberme hecho socialista. Sonrisita psycho para rematar la ironía en un bunker que paladeaba la justa revancha frente a una opinión pública (medios, casta, redes sociales) que le había bajado el precio en el mes previo a la elección. Hace diez años reivindicarse liberal era piantavotos, dice Milei, pero hace diez años también comenzaba una crisis de “Estado sin economía” que se conocería con el nombre de polarización o grieta en el sistema político dominado por la puja kirchnerismo-macrismo. Bajo la luz de aquel chispazo inicial hacia una lenta declinación de las expectativas entre sociedad y Estado, Milei era el hombre liberal que estaba solo y esperaba. Esperaba que la crisis se pusiera madura, que la inflación fijara un nuevo consenso para la discusión política, más simple, más radical, más sincero, más desesperado.

Ese futuro ya llegó y le permitió a Milei ser el depositario político de una minoría “ganadora” en las PASO. Podríamos decir que Milei es el armador de este escenario de tercios que rompe “las coaliciones”, pero también podríamos decir que Milei se apodera de una gran minoría (a las puertas de una mayoría) que vino pasando por distintas fermentaciones políticas en estos diez años (la clase media massista, el partido del ballotage macrista), y que ante esta reconfiguración libertaria del debate, firma al pie de una conciencia tácita y silenciosa: no hay salida de la inflación por izquierda. Diría el león: yo no cambié, el conjuro de la crisis se corrió a “la derecha”, la solución política se hizo más dramática.

Hace 10 años reivindicarse liberal era piantavotos, dice Milei, pero hace 10 años también comenzaba una crisis de 'Estado sin economía' que se conocería con el nombre de polarización o grieta en el sistema político dominado por la puja kirchnerismo-macrismo

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Ese callejón casi sin salida al que induce una crisis longeva y en cuotas modela el voto de LLA, lo extrema y lo amplía: la adhesión de ese 30% a Milei no se puede explicar solo como voto-bronca a la casta, como un mero testimonio crítico de la existencia del Estado y la política tradicional. Milei podría ser un Zamora de derecha, pero Zamora nunca sacó 30 puntos homogéneamente federales en una elección ejecutiva, y en ese nivel cualitativo de votos que obtiene el libertario se esconde una habilitación expresa de la agenda liberal como consenso para la salida de la crisis por parte de ese electorado. ¿Qué tipo de agenda liberal? No importa, el votante de Milei no es sommelier de liberalismos, pero lo liberal es admitido como exorcismo de la crisis, algo impensado en el consenso de salida de la crisis de 2001.

Milei no disimula su solución liberal a los problemas de los argentinos, hace un enlace casta-déficit fiscal-reformas que no por ser simple no toca grados de la realidad problemática de los diversos sectores privados de la economía, como pueden ser la presión tributaria, la desigualdad de los subsidios o las prestaciones “selectivas” del Estado. Más allá del resultado final, la elección de Milei en las PASO y la que podría hacer en octubre demuestran que hoy en la Argentina se podría armar un consenso electoral de 45-40% puntos para un reformismo liberal integral como respuesta política a la crisis, a pesar del peronismo. La elección de Milei habla menos de él y de los dirigentes de LLA que de la evolución política del electorado en los últimos diez años.

Milei podría ser un Zamora de derecha, pero Zamora nunca sacó 30 puntos homogéneamente federales y en ese nivel cualitativo de votos se esconde una habilitación expresa de la agenda liberal como consenso para la salida de la crisis

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Esa oportunidad liberal pura y sincera que refulge en el éxito de Milei es el ¿tardío? sueño dorado de Macri. Una reconfiguración partidaria del PRO con la frescura impune de LLA que propicie la burocracia thatcherista de gobierno que el 2015-19 no fue. En todo el cortejo de Macri a Milei resuena la culpa y expiación del presidente que no fue, y que ahora, con mucha más crisis e inflación kirchnerista, sí pudiese haber sido. Algo de esa decepción se pudo ver en la ceremonia pos-electoral donde agradeció sin mucho entusiasmo a Patricia y Horacio por la competencia y se retiró rápidamente: su cuerpo estaba en el bunker de Juntos, pero su ánimo miraba con más interés “el momento” de Milei. Macri fue un ganador moral de la PASO porque vio la germinación de una minoría ganadora en el evento Milei, pero no pudo transformar esa intuición en un triunfo político para Juntos por el Cambio. Patricia Bullrich ganó la interna, pero no fue la kryptonita de Milei, no fue la Isabel Díaz Ayuso que se apropió de la ola ultraliberal y marginó a los libertarios.

Una de las razones por las cuales ahora JxC corre de atrás frente a Milei en la captura hegemónica de este consenso liberal que está en el aire habría que buscarla en el tipo de balada liberal que tocan contra el peronismo kirchnerista. Macri asumió una postura de partido antipopulista de vanguardia, donde se critica al peronismo como partido, historia y poder. Cuando Milei refuta conceptos como “la justicia social” o “un derecho ante cada necesidad”, le canta una canción de las simples cosas a la sociedad cascoteada por la inflación, en tanto no se refiere al peronismo como historia o sigla, sino como una cultura de gestión fallida que ya no le garantiza esa calidad de vida a sectores significativos de la sociedad. Milei narra el divorcio efectivo entre el peronismo y los nuevos pobres del sector privado, Macri habla del flagelo del populismo. Milei critica al peronismo por lo que no hace, mientras que Macri critica al peronismo porque existe.

La pole position de Milei le pegó una piña a JxC y UP. A Bullrich, erigirse en la dominatrix política del orden y el coraje le alcanzó bien para ganarle a Larreta, pero ahora surgen todos los dilemas de esa unidimensionalidad: Patricia debería generar alguna clase de contraste político relevante con Milei que le permita progresar en la primera vuelta y el ballotage. Ya no alcanza con invocar la garantía real de “sacar al kirchnerismo”, porque un tercio creciente de la sociedad también le acaba de dar esa potestad a Milei. En ese sentido, daría la sensación que Bullrich tiene menos margen de maniobra estratégica que UP para establecer una puja electoral con Milei, pero a la vez JxC podría movilizar más clase media enojada que no fue a votar a las PASO que UP. El problema es que este Milei ganador también podría movilizarla a su favor. Por esa razón, Bullrich quizás deba meditar más su recta final a la primera vuelta y/o el ballotage: “el orden” debe ser llenado con algún grado de política concreta para los condenados por la inflación y que ese gesto no sea percibido como una imitación a Milei.

Milei narra el divorcio efectivo entre el peronismo y los nuevos pobres del sector privado, Macri habla del flagelo del populismo. Milei critica al peronismo por lo que no hace, mientras que Macri critica al peronismo porque existe

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¿Qué refleja la performance nacional de UP? En principio es un capítulo más de la persistente desagregación del peronismo como partido nacional: los gobernadores ya no inciden en la ecuación nacional del PJ, son partidos provinciales consumados a pesar de que “adhieran” a CFK, AF o Massa. Massa no se pudo parapetar en ese peronismo para sumar votos: el peronismo ni siquiera le pudo ofrecer “el aparato” para capear la emergencia electoral. Milei ganó en San Juan, Tucumán, Salta-Chubut (dos provincias massistas), La Rioja, Misiones, anulando la eficacia de esa alianza colaborativa entre peronismos provinciales y nacional que marcó durante varias décadas la clave del éxito del peronismo como partido de poder.

En el marco de esa desaparición del partido nacional peronista, Cristina también fue una ganadora moral de las PASO. Anunció el escenario de tercios con UP corriendo desde atrás, y hasta el momento parece haber acertado al desplegar la estrategia pesimista del repliegue sobre la Provincia de Buenos Aires. Kicillof sacó cinco puntos más que el resto de la boleta nacional de UP en la PBA, y se consolida –si Massa no gana la elección- como el político más relevante de UP en una futura etapa opositora del kirchnerismo. Después de la dinámica que instaló la elección del domingo, se estrechan las chances de un voto útil a favor de Grindetti por la gran elección de Milei en el GBA, que puede ser mejor en octubre. El mapa argentino de las PASO muestra, en este instante, la coyuntura de los votos –el triunfo “peronista” de Milei con todo el país pintado de violeta-, pero también registra algunos procesos más estructurales de la geopolítica: en ese sentido, el formato Frente de Todos-UP refleja una continuidad: un peronismo despedazado que solo funciona en la PBA urbana y en algunas provincias (cada vez menos) del norte del país. El Estado “salva” cada vez a menos gente, y es precisamente sobre esa “grieta” que Milei predica su credo liberal.

El formato Frente de Todos-UP refleja una continuidad: un peronismo despedazado que solo funciona en la PBA urbana y en algunas provincias (cada vez menos) del norte del país. El Estado 'salva' cada vez a menos gente, y es precisamente sobre esa 'grieta' que Milei predica su credo liberal.

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Sin embargo, Massa puede apelar a una noción real y palpable para sumar a un sector de la sociedad que no fue a votar en las PASO: si hay más crisis, el Estado puede dejar de “salvar” a los que todavía salva. Un tiro por elevación al que necesita una moratoria para jubilarse, o a la familia que todavía vive a duras penas de un sueldo en blanco bajo convenio. Los que todavía tienen un pie en el sector privado y no pueden lanzarse a la aventura barrani de la “libertad”. Hay una delgada línea entre la resignación y la ira, pero esos dos lados de la línea y del ánimo social todavía existen, y puede llevar a comportamientos electorales disímiles. En un escenario de tanta incertidumbre, Massa podría caminar sobre las brasas hacia un ballotage, tan solo con un argumento defensivista del Estado que todavía existe.

No es que estén en contra del peronismo o del Estado: tan solo se trata de que el peronismo no tiene nada que ver con su vida cotidiana, no tiene sentido en su vivencia colectiva e individual.

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Massa puede jugarse ese pleno, pero aun así hay una zona alambrada que no puede franquear: existe una inmensa masa de argentinos (clase media, pobres, jóvenes con estudios, comerciantes, jóvenes sin estudios que trabajan) que no reciben ningún tipo de incentivo vital para adherir al modelo de país que proyecta y defiende el peronismo en los últimos diez o quince años. No es que estén en contra del peronismo o del Estado: tan solo se trata de que el peronismo no tiene nada que ver con su vida cotidiana, no tiene sentido en su vivencia colectiva e individual. En estos tiempos inflacionarios, el paroxismo de esa falta de sentido es el trabajador calificado en blanco pobre. Una especie de “fin de la historia” para el viejo laborismo argentino. Cuando Milei desautoriza a la “justicia social”, lo que está diciendo (equivocado o no) es que la justicia social no la realiza más el Estado, y que ahora le toca realizarla al mercado, por los medios que sea y que los votantes estén dispuestos a aceptar. En base a esa idea, Milei armó un de Ushuaia a La Quiaca electoral, una primera minoría policlasista –más policlasista que la que pudo armar Cambiemos en su momento- que puede ser la antesala social de una mayoría liberal, con estos intérpretes u otros. Milei cumplió una función: (¿re?) activó un interés popular por el milagro liberal.