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¿LUNFARDO? ¿ACASO LO INVENTASTE VOS, JOSÉ?

Tiempo de lectura: 7 minutos

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El peronismo sabe de prohibiciones por haberlas sufrido. Recordemos el decreto 4161 de la “revolución fusiladora”, o las prohibiciones durante la última dictadura, entre el ’76 y el ’83. Prohibir canciones, autores, cantautores, artistas, libros, obras de teatro. Prohibieron por fomentar el comunismo “la teoría de los conjuntos”, y hasta censuraron el libro “La cuba electrolítica”, que hablaba simplemente de la generación de corriente eléctrica y no de Fidel Castro. La prohibición tenía su dosis de humor involuntario.

Cuando en 1943 se creó el Departamento de Cultura para -entre otras cosas- cuidar la moral y el lenguaje, Cátulo Castillo junto a otros fue a ver al entonces Coronel Perón para que cesara la “prohibición” sobre el lunfardo. En el ’49, como bien cita Juan Pablo Bertazza, “Perón se le acercó a Alberto Vacarezza –uno de los presentes en la reunión- para soltarle un inesperado: ‘¿Así que un fulano lo afanó en el bondi el otro día, Don Alberto?’, lo cual además de generar la incontrolable carcajada de los oyentes le dio al lunfardo un oportuno reconocimiento y a su prohibición un tácito golpe de gracia”.

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De entre tantas cosas que me dejó el abuelo Américo, me quedaron sus vinilos, sus long play, los larga duración. Y revisando la caja dónde los preservo, encontré esta joya: “Academia Del Lunfardo de D’Arienzo y Echagüe”. Es cierto que en internet se puede conseguir por 500 “mangos”, sin embargo para mí no tiene precio. Me sorprendió el hallazgo porque no tengo recuerdos del abuelo con el lunfardo, si bien era tanguero, era un gran admirador de Petit y de Mosquera Montaña, pero la veta lunfa, excepto por el gran Sanmartino del que ya les conté, esa sí que no la tengo.

Sin embargo, recuerdo que era muy crítico con José Gobello; Américo decía de él que era un “chantún”, un “arribista”, vaya a saber en qué fundaba sus calificativos, lo cierto, y a la distancia, por una cosa o por otra, algo debe haber visto el abuelo al “porfiarlo”.  José pasó a la historia del lunfardo y del tango, es reconocido en ese “metié” por casi todos y vaya si dejó una extensa obra y un legado interesante.

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La historia personal de José Gobello es una de esas que si uno le dedica unas líneas, se encuentra con controversias más que importantes, al punto de preguntarse si valía la pena hacer éste rescate. Nació en Martínez, hijo de un matrimonio muy prolífico, tuvo seis hermanos, quedó huérfano de padre muy joven, abrazó el periodismo, trabajando en los diarios El Pueblo y Democracia. Para 1946, aparece la revista Descamisada creada por el pintor Germinal Lubrano, la que apoyó desde el humor, al ascendente Coronel Perón, y ahí se encontraron como redactores don Arturo Jauretche y José Gobello.

Prohibieron por fomentar el comunismo “la teoría de los conjuntos”, y hasta censuraron el libro “La cuba electrolítica”, que hablaba simplemente de la generación de corriente eléctrica y no de Fidel Castro. La prohibición tenía su dosis de humor involuntario

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En 1948 fue uno de los fundadores del Sindicato Argentino de Prensa, ocupando el cargo de secretario gremial durante muchos años. Fue por esta actividad y su compromiso que en 1951 la CGT lo nomina como candidato a diputado nacional. En esos años la provincia de Buenos Aires estaba dividida en 41 circunscripciones; él se presentó por la circunscripción 35, conformada por las localidades de Ayacucho, Guido, Rauch y Tandil. Arrasó, obtuvo el 55,38% de los votos. Así se convirtió en uno de los 43 diputados nacionales que se elegían por Buenos Aires representando al peronismo. Según la página oficial de la Academia del Lunfardo, en la Cámara de Diputados desarrolló una actividad que no careció de relevancia, principalmente por sus intervenciones como miembro informante de la devolución de los trofeos de guerra a la República del Paraguay y de la creación de medallas al mérito artístico. Informó también el proyecto de reforma a la ley de propiedad intelectual apoyado por los autores y compositores de música.

Con el golpe de la revolución fusiladora del ‘55, se comió el “garrón” de dos años en “cafúa” en la Penitenciaría Las Heras. Fue durante ese encierro que escribió su libro Historias con Ladrones, que vio la luz en 1957 cuando aún permanecía en la “gayola”. Gobello pasaría a la historia por su estudio sobre el habla popular, fue su libro Lunfardía, editado en 1953, su primer trabajo sobre el tema. Hasta el mismo Borges alguna vez reconoció que Gobello junto a Vacarezza inventaron el lunfardo.

Su obra es tan prolífica que me tomé el atrevimiento de seleccionar dos de sus poemas. El primero está directamente relacionado con los fusilamientos ordenados por la ‘Libertadora’, esos en los que, entre otros, perdería la vida el General Valle. Dice la historia que la esposa de Valle, junto a sus hijos, en un intento por evitar el fusilamiento de su marido, se corrió hasta la residencia presidencial para entrevistar a Aramburu, el presidente de facto. En ese intento, al llegar para rogarle un perdón, es recibida con una única y lacónica respuesta: “el Presidente duerme y ha dado la orden de no ser molestado”. Así se volvió desde Campo de Mayo.Esa respuesta fue inmortalizada en el siguiente poema:

El país estaba sumido en desocupación, inflación y censura. Ante ello escribió “Réquiem para una luca”. Su conocimiento profundo del lunfardo burló la censura

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La noche yace muda como un ajusticiado, más allá del silencio nuevos silencios crecen, cien pupilas recelan las sombras de la sombra, velan las bayonetas y el presidente duerme.

Muchachos ateridos desbrozan la maleza para que sea más duro el lecho de la muerte… En sábanas de hilo, con piyama de seda el presidente duerme.

La luna se ha escondido de frío o de vergüenza, ya sobre los gatillos los dedos se estremecen, Una esperanza absurda se aferra a los teléfonos, y el presidente duerme.

El llanto se desata frente a las altas botas.

–Calle mujer, no sea que el llanto lo despierte.

–Sólo vengo a pedirle la vida de mi esposo.

–El presidente duerme

Reflectores desgarran el seno de la noche, el terraplén se apresta a sostener la muerte.

El pueblo se desvela de angustia y de impotencia y el presidente duerme.

De cara hacia la noche sin límites del campo, las manos a la espalda, se yerguen los valientes, los laureles se asombran en las selvas lejanas y el presidente duerme.

Tras de las bocas mudas laten hondos clamores…

-¡Cumplan con su deber y que ninguno tiemble de frío ni de miedo!

En una alcoba tibia el presidente duerme.

–¡Viva la patria! Y luego los dedos temblorosos, un sargento que llora, soldados que obedecen, veinticuatro balazos horadando el silencio… Y el presidente duerme.

Acres rosas de sangre florecen en los pechos, el rocío mitigó las heridas aleves.

Seis hombres caen de bruces sobre la tierra helada y el presidente duerme.

¡Silencio! ¡Que ninguno levante una protesta! ¡Que cese todo llanto! ¡Que nadie se lamente! Un silencio compacto se adueñó de la noche. Y el presidente duerme.

¡Oh, callan, callan todos! Callan los camaradas… Callan los estadistas, los prelados, los jueces… El Pueblo ensangrentado se tragó las palabras y el presidente duerme.

El Pueblo yace mudo como un ajusticiado, pero, bajo el silencio, nuevos rencores crecen. Hay ojos desvelados que acechan en la sombra y el presidente duerme.

Su segundo poema, tiene que ver con la “mishiadura” que se vivía en el país durante el gobierno del golpista Onganía. El país estaba sumido en desocupación, inflación y censura. Ante ello escribió “Réquiem para una luca”. Su conocimiento profundo del lunfardo burló la censura. Antes de adentrarnos en su lectura es indispensable leer este pequeño “lunfardario”:

fragatas: billetes de 1.000 pesos m/n con la Fragata Sarmiento
casimba: billetera
pebete: bolsillito delantero del pantalón
cocín: cinco (al vesre) pesos
shuca: bolsillo en general
culata: bolsillo trasero del pantalón
grilos: bolsillos laterales del pantalón
conversión: de pesos m/n a pesos ley (dos ceros menos)
diquear las lucas: alardear billetes de 1.000 pesos m/n
langostinos: papeles de 10.000 pesos m/n
escabiar: beber
lucrecia: juego paranomástico con luca
sotala: bolsillo interior del saco
refajar: castigar
morlaco: peso, unidad monetaria
trocén: (al vesre) centro

Ahora sí, “Réquiem para una luca”:

Hasta ayer amarraban las fragatas en el puerto feliz de mi casimba
y asomando compadre del pebete faroleaba un cocín su pretensión.
Hoy la anemia hizo presa de la shuca, languidece la escuálida culata
y en los grilos se empachan de pelusa las chirolas de la conversión.

Por Corrientes y Florida anda Gómez, solitario, rajando los mocasines
pa’buscar de nuevo un mango. Ayer diqueaba las lucas
para pagar un cortado y pelaba langostinos para escabiar un moscato.
Hoy cencerros en los grilos le están tocando a finao.

¿En qué mares navegan las fragatas que hasta ayer atracaban en mis muelles?
¿Para dónde piantaron las lucrecias que sotala formaban un harén?
Acercá tu linterna, viejo Gómez, porque ya me refaja la pelusa.
Quiero ver si se encuentra algún morlaco perdido por las calles del trocén.

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Alguna vez se refirió así sobre el lunfardo: “es un dialecto oprimido por las clases dirigentes, popular es aquello que, si bien puede circular, a veces, festivamente en el lenguaje de la ‘buena sociedad’, sólo por excepción o por gala estilista lo admite el lenguaje oficial […] por lenguaje elevado juzgo el exclusivo de la aristocracia, de la higt life, referido, por lo general, a los usos de ésta”.

En 1962 junto a un León Benarós y Luis Soler Cañas fundó la Academia Porteña del Lunfardo, de la que fue presidente hasta el 2013, cuando sucede su muerte en Ramos Mejía.

En 1981, se publicó una solicitada firmada por José Gobello, dirigida al, en ese momento, general Videla: “Mucho debemos agradecerle el haber contribuido a pacificar el país y el haber iniciado la más profunda transformación económica que hemos conocido en cien años”.

Años más tarde, en el 2005, declararía en una entrevista: “los milicos vinieron a poner orden y se les fue la mano, pero, en toda guerra se cometen atrocidades, mire en Vietnam, también tiraban gente de los aviones”.

Ultra católico, visitó al dictador Videla en la cárcel con la intención de realizar un libro, que quedó trunco ante la muerte del dictador. Algunos dicen que en sus últimos días se arrepentiría de esas participaciones y defensas. Quién sabe. La muerte siempre llega triste y solitaria.