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“FAME ¡GUAU!”

Tiempo de lectura: 6 minutos

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La publicidad es para la empresa Sylvapen promocionando las famosas fibras  de cajita plástica. La curiosidad es que siendo un producto escolar, la promocionan como si fueran cigarrillos. La propia Chunchuna dice: “Sylvapen, 100 mm, largos, con fibra, ¡guau!” Cierra el locutor con: “Ahora Sylvapen a fibra, 100 mm, en atados de 6 y 12 colores”.

En la segunda publicidad, la escena comienza con un hombre dentro de una cabina telefónica que pretende tomar nota de lo que habla por teléfono. En su torpe lucha por alcanzar una birome, termina desplomando toda la cabina y cae al piso. En ese momento irrumpe en escena una mujer que le exhibe una birome automática, haciendo dos clic sobre la misma y le dice con una voz muy sensual:

“Automática Tognozzi, automática.”

Es 1976. El es el actor italiano Ugo Tognazzi y ella Chunchuna Villafañe. La famosa automática era la Sylvapen sin capuchón. El cierre del comercial es con Ugo pidiendo un “fame guau” obteniendo por respuesta un: “No. Te hago Clic”. Mientras la cámara se aleja el le da un beso en la mejilla.

Poco tiempo después, Chunchuna partiría hacia el exilio.

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Elba “Chunchuna” Villafañe, ariana del 9 de abril de 1940, es modelo publicitaria, actriz y arquitecta. Es bisnieta de Benjamín Villafañe, lider del partido unitario y gobernador de Tucumán. Su padre fue César Villafañe y se desempeñó como oficial de caballería en el ejército hasta el derrocamiento del Gral. Perón en el ’55.

Debutó en televisión y gráfica como modelo publicitaria. Ella junto a Claudia Sánchez, la imagen de los cigarrillos LM recorriendo el mundo, fueron de las mujeres mas bellas y representativas de la Argentina. Chunchuna como modelo publicitaria vendió lapiceras, pero también cigarrillos, telas, colonias, sidras, gaseosas y hojas de afeitar. Fue de las mujeres más solicitadas para publicidad en la década del 60. Ella le dio popularidad a infinidad de productos de uso cotidiano.

Cuando tenes 12 años en 1976, no podes no enamorarte de esa mujer que te vende las fibras Sylvapen y el abuelo, al que le encantaba la Coca Cola, pero como era diabético la tenía prohibida, también cayó subyugado ante la venta de Chunchuna del agua tónica

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Ese éxito rotundo, sin embargo, no la embriagó con las luces del estrellato. Supo recordar que estaba recién casada con el cantautor Horacio Molina, y que esos trabajos le dieron una entrada extra que ayudaba a la reciente constituida familia. Sin embargo ella perseguía otro sueño: ser arquitecta. Meta que alcanzaría luego de cursar la carrera en la facultad de arquitectura de la UBA. Fue en esos años de principios de los setenta que se acercó al Padre Carlos Mugica, con quien no solo trabó amistad, sino que asumió un compromiso militante acompañando en tareas de ayuda social a los habitantes de la villa 31, base pastoral de Mugica.

Por esos años, 1973 para ser exactos, en una entrevista para Siete Días, entrevistada por Roberto Alifano, contaba: Soy peronista y creo absolutamente en el general Perón. ¿Por qué te hiciste peronista? Porque no soy ciega, porque no permanezco indiferente a todo lo que sucede en el país. La comprensión de todo el fenómeno social y económico me llevó a ser peronista. Tengo confianza en el general Perón no sólo por su gobierno actual sino porque he analizado a fondo su gestión anterior y estoy convencida de que su talento político nos sacará del pozo en que nos metieron los gobiernos militares.

En paralelo a su cursada universitaria y cada vez más alejada de la publicidad, mantuvo su empleo en el Correo Central. El cargo de subinspectora de obras en la sección arquitectura del correo la nutrió de una gran experiencia que supo explotar en el desarrollo de su carrera profesional.

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Chunchuna formó parte de la comitiva del vuelo charter de Alitalia que acompaño al General Juan Perón en su regreso al país, junto a Leonardo Favio, Juan Carlos Gené y Marilina Ross, entre tantos otros. Así recuerda ella como se integró a la comitiva: “Fue por un un tío mío, hermano de mamá, que era el que le escribía los discursos a (John William) Cooke, César Marcos. En su casa conocí a mucha gente del peronismo de aquella época. Y en mi casa estuvieron mucho tiempo escondidos Cooke, Raúl Lagomarsino y él. Cuando yo volvía de la facultad oía lo que hablaban, y me parecía bien todo lo que decían. Siempre preguntaban ‘¿te siguieron?’. Estamos hablando de fines de los 50”. También fue invitada a la cena de agradecimiento en la Confitería Nino de Olivos que Perón le brindó a todos los que lo acompañaron en ese vuelo de regreso.

Con el golpe del ’76, en octubre de ese año, por las constantes amenazas, tuvo que salir a las apuradas del país junto a su pareja de entonces, el cineasta Pino Solanas, quedando sus hijas en el país al cuidado de su padre Horacio Molina. Se exilió primero en Madrid para luego establecerse en París. Allí, profundiza sus estudios en el Actor’s Studio, se codea con Julio Cortázar, Simone Signoret e Yves Montand. Si bien su primer paso por el cine había sido con un papel chiquito en “Un guapo del 900”, tercera versión dirigida por Lautaro Murúa en 1971, junto a China Zorrilla y Jorge Salcedo, al regresar del exilio a nuestro país con el retorno de la democracia, la convoca Luis Puenzo para un papel que la impondría como actriz de reparto.

Se exilió primero en Madrid para luego establecerse en París. Allí, profundiza sus estudios en el Actor's Studio, se codea con Julio Cortázar, Simone Signoret e Yves Montand

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Promediando la década del setenta, como ya les relaté en notas anteriores, con el Abuelo Américo compartíamos mucho ver televisión, la cuestión es que por una u otra razón, ambos consumíamos productos que nos vendía en la pantalla chica la misma mujer. Cuando tenes 12 años en 1976, no podes no enamorarte de esa mujer que te vende las fibras Sylvapen y el abuelo, al que le encantaba la Coca Cola, pero como era diabético la tenía prohibida, también cayó subyugado ante la venta de Chunchuna del agua tónica de origen uruguayo Paso de los toros. Esa bebida carbonatada creada por Rómulo Mangini en base a cáscara de naranja y quinina. Si, encima de bonita, era peronista, cómo no consumir lo que te propone. Ahí nomás a comprar la Paso para el abuelo en el almacen de Don Martín.

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“La historia oficial”, la película de Puenzo y Aida Bortnik, ganadora del Óscar como mejor película de habla no inglesa en 1986, es la que encumbró definitivamente a Chunchuna. Fue nominada al Cóndor de Plata y ganadora como mejor actriz de reparto en el Festival de Cine de Chicago en 1985 por ese mismo papel de Ana. Se trataba de una exiliada que regresa al país en 1983 y se reencuentra con su amiga Alicia (Norma Aleandro) y que, después de una controversial cena en la casa de ésta junto al esposo (Héctor Alterio), una vez solas, entre sollozos, risas y licor de huevo, le confiesa a su amiga por qué tuvo que exiliarse y cómo fue secuestrada, torturada y violada por haber vivido con un hombre sindicado como “subversivo” pero al que no veía hacía dos años. Alicia, después de semejante confesión, le dice que debería haber “denunciado” el hecho a la policía, lo que despierta en Ana burla e ironía. Es, sin lugar a dudas, una de las mejores escenas de la historia del cine nacional.

Chunchuna trabajó en las películas Nunca estuve en Viena de Antonio Larreta, Vidas privadas de Fito Páez y Extraño de Santiago Loza, entre otras tantas. También participó de varios ciclos televisivos como Atreverse y Situación Límite, incluido su propio programa: Estilo Chunchuna dedicado a la arquitectura y la decoración.

Sus últimas participaciones fueron en teatro con la obra “8 mujeres”, donde compartió escenario con María Leal, Norma Pons y la gran Hilda Bernard entre otras mujeres. Y su última participación en la pantalla grande fue la interpretación de “Teresita”, una señora de clase alta, para la película “Madraza” de Herná Aguilar en el año 2017.

Actualmente vive sóla en su casa de Florida, provincia de Buenos Aires, es bastante ermitaña y se cuida mucho ante la aparición del flagelo del Covid. Sin embargo, sigue ocupándose de su jardín, desde dónde contempla el paso del tiempo a través de sus ojos casi transparentes, disfrutando de una digna vejez. Chunchuna sigue siendo una mujer de fuertes convicciones, así como no se atrevió a tomar un papel protágonico hasta haber estudiado actuación con el maestro Agustín Alezzo, tampoco dejará de sostener su ideología. Como dijo alguna vez por los setenta: “La mujer tiene el derecho a participar en todo, como el hombre. La mitad del país son mujeres, y esa mitad no puede estar marginada, porque también trabaja, tiene hijos, hace las compras, toma decisiones, sufraga y contribuye al engrandecimiento y a la reconstrucción de la patria”.

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