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06 de septiembre 2022

Lala Toutonian

ENTREVISTA A LILIANA COLANZI: “EL FOCO ESTÁ PUESTO EN LA ESCRITURA DE LAS MUJERES”

Tiempo de lectura: 9 minutos

Aún con la voz temblorosa, Liliana inicia nuestra charla contándonos que acaba de sucederle una situación traumática, en donde su gato atacó un pajarillo y ella logró salvarlo sacándoselo de las fauces. Nos cuenta, además, que lo llevó a un hospital de animales salvajes enfocado en salvar más que nada pájaros, una de las especies más en declive. Su casa está al lado de un cementerio del siglo XIX, ya sin tumbas y por eso justamente un poco abandonado, con el pasto alto y sin cercado. Eso atrae ardillas, musarañas y otros animales que sirven de material de caza para los felinos de su ciudad, en donde las casas no suelen estar amuralladas y eso permite que las mascotas recorran todo con mucha libertad. Nos habla desde Ithaca, en donde vive y enseña literatura latinoamericana y escritura creativa en la Universidad de Cornell.

Liliana Colanzi es una escritora, editora y periodista boliviana que ha ganado el premio Ribera de Duero con su libro de relatos Ustedes brillan en lo oscuro (Página de espuma), del cual estuvimos hablando.

—En tus cuentos lográs tomar cuestiones sociales y transformarlas en ficción a partir de situaciones reales. ¿Cuáles son estas situaciones sociales que te motivan a escribir?

—Si hablamos de Ustedes brillan en lo oscuro, el cuento se vincula a un interés que tengo hace mucho, acerca de los lugares que se encuentran contaminados por la radioactividad. En mi libro anterior, Nuestro mundo muerto, el cuento que le da título al libro, habla de una joven que es enviada a una colonia en Marte y que es elegida, justamente, porque es una sobreviviente de la radioactividad. Ella se ha criado en un espacio contaminado en Rusia, y es su  condición de superviviente la que le permite o facilita la huida hacia Marte. Ese cuento estaba inspirado en mi interés por el caso de Chernóbil, que seguí mucho. De hecho empecé a leer acerca del accidente en revistas, siendo bastante chica y me impresionó mucho en su momento, tanto el recuento de aquellos que tuvieron que limpiar la planta nuclear, así como las personas que vivían en la zona y que luego tuvieron problemas de salud. Más adelante, en este siglo, vi documentales acerca de cómo ha ido evolucionando la vida en toda la zona de exclusión y que no va a poder ser habitada por humanos en cientos de años. Se ha convertido en una especie de “paraíso radiactivo” y por no tener la amenaza de la presencia de los humanos en esa zona, han vuelto a reproducirse algunas especies que se encontraban amenazadas, como los lobos. Esa paradoja me resultaba muy interesante. Que nosotros hubiéramos tenido que hacer inhabitable para nuestra especie ese lugar, para que pudieran recuperarse otros seres que estaban amenazados o en peligro de extinción.

"Si hablamos de Ustedes brillan en lo oscuro, el cuento se vincula a un interés que tengo hace mucho, acerca de los lugares que se encuentran contaminados por la radioactividad. En mi libro anterior, el cuento que le da título al libro, habla de una joven que es enviada a una colonia en Marte y que es elegida, justamente, porque es una sobreviviente de la radioactividad."

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—En el cuento Ustedes viven en lo oscuro, te basaste en un accidente muy grave de América Latina: el desastre radiológico de Goiânia.

—Seguí mucho el caso de Chernóbil, como decía, con todas las implicancias ecológicas, políticas y de salud, pero no estaba enterada –hasta hace muy poco– que habíamos tenido en Latinoamérica uno de los accidentes más graves que involucran radiación fuera de una central nuclear. De hecho yo, como boliviana, no sabía que lo había tenido tan cerca y que había sucedido un año después de Chernóbil. No es que no se haya sabido en su momento del accidente, de hecho fue titular internacional, pero no hubo un proceso de memoria, como lo ha tenido Chernóbil, sino más bien un proceso de olvido de este accidente, por muchas razones. Los habitantes de Goiânia fueron víctimas de discriminación al haber estado próximos a material radioactivo, porque el resto de la gente creía que ellos podían contaminar. El título del cuento, Ustedes viven en lo oscuro, lo tomé del testimonio de una de las víctimas, que contaba que habían ido a buscar trabajo y les habían preguntado: “¿Ustedes brillan en lo oscuro?”. Hay razones por las cuales este accidente fue quedando en el olvido. De hecho hay académicos que han investigado la manera en la que la memoria de este accidente ha ido quedando enterrada, y dan cuenta de que lo único que queda como conmemoración de aquel episodio, es un mural hecho por artistas callejeros en Goiânia.

—En tu cuento ese mural se tapa.

—Sí, en el cuento se lo tapa, pero en la realidad el mural existe y está en Goiânia, un poco dañado por estar a la intemperie, pero está. Me interesaron varios aspectos de esta historia. Por un lado, el componente trágico que existe en el hecho de que la contaminación se hubiera esparcido a través de una sustancia hermosa que irradia una luz muy atrayente, ya que asociamos la luz con la belleza y el bien, pero en este caso esa luz significaba la muerte. Por otro lado, también me llamó mucho la atención la existencia de un “cementerio nuclear” en un pequeñísimo pueblo en las afueras de Goiânia, llamado Abadía de Goiás, en donde están enterradas toneladas de escombros y de pertenencias de las víctimas, que eran personas que un día se fueron de sus casas con la ropa que llevaban puesta, pensando que iban a volver y luego no pudieron recuperar nada, ni una fotografía, ni un objeto personal o prenda de vestir, dejaron atrás una vida que quedó demolida y que hoy está bajo tierra. Pensar en esa imagen de que existe un lugar bajo el suelo, donde están los recuerdos y toda la vida de muchísimas personas cuyo modo de vida quedó congelado en ese momento y están estáticos en esos turriles llenos de plomo y ahí van a estar por cientos de años.

"Me llamó mucho la atención la existencia de un “cementerio nuclear” llamado Abadía de Goiás, en donde están enterradas toneladas de pertenencias de las víctimas, que un día se fueron con la ropa que llevaban puesta, y luego no pudieron recuperar nada y que hoy está bajo tierra."

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—En el cuento decís que ese cementerio va a permanecer radioactivo por lo menos por los próximos trescientos años. ¿Eso es así?

—Y eso es así. Es cierto. Estos aspectos de la realidad, que parecieran provenir de la ciencia ficción, pero que en realidad están presentes en nuestra historia, son los que me intrigan como material narrativo. Tal vez no sean tan evidentes o reconocidos –como sucede con Goiânia- porque ha habido un proceso de olvido y desmemoria. Hay otros casos, también, en donde la literatura me permite excavar y usar la imaginación para llegar a aquellos otros momentos que han sido borrados de nuestra historia, incluyendo la prehistoria.

"La Cueva, empieza con la historia de una mujer que está tratando de sobrevivir durante la última glaciación. Ese fue un intento por imaginar cómo podría haber sido la vida de los seres humanos en un momento de supervivencia."

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—Como en tu cuento La Cueva, que habla de cómo sobrevivir a las propias cuestiones naturales de la prehistoria.

—Exacto. La Cueva, empieza con la historia de una mujer que está tratando de sobrevivir durante la última glaciación. Ese fue un intento por imaginar cómo podría haber sido la vida de los seres humanos en un momento de supervivencia. En una época totalmente hostil, en donde estábamos librados a nuestra suerte y a los elementos de la naturaleza  y la principal preocupación era cómo hacer para evitar la muerte, cómo hacer para no ser comidos por los animales, para encontrar alimento, para no morir en la nieve… Allí traté de proyectar mi imaginación más allá de ciertos clichés que existen acerca de la prehistoria. Si pensamos en cómo la cultura popular la ha representado, lo primero que se nos viene a la mente es un hombre de las cavernas con un mazo en una mano y con la otra mano, arrastrando a la mujer de los cabellos, cuando los antropólogos e investigadores que examinan los frescos prehistóricos que se han encontrado en distintas cuevas, especulan que la realidad era muchísimo más compleja. Dicen, por ejemplo, que las mujeres también participaban en la caza, no eran solo recolectoras ni se quedaban en el grupo más asentadas mientras el hombre iba a buscar la comida. También parece ser que existían orgías o sexo grupal y que también había homosexualidad. Todo esto lo muestran diferentes frescos y nos dan una imagen bastante distinta a ese estereotipo del hombre de las cavernas al que nos hemos acostumbrado. Todo eso me sirvió para tratar de ir en contra de ese estereotipo, justamente.

—¿Tu oficio de periodista te ha ayudado a la hora de la narrativa? Mientras cubrías alguna historia, ¿lo veías como algo directamente ficcional?

—Hace muchos años que no trabajo como periodista de planta. Ahora trabajo en manera más esporádica, escribiendo algunas reseñas o crónicas. En ese sentido mi relación con el periodismo es muy diferente de la relación que tenía hace un poco más de 20 años, cuando comencé en un periódico de Santa Cruz. En aquella época, sí tenía que salir a cubrir noticias de diferentes áreas y tenía que viajar a reportear en provincias, otras ciudades y en el campo también, y eso me puso en contacto con una serie de historias y realidades que “me abrieron la cabeza”. De hecho, uno de los viajes más inolvidables que hice, fue al Chaco boliviano a reportear el carnaval guaraní, el Arete guasu. En esa festividad estuve en contacto con un anciano que era el “Guardián de la Palabra”, que es aquella figura que tiene la responsabilidad de contar la historia guaraní, pero no contarla como  la contaríamos nosotros, a partir de fechas o sucesos que se engarzan más cronológicamente, sino más bien a través de los mitos del pueblo. Entonces escuché historias fascinantes sobre la manera en que los guaraní llegaron a esa zona del Chaco, cómo se enfrentaron a un monstruo de dos cabezas, cómo bajaba una niebla mágica que confundía a los enemigos, y otros relatos que eran la forma de entender la historia del pueblo. Eso alimentó mucho mi imaginación y mi ficción también. De hecho, este encuentro que te cuento, fue la base de mi cuento Chaco, que está En nuestro mundo muerto. Así que si bien mi relación con el periodismo es muy distinta ahora, sí fue fundamental para acercarme a la realidad de otra forma. Yo soy una persona muy tímida, pero me encanta escuchar las historias de las personas, y lo que me dio el periodismo fue esa capacidad de insistencia al momento de preguntar, y perder la vergüenza de hacer preguntas que pueden parecer obvias o indiscretas, porque a veces son esas preguntas pequeñas, obvias o indiscretas, las que dan pie a que alguien te cuente algo impresionante y te abra una puerta a un mundo que ni sabías que estaba allí. Esa pequeña puerta, para mí es la entrada a la literatura.

"A veces son esas preguntas pequeñas, obvias o indiscretas, las que dan pie a que alguien te cuente algo impresionante y te abra una puerta a un mundo que ni sabías que estaba allí. Esa pequeña puerta, para mí es la entrada a la literatura."

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—Me gusta la banda de música que se llama Carne Radiactiva… La frase “Amigo, antes que el cáncer nos va a liquidar la policía”, ¿eso es algo que te contaron o se te ocurrió?

—La banda es totalmente imaginada. El cuento, si bien parte de algunos testimonios que he leído acerca de las víctimas, incluye parte de los documentos legales del juicio, nombra el grafiti que sí existe, no pretende ser un recuento periodístico del suceso, sino que está muy cruzado con mi imaginación. La banda, justamente, es parte de ese proceso de mezclar elementos reales con elementos imaginarios. De hecho, el nombre lo extraje de una película de Buñuel que se llama Simón del desierto, en donde en el final Simón es condenado a un infierno que es una especie de fiesta, en donde todos están bailando y divirtiéndose y él no puede escapar de esa fiesta. La música que se está escuchando en esa “fiesta” se llama Carne Radiactiva. Así que fue mi pequeño homenaje a Luis Buñuel.

—¿Los premios literarios validan al escribiente? Finalmente nos ven a las mujeres…

—Si te fijas, en la lista de finalistas había un solo escritor hombre y el resto éramos todas mujeres. Así que sí, creo que es un momento en el que el foco está muy puesto en la escritura de las mujeres, pero también creo que hay excelentes libros escritos por mujeres. Como sea, bienvenido sea.

—Hablando con Maximiliano Barrientos (autor boliviano, N de la R) comentábamos que la literatura boliviana está emergiendo, ¿cómo la ves? ¿Va a seguir creciendo?

—Yo creo que sí va a seguir creciendo. Aparte del libro de Maximiliano y de Nubes de Papel de Giovanna Rivero, han estado saliendo otros libros excelentes de escritores bolivianos en Argentina, como Seúl, São Paulo de Gabriel Magne, que es acerca de un adolescente que se siente desubicado tanto en Bolivia como en Brasil, que es el lugar en donde se ha criado, y explora de forma lúcida y también un poco cómica, la identidad boliviana en este siglo XXI que está conectada a una gran cantidad de influencias globales. El libro de Gabriel ganó el último Premio Nacional de Novela en Bolivia y lo recomiendo mucho. Otro libro que se publicó en Argentina y que me gustaría muchísimo que leyeran, un libro de cuentos: El Occiso de María Virginia Estenssoro. Lo editó una pequeña editorial llamada Ninguna Orilla. El libro es originalmente de 1937 y es un libro gótico, que habla del proceso de descomposición de un cuerpo. En ese sentido está muy emparentado con La Amortajada de María Luisa Bombal, que es más o menos de la misma época, y que precede a lo que va a ser Juan Rulfo con su Pedro Páramo, cuando cuenta esta novela narrada por muertos. Así que El Occiso es un libro rarísimo en la literatura boliviana, pero también en la literatura latinoamericana, y creo que ocupa un lugar solitario y especial dentro de nuestra tradición, así que me alegra sobremanera que haya sido publicado por esta editorial argentina.

Colaboró: Mariana Aran

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