25 de Julio de 2024 •

13:23

Ashburn
53°
algo de nubes
53% humidity
wind: 6m/s SE
H 57 • L 46
58°
Tue
59°
Wed
47°
Thu
53°
Fri
58°
Sat
Weather from OpenWeatherMap
TW IG FB

23 de junio 2024

Florencia Angilletta

BARTHES, EL CORDOBÉS

Tiempo de lectura: 5 minutos

Uno

Cuando en las clases de Teoría Literaria enseñamos uno de mis autores dilectos, Roland Barthes, me gusta enfatizar algo que aprendí, algo que en la Facultad me transmitieron: Barthes ocupaba, en sus inicios, un lugar periférico en la academia francesa. Se rompió el alma para llegar al Collège de France, esa prestigiosa institución educativa. Se rompió el alma para escribir como Roland Barthes, para transformar los modos de leer del siglo que lo acunaba. Pero en el origen, en los hombros, en algo de su deseo: Barthes, un provinciano.

Dos

Mi abuela (paterna) también era provinciana. Todos somos oriundos de alguna provincia, aunque no todas las provincias producen provincianos. ¿Cómo se juega esa relación centros-periferias? ¿Cómo hacen los centrales con esa reconfiguración? ¿Habitan una central periferia? Qué cosa puede ser un centro y cómo pueden lidiar los centrales con ello en estas palabras aquí. Los pueblos escondidos de las provincias. El muchacho que muestra por Instagram los mejores y vocifera: vengan, vengan. Mi abuela era cordobesa. De una Córdoba sin “tonada”, pampeana, campestre. A veces parece que uno tiene un familiar para todo. A veces en una familia se cruzan tantas Argentinas. Esa imagen de “vinimos de los barcos” apura una realidad mixta: vinimos también de nuestra propia Argentina. De nuestra Argentina estirada. Mi abuela, de la que he exprimido tanto el juego, era, en el principio: cordobesa.

Tres

La refundación democrática tuvo un fantasma o una fantasía geográfica:

Llevar la capital del país a Viedma. La refundación. Cada proyecto político es, también, una geografía. Un énfasis, un recorte, un entre-nos. Un quiero retruco. Indudablemente, en algo coindicen el kirchnerismo y el PRO: en sus limitaciones o limitantes geográficas, en cuando se achicó el país para agrandar los partidos. El PRO, en su origen vecinalista, a escala de la Ciudad de Buenos Aires. (Parte del “entuerto” larretista, de sus límites, puede también vincularse con no tener una visión de país que enamore). El kirchnerismo atrapado en su ambacentrismo. Milei, simbólicamente, ha recorrido más millas que kilómetros. Su imaginación, su afán exterior. Su país for export. Milei se va convirtiendo en un presidente para el mundo, para la revista “Time”, para dar el piné de los “líderes de la región del giro a la derecha”. Entre muchas de las obturaciones y sesgos que podrían señalarse, digamos que Milei repite también la obturación geográfica. Como señalaban en la introducción de este dossier Zapata, Touzon y Rodríguez, “la Libertad Avanza es la única fuerza nacional que no tiene provincias, el resto son provincias que carecen de Nación”.

"Barthes ocupaba, en sus inicios, un lugar periférico en la academia francesa. Se rompió el alma para llegar al Collège de France, esa prestigiosa institución educativa. Se rompió el alma para escribir como Roland Barthes, para transformar los modos de leer del siglo que lo acunaba. Pero en el origen, en los hombros, en algo de su deseo: Barthes, un provinciano."

Compartir:

Cuatro

Mi abuela fue hija de un carpintero que escapó de la guerra y de la más visionaria de las mujeres de mi familia, mi bisabuela Rosa. Forjaron su historia en Escalante, en el centro de la Argentina, en el centro o el nervio de la historia familiar paterna. Los recuerdos de mi abuela, de esa infancia moldeada por la provincia, no eran sufridos. Más bien al revés. Se diferenciaban, pienso, bastante de las infancias urbanas de otros de mis abuelos. En su relato había leche de vaca, había compras esporádicas en el almacén de ramos generales, había escuela, había clases de violín, había una amiga con la que después nunca se volvió a ver, había travesura y brío. Escalante es único y repetido: el pueblo, la plaza, la Iglesia, la comisaría, las calles en su momento de tierra, el club y el salón donde se hacían los bailes. Consulto a su sobrina y ahijada preferida sobre estos recuerdos familiares, sobre esta vida cordobesa antes de la llegada a Buenos Aires en los cuarenta, antes de esos años codificados por el manual de Historia: “Estaba también la estación del tren, el tren de Rosario a Río Cuarto y otro llegaba a Buenos Aires”. “Mi mamá [la hermana de mi abuela] era modista y muchas incluso de Santa Fe se venían a hacer coser”. Continúa: “También estaban los ricos del pueblo, los que tenían estancias pero muchas veces vivían en las ciudades y venían de visita”. Y redondea: “Volví al pueblo muchos años después. Su aspecto, diferente. Pero yo siempre lo veía lindo. Entre todos los pueblos, me gustaba el mío”. Todos los caminos conducen a Roma. Todos los caminos conducen a Córdoba.

Cinco

Cito salvajemente a Roland Barthes y lo hago decir un invento un poco mío: cuando se propone un análisis podemos dividir en dos vicios: la romantización y el miserabilismo. Como dos contrarios que en el fondo se sostienen. Digamos: la exaltación acrítica, casi hasta la devoción –el énfasis muchas veces subjetivista– y la mirada despectiva, reduccionista, del golpe bajo. Pero no solamente. Cuántas veces nos cansamos de escuchar, en varios barrios de nuestra querida Buenos Aires: me gusta Córdoba pero no los cordobeses; me gusta Santa Fe pero no los santafesinos y así. Sommeliers del voto, uníos. Aunque en el fondo se trate de una incomprensión mayor sobre los modos de apelación simbólica de una zona productiva decisiva.

"si las elecciones del ciclo democrático han dicho algo sobre estas provincias centrales es su capacidad irreverente, hacer la suya; bien, mal, más o menos peor, más o menos bien, pero la suya. Provincias de autor, no provincias “a medida” de los folclorismos marcados por la agenda del AMBA."

Compartir:

El espíritu de las naciones del sigo XXI o la repartija actualizada de los folks: el NOA con sus humitas y sus telares, el sur con la nieve y los dulces de frutos rojos. ¿Y los centrales? Dotados de menos folclorismos a los ojos porteños, están tan cerca como lejos. ¿Quiénes son? ¿Cuáles son sus voces? ¿Las escuchamos? ¿O las romantizamos o volvemos miserabilistas? Son demasiado como nosotros. Fuera de las distancias –salvíficas– con zonas culturales como la patagónica o la norteña junto a la producción de la “desconfianza” o “sospecha”. Que es otro modo de decir: si las elecciones del ciclo democrático han dicho algo sobre estas provincias centrales es su capacidad irreverente, hacer la suya; bien, mal, más o menos peor, más o menos bien, pero la suya. Provincias de autor, no provincias “a medida” de los folclorismos marcados por la agenda del AMBA. La pregunta de este dossier es si, además de la región Centro, existen los centrales. Personas de a pie que la estén pensando, que hablen o inventen una zona como hizo el ¿provinciano? (santafesino) y más grande escritor Juan José Saer. Mi abuela nunca hizo una oda a Córdoba. Fue, sencilla y planamente, cordobesa. Desde allí, ensayó una voz. Desde allí es una historia de la Argentina. Porque entre muchas preguntas hay una respuesta: no hay Argentina sin Los Centrales.