05 de julio de 2026
Diego Valeriano concluyó su último artículo con una frase extraordinaria: “Clark Kent es como Superman nos ve”. No profundizó, así que aprovecho para proponer una lectura.
Valeriano sostiene que toda la política es peor. El kirchnerismo, el PRO, los libertarios, los troscos: todos peores. Esa degradación también se verifica en los argumentos en favor de la libertad de Cristina. En nuestra fuerza, todos estamos de acuerdo que ella es inocente y su condena injusta. Sin embargo, la torpeza de los referentes que militan su causa ha despertado tanta discordia que hoy estamos más lejos de la libertad de Cristina que cuando fue condenada.
¿Por qué los argumentos son pésimos? Porque durante una década y media el kirchnerismo fue reemplazando el debate por disciplina y la lealtad por repetición. Se clausuró la formación de cuadros, la conductora se transformó en “la Jefa” y se respondía a cualquier objeción repreguntando cuántas presidencias o copas del mundo tenía el que cuestionaba.
Perón dijo que persuadir es mejor que obligar. Por eso hay que volver a discutir. Sin chicanas ni provocaciones, aceptando que el desacuerdo no es traición. Recién entonces se puede entender la metáfora de Valeriano.
Superman no se autopercibe todopoderoso. Al revés, él piensa que los humanos somos débiles, miserables y estúpidos, por lo cual nos imita con un personaje insípido, el buen Clark Kent. Con unas gafas le sobra. Que los humanos no nos demos cuenta confirma lo salame que somos. La metáfora funciona así: el pueblo es Superman, ve a los humanos (los políticos) como unos idiotas, y por eso vota lo que debe ser un político (psiquiátricos de la talla de Javier Milei, Manuel Adorni, Lilia Lemoine).
¿Por qué los argumentos son pésimos? Porque durante una década y media el kirchnerismo fue reemplazando el debate por disciplina y la lealtad por repetición
Sobre todo, cuando en nuestro propio campo se premiaban otros Clark Kent. Como dice Valeriano: alcanzaba con hacer los dedos en V en una foto con Cristina. Así quedaron invisibilizados los miles de militantes anónimos que diariamente sostienen un sindicato o un club. Se abandonó a los que construyen vínculos y representación.
Hay que escuchar a la gente, sobre todo a la militancia de base, y trabajar sobre sus problemas reales: la precarización laboral, los alquileres, el endeudamiento de las familias, la ineficiencia del Estado en diversos planos. Y hacer un mea culpa. “Lo de Alberto fue un desastre y yo te pedí que lo votaras”.
Construir mayorías es menos épico que desgarrarse las vestiduras por Cristina, pero tiene una gran ventaja. Sólo el Pueblo puede salvar al Pueblo, incluida a la compañera Cristina y a los demás presos políticos. Y de paso ordena a los referentes que destinan su tiempo y nuestros recursos a lamentarse, acusar y recaudar cargos. En fin, no llorar como Darwin Núñez: defender como Vozinha.



