19 de julio de 2026
Qué lejos queda la orilla cuando no sabés cómo navegar. Política y economía en Argentina viven un momento de incertidumbre, vaya novedad. Nuestra proyección es pobre. Todo esperar a las elecciones generales de octubre. Nadie invierte, nadie se juega del todo. Todos esperan y gambetean el presente con las reglas, que cambian todo el tiempo, que impone el gobierno. Ahora ganás con los pesos, pero en dos semanas todos corren al dólar, si saliste tarde, chau, no va más.
El gran interrogante poselectoral es si se define una política económica. Si la economía sigue con la tenaza actual a fin de año el país se funde una vez más. La tenaza económica se explica por el doble apriete que sufre el aparato productivo por el esquema del gobierno, improvisado y muy de corto plazo, como es evidente. Por un lado, un dólar, sino atrasado, al menos forzado a quedarse quieto. Por otro, las tasas de interés altas que impiden a las empresas financiarse a un precio razonable. Una realidad en donde todos pierden, incluso los sectores dinámicos y favorecidos por este modelo.
Con la novela de la mega licitación para sacar pesos del mercado de esta semana (y que no vayan al dólar, el factor de pánico del gobierno, como se ve, ya que siempre sobre-reacciona al respecto). Bien lo decía el analista de mercado Christian Buteler en su cuenta de X: “La señal dada con lo sucedido en esta última licitación es muy mala, se tuvo que agregar instrumentos, se ofreció una ventanilla de liquidez y como solo se renovó el 61% ayer a las 9 de la noche anuncian que habrá aumento de encajes remunerados. No parece un plan consistente”. Con esta lógica de cortísimo plazo el camino a octubre se hace más y más empinado.
La falta de autocrítica del espacio político de la ex presidenta puede significar también la falta de un proyecto político y económico. Más de lo mismo, pero desgastado apelando al morenismo y su mística performática a falta de una propia, y peleando en la minucia con el gobernador Kicillof
Lo que tiene de engañador el modelo actual es que carece del vértigo del último tramo del gobierno con Massa a la cabeza, donde los descalabros se sucedían uno tras otro. Pero esta lentitud de la economía funciona como ordenadora. Hay precios de productos que casi no se mueven, por la caída de demanda o por la quietud del dólar. Por las malas, el sistema está ordenado. Este es un activo muy apreciado entre los ciudadanos que no tienen una ideología definida y ven un sentido práctico en su voto. Por lo menos no es el lío de lo anterior, dicen. Las empresas pequeñas y grandes, cuentapropistas y freelancers pasaban mucho tiempo acomodando precios y los tiempos de cobro también eran los tiempos de una depreciación abrupta del valor del dinero. Hay que ver qué descalabro pesa más en los votantes, el recuerdo de lo anterior o la calma chicha del presente.
Este tipo de variables no es menor en un contexto donde la oposición mayoritaria encarnada por el kirchnerismo presenta más o menos lo mismo, “pero sin Alberto”, como decía en X Mariano Canal. La falta de autocrítica del espacio político de la ex presidenta puede significar también la falta de un proyecto político y económico. Más de lo mismo, pero desgastado apelando al morenismo y su mística performática a falta de una propia, y peleando en la minucia con el gobernador Kicillof. La política streamer, la política online, la política del Yo, la política de las visualizaciones en Youtube, la política en el fondo del mar.
después de milei todo está permitido, todo es posible para experimentar, no queda ninguna certeza en pie. *el peronismo: ok hagamos el mismo frente de todos con la misma gente salvo alberto*
— mariano (@buensalvaje) August 9, 2025
Pero los tiempos son aciagos para muchos. Las encuestas que todos contestamos no tienen la opción de “lo voto porque no me queda otra”. Entre lo que quiere volver sin cambios y lo que gobierna, pero está destruyendo todo a su paso, ¿qué queda? El faltazo, decía Martín Rodríguez, la resignación, el olvido, la zozobra o el cinismo que precede la derrota.
Estas semanas demostraron con la expedición del Conicet y el Schmidt Ocean Institute la orfandad absoluta de cierta parte de los argentinos. Aferrarse a una estrella de mar como quien busca algún tipo de señal, fue un claro síntoma de la orfandad política. Mirar la expedición era reivindicar la ciencia, estar en contra del gobierno, claro. Nos quedan pocas cosas, se ve. Porque estos son nuestros principios de los noventas. La diferencia es que esta década nos agarra entrados en años, con pocas joyas de la abuela (el gobierno no logra privatizar absolutamente nada) y con todos los tangos políticos escuchados.
Estos son nuestros principios de los noventas. La diferencia es que esta década nos agarra entrados en años, con pocas joyas de la abuela (el gobierno no logra privatizar absolutamente nada) y con todos los tangos políticos escuchados
Como toda época en donde lo que prima es una tenaza sobre la economía y la política y lo que falta es expansión de las capacidades, parece no haber escapatoria. Pero lo que sobran son ilusiones. Reivindicados, casi, como el nuevo sujeto político, los “rappis” y los conductores de apps ya encuentran un mercado saturado. De los 150 mil empleos privados que se perdieron de un tiempo a esta parte la salida rápida es el mundo de las apps. Un mundo del “mientras tanto” que lleva a los más diversos trabajadores a pasarse unas 7 u 8 horas manejando para levantar un sueldo. Como el parripollo, los kioscos o los remises de antes, las apps no esperan para que la caída no sea tan rápida.
Pero esta época no ahorra en desdichas. Hasta hace poco con un curso de programación, Python o C++ conseguías laburo fácil. Hoy los programadores también se ven asediados por la velocidad de los cambios. Los agentes de IA reemplazan puestos y ofrecen soluciones a distintas organizaciones. La calle está dura, siempre lo estuvo, pero ahora se nota mucho con la economía bajo cero. El trabajo humano, en un sentido amplio, encuentra su competencia y flexibilización cada vez.
Lo que tiene de engañador el modelo actual es que carece del vértigo del último tramo del gobierno con Massa a la cabeza, donde los descalabros se sucedían uno tras otro. Pero esta lentitud de la economía funciona como ordenadora
Lo más preocupante tal vez es que la política está en un estado zombie: de lejos parece viva. No sólo ya no gestiona ni soluciona, tampoco es capaz de pensar el cambio y la innovación social. Ves las discusiones internas y todavía hay espacios que hablan de “cuidar la unidad”. No tiene nada que ver con que después no ganen, porque también el voto de una parte de la población es resignado. Antes que lo de ahora, te voto. Pero nada más. Utilidad pura. Lo mismo del otro lado.
Más allá de todo, la percepción de una Argentina atada con alambre es total. Población, inversores financieros, empresas que se van. Inseguridades nuevas que aparecen tras las desregulaciones pour la galerie. ¿Qué no queda entonces? Esperar los tiempos que nos atenazan: la elección que mostrará un estado de situación política y la economía con un modelo absolutamente agotado y por estallar. ¡Sombra terrible del ciclo argentino, voy a evocarte!



